La sangre savia...
Hace mucho que noto vitalidad en mi interior, vuelvo a notar el pulso acostumbrado y a mi cuerpo vuelvo a reconocer bajo estos pelajes que uno luce...., a cada cuál el suyo y Dios en el de todos.
Hubo una vez que pensé que era un muerto andante, y la verdad poco me faltó para convertirme como tal, pero no sé de dónde algo me enganchó y me dijo de un grito, "despierta mamón que de ésta no te mueres, todavía te quedan muchas bolas que aguantar. Eres un encajador nato, pero va siendo hora de soltar de vez en cuando tu izquierda tanteadora para enganchar un zurdazo que lo deje tonto sobre la lona. Vamos, arriba, ¡ahora o nunca!" Y mira por donde arriba subí, noté llenar mis pulmones y mi cuerpo de oxígeno como si fuera una sobredosis de vida en mi vida, en mi cuerpo. Me encanta porque vuelvo a sentir todo mi cuerpo, toda mi alma rejuvenecer, volver a latir al ritmo que me tiene acostumbrado y de repente decir, "¡Coño, si tengo manos!" Y habiendo manos, hay cuerpo, y si hay cuerpo, existe el alma. Oh alma mía, regresa a mí y hazme regresar de este mundo de los semimuertos, hazme regresar de la pasividad absoluta, devuélveme a mi ruta, ¡dame mi cañón!"
Y he aquí mi cañón, que no es otra cosa que mi vitalidad superior, mi alma, mi corazón. Vuelvo a la vida desde los sin vida, vuelve a latir mi tambor, con redoble de guerra, hagamos honor a nuestro pabellón.
Lo siento, pero ni muerto me arrancarán mi honor, mi corazón.
Luce esa bandera, iza tu pabellón.
¡Hermanos, todos juntos, demos vida a este apagón!
Coge el timón y larga tus velas, prepárate para dejar ese tablazón al que te agarraste sin razón, teniendo aquí tu barco y a tu tripulación.
Ahora respiro de nuevo, siento renacer mi alma, me siento renacer alrededor.....
Hubo una vez que pensé que era un muerto andante, y la verdad poco me faltó para convertirme como tal, pero no sé de dónde algo me enganchó y me dijo de un grito, "despierta mamón que de ésta no te mueres, todavía te quedan muchas bolas que aguantar. Eres un encajador nato, pero va siendo hora de soltar de vez en cuando tu izquierda tanteadora para enganchar un zurdazo que lo deje tonto sobre la lona. Vamos, arriba, ¡ahora o nunca!" Y mira por donde arriba subí, noté llenar mis pulmones y mi cuerpo de oxígeno como si fuera una sobredosis de vida en mi vida, en mi cuerpo. Me encanta porque vuelvo a sentir todo mi cuerpo, toda mi alma rejuvenecer, volver a latir al ritmo que me tiene acostumbrado y de repente decir, "¡Coño, si tengo manos!" Y habiendo manos, hay cuerpo, y si hay cuerpo, existe el alma. Oh alma mía, regresa a mí y hazme regresar de este mundo de los semimuertos, hazme regresar de la pasividad absoluta, devuélveme a mi ruta, ¡dame mi cañón!"
Y he aquí mi cañón, que no es otra cosa que mi vitalidad superior, mi alma, mi corazón. Vuelvo a la vida desde los sin vida, vuelve a latir mi tambor, con redoble de guerra, hagamos honor a nuestro pabellón.
Lo siento, pero ni muerto me arrancarán mi honor, mi corazón.
Luce esa bandera, iza tu pabellón.
¡Hermanos, todos juntos, demos vida a este apagón!
Coge el timón y larga tus velas, prepárate para dejar ese tablazón al que te agarraste sin razón, teniendo aquí tu barco y a tu tripulación.
Ahora respiro de nuevo, siento renacer mi alma, me siento renacer alrededor.....
Etiquetas: diferentes ojos
Rumbo de la calma
Aquí estamos de nuevo para escribir un punto y seguido en mi vida. Ahora mismo debería estar en mi casa, terminando de limpiarla y recoger los últimos bártulos para mañana poder soltar amarras, levantar anclas con tranquilidad infinita y poner de nuevo rumbo al viejo y gran añorado muelle del que partí hace unos cuantos años, ese viejo muelle donde sigue chirriando la misma tabla ante el temblor de los pasos, donde todavía sigue patente la señal de aquella pataleta monstruosa y, sobre todo, aún sigo diciendo eso de "cualquiera de estos días he de lijarlo, barnizarlo...., y bla,bla,bla.."
Donde la calma es la tónica, donde las miradas y los gestos se imponen a las palabras sin darlas de espaldas, donde notas porque se demuestra esos ojos y miradas que se alegran de tu vuelta pese a que al principio no les entusiasmaba la idea de que lo hicieras y al final se han rendido a lo evidente y a la lógica. Son 4 cosas las que me quedan y cada día me gustan menos las mudanzas, ¿será porque no tengo más que trastos?, ¡pues no lo sé!, pero mi alma de bucanero se niega a cambiar ese amado muelle donde un día me enseñaron la inmensidad del mar y me dejaron a mi elección eso de partir, volver, marchar, regresar a mi antojo sin decir ni tan siquiera esta boca es mía, y siempre, siempre, con una sonrisa en los labios y en la mirada, un gesto que abraza el alma y el corazón y un enorme abrazo sin ser dado, porque se nota, porque se siente.
Esta noche toca trago alegremente amargo con los poquitos que aquí conozco, pero bien tienen merecido un buen trago, una sonrisa encubierta y una añoranza que no nos la quita ni San Pedro, pero que sabemos que estaremos ahí, estemos donde estemos. Donde las personas, son eso, personas de verdad, y no porque lo dicen, sino porque lo demuestran sin ser pedido, donde los desayunos se convierten en nuestras tertulias y los alargamos hasta más allá del alba, y a nosotros no nos pilla la luna porque la adelantamos e incluso algún día ha sido esperada. Donde los silencios cuentan tanto como cualquier narración, donde las cosas se dicen a modo de confidencias y las carcajadas han sido alegremente compartidas. Donde las miradas, ¡ay, esas miradas!, te desarbolan como cualquier buen movimiento de espadachín a las primeras de cambio y a uno se le queda cara de gilipollas porque no sabes si vas, vienes o directamente no sabes nada, que es peor. Donde las risas, los comentarios dejados a medias porque sobran las palabras, porque se quedan parcas y pobres, porque ocupan un espacio innecesario mejor aprovechado por ver quién es el primero en soltarla, los gestos se convierten en nuestro lenguaje tan rico que no hace falta más, donde...., donde, donde, donde, son tantos dondes que me faltaría espacio para seguir, pero que todos ellos tienen cabida, tienen su cordura, su no se qué de qué que te hartas a reír y te deja cosas que pensar....
Mirando los tablazones de la cubierta descubres que alquien parece querer rascar y mirar el interior de la bodega y a uno se le queda cara de imbécil porque piensas, "vaya hombre, ¡precisamente ahora que me marcho!, ¿y ahora qué hago?" "Sé caballeroso y déjala que mire, que husmee, que haga lo que quiera sin pedir nada, porque hemos aprendido a no pedir nada y que cada uno dé lo que le dé la gana si es que quiere. Quizá no dé nada, pero ya ha otorgado mucho a cambio y no ha pedido nada. Invítala a subir amablemente a ver cómo reacciona, haz gala de tu caballerosidad, porque el ser un pequeño bucanero no quiere decir que no tengas honestidad,hay que ser cortés y poner la mejor de tus sonrisas, y es que sus ojillos y su mirada merecen mucho más que todo eso, así que decidido, aunque sea ahora que me marcho, luce con orgullo tu mejor percha que hoy es domingo, es dia de gala, que los bucaneros también descansamos algún día, que no es todo el piratear y el abordar banderas enemigas. Podemos dar muchas lecciones, pero eso no está bien, no es de recibo sacar el recetario, que quien quiera saber que marche a la escuela, nuestras lecciones tendrán mejores alumnos y compañeros que sabrán agradecerlas mejor, y que las personas no buscan tu hombría, sino tu humanidad, tu saber estar, tu educación, las miradas que clavan e intimidan, pero que también saben invitar o mantener a raya, que despiden dulzura, ternura y educación, y que tanta mansedumbre solo es eso, calma sosegada que en tiempos de guerra dan paso a las mayores tempestades que salen del alma y del corazón. Joven viejo espíritu que te limitas a caminar sin pedir nada a cambio, sin bravuconadas, al que no le tiembla el pulso cuando hace sonar el silbido asesino del acero al despertar y que no se guarda sin trofeo que reclamar. Haz gala de tus mejores ropajes, que hoy toca calma con campanadas desde la Santa Bárbara que redoblar, que encogen el alma y la envuelven con una dulzura que no puedes más que susurrar.
Donde la calma es la tónica, donde las miradas y los gestos se imponen a las palabras sin darlas de espaldas, donde notas porque se demuestra esos ojos y miradas que se alegran de tu vuelta pese a que al principio no les entusiasmaba la idea de que lo hicieras y al final se han rendido a lo evidente y a la lógica. Son 4 cosas las que me quedan y cada día me gustan menos las mudanzas, ¿será porque no tengo más que trastos?, ¡pues no lo sé!, pero mi alma de bucanero se niega a cambiar ese amado muelle donde un día me enseñaron la inmensidad del mar y me dejaron a mi elección eso de partir, volver, marchar, regresar a mi antojo sin decir ni tan siquiera esta boca es mía, y siempre, siempre, con una sonrisa en los labios y en la mirada, un gesto que abraza el alma y el corazón y un enorme abrazo sin ser dado, porque se nota, porque se siente.
Esta noche toca trago alegremente amargo con los poquitos que aquí conozco, pero bien tienen merecido un buen trago, una sonrisa encubierta y una añoranza que no nos la quita ni San Pedro, pero que sabemos que estaremos ahí, estemos donde estemos. Donde las personas, son eso, personas de verdad, y no porque lo dicen, sino porque lo demuestran sin ser pedido, donde los desayunos se convierten en nuestras tertulias y los alargamos hasta más allá del alba, y a nosotros no nos pilla la luna porque la adelantamos e incluso algún día ha sido esperada. Donde los silencios cuentan tanto como cualquier narración, donde las cosas se dicen a modo de confidencias y las carcajadas han sido alegremente compartidas. Donde las miradas, ¡ay, esas miradas!, te desarbolan como cualquier buen movimiento de espadachín a las primeras de cambio y a uno se le queda cara de gilipollas porque no sabes si vas, vienes o directamente no sabes nada, que es peor. Donde las risas, los comentarios dejados a medias porque sobran las palabras, porque se quedan parcas y pobres, porque ocupan un espacio innecesario mejor aprovechado por ver quién es el primero en soltarla, los gestos se convierten en nuestro lenguaje tan rico que no hace falta más, donde...., donde, donde, donde, son tantos dondes que me faltaría espacio para seguir, pero que todos ellos tienen cabida, tienen su cordura, su no se qué de qué que te hartas a reír y te deja cosas que pensar....
Mirando los tablazones de la cubierta descubres que alquien parece querer rascar y mirar el interior de la bodega y a uno se le queda cara de imbécil porque piensas, "vaya hombre, ¡precisamente ahora que me marcho!, ¿y ahora qué hago?" "Sé caballeroso y déjala que mire, que husmee, que haga lo que quiera sin pedir nada, porque hemos aprendido a no pedir nada y que cada uno dé lo que le dé la gana si es que quiere. Quizá no dé nada, pero ya ha otorgado mucho a cambio y no ha pedido nada. Invítala a subir amablemente a ver cómo reacciona, haz gala de tu caballerosidad, porque el ser un pequeño bucanero no quiere decir que no tengas honestidad,hay que ser cortés y poner la mejor de tus sonrisas, y es que sus ojillos y su mirada merecen mucho más que todo eso, así que decidido, aunque sea ahora que me marcho, luce con orgullo tu mejor percha que hoy es domingo, es dia de gala, que los bucaneros también descansamos algún día, que no es todo el piratear y el abordar banderas enemigas. Podemos dar muchas lecciones, pero eso no está bien, no es de recibo sacar el recetario, que quien quiera saber que marche a la escuela, nuestras lecciones tendrán mejores alumnos y compañeros que sabrán agradecerlas mejor, y que las personas no buscan tu hombría, sino tu humanidad, tu saber estar, tu educación, las miradas que clavan e intimidan, pero que también saben invitar o mantener a raya, que despiden dulzura, ternura y educación, y que tanta mansedumbre solo es eso, calma sosegada que en tiempos de guerra dan paso a las mayores tempestades que salen del alma y del corazón. Joven viejo espíritu que te limitas a caminar sin pedir nada a cambio, sin bravuconadas, al que no le tiembla el pulso cuando hace sonar el silbido asesino del acero al despertar y que no se guarda sin trofeo que reclamar. Haz gala de tus mejores ropajes, que hoy toca calma con campanadas desde la Santa Bárbara que redoblar, que encogen el alma y la envuelven con una dulzura que no puedes más que susurrar.





