logotipo

img_google
y si amanece por fin...
sentimientos, decepciones, ilusiones, miserias, verdades, delirios, mentiras, esperas...
Acerca de
palabras, palabras, palabras...
Sindicación
 
sobre Hank
sin darme cuenta
empecé mi particular hemeroteca
con un artículo sobre Hank.

mi madre sabía de mis inquitudes intelectualoides
así que compraba el ABC los viernes
porque venía con El Cultural,
lo que no sabía era que no comulgaba con ellos.
pero ella no tiene la culpa.
nunca supo mucho de política,
sólo de afectos, cosa nada desdeñable.

aquella noticia fue la primera que guardé
en una vieja carpeta que luego fue engordando
y más tarde fue sustituida por otras carpetas
y por otras cajas
y por otros archivadores negros.

no tenía ni idea por aquel entonces
de quién era Charles Bukowski
(tan mal está el sistema educativo),
maestro del realismo sucio, rezaba, equivocadamente, el titular.
Hank nunca fue maestro de nada
ni el realismo sucio es tan sucio
como la conciencia sucia de algún periódico.

guardé la página entera.

decía que había fallecido a los 74 años en Los Ángeles.
me quedé sólo con la poca información
sobre su enfermedad y sus excesos.

pasaron los años y el polvo
por éste y otros recortes de prensa,
pero ninguno de ellos puede equipararse a éste,
ninguno tiene tanto polvo como el de Hank.

y empecé a leer poesía de Buck,
poeta y vagabundo, justo lo que no decía el titular,
hermano de un ser humano.

y ahora he recordado aquél pedazo de papel
que aún conservo,
aquella tarjeta de visita
de quien aún no se había presentado
y que ya nunca se irá.

 
jajaja
hace dos días mi madre me dijo q un antiguo profesor mío, Manolo Miñambres, sacerdote y gran amigo, había fallecido. se había enterado por teléfono a través de mi hermana, q vive en mi antiguo barrio y pasa por la puerta de mi antiguo cole. y el funeral, le dijo, sería este viernes.

compungido, triste, realmente jodido pq esta persona fue de esas q dejan huella en la vida de uno, escribí un artículo en este blog, el anterior a este mismo (más abajo lo podéis ver).

el caso es q esta tarde llamaba por teléfono al colegio para saber a qué hora iba a ser el funeral mañana viernes.

y el conserje del colegio me ha contestado:
-no, no, si Manolo Miñambres no se ha muerto, si acabo de hablar con él hace un rato. ha sido su padre, q tenía 87 años.

tiene cojones!!!

tirando del hilo, parece ser q la información venía de mi hermana, q al pasar por la puerta del colegio creyó leer en un cartel q el día 20 era el funeral del Padre Manolo Miñambres (por aquello de q es cura) y en realidad pondría funeral por el padre de Manolo Miñambres.

así q me he quedado con cara de gilipollas, con mi texto de homenaje como un imbécil. y al principio me he cagado en los dioses y al final he empezado a descojonarme yo solo.

lo mejor va a ser cuando dentro de unos días vaya a verle en persona y le cuente la anécdota y le lleve el escrito de homenaje.

y eso no es todo!!!

tenía intención de escribirle un poemilla y salir al altar a leerlo mañana en su funeral, como tantas veces me hizo leer en misa Manolo Miñambres (esas fueron mis primeras lecturas públicas) y ya hubiera sido la hostia encontrarlo en el primer banco, vivito y coleando. y saludando con cara sonriente.

joooooooooooooder


y yo escribiéndole más abajo: amigo (sniff), seguro q nos encontraremos en otra vida...

jajaja jajaja jajaja

 
¿Dónde buscarte ahora...?
¿Dónde buscarte ahora, Manolo? ¿Dónde vamos a ir a buscarte los chavales que te buscábamos para pedirte consejo cuado una chica no nos hacía caso, cuando nuestros padres se peleaban, cuando nos sentíamos acomplejados en clase?

Manolo Miñambres era un sacerdote ya entrado en años, tripón y con maneras de mujer. Llegó a nuestras vidas cuando yo estaba en primer curso de BUP y volvía al colegio como una leyenda, como un mito. Había estado trabajando como misionero en parroquias de los barios más pobres de Buenos Aires y su acento porteño era una de sus características más graciosas. El primer día de clase, cuando empezó a hablar, yo me eché a reír, era muy exagerado su amaneramiento -muy común en los sacerdotes-, así que me sacó el primero a la pizarra, dispuesto a atajar al que parecía ser el bicho de la clase ya desde el principio. Manolo iba a por las ovejas negras, a por los vagos, a por los gamberros, iba a ellos de frente, con una sonrisa en la cara. Ese era su desafío, ayudar a los “malos”. Y aunque yo no fuese de lo peor, en seguida entró en mi alma como ese apoyo que todo adolescente anhela.

Nos hizo amar la música clásica. Nos hizo ser naturales. Nos enseñó a dar. No era un cura seco, reprimido y reprimente. Era una persona con mucha vida recorrida. Nos hablaba de Dios y la Virgen, pero por exigencias del guión. En realidad lo que a él le gustaba era hablarnos de la vida, de qué íbamos a hacer con nuestras vidas. No era raro verle correr por el patio jugando al fútbol con la gabardina puesta mientras los demás nos reíamos de sus gestos. Creo que fue la primera persona realmente apasionada que se cruzó en mi vida, la primera persona que me contagió sus ganas de vivir. Y ahora hablo en primera persona, pero estoy seguro que nos marcó a cada uno de los chicos de aquel bachillerato. Y del siguiente, y del siguiente...

Él quiso que yo fuera sacerdote. Sabía de mi madurez, de mis ganas de ayudar, de mi paciencia, de mi silencio. Yo mismo me lo llegué a plantear seriamente. Pero de sobra sabía que mis ideas no eran nada conservadoras, como las de la Iglesia, a la que yo creo que ni él mismo creía -San Manolo Bueno, mártir-. Hablábamos de política, me provocaba porque sabía que yo era un buen elemento izquierdoso de aquellos cursos, pero curiosamente siempre llegábamos a un punto de encuentro, el de la ayuda al prójimo. Cuando trataba de confesarme, acabábamos hablando de todo un poco, sin liturgias ni avemaríapurísimas, y al final se acababa confesando él a mí, intuyendo mi madurez, cuando me contaba que él también pecaba, que no era fácil ser fiel al celibato con aquellas mujeres que salían por Telecinco (jajaja, luego se lo contaba a mis amigos y nos reíamos juntos y todos se acercaban más a aquel cura pecador y humano).

Recuerdo muchas palabras, consejos, conversaciones, de esas que influyen en tu vida. Recuerdo que, cuando salí del colegio y empecé la universidad, fui a buscarle en diversas ocasiones para hablar, porque yo estaba realmente perdido, además de enfermo, y él me espoleaba, que me dejase de milongas, que fuera a la universidad a relajarme y aprender, que me sacara el título de una puta vez y me hiciera cargo de mis padres, que era lo que debía hacer. Nunca pude con todo eso.

Y en cambio él siempre supo que yo escribía y quería saber de mis escritos, pero yo nunca le llevé nada para que me leyera. Incluso la última vez que mi madre se cruzó con él por la calle, hará cosa de un mes, le insistió, le preguntó por mí, que fuera a verle, que le llevara mis libros. Me prometí hacerlo, pero ahora ya no va a ser posible. Ya no vamos a poder mirarnos a la cara y sonreír complices de la vida, de los pecados, de los errores cometidos. Ya no vamos a poder tomarnos un chupito de whisky de esa petaca que él escondía entre los libros del estante de su despacho, entre libros de rezos y de misiones y de Don Bosco y de música clásica.

Según escribo, me voy riendo de mil anécdotas con MM, nuestro cura, nuestra “abuela” (según le llamaba un cura rival suyo en el colegio, envidioso de que todos tratáramos con MM y nunca con él).

Creo que la última vez que nos vimos fue tras una misa del Gallo, la única a la que he ido en mi vida. Fui para verle a él y presentarle a mi novia (ahora ex). Y recuerdo que me dijo que estaba desencantado de todo, sobre todo de los políticos y que ya nunca más iba a votar, ni siquiera al PP, que le había decepcionado más que nadie. Yo no tenía ganas de política ya, sólo quería verle, disfrutar de su fuerza vital, su risa, dos vasos de plástico con sidra brindando por el año nuevo que vendría.

Es duro aceptar que se haya ido. No era tan mayor, rondaría los 70 años. Pero su corazón estaba muy fatigado, seguramente de latir más fuerte que el del resto. Me hubiera gustado contarle mi teoría sobre el más allá y el alma, nada de paraísos ni de cielos. Seguro que se hubiera reído conmigo y luego hubiera aceptado su lógica, hubiera respetado mi idea, como siempre hizo, como yo siempre hice.

Ahora es inútil decirle que no creo que esté en el cielo, que su alma vagará por el universo como otras tantas energías, camino del sol, para luego formar parte del astro rey y poder iluminar a otras vidas con su vida, con su energía. No creo en nada ciegamente, pero él sabía que me parecía más lógica la reencarnación budista que la salvación cristiana. Y como dicen que al final a uno le pasa aquello en lo que cree, (aunque yo no sea muy crédulo), seguramente nos veremos en otra vida, nos reencarnaremos juntos, porque las almas se reencarnan en grupo -dicen-, y volveremos a mirarnos con esa sonrisa pícara y satisfecha de los que se sienten contentos con estar vivos.

Un abrazo y dos besos, como aquellos que nunca me atrevía a darte de pequeño y que de mayor sí te daba cada vez que nos veíamos. Nos volveremos a ver. Estoy seguro.

 
Diez consejos (para dejar de escuchar consejos)
Ahora que todo el mundo quiere ser actor/actriz, escritor/a, cantante, director/a de cine, guionista, acabo de rescatar un pequeño decálogo de Santiago Lorenzo, director de cine, que seguramnete interesa a todos esos nuevos artistas.

DIEZ CONSEJOS PARA DEJAR DE ESCUCHAR CONSEJOS

1. Quien no follaba sin hacer películas, tampoco va a follar pq se ponga a hacerlas ahora.

2. No seas cobarde: no te vas a morir de hambre.

3. Antes se hace una película sin cámaras que sin personas.

4. Medallistas de K-2, clasificados para el Camel Trophy y luchadores de wrestling no gozan de mejor salud física que un cineasta.

5. Tú, que sabes muy bien que en el fondo quieres un kilo para comprarte un coche, para instalar el aire acondicionado o para tirarte el folio ante tus suegros: no molestes a las productoras con tus asquerosos proyectos.

6. Vas a perder algún/a novio/a por tu afición a gastarte toda la pasta en este intangible.

7. No invites a nadie al primer pase: todos se sienten en la obligación de decir algo. Y empiezan siempre por lo malo.

8. Deja de imitar a Santiago Segura. Te estás perdiendo a ti mismo. Él es inimitable.

9. Empiezas a oir hablar mal de ti. Pero has leído en un libro de Kipling que el hombre ha de defender sus convicciones. No seas cretino: lo más seguro es que te lo estés mereciendo.

10. Si todo va bien, vas a empezar a cobrar un papel realmente decisivo en tu propia vida. Una nube de vagos, miedicas y envidiosos va a proyectarse por ello sobre ti, dándote indicaciones constantes sobre cómo actuar y sobre los peligros que te acechan. Un jueguito muy divertidillo, apasionante y exquisito: con una cara muy seria, diles que sí a todo, con la mano sacando los cuernos metida en el bolsillo para que no te vean. Aguanta la risa, si puedes, que si no el juego se acaba. Empieza por ti mismo a jugar a esto, sin ir más lejos.

Estos diez mandamientos, claro está se encierran en dos. Uno: repite esta paridita "Todo marcha estupedamente" de la mañana a la noche. Dos: cuando, a pesar de todo, nada marche estupendamente, coge un taco de pasta y gástatela en cualquier cosa que se te ocurra (soldaditos de plomo, Veterano, trenes eléctricos). Luego vuelve a ponerte a trabajar.

Este decálogo debe tener como cerca de 8-9 años, pq lo acabo de rescatar de un viejo baúl de recuerdos en forma de carpeta. Se refiere al cine, pero creo que es extensible a cualquier tipo de actividad artística.

 
sin título, 1
qué raro se me hace escribir cuando apenas hace unos instantes volaban muchas ideas por mi cabeza y no quería que ninguna se fuera lejos, más bien deseaba incrustarlas en algún soporte, dejarlas dichas, pensadas, escritas. aquí estoy, en ello, pero estas no son las palabras que estaba meditando hace unos instantes, y cuanto más escribo, más se alejan, como en una despedida a la persona que amas y ves cómo se marcha, de espaldas, indolente, como la vida. quizá sea la vida la que es indolente y no esa persona que amas.

quería hablar de la hora tan absurda que es en este mismo instante, la hora que a pesar de todo no va a aparecer bien reflejada, con exactitud, al final de este escrito, porque esta hora está siendo ahora y no será la de después, una vez acabado. qué hora tan absurda, las 7:35 de la mañana de un domingo frío. qué noche tan curiosa, sin dormir, sin sueño, con dolor de espalda y de garganta, con algo de frío, con mucho silencio, el que creo que cada día necesito más, con una historia entre manos, Todos los nombres, de José Saramago, qué gran historia, qué buen libro, qué bien escribe este señor, cómo le admiro. al fin he concluído esta novela, esta historia sobre los vivos y los muertos, sobre los nombres, sobre los nombres absurdos en las lápidas de un cementerio, qué más da dónde se encuentre el cuerpo del muerto si en el fondo no sabemos dónde se ha ido. simplemente se ha ido. y punto.

quería hablar de los blogs. la gente escribe blogs, lo cual por un lado me gusta, por otro me parece un atrevimiento. me paso semanas, días, viendo lo único que hasta este momento, este mismo momento, las 7:40, había escrito. me atenazaba la responsabilidad de las palabras. las palabras y yo nos llevamos bien cuando nos emborrachamos mutuamente, cuando no pedimos permiso el uno al otro para tocarnos, cuando no pensamos en si nos hacemos daño o nos agobiamos mutuamente. las palabras me atenzan, otras veces las atenazo yo a ellas, casi todo el tiempo soy yo quien las paraliza, quien las sujeta, esperando que sean sólo las mejores palabras posibles las que al fin salgan de mis dedos o de mi lengua, como a veces uno aguanta el semen haciendo el amor para que cuando al fin salga, sea el momento más lúcido, más excitante, el mejor momento de tu vida, y que además pueda ser atrapado. pero qué utopías, ese momento de la eyaculación es efímero, como lo es el momento de la palabra contenida, como lo es el momento de la palabra eyaculada, como lo es este momento, las 7:45.

la gente no sostiene sus palabras, las expulsa, las vomita con total libertad, qué maravilla, para mí quisiera tanta libre inconsciencia sobre lo escrito. uno sigue admirándose de la palabra escrita, pero me da la impresión que los autores de blogs, en su mayoría, expulsan palabras con naturalidad, con cierta inconsciencia, no lo cirtico, simplemente me admiro. la gente escribe sin más. y por qué sin menos, debería preguntarme a mí mismo. sólo observo, agazapado, como siempre he sabido hacer, observar, agazapado. también he sabido saltar felinamnete sobre la presa en cuestión, no sólo observar, pero eso no lo escribo, no lo cuento, no viene al caso.

quería hablar de algo más, pero, oh, lo que me faltaba, no me acuerdo de qué quería hablar. maravilloso. ah sí, ya me viene, creo que había pensado escribir sobre el concierto de Andrés Calamaro en el que estuve, que fue hace dos semanas, pero que, impactado aún, no he sabido digerir como para traspasarlo a escrito. también quería hablar de una poetisa a la que fui a visitar en una lectura suya, muy interesante, Mari Paz Cornejo, aparentemente joven y frágil, pero parece que sabe dónde poner el objetivo de la cámara para contar historias. de momento, claramente marcadas por el entorno urbano, como todos los que empezamos, y como todos en general, porque ya todo es urbano. pero espero que con el tiempo dirija su objetivo hacía paisajes más interiores, si bien quizá lo esté haciendo entre líneas y aún no nos hayamos dado cuenta, ni ella quizá se haya dado cuenta. también quería hablarle desde aquí a una amiga con los sentimientos acotados por un servidor, un homenaje a todos aquellos que queremos algo y que no nos lo dan, es decir, un homenaje a todos a través de ella.

quería hablar de estos temas, pero según los he ido enumerando aquí se me han ido pasando las ganas, así que dejaré abierta la posibilidad de adentrarme en ellos, uno por uno, en próximas fechas. pero también la pereza y el respeto a la palabra escrita deben tomar cartas en el asunto y quizá me olvide y no escriba nada sobre ellos. o quizá me olvide de todo y no escriba nada sobre ningún tema más. suelo pensar más en lo que no escribo que en todo aquello que he escrito. quizá me quede pensando en estas cosas y no las escriba, lo cual no indica que me olvide de ellos.

este debe ser un buen momento para cortar este escrito. las 8:02

 
motivos
y la luz se hizo y mi web se inauguró esta mañana y este blog deja de ser vírgen.

a eso de las diez de la mañana sonaba mi móvil. era Mrs. Bing para decirme q el público esperaba impaciente, q los invitados a la presentación virtual de mi nueva página web estaban hambrientos ante la promesa q les hice el día anterior de q el acto sería aderezado con suculentos canapés y copas (de cava, más transgresor q el champán).

y sé muy bien quienes estaban, quienes eran ellos, incluidos los nuevos, pero no daré sus nombres para evitar q mi flaca memoria me juegue alguna mala pasada y deje de mencionar a alguien. geniales todos.

(hay q ver lo q me está costando escribir este mensaje. me he comprometido a escribir con cierta asiduidad en este blog para mantener la pluma caliente y la lengua mojada, pero me temo q no siempre me sienta acertado en lo q escribo. lo advierto de antemano, aviso a navegantes. y seré fiel a una idea: al igual q no acepto comentarios de los lectores, puesto q quien me conoce sabe de sobra cómo hacerme llegar lo q opina y aparte queda mi correo electrónico a su disposición, tampoco voy a corregir lo q publique a diario, dejando q el azar y las impurezas transiten por estas palabras. explicado esto, más desahogado, pido disculpas por la digresión).

reimos, hicimos el tonto, preguntaron rarezas, se pasaron con las copas, se drogaron en los lavabos, incluso piropearon las fotos. divertido.

y quizá la lectura más entrañable q le queda a uno de este original acto es q a pesar de todo, a pesar de los meses de silencio, de las soledades, de las autocríticas mordaces, del no me voy a meter más en historias de éstas, queda el cariño, o bien a mi persona, o bien a lo q hago (q es lo mismo). y teniendo en cuenta mi incapacidad de publicar un libro y q la gente le preste atención, no desprecio los besos, aplausos, risas, abrazos q me dispensa este grupo reducido pero amable, pq quizá mi isla desierta sea mejor reconocida en los mapas por ellos q por otras gentes, aunq éstas fueran numerosas. uno tira la botella con el mensaje al inmenso mar (mediterráneo, por favor) y se encuentra con q unos cuantos navegantes la recogen, leen el mensaje q contiene y vienen a mi isla a visitarme. un lujo.

estos son motivos suficientes para embarcarme en esta nueva odisea. besos, risas, abrazos, guiños, confesiones, complicidad.

gracias a todos los presentes esta mañana en la inauguración de mi web y perdón si no pude atender a todos como hubiera deseado. pero mi isla está abierta a cualquier náufrago y queda a vuestra disposición para poder descansar.

mil gracias.