sin título, 1
qué raro se me hace escribir cuando apenas hace unos instantes volaban muchas ideas por mi cabeza y no quería que ninguna se fuera lejos, más bien deseaba incrustarlas en algún soporte, dejarlas dichas, pensadas, escritas. aquí estoy, en ello, pero estas no son las palabras que estaba meditando hace unos instantes, y cuanto más escribo, más se alejan, como en una despedida a la persona que amas y ves cómo se marcha, de espaldas, indolente, como la vida. quizá sea la vida la que es indolente y no esa persona que amas.
quería hablar de la hora tan absurda que es en este mismo instante, la hora que a pesar de todo no va a aparecer bien reflejada, con exactitud, al final de este escrito, porque esta hora está siendo ahora y no será la de después, una vez acabado. qué hora tan absurda, las 7:35 de la mañana de un domingo frío. qué noche tan curiosa, sin dormir, sin sueño, con dolor de espalda y de garganta, con algo de frío, con mucho silencio, el que creo que cada día necesito más, con una historia entre manos, Todos los nombres, de José Saramago, qué gran historia, qué buen libro, qué bien escribe este señor, cómo le admiro. al fin he concluído esta novela, esta historia sobre los vivos y los muertos, sobre los nombres, sobre los nombres absurdos en las lápidas de un cementerio, qué más da dónde se encuentre el cuerpo del muerto si en el fondo no sabemos dónde se ha ido. simplemente se ha ido. y punto.
quería hablar de los blogs. la gente escribe blogs, lo cual por un lado me gusta, por otro me parece un atrevimiento. me paso semanas, días, viendo lo único que hasta este momento, este mismo momento, las 7:40, había escrito. me atenazaba la responsabilidad de las palabras. las palabras y yo nos llevamos bien cuando nos emborrachamos mutuamente, cuando no pedimos permiso el uno al otro para tocarnos, cuando no pensamos en si nos hacemos daño o nos agobiamos mutuamente. las palabras me atenzan, otras veces las atenazo yo a ellas, casi todo el tiempo soy yo quien las paraliza, quien las sujeta, esperando que sean sólo las mejores palabras posibles las que al fin salgan de mis dedos o de mi lengua, como a veces uno aguanta el semen haciendo el amor para que cuando al fin salga, sea el momento más lúcido, más excitante, el mejor momento de tu vida, y que además pueda ser atrapado. pero qué utopías, ese momento de la eyaculación es efímero, como lo es el momento de la palabra contenida, como lo es el momento de la palabra eyaculada, como lo es este momento, las 7:45.
la gente no sostiene sus palabras, las expulsa, las vomita con total libertad, qué maravilla, para mí quisiera tanta libre inconsciencia sobre lo escrito. uno sigue admirándose de la palabra escrita, pero me da la impresión que los autores de blogs, en su mayoría, expulsan palabras con naturalidad, con cierta inconsciencia, no lo cirtico, simplemente me admiro. la gente escribe sin más. y por qué sin menos, debería preguntarme a mí mismo. sólo observo, agazapado, como siempre he sabido hacer, observar, agazapado. también he sabido saltar felinamnete sobre la presa en cuestión, no sólo observar, pero eso no lo escribo, no lo cuento, no viene al caso.
quería hablar de algo más, pero, oh, lo que me faltaba, no me acuerdo de qué quería hablar. maravilloso. ah sí, ya me viene, creo que había pensado escribir sobre el concierto de Andrés Calamaro en el que estuve, que fue hace dos semanas, pero que, impactado aún, no he sabido digerir como para traspasarlo a escrito. también quería hablar de una poetisa a la que fui a visitar en una lectura suya, muy interesante, Mari Paz Cornejo, aparentemente joven y frágil, pero parece que sabe dónde poner el objetivo de la cámara para contar historias. de momento, claramente marcadas por el entorno urbano, como todos los que empezamos, y como todos en general, porque ya todo es urbano. pero espero que con el tiempo dirija su objetivo hacía paisajes más interiores, si bien quizá lo esté haciendo entre líneas y aún no nos hayamos dado cuenta, ni ella quizá se haya dado cuenta. también quería hablarle desde aquí a una amiga con los sentimientos acotados por un servidor, un homenaje a todos aquellos que queremos algo y que no nos lo dan, es decir, un homenaje a todos a través de ella.
quería hablar de estos temas, pero según los he ido enumerando aquí se me han ido pasando las ganas, así que dejaré abierta la posibilidad de adentrarme en ellos, uno por uno, en próximas fechas. pero también la pereza y el respeto a la palabra escrita deben tomar cartas en el asunto y quizá me olvide y no escriba nada sobre ellos. o quizá me olvide de todo y no escriba nada sobre ningún tema más. suelo pensar más en lo que no escribo que en todo aquello que he escrito. quizá me quede pensando en estas cosas y no las escriba, lo cual no indica que me olvide de ellos.
este debe ser un buen momento para cortar este escrito. las 8:02
quería hablar de la hora tan absurda que es en este mismo instante, la hora que a pesar de todo no va a aparecer bien reflejada, con exactitud, al final de este escrito, porque esta hora está siendo ahora y no será la de después, una vez acabado. qué hora tan absurda, las 7:35 de la mañana de un domingo frío. qué noche tan curiosa, sin dormir, sin sueño, con dolor de espalda y de garganta, con algo de frío, con mucho silencio, el que creo que cada día necesito más, con una historia entre manos, Todos los nombres, de José Saramago, qué gran historia, qué buen libro, qué bien escribe este señor, cómo le admiro. al fin he concluído esta novela, esta historia sobre los vivos y los muertos, sobre los nombres, sobre los nombres absurdos en las lápidas de un cementerio, qué más da dónde se encuentre el cuerpo del muerto si en el fondo no sabemos dónde se ha ido. simplemente se ha ido. y punto.
quería hablar de los blogs. la gente escribe blogs, lo cual por un lado me gusta, por otro me parece un atrevimiento. me paso semanas, días, viendo lo único que hasta este momento, este mismo momento, las 7:40, había escrito. me atenazaba la responsabilidad de las palabras. las palabras y yo nos llevamos bien cuando nos emborrachamos mutuamente, cuando no pedimos permiso el uno al otro para tocarnos, cuando no pensamos en si nos hacemos daño o nos agobiamos mutuamente. las palabras me atenzan, otras veces las atenazo yo a ellas, casi todo el tiempo soy yo quien las paraliza, quien las sujeta, esperando que sean sólo las mejores palabras posibles las que al fin salgan de mis dedos o de mi lengua, como a veces uno aguanta el semen haciendo el amor para que cuando al fin salga, sea el momento más lúcido, más excitante, el mejor momento de tu vida, y que además pueda ser atrapado. pero qué utopías, ese momento de la eyaculación es efímero, como lo es el momento de la palabra contenida, como lo es el momento de la palabra eyaculada, como lo es este momento, las 7:45.
la gente no sostiene sus palabras, las expulsa, las vomita con total libertad, qué maravilla, para mí quisiera tanta libre inconsciencia sobre lo escrito. uno sigue admirándose de la palabra escrita, pero me da la impresión que los autores de blogs, en su mayoría, expulsan palabras con naturalidad, con cierta inconsciencia, no lo cirtico, simplemente me admiro. la gente escribe sin más. y por qué sin menos, debería preguntarme a mí mismo. sólo observo, agazapado, como siempre he sabido hacer, observar, agazapado. también he sabido saltar felinamnete sobre la presa en cuestión, no sólo observar, pero eso no lo escribo, no lo cuento, no viene al caso.
quería hablar de algo más, pero, oh, lo que me faltaba, no me acuerdo de qué quería hablar. maravilloso. ah sí, ya me viene, creo que había pensado escribir sobre el concierto de Andrés Calamaro en el que estuve, que fue hace dos semanas, pero que, impactado aún, no he sabido digerir como para traspasarlo a escrito. también quería hablar de una poetisa a la que fui a visitar en una lectura suya, muy interesante, Mari Paz Cornejo, aparentemente joven y frágil, pero parece que sabe dónde poner el objetivo de la cámara para contar historias. de momento, claramente marcadas por el entorno urbano, como todos los que empezamos, y como todos en general, porque ya todo es urbano. pero espero que con el tiempo dirija su objetivo hacía paisajes más interiores, si bien quizá lo esté haciendo entre líneas y aún no nos hayamos dado cuenta, ni ella quizá se haya dado cuenta. también quería hablarle desde aquí a una amiga con los sentimientos acotados por un servidor, un homenaje a todos aquellos que queremos algo y que no nos lo dan, es decir, un homenaje a todos a través de ella.
quería hablar de estos temas, pero según los he ido enumerando aquí se me han ido pasando las ganas, así que dejaré abierta la posibilidad de adentrarme en ellos, uno por uno, en próximas fechas. pero también la pereza y el respeto a la palabra escrita deben tomar cartas en el asunto y quizá me olvide y no escriba nada sobre ellos. o quizá me olvide de todo y no escriba nada sobre ningún tema más. suelo pensar más en lo que no escribo que en todo aquello que he escrito. quizá me quede pensando en estas cosas y no las escriba, lo cual no indica que me olvide de ellos.
este debe ser un buen momento para cortar este escrito. las 8:02





