<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Vete de mi cabeza, por favor]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[(aunque sólo sea cinco minutos)]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Adolescencia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_41.htm]]></link><description><![CDATA[Hay una realidad que durante mucho tiempo he intentado negar. Me he escondido en mis pensamientos, he mirado hacia otro lado y he llamado locos a aquéllos que trataban de abrirme los ojos. Sin embargo, pese a mi obstinación y mi absoluto convencimiento de que, si lo deseaba con fuerza, nunca ocurriría, no me ha quedado más remedio que reconocer lo evidente: tengo una hija adolescente.<br/><br/>Desde el punto de vista biológico, hay una serie de cambios físicos y fisiológicos que hacen ostensible el abandono de la niñez, cambios que en las mujeres se tornan evidentes mucho antes que en sus compañeros del género masculino y ante los que yo, triste ignorante, he sido ciego.<br/><br/>Como padre, ignorando lo anterior, estaba convencido de que la transformación llegaría de golpe y que encontraría algún cursillo rápido para adaptarme a convivir con una adolescente. Error de principiante minimizar los efectos de los cambios hormonales previos a lo que otros mucho más anticuados que yo llamaban “hacerse mujer”.<br/><br/>Probablemente es en este momento de mi vida cuando echo en falta tener cerca de alguien que me aconseje; alguien que entienda lo que esta pasando y pueda suplir mis carencias. En definitiva, alguien que pueda ejercer de madre en aquellos aspectos en los que yo todavía no me atrevo.<br/><br/>Pero como no depende de mí tener a esa figura femenina en mi vida, de momento me toca apañarme con lo que tengo (y a Cristinita con el padre que le ha tocado), que no es mucho. De momento leo todo lo que puedo (y consulto a los que saben más que yo, que son casi todos) e intento ganarme la confianza de mi hija, un asunto en el que, por ahora, progreso adecuadamente o, al menos, eso me dice ella.<br/><br/>Ahora sólo me queda estar preparado para el “día D” que, según los expertos, llegará en cualquier momento.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[De vuelta]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_40.htm]]></link><description><![CDATA[Casi había olvidado la existencia de este sitio hasta que, por cuestiones del azar, empecé a revisar mis cosas de Internet y recordé. Recordé que durante mucho tiempo utilicé mi blog para vomitar mis enfados, para controlar mi rabia y, para qué negarlo, buscar la comprensión de otros que pudieran sentirse identificados conmigo. La empatía, ese extraño sentimiento del que tan necesitados estamos en los momentos difíciles.<br/><br/>No es que, de repente, desapareciesen todas las complicaciones de mi vida o que diese con la solución a mis problemas cotidianos, simplemente dejé de tener tiempo para escribir.<br/><br/>En estos meses (casi un año) en los que he estado sin escribir me han pasado muchas cosas, la mayoría buenas, y ahora que atravieso un período de paz (espiritual) creo que es el momento de volver y retomar este blog que tanto me ha ayudado.<br/><br/>Estoy seguro de que, después de tanto tiempo, me será difícil recuperar a aquéllos que durante meses siguieron mis andanzas y se convirtieron en involuntarios consejeros en mi día a día, pero tampoco era la intención de este cuaderno convertirse en el espacio más visitado (aunque no me importaría que lo fuese).<br/><br/>Así que este post es para eso, para anunciar mi vuelta a la blogosfera y saludar a todos aquéllos que como yo han encontrado en este sitio un lugar para sacudirse sus problemas.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Ya no tengo edad para ciertas cosas]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_39.htm]]></link><description><![CDATA[No es que le haya perdido el gusto a escribir aquí, aunque lleve dos meses sin dar señales de vida. Simplemente no tenía nada interesante que contar y, a veces, ser redundante es una forma más de ser pesado.<br/><br/>El tema de la custodia sigue más o menos igual. Mi abogada dice que tarde o temprano Cristina cederá, sobre todo cuando su abogada le diga que con esa actitud no puede ganar. El problema es que aquí no se trata de ganar o perder, sino de establecer un acuerdo lo más beneficioso posible para lo único que esa (…) y yo tenemos en común: nuestra hija. Pero mientras sigamos hablando de vencedores y vencidos me temo que la solución se aleja.<br/><br/>Decía antes que durante algún tiempo no he tenido nada interesante que contar, aunque afortunadamente eso ha cambiado. He conocido a alguien. No a alguien en el sentido de una posible pareja, algo que no me planteo en este momento, sino a alguien capaz de estimularme lo suficiente como para que deje de pensar en lo que no debo.<br/><br/>Es una mujer fascinante, atractiva, vital y… agotadora. Pero no seamos mal pensados; el agotamiento al que me somete no tiene nada que ver con el sexo, actividad que en nuestra breve relación se ha limitado a un par de encuentros esporádicos y para nada planificados, sino con su incapacidad para estarse quita más de dos minutos (divina juventud).<br/><br/>Así, en las últimas dos semanas he hecho escalada, rafting, trekking (y un millón de cosas más acabadas en ing), me he convertido en experto senderista… y he acabado con unas agujetas que me han dejado baldado e incapaz de moverme sin la correspondiente dosis de analgésicos.<br/><br/>Empiezo a pensar que mi hija tiene razón cuando dice que me hago mayor y es que uno empieza tener una edad en la que determinadas cosas se convierten en actividad de riesgo.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[La vida sigue igual]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_38.htm]]></link><description><![CDATA[Lo reconozco. Durante los últimos meses he hecho lo imposible por desaparecer de la faz de la tierra. Y casi lo consigo. Pero la vida da muchas vueltas y hoy, le pese a quien le pese, me toca reaparecer.<br/><br/>A día de hoy, estoy hasta los mismísimos de eso que llaman mediación familiar, sobre todo porque no median nada y siempre es la misma parte la que tiene que dar su brazo a torcer, en este caso yo. Y tampoco tengo claro que mis múltiples concesiones estén siendo lo mejor para mi hija, sobre todo porque la amenaza de que su madre se vuelva a largar estará siempre presente. Pero tendremos que vivir con ella.<br/><br/>Aunque Cristina no pueda aceptarlo, no me importa su vida, con quién está o con quién deja de estar, ni si es feliz. Ya no es asunto mío. Lo único que me preocupa es que Cristinita esté bien cuando está con ella y, teniendo en cuenta que últimamente no hay forma de quitarle la sonrisa de la cara, creo que disfruta de los períodos que pasa con su madre, lo que tiene que ser bueno, digo yo.<br/><br/>Eso sí, nuestro contacto se limita a las reuniones quincenales que mantenemos con esos dos tipejos que nos desangran y que dejan que ella me insulte mientras yo callo por no parecer descortés, aunque olvido que me convierto en cobarde. Y no es que le tenga miedo, faltaría más, pero me aterroriza pensar que pueda utilizar alguna de mis frases en un futuro juicio. Porque, aunque nos empeñemos en negar lo evidente, este tema de la custodia terminará allí. Ni yo estoy dispuesto a ser un padre de fin de semana, ni ella quiere oír hablar de custodia compartida.<br/><br/>Mientras tanto, hoy estreno mi primera quincena de soltero (y no padre soltero como hasta ahora), ya que madre e hija volverán a pasar juntas las Fallas. La cuestión es ¿qué hacía yo cuando era simplemente soltero? Ha pasado tanto tiempo que ya ni me acuerdo. Y, ¿sabes que? Que me da igual.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Concilio y celebración]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_37.htm]]></link><description><![CDATA[La semana que viene tengo la segunda de las citas con los mediadores familiares para intentar llegar a un acuerdo; el objetivo de esto es alcanzar un grado de conciliación que nos permita tener la custodia compartida, una cuestión que Cristina rechaza en plan “o es toda para mí o para ninguno” así que estoy convencido de que, si de ella dependiera, preferiría dejarla en una casa de acogida antes que reconocer que yo también puedo ejercer de progenitor responsable.<br/><br/>La primera reunión fue un desastre y a mí se me olvidó llevar paraguas. ¿Paraguas? ¿Para qué? Pues para soportar la lluvia de insultos y reproches que fueron saliendo por su boquita de piñón. Vamos que, menos guapo, me dijo  de todo.<br/><br/>Luego he andado liado preparando la fiesta de cumpleaños de Cristinita, porque doce añazos no se cumplen todos los días y había que buscar una alternativa a los payasos y a la piñata. Al final, celebramos una merienda-cena con la familia el domingo para que sus abuelos y demás familiares pudieran hacerle bonitos y útiles regalos: unos patines, un abrigo, un reloj… y, sobre todo, para que su padre pudiese sorprenderle con lo único que se le ocurrió a última hora, el juego de esquís y el equipaje completo de la nieve.<br/><br/>Esta tarde tenemos la fiesta con los compañeros del colegio; una merienda en una pizzería y luego sesión de cine. Está todo listo, pero me queda todavía una cuestión por resolver: ¿Se dignará a aparecer su madre esta vez? Porque el cumpleaños fue el día 21 y la niña aún está esperando la felicitación.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Cristina III]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_36.htm]]></link><description><![CDATA[Lo primero de todo, he de decir que no esperaba que mi último post fuera a generar un debate (o similar) entre dos personas que parece ocupan posiciones contrapuestas en lo que al tema de la custodia se refiere. Así que ha raíz de lo que he podido leer, me he decidido a introducir una serie de aclaraciones.<br/><br/>En primer lugar, mi matrimonio fue la consecuencia directa del embarazo de Cristina; antes de eso ni compartíamos piso, ni teníamos planes a largo plazo. Nos queríamos y punto. Y hay veces que cuando todo va perfecto, pues la cagas y resulta que esa cagada termina convirtiéndose en lo mejor que has hecho en tu vida. Pero al principio es sólo eso, una cagada.<br/><br/>Cuando nació Cristinita, yo todavía era estudiante de Medicina, así que mis ingresos eran totalmente nulos; ella, por su parte, terminó la carrera ese mismo año y se puso a trabajar, porque de algún sitio había que sacar el dinero. Así que por esa parte, fue mi mujer la que se encargó de que las cosas funcionaran, a costa de renunciar a lo que le hacía feliz. <br/><br/>Como ya he dicho anteriormente, ella era un espíritu libre; le gustaba llevar el (des)control de su vida y odiaba los horarios, la planificación. Y tuvo que mandar todo eso a hacer puñetas porque un bebé tiene unos horarios y yo poco podía hacer si tenía que estudiar.<br/><br/>Así que los primeros años, ella se sacrificaba y yo estudiaba (también me busqué un trabajo para los fines de semana); no tuvo una boda de cuento, ni la mejor casa del mundo, pero no dijo nada. Y yo pensaba que era feliz.<br/><br/>Luego empecé la residencia y, después, conseguí el trabajo con el que siempre había soñado; sinceramente, nunca pensé que opinaba ella de todo eso, ni me pregunté si había algún reproche en las palmaditas en el hombro que me daba cada vez que yo llegaba a casa con lo que me parecían buenas noticias. Simplemente, porque ella nunca dijo nada.<br/><br/>Hasta el día en que Cristina se fue de casa, fui un padre meramente testimonial; estaba demasiado ocupado con el trabajo y cuando estaba en casa, pues tampoco fui un marido ejemplar. Estaba convencido de que todo iba bien y de que, si algo pasaba, ella me lo diría y lo solucionaríamos.<br/><br/>Lo que yo le reprocho a Cristina no es que dejase de quererme; en realidad ni siquiera le guardo rencor por haber estado con otros; lo que le echo en cara es que su solución a nuestros problemas fuese coger la puerta en busca de una libertad que asegura yo le robé.<br/>Se cansó de la vida que tenía, se cansó de mí y, sobre todo, se cansó de ser madre. Otra persona se habría deprimido o habría explotado, pero a Cristina le gustaba pasar desapercibida. Y su solución fue marcharse; recuperar su libertad a costa de abandonarlo todo.<br/>El problema es que abandonó a su hija, poniendo de manifiesto lo poco o nada que le había importado. Ella misma lo dijo cuando se fue: ya no me siento obligada a ser su madre porque ya no me necesita como antes. ¿Quién es ella para decidir que su hija no la necesita?<br/><br/>Y, señores, yo no pongo en duda que durante muchos años ella fuese más madre que yo padre, pero yo nunca dejé de atender a mi hija, ni de preocuparme por ella. Está claro que no fui el mejor padre del mundo mientras tuve alguien guardándome las espaldas, pero desde que ella nos dejó he estado haciendo de madre y de padre, intentando que mi hija fuese la niña más feliz del mundo y sintiéndome responsable por no haber sido el padre que soy ahora. Pero cada vez tengo más claro que si soy culpable de algo, es de haberla querido tanto, que pensé que ella no podría no sentir lo mismo.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Biología]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_35.htm]]></link><description><![CDATA[Llevó casi un mes desconectado del mundo cibernético por cuestiones familiares; además de la siempre ocurrente excusa del trabajo, esta vez tengo mis motivos para haberme mantenido alejado del teclado.<br/><br/>En las últimas semanas, la querida desaparecida había vuelto a aparecer (más guapa que nunca) en una especie de intento por recuperar algo que considera suyo: su familia. Claro que tendríamos que saber que entiende por familia semejante piedra insensible, porque igual se refería a la vajilla, la cristalería y la cubertería que nos regalo su “mamá” cuando nos casamos (bastante horrenda, por cierto).<br/><br/>Pero no. Dice estar más preparada para una vida adulta; que se ha cansado de revolotear por de aquí para allá sin rumbo y que ha llegado la hora de comportarse como la madre que es, escudándose en datos biológicos (que para eso ella es de ciencias).<br/><br/>Hemos entrado entonces en un bucle sobre lo que es “ser madre”, dejando de lado los paradigmas de la biología, y se lo he intentado explicar con un ejemplo práctico: ¿Quién es más padre, el que se folla a la madre o el que se ocupa de cuidar a un niño (en el caso de que no sean la misma persona)? Su respuesta ha sido clara; no es una cuestión de biología, sino de afecto, pero no es lo mismo en el caso de las madres.<br/><br/>Ja! Según ella se crean unos vínculos entre madre-hijo cuando éste está en el vientre que son superiores a cualquier otra circunstancia y, por ese motivo, ella siempre será más madre que yo padre. Y como el juez también va a opinar así, pues que mejor me busque un abogado porque como me descuide no voy a tener ni régimen de visitas.<br/><br/>Así que me he pasado dos semanas buscando un abogado que me dijese que podía ganar y como todos me lo decían, pues me he quedado con la que más me convencía. Es todo un tiburón, tiene buena presencia y es especialista en este tipo de casos; conviene prepararse para lo peor.<br/><br/>De todas formas tengo la esperanza de que Cristina entre en razón y se dé cuenta de cuán perjudicial va a ser esto para su hija. O mejor aún; que le vuelva a entrar la neura adolescente, que todavía le quedan muchas camas por explorar y la mía está mejor como está.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Lunes de resaca]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_34.htm]]></link><description><![CDATA[No tengo vergüenza. Lo reconozco y, como el primer paso es admitirlo, supongo que estoy en el buen camino para recuperarme de lo que hemos acordado en bautizar “síndrome de golfería post-relacional”, que viene a ser algo así como no parar por casa tantas noches como sea posible después de un largo período con pareja (tras el luto correspondiente por la ruptura de la misma).<br/><br/>Ahora que por fin me he dado cuenta de que tengo derecho a una vida de soltero (sin obviar mis responsabilidades como padre, por supuesto), he descubierto lo bien que sienta encadenar una juerga tras otra, aunque los años (y me jode aceptarlo) me van pasando factura. Y más después de haber dormido poco más de veinte horas en cinco días.<br/><br/>Así que esta mañana me he quedado dormido en mi despacho y si no llega a entrar una de las enfermeras creo que allí seguiría, babeando sobre algún talonario de recetas y manchándome la cara con la tinta de la pluma que he roto (sin querer) en medio de ese sueño en el que ella nunca tiene tiempo de decirme su nombre, aunque parece que siempre estará allí, sentada en el taburete de aquel bar al que antes nunca entraba y del que ahora no quiero salir.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Cotilleos, cotilleos, cotilleos...]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[La cena con mis antiguos compañeros fue bastante bien, aunque evidentemente me tocó dar más explicaciones de las que a mí me habría gustado (sólo mis más allegados se habían enterado de mi separación). Ya se sabe, la novedad siempre llama la atención y después de tanto tiempo sin vernos todo el mundo se quería poner al día (ponerse al día es la forma que tenemos los médicos de decir “cotillear a saco la vida de los otros”).<br/><br/>Después del momento inicial de saludos y parloteos varios nos fuimos sentando en las mesas del restaurante; por suerte el que las montó estuvo iluminado por alguna fuerza divina y me colocó con personas bastante afines a mí (¿Qué habría pasado si me llegan a sentar al lado de Pacheco, que se pasó toda la carrera preguntando “¿hoy veremos algún cadáver?”?), por lo que pude disfrutar de una cena muy agradable.<br/><br/>Sentados conmigo estaban Luís Sopena (en mi promoción había unos cuantos), Teresa (embarazadísima), José Ignacio (presumiendo de mujer “made in me”) y Laura Barcelona (nada que ver con Laura Pérez, protagonista de las fantasías de media clase), todos ellos con sus respectivas parejas, y de solteros Eva Rubio (delgadísima y apagadísima) y yo (divino, por supuesto). Así que entre bromas, anécdotas y otras chorradas se nos pasaron volando las tres horas que estuvimos cenando.<br/><br/>Luego, en la discomóvil que habíamos contratado (para no tener que movernos del restaurante y evitar posibles multas/accidentes), aproveché para interaccionar con el resto de amistades pérdidas en estos años de ausencia.<br/><br/>Recordaba especialmente a dos compañeros; Paula García y Joan Ferrando. A ella la llamábamos “ratita de biblioteca” porque se pasaba el día buceando entre sus apuntes y tenía como segundo hogar la biblioteca de la universidad (también he de decir que, gracias a ella, muchos conseguimos aprobar exámenes e incluso sacar mejor nota de la que pensábamos). Y Joan, el sempiterno ligón de la clase, la envidia de todos los que, como yo, no se comían una rosca. Él siempre se rodeaba de las chicas más guapas (a veces no tan guapas), estudiantes o no, y las camelaba con ese aire de Don Juan arrebatador que aún conservaba la última vez que le vi.<br/><br/>Por carambolas del destino, dos personas tangencialmente opuestas como ellos acabaron juntos después de coincidir en el mismo centro hospitalario (tras haber estado sin dirigirse la palabra durante toda la carrera) y, enamoradísimos, se casaron en lo que nosotros apodamos “el bodorrio del año”. Pues bien, yo que pensaba que dos seres tan perfectos como ellos comerían perdices eternamente, me choqué de bruces con la realidad (no se si por azar o por exceso de cubatas): me encontré de casualidad con Paula y pude escuchar como les contaba a las otras “el dramón en que se había convertido su vida”.<br/><br/>Y como soy un cotilla sin remedio, pues me tuve que enterar de toda la historia, así que me fui a buscar a mi partenaire en lo que a  rumorología post-universitaria se refiere, mi amigo Luís (Sopena). Y me lo contó todo: felizmente casados y forrados (Paula es psiquiatra y Joan dermatólogo con clínica privada), resulta que un buen día Paula descubrió que su marido le era infiel, pero pensó que él no la dejaría por otra y decidió pasarlo por alto (creo que esto me suena de algo). Claro que ella no contaba con el poder de persuasión de la amante-recepcionista-granzorraquesetiraamimarido y siguió viviendo su película de loquera encantada de haberse conocido. Total, que hace cinco meses Joan le dijo que no podía seguir viviendo una mentira, que había conocido a la mujer de su vida y que se iba, dejándola a cargo de sus dos hijos (ella que siempre había calificado a los niños como pozos de bacterias y virus), uno de dos añitos y otro,¡ qué broma más macabra!, de nueve semanas y media. Así que era la primera vez que salía de casa desde entonces y, por lo visto, no estaba siendo la fiesta de su vida.<br/><br/>En definitiva, mis miedos por ser no sólo el más divino, sino también el más desgraciado de la fiesta se borraron de un plumazo e intenté pasármelo lo mejor posible (lo conseguí), aunque quizás debería haberme acercado a Paula y haberle dicho que sabía por lo que estaba pasando. Pero finalmente pensé que su situación no tiene nada que ver con la mía (mi hija ya era capaz de vivir por sí misma), así que preferí limitarme a darle dos besos y hacer como si no hubiese oído nada. A veces en mejor dejar que la herida cicatrice sola…]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item><item><title><![CDATA[Divino]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/veteplease/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[Hacía tiempo que no me pasaba tanto en el baño mirándome el careto y aseándome, así que cuando me he querido dar cuenta ya estaba mi madre en casa atosigándome (que si qué hago para cenar, que si la niña puede ver nosequé…).<br/><br/>¿Y por qué me paso tanto tiempo arreglándome si no tengo una cita? Pues porque hoy tengo la cena que mis compañeros de la facultad celebran todos los años y he tomado la decisión (un poco empujado por mi hija, que dice que me van a salir telarañas) de unirme a ellos.<br/><br/>He de confesar que los primeros años (justo después de licenciarme y cuando todavía era interno) contaba los días para que llegara la cena; me gustaba ir a presumir de familia y de felicidad, una felicidad que me salía hasta por las orejas. Y cuando todavía éramos felices (o al menos yo lo era), llegó un día en el que a Cristina le empezaron a entrar jaquecas justo el día de la cena y claro, no iba a dejarla en casa.<br/><br/>Y así, cinco años sin verlos (el año pasado no tenía muchas ganas de ir a dar explicaciones) y sin tener prácticamente noticias de ellos. Pero hoy vuelvo, Jorgito sigue siendo del grupo y, aunque los años no pasan en balde, ¿quién dice que después de tantas horas preparándome no voy a ser el más “divino” de la fiesta?]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(Jorge)]]></author></item></channel></rss>
