Dar es Salaam
Ya dispuestas, y en el avión, con rumbo a Dar es Salaam, la capital de Tanzania, al fin el comandante dio la señal de que íbamos a despegar... A medida que el avión se iba poniendo en la pista de despegue, asomadas a la ventanilla del avión, vimos, a lo lejos, un hombre correr a toda velocidad, como quien corre detrás de un cometa, a la velocidad de la luz. ¿Quién era? Nos preguntamos, forzamos la vista con el fin de ver algún rasgo de alguien conocido, pero la ventanilla estaba tan turbia, que no pudimos ver nada. Un frenazo en seco del avión nos forzó a dejar de mirar. El piloto nos pidió disculpas y las azafatas se pusieron a maniobrar, estaban abriendo la puerta del avión en plena pista. ¿Qué estaba ocurriendo? El silencio se apoderaba de un boeing 764. Se oyen las risas de un jovenzuelo que daba las gracias jadeando y cortejando a las asistentas de vuelo. Alzamos la vista por encima de los asientos de pasajeros y vemos, para nuestra no ya sorpresa, la figura de un atractivo joven, con cara de niño, que nos saludó y se encontraba decidido a sentarse con nosotras... Con los tres en first class, definitivamente el avión despejó sin ningún otro imprevisto. Empezamos haciéndonos amigos, hasta que llegó las ansiadas preguntas que vosotros también os hacéis, queridos lectores: ¿Quién es? ¿Por qué nos persigue? ¿Conoce al malabarista de peluca rosa? Y su respuesta escueta fue: Ya lo descubriréis en el momento oportuno... Kalie dio un suspiro, estaba harta de todo, y dijo: me piro, y me susurró, ven conmigo. Las dos, envueltas en un halo de misterio, nos dirijimos hacia el baño, a reirnos y hacer muecas divertidas encima del tipico WC del avión, imaginándonos en un castillo cerca del mar... ¿Locuras? ¡Sí! Fue uno de los muchos momentos en los que reimos hasta no poder más... Una nota pasó por debajo de la puerta: "Soy vuestro guardaespaldas, debo llevaros sanas y salvas al país donde, con el sol de poniente, arde la calle, y el mundo se mueve, como se mueven las arenas transportadas por el viento, que mece las dunas..." Sonreímos, y abrimos la puerta, era de los nuestros. Apenas lo conocíamos pero nos aportó cierta seguridad, al menos hasta que demostrase lo contrario...
El avión cambió su rumbo hacia el Sahara, sabíamos que lo había provocado todo él, nos había hecho un guiño, le seguimos la corriente y nos sentamos en nuestros asientos con masaje, a tomarnos un gofre con chocolate.
Adiós a hacer windsurf al pie de las Cataratas Victoria, adiós a montar en bicicleta en primera línea con el mar, adiós a subir al Kilimanjaro, adiós a sacarnos fotos con las especies más exóticas, en libertad...
gudbai, gudbai tanzania, sii iu suun!
Nos estamos acercando al Sahara, ya nos choca la brisa del desierto, fuerte y cálida, con su peculiar fondo color playa y con unas casitas blancas llenas de colores en sus azoteas, pronto estaremos pisando arena de metira...
Continuará...
(Algún día volveremos a encontrarnos, cruzaremos el desierto, y ya no seremos képela, estaremos bailando en el mismo borde del río...) ¿O no monkey? Tan sólo nos quedan unos pocos meses, y entonces; habrá descanso, habrá película casera, habrá libro, habrá bailes, habrá películas de estrés, habrá muchas horas de blockbuster, habrá momentos de tirarse a la cama rendidas, habrá menos kilómetros de distancia y habrá, cómo no, momentos de felicidad, de amistad, de marcha, de conquistas y de recorrer el mundo en la realidad... ¿Y recorrer Madrid? ;)
El avión cambió su rumbo hacia el Sahara, sabíamos que lo había provocado todo él, nos había hecho un guiño, le seguimos la corriente y nos sentamos en nuestros asientos con masaje, a tomarnos un gofre con chocolate.
Adiós a hacer windsurf al pie de las Cataratas Victoria, adiós a montar en bicicleta en primera línea con el mar, adiós a subir al Kilimanjaro, adiós a sacarnos fotos con las especies más exóticas, en libertad...
gudbai, gudbai tanzania, sii iu suun!
Nos estamos acercando al Sahara, ya nos choca la brisa del desierto, fuerte y cálida, con su peculiar fondo color playa y con unas casitas blancas llenas de colores en sus azoteas, pronto estaremos pisando arena de metira...
Continuará...
(Algún día volveremos a encontrarnos, cruzaremos el desierto, y ya no seremos képela, estaremos bailando en el mismo borde del río...) ¿O no monkey? Tan sólo nos quedan unos pocos meses, y entonces; habrá descanso, habrá película casera, habrá libro, habrá bailes, habrá películas de estrés, habrá muchas horas de blockbuster, habrá momentos de tirarse a la cama rendidas, habrá menos kilómetros de distancia y habrá, cómo no, momentos de felicidad, de amistad, de marcha, de conquistas y de recorrer el mundo en la realidad... ¿Y recorrer Madrid? ;)





