<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rdf:RDF xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" xmlns:ti="http://purl.org/rss/1.0/modules/textinput/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:co="http://purl.org/rss/1.0/modules/company/" xmlns:rdf="http://www.w3.org/1999/02/22-rdf-syntax-ns#" xmlns="http://purl.org/rss/1.0/"><channel rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/rss20.xml"><title><![CDATA[Viaje a Islandia]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[&#32;]]></description><dc:publisher><![CDATA[Publisher]]></dc:publisher><dc:creator><![CDATA[creator]]></dc:creator><dc:rights><![CDATA[rights]]></dc:rights><dc:date><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></dc:date><sy:updatePeriod><![CDATA[hourly]]></sy:updatePeriod><sy:updateFrequency><![CDATA[1]]></sy:updateFrequency><sy:updateBase><![CDATA[2004-12-12T10:00:00-05:00]]></sy:updateBase><items><rdf:Seq><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_20.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_19.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_18.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_17.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_16.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_14.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_12.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_9.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_8.htm"/><rdf:li resource="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_7.htm"/></rdf:Seq></items></channel><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_20.htm"><title><![CDATA[DÍA 14. Reykjavik - Blue Lagoon - Madrid]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_20.htm]]></link><description><![CDATA[Y llegó el último día de viaje. Los kilómetros y el cansancio se notaban ya, pero aún así nos daba pena que se acabase. Había que despedirse a lo grande y qué mejor modo que un vuelo en avioneta. Salimos pronto de Akranes y cruzamos el moderno túnel de peaje que lleva hacia Reykjavík (49 km en lugar de los 108 que hay para rodear el fiordo). Destino: el aeropuerto nacional. Gastamos todo lo que habíamos ahorrado en comida en la avioneta pero será uno de los recuerdos más bonitos que nos llevemos de Islandia. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Reykjavic_Avioneta_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="356"/><br/><br/>Sobrevolamos la ciudad de Reykjavík, con su trazado de maqueta y sus camas elásticas en cada jardín. Después recorrimos de nuevo la <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Gullfoss_avioneta.jpg">catarata de Gulfoss</a>, la primera que habíamos conocido y que seguía estando entre nuestras favoritas. Tuvimos el privilegio de ver estallar un geiser desde las alturas y nos sacamos un poco la espinita del Laugavegur recorriendo la ruta entre <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Landmannalaugar_avioneta.jpg">Lanmannalaugar</a> y <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Torsmork_avioneta_2.jpg">Törsmork</a> en unos pocos minutos. Vimos <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Torsmork_avioneta_4.jpg">cráteres</a>, <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Torsmork_avioneta.jpg">brechas</a> abiertas por <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Torsmork_avioneta_3.jpg">ríos</a> y cataratas a las que no se llega por carretera y pudimos apreciar la falla de Thingvellir como nadie. Incluso a 500 metros del suelo se aprecia el tufillo azufroso a huevos podridos. Guiados por el piloto más majete del país, pasamos dos horas sin despegar la nariz de la ventanilla. Caro pero increíble.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Landmannalaugar_Avioneta_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/><br/>Habíamos recorrido Islandia de arriba abajo y aún no habíamos probado sus famosísimas piscinas de agua caliente, así que, ya de camino hacia el aeropuerto de Keflavík, nos detuvimos en la Blue Lagoon, la más turística de todas. Explotada como balneario y como fuente de productos de belleza, sus <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Blue_Lagoon.jpg">aguas termales</a> se consideran curativas y son frecuentadas por los islandeses en cualquier mes del año. A pesar de que debíamos estar a 10º, montones de personas flotaban en el agua blanquecina y se cubrían de barro. Muchos españoles habían decidido como nosotros apurar las últimas horas con un buen baño, así que mirásemos donde mirásemos, encontrábamos compatriotas haciendo el ganso. Si olvidas el mal olor del agua, la experiencia es de lo más original, aunque no podíamos evitar acordarnos del tranquilo baño en el cráter Viti.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Blue_Lagoon_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Una vez secos y vestidos, ya no quedaban tiempo ni excusas para seguir deambulando por el país, así que pusimos rumbo al aeropuerto internacional de Keflavík. Devolvimos nuestro coche, probablemente el más embarrado que les habrían devuelto nunca, y aprovechamos los últimos minutos antes de embarcar para hacer gestiones como pedir la devolución de las tasas (igual que hacen en España los turistas con el IVA) o tratar de gastar nuestras últimas coronas.<br/><br/>No sabemos si volveremos a visitar Islandia porque hay mucho mundo que conocer, pero lo que es seguro es que si surge la oportunidad, haremos la ruta del Laugavegur y la de Törsmork hasta Skógar, intentaremos llegar hasta la remota región de Hornstrandir y, quién sabe, igual nos aventuramos a llegar hasta Groenlandia. Hay mucho, mucho que ver en este pequeño país desconocido, y no podemos estar más contentos de haber elegido un destino tan original. Poder viajar por un lugar del que apenas sabíamos nada, vivir pequeñas aventuras y conocer este país a la vez tan salvaje y tan civilizado, donde el nivel de vida es el más alto de Europa, pero que vive siempre con el miedo de otra devastadora erupción, desde luego ha sido una experiencia que ninguna guía sería capaz de explicar.<br/><br/><br/>Miguel y Belén <br/>14/07/07 – 28/07/07]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_19.htm"><title><![CDATA[DÍA 13. Snaefellsnes]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_19.htm]]></link><description><![CDATA[En la oficina de turismo de Olafsvik nos dijeron con pocas ganas una par de formas de acercarse lo más posible al Snaefellsjokul para intentar su ascensión. Éste es el volcán de “Viaje al centro de la Tierra” y la razón de nuestra última etapa islandesa. Así que nos adentramos por la pista montaña adentro con escasas esperanzas, ya que la niebla lo cubría todo y cada 50 metros de subida la temperatura bajaba un grado. Empezó a llover y cuando llegamos a la caseta de las motonieves, punto de partida según nos habían informado, allí no había ni un alma y parecía bastante complicado el ascenso por la lengua glaciar. Probamos en otro punto, donde unos daneses bastante maduritos salían de un Peugeot y empezaban a forrarse de lana hasta las orejas. Bien pertrechados empezaron a subir por un camino del que solo se veían los primeros 100 metros, luego la nube se lo comía. La <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Snaefellsjokull.jpg">vista</a> hacia el mar desde allí era muy bonita, pero los 5 grados que marcaba el termómetro del coche parecían -15 fuera de él. El frío polar y la visibilidad nula nos retiró del plan de la jornada y bajamos a Hellnar, donde hay otra oficina de información, a ver qué alternativas se presentaban. Bien aconsejados dimos una vuelta por las <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Londrangar.jpg">extrañas rocas</a> y el faro de Londrangar y después por Dritvik, donde hay una cala de arena negra con formaciones rocosas curiosas e historias de naufragios y rescates. De hecho se conservan los restos de un barco desperdigados por la arena. También hay una exposición de cuadros al aire libre, colgados en las rocas. Curioso.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Snaefellsjokull_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/><br/>Desde allí pudimos ver por unos minutos la cumbre nevada del volcán Snaefellsjokul (montaña nevada), y volvimos a adentrarnos a ver si esta vez teníamos más suerte con el ascenso. De nuevo se cubrió e incluso empezó a llover así que ya desistimos definitivamente y paramos en unas cuevas que se anunciaban en un cartel del camino. Una de ellas tenía mucha resonancia y una bonita historia de bandidos que allí se ocultaban de la ley y al acercarnos empezó a escucharse el “You’ll never walk alone” cantado por 4 ingleses fanáticos del Liverpool que estaban dentro de la cueva. Cuando nos dejaron probar la acústica del lugar iba a cantarles el himno del Madrid, pero como a Belén le dio vergüenza ajena entoné el himno de mi colegio, y a pesar de la calidad sonora de aquellas paredes volví a fracasar en el arte del cante.<br/>Bajamos de la senda del volcán y paramos en Arnastapi, una serie de cavidades en los acantilados por donde se cuela el mar y parecen pozas en las que rompen las olas y se convierten en hacinamiento de los pájaros.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Snaefellsjokull_01.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/><br/>Allí comimos, tirados en la hierba, y después del último sándwich de jamón del verano nos quedamos fritos en el poco rato que había salido el sol. Media horita muy rica que sacó a relucir la paliza de dos semana que llevábamos encima. <br/>Barajamos la posibilidad de ir a Glymur, la cascada más alta del país, pero estaba muy lejos y ahora sí, nos pareció mucho camino para ver una cascada más.<br/>Tranquilamente partimos hacia Akranes, donde habíamos llamado para reservar noche, y como íbamos con mucho tiempo hicimos escala en Borgarnes, según la guía el sitio bonito de aquella zona. Mentira, cuatro casas y un puerto, un centro comercial diminuto y nada más, así que carretera adelante y a dar vueltas para encontrar la granja, que estaba bastante escondida. Desde allí se veía Reykiavik, la tarde era soleada y aparecía muy bonito detrás del mar, y no pudimos evitar sentir la nostalgia de que a pesar de estar un poco saturados de tantas andanzas el super esperado <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Mapa_viaje.jpg">viaje a Islandia</a> llegaba a su fin.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_18.htm"><title><![CDATA[DÍA 12. Látrabjarg -  Breidafjördur - Ólasfsvík]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_18.htm]]></link><description><![CDATA[Después del mal rollo del día anterior, la gasolinera fue nuestro primer objetivo del día. Llenamos el depósito y nos prometimos no volver a apurar tanto. En un país donde se recorren tantos kilómetros antes de encontrar un pueblo, quedarse tirado en medio del mundo no es muy recomendable. El plan del día era recorrer la costa más occidental de Islandia hasta llegar al verdadero “<a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Latrabjarg_2.jpg">fin del mundo</a>” europeo: Látrabjarg.<br/><br/>De la carretera 63 pasamos a la 62 y después a la 615 y de camino a la costa nos detuvimos en el Hnjótur Folk Museum, dedicado a todo tipo de cachivaches tradicionales islandeses. La pesca tiene un lugar privilegiado pero pueden encontrarse igual aviones de la Segunda Guerra Mundial o reconstrucciones de barcos vikingos. Pero el principal interés son dos pequeños documentales que se proyectan, uno dedicado a un ermitaño islandés, y el otro, la grabación del rescate del barco Sargon. El problema es que los documentales sólo se exhiben en islandés y en alemán así que nos dimos la vuelta y seguimos viaje.<br/><br/>El esqueleto de un barco naufragado nos dio la bienvenida a la zona de Breidavik, donde lo que más llama la atención es el color de la arena. Después de kilómetros de costas negras de origen volcánico, de pronto, aparecen estas playas doradas que parecerían sacadas del catálogo de Punta Cana si no fuera por las nubes y lo solitarias que están. Imposible bañarse: el agua está a unos 7º. La playa de Breidavik es la más querida por los islandeses que la consideran la más bonita del país. Bajamos a pasear con la intención de llegar hasta el mar pero de nuevo nos las tuvimos que ver con los pájaros asesinos que consiguieron echarnos. De todas formas, la vista de la playa desde la altura de la carretera es preciosa aunque estemos acostumbrados a este tipo de paisaje.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Breidavik_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="342"/><br/><br/>Unos kilómetros más y por fin llegamos a Lábtrabjarg, los acantilados más altos del país. Con 441 metros de altura y 14 km de longitud, para asomarse a la caída vertical es necesario arrastrarse los últimos metros. Ni vallas ni señalización alguna quitan encanto a la zona, un inmejorable <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Latrabjarg.jpg">mirador </a>hacia el océano Atlántico. Pero aún hay más. Toda la pared del acantilado está agujereada por cientos de pequeños túneles que guardan los nidos de varias especies de pájaros; gaviotas, cormoranes y sobre todo ¡puffins! Durante cerca de una hora recorrimos el sendero que bordea los acantilados y sacamos cientos de fotos a los confiados <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Puffin_Latrabjarg.jpg">puffin</a> que permiten que te acerques hasta casi rozarlos. Sin duda, una de las visitas más espectaculares del viaje.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Latrabjarg_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="356"/><br/><br/>Iba siendo ya hora de comer y montamos un picnic sentados en medio de la playa de Raudisandur (algo así como la playa de arena roja). Puede que fuera porque estábamos completamente solos o porque nunca habíamos visto una <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Raudassandur.jpg">playa</a> más “ancha” (después de un buen rato andando desistimos de llegar hasta la orilla), pero nos gusto mucho más que la aclamada Breidavik. Además, la ausencia de pájaros asesinos la hizo subir puntos. Nuestra comida acabó bruscamente cuando una nube decidió descargar con todas sus fuerzas sobre nosotros y nos vimos obligados a correr hasta el coche. Nos llovió poco durante el viaje, pero cuando caía, caía con ganas. Un consejo: aseguraos de que vuestro abrigo es totalmente impermeable y las botas también.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Raudassandur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/><br/>El objetivo era dormir aquella noche en Ólafsvik, un pequeño pueblo en el extremo de la península Snaefelsness, lo que significaba unos 300 km más de carretera rodeando el fiordo de Breidafjördur, el último de los grandes fiordos del oeste. Con ganas de descansar del coche, tomamos la ruta alternativa: cruzar el fiordo por el medio en un cómodo ferry. El <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Ferry.jpg">barco</a> sale desde Brjánslaekur, hace escala en la isla de Flatey, la única isla habitada del fiordo y atraca en el puerto de Stykkishólmur. Unas 2200 kr (26 euros) por pasajero y coche y 3 horas de viaje durante las que se puede elegir entre disfrutar del restaurante y pequeño cine del barco o subir a cubierta para ver pasar los islotes que llenan el fiordo. En la cubierta hacía mucho frío y no había casi nadie, pero permanecimos allí, viendo Islandia por primera vez <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Olasfsvik_Ferry.jpg">desde el mar </a>después de recorrerla por tierra durante dos semanas. Después de la tormenta, la luz del atardecer era aún más extraña, al frente, las <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Stykkisholmur.jpg">nubes negras</a> que nos habían sobrepasado daban un aspecto amenazador al cielo, pero a nuestra espalda, el sol brillaba como siempre. Podéis ver el efecto tan raro de la luz en las fotos, os lo aseguramos, ninguna está trucada, la luz era así. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Stykkisholmur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="360"/><br/><br/>Al llegar dimos una vuelta con el coche por Stykkishólmur, un pueblo pesquero del que destaca su terrorífica iglesia con pinta de nave espacial. ¿Por qué todas las iglesias islandesas tendrán forma de cohete? Para no tener a la responsable de la guesthouse esperándonos hasta tarde, nos pusimos en marcha en dirección a Ólafsvik. Cenamos en la pequeña cocina después de que todos los huéspedes se acostasen (otro día que estuvo crudo lo de encontrar habitación) y nos fuimos pronto a dormir justo a los pies del volcán Snaefell, donde Julio Verne situó la entrada al centro de la Tierra.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_17.htm"><title><![CDATA[DÍA 8. Asbyrgi -  Dettifoss - Askja]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_17.htm]]></link><description><![CDATA[¡Quien nos iba a decir cuando nos levantamos aquella mañana que iba a ser posiblemente el mejor día de nuestro viaje! Por fin dejamos atrás la niebla del nordeste y nos adentramos, tomando la F867 en otra de esas zonas de nombre impronunciable: el Jokulsargljufur Nacional Park.<br/>El parque nacional comprende el cañón abierto por el río Jökulsä á Fjöllum, una espectacular grieta de 35 kilómetros de longitud y unos 120m de profundidad. La parte norte del parque la ocupa Asbyrgi, una poza rodeada de bosquecillos y altísimos <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Asbyrgi.jpg">paredones</a>. Un paisaje precioso aunque quizá demasiado preparado para los turistas en comparación con el resto del país. Los geólogos explican la formación de Asbyrgi como una erosión provocada por inundaciones y derrumbamientos del terreno, sin embargo, la teoría popular es mucho más interesante: según los islandeses, la forma de herradura del final del cañón corresponde a la huella de Sleipnir, el gigantesco caballo de ocho patas del dios Odín.<br/>Una senda recorre el fondo del cañón en una ruta de dos días a pie aunque nosotros optamos por seguir la F864 hasta el extremo sur del parque: Dettifoss, la cascada más caudalosa de Europa.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dettifoss_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="359"/><br/><br/>Ya desde el parking puede oírse el sonido del agua, pero al llegar al borde del <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dettifoss.jpg">acantilado</a> el espectáculo es impresionante. Litros y litros y litros y más <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dettifoss_2.jpg">litros de agua</a> cayendo al vacío con una potencia sorprendente. 45 m. de caída y la sensación inquietante de saber que en caso de resbalar no quedaría ni rastro de ti. Después de media hora larga hipnotizados al borde mismo del cañón, tomamos el sendero que finaliza un kilómetro más arriba en Selfoss (no confundir con la ciudad del mismo nombre al sur del país), una <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Selfoss.jpg">nueva cascada</a> de tan solo de 10 metros de caída pero que parece directamente sacada del Señor de los Anillos.<br/>De nuevo en el coche, continuamos hacia nuestra guesthouse del día, situada en Grímsstadir. Dado que en Islandia todo cierra bastante pronto, tratamos siempre de llegar a primera hora de la tarde al sitio en que tuviéramos previsto dormir, así podíamos instalarnos, recoger la llave y marcharnos de excursión sin preocuparnos por la hora de vuelta. Por cambiar de dieta, cocinamos arroz blanco (para unas 27 personas) y con el estómago lleno cogimos la pista de 100 km que lleva al volcán Askja y al Viti, un cráter inundado donde es posible bañarse.<br/>Seguimos la F910, una pista de tierra sólo apta para todoterrenos que cruza campos de lava por los que apenas se distingue el camino.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Askja_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>En algunas zonas ni siquiera hay espacio para cruzarse con otro coche. Poco antes de alcanzar el monte Herdubreid, conocido como la reina de las montañas islandesas, nos cruzamos con un grupo de ciclistas, que pedaleaban cargados como mulas y sin levantar la vista de la bici. El turismo ciclista está muy extendido en Islandia ya que el terreno es bastante llano y pueden cubrirse distancias largas disfrutando del paisaje. De todas formas, nos alegramos de ir sentados en nuestro coche. <br/>Hacia las ocho de la tarde, después de 2 horas y media de carretera F, llegamos a la base del Askja y echamos a andar por la <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Askja.jpg">pista</a> marcada que se abría a la derecha del parking. De pronto nos encontrábamos en la Luna. Cuando llegamos al final de la ruta, Islandia volvió a sorprendernos. Dos cráteres inundados se hundían ante nosotros, al fondo, el inmenso Askja, a la derecha, el blanquecino Viti. Seguramente fue la imagen más impactante de todo el viaje.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Askja_y_Viti_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>El Askja es un cráter de ocho kilómetros de ancho, origen de algunas de las erupciones más espectaculares del país. En 1875, una espectacular explosión vaporizó 2 km cúbicos de roca. El polvo resultante llegó hasta Dinamarca, esterilizó la zona y obligó a emigrar a dos mil campesinos islandeses a Canadá. Nadie diría que el plácido Öskuvatn, el lago que inunda el cráter, esconde semejante monstruo. El pequeño Viti marca el punto exacto de la explosión de 1875 y era conocido por los campesinos islandeses como la entrada al infierno. Quizá motivados por la leyenda, nos pareció ver un gigantesco demonio petrificado en las paredes del cráter.<br/>En el parking un cartel advertía de que la bajada al cráter Viti se volvía muy peligrosa con lluvia, pero a pesar de las gotas que estaban cayendo, íbamos dispuestos a todo. “Slippery” era la palabra exacta a que hacía referencia el cartel y puedo garantizar que nunca había pisado una superficie más resbaladiza. Tardamos en torno a 20 minutos en salvar los escasos 50 metros de desnivel, era imposible avanzar sin caer rodando, así que hubo que ponerse a cuatro patas y apoyando manos y pies <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Viti.jpg">sobre el lodo</a> ir asegurando cada paso. Llegamos al fondo agotados y hasta las orejas de barro, pero encantados de habernos llevado puesto el bañador. Unos minutos después disfrutábamos de los 35 grados del pequeño lago que llena el fondo del Viti, de sus aguas opacas y blanquecinas y de la increíble experiencia de estar completamente solos en un lugar tan diferente a todo (una suerte porque suele estar lleno de turistas pero gracias a la lluvia y a que eran las 9 de la noche no habia absolutamente nadie). El buen recuerdo casi nos ha hecho olvidar el impacto de los 8 grados que nos aguardaban al salir del agua y la escalada de regreso por la pendiente embarrada. Una experiencia de verdad inolvidable.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Viti_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Aún alucinando emprendimos el camino de vuelta. Casi eran las doce de la noche cuando pasamos el camping situado en la base del Askja y un preocupado vigilante nos detuvo para advertirnos de tomar precauciones al vadear los ríos de vuelta. Al parecer la actividad sísmica había aumentado en los últimos días y podían abrirse grietas en el cauce de los ríos. El consejo fue: “no crucéis agua turbia, cruzad sólo el agua que seáis capaces de beber”. Con el miedo en el cuerpo recorrimos los 100km de vuelta con cuidado pero sin problemas. A un lado de la carretera, poco más lejos del lugar donde los habíamos sobrepasado, los ciclistas habían montado su campamento. Hacia la una y media de la mañana llegamos a la gusthouse y nos dormimos casi al instante sin apenas probar el arroz de la cena.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_16.htm"><title><![CDATA[DÍA 11. Fiordos del Oeste]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_16.htm]]></link><description><![CDATA[Después de 10 días tan intensos ya teníamos una imagen clara de Islandia. Muchos kilómetros y prácticamente toda la isla visitada, solo se quedaron en el camino la visita a Lakavegur y el intento fallido de Lonsoraefi. Ciertamente se puede recorrer el país en este tiempo, el cuerno noroeste supone al menos dos días más de mucha carretera y se acusa el cansancio acumulado y las docenas de sándwiches ingeridos. Nosotros decidimos no prescindir de esta visita, y un mes después me alegro muchísimo de aquella decisión. Esta parte es tan diferente al resto y tiene tantas historias en sus pueblecitos que lo que en aquel momento pareció un exceso viajero hoy me parece un enorme acierto. Islandia no habría sido un viaje completo sin haber visto la extraña región de los fiordos del oeste.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Fiordos_Oeste_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="334"/><br/><br/>Distancias enormes de carretera para recorrer pequeños tramos en línea recta; 40 km bordeando un fiordo que 500 metros de puente habrían solucionado, y de vez en cuando unas cuantas casitas que dan nombre al pueblo más importante de la zona. El terreno es muy <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Arnarfjordur_1.jpg">accidentado</a>, el camino siempre transcurre pegado al mar y al pie de altas montañas de cumbres perpetuamente nevadas.<br/>De hecho solo se puede acceder a la mitad occidental, el cuerno derecho está incomunicado por carretera debido a lo abrupto de su geografía, y solo se puede llegar a pie o por mar, en unas excursiones diarias de 12 horas de duración desde Isafjordur que llegan hasta los acantilados de Hornbjarg. Las fotos de esas travesías son impresionantes, pero nosotros no teníamos ya más tiempo para invertir. <br/>Todo esto nos lo contó el mejor informador con el que nos hayamos topado, un fuera de serie empleado en la más remota oficina de turismo de Europa, una caseta en el puerto de Isafjordur. También él nos desaconsejó avanzar con el todo terreno por la península de Thingeyri, pero aún así lo hicimos. La pista transcurre a media altura de un acantilado de unos 100 metros que en muchas ocasiones no tiene pendiente, solo pared vertical. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Arnarfjordur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/><br/>Cruzarse con cualquier coche por allí habría sido una risa, pero afortunadamente solo encontramos alguno más adelante, cuando el acantilado se había convertido en un camino de piedras como balones de playa. Los últimos 5 kilómetros hubo que hacerlos en primera, con el mar en una rueda y la otra apoyada en el final del acantilado, pasando entre arcos de roca y evitando <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Arnarfjordur.jpg">socavones</a> de los que ni la grúa nos habría sacado. Una vez concluida la temerosa travesía avanzamos fiordo tras fiordo hasta llegar a la cascada Dynjandi, una gran cola de caballo apreciable desde muy lejos. Dejamos el coche aparcado deseosos de hacer algo a pie y subimos para verla bien de cerca. La misma sensación de los últimos días, ¿cómo después de tantas cascadas todavía me impresiona ésta?, pues así fue. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dynjandi_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Al arrancar el coche la agujita de la gasolina estaba más debajo de lo que recordábamos al pasar por la anterior gasolinera, unos 30 kilómetros atrás, y la siguiente no estaba precisamente cerca, sino que había que llegar a nuestro destino nocturno, Talnafjordur, a unos 60 km. Echando cuentas decidimos tirar para adelante y cuando el bólido dejó de tirar en plena ascensión a una colina nos asustamos un poco. Por suerte era la última, desde allí hasta el pueblo serían unos cuantos kilómetros cuesta abajo, así que de alguna manera llegaríamos. Efectivamente el mapa acertó de nuevo y la gasolinera apareció, pero estaba cerrada y a la maldita máquina islandesa no le gustaban nuestras tarjetas de crédito extranjeras. Menos mal que el alojamiento estaba justo detrás y al día siguiente pudimos ser 80 euros más pobres. Granja con cocina, edredón nórdico y señora amable, lo normal, y como nos habíamos quedado sin pan al día siguiente abusamos un poco de la hospitalidad y nos hicimos unos jamón y queso de sandwichera a cuenta de la casa. <br/>Por cierto, nos costó 4 ó 5 intentos telefónicos encontrar un alojamiento disponible, a pesar de lo remoto del lugar.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_14.htm"><title><![CDATA[DÍA 10. Akureyri - Siglufjördur - Hölmavik]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_14.htm]]></link><description><![CDATA[La mañana empezó con desayuno en el comedor del colegio, incluido en el precio del colchón. Desde luego cada noche dormíamos en un sitio más curioso. <br/>Después de la paliza de los últimos días, nos tomamos la visita a Akureyri con mucha calma. Con unos 15.000 habitantes, se la considera la segunda ciudad de Islandia después de Reykjavik. Tiene su propia universidad y tanta vida nocturna como la capital, tiendas de todo tipo, puerto, aeropuerto y aún así es una ciudad cómoda y tranquila. Además de pasear por sus calles, las principales visitas por la ciudad son la iglesia católica Akureyrarkirja (grande y moderna como todas las del país), el jardín botánico y el Kjarnaskógur, un bosque que se ha comenzado a plantar en torno a la ciudad y que acabará por rodearla.<br/>Dedicamos toda la mañana a entrar y salir de las tiendas (casi todas se agrupan en Hafnarstraeti, la calle principal). Camisetas, libros, jerseys, peluches, souvenirs de todo tipo… en un par de horas íbamos cargados de bolsas y regalos para toda la familia. Hicimos la compra en el supermercado y seguimos viaje hacia Siglufjördur por la F82, una carretera que sólo permanece abierta los meses de verano.<br/><br/>Remontando Eyjafjördur, uno de los primeros <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dalvik.jpg">fiordos</a> en ser explorados por los vikingos, paramos por el camino para ver una cascada que caía directamente al mar. Continuamos por la preciosa carretera que une Dálvik y Olafsjördur, puntos desde los que salen los ferrys hacia las islas de Hrísey y Grímsey (el único punto de Islandia al norte del círculo polar ártico) y hacia las zonas de avistamiento de ballenas. Nos quedaba mucho camino que recorrer aquel día así que continuamos hacia Siglufjördur, la ciudad más al norte del país (¡está a la misma altura que el centro de Alaska!). <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Dalvik_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Entre 1900 y 1970, Siglufjordur fue la capital mundial del arenque con una población que llegaba a los 10.000 habitantes en época de pesca. Ahora en cambio, sólo 1.500 personas viven en este pueblecito que intenta sobrevivir con museos y restaurantes dedicados al arenque. Hartos de sándwiches decidimos probar el famoso pescado islandés sentados en un restaurante por primera vez en el viaje y bebiendo ¡coca-cola! (cómo se echa de menos después de una semana de no beber más que agua o zumo). Estaba todo buenísimo, pero los 50 euros que nos cobraron por dos platos de pescado y dos coca-colas nos obligaron a volver a los sándwiches el resto del viaje.<br/>Dejamos el pueblo por la única ruta de acceso, un pequeño túnel de un solo carril pero de dos direcciones que aumenta la sensación de abandono de la zona. A pesar del buen tiempo que nos acompañaba, la sucesión de granjas abandonadas, totalmente ruinosas, recuerda la dureza del clima islandés.<br/><br/>Rodeamos Skagarfjördur sin perder de vista la isla de Drangey, misteriosa en medio del fiordo y escenario de muchas leyendas islandesas. Se dice que las dos rocas que parecen montar guardia ante la isla fueron dos trolls sorprendidos por el amanecer. Las rocas reciben los nombres de Karl y Kerling en su honor. Según la leyenda, la propia Drangey fue formada por la enorme vaca que acompañaba a los trolls. Sea cierto o no, la isla ha resultado ser siempre sorprendentemente fértil a pesar del clima. Durante tres años fue el hogar de Grettir, fugitivo protagonista de una de las sagas más famosas del país y según otra leyenda es refugio del mal desde que, a petición de trolls y espíritus, parte de la isla quedó sin bendecir para dejarles un hogar.<br/><br/>La siguiente parada fue Thingeyrar, lugar en el que construyó el primer monasterio islandés. Como en todo el país, la llegada de la Reforma acabó con el edificio y los monjes. Hoy, sólo queda una iglesia levantada en el siglo XIX, el primer edificio construido en piedra de la zona. Sin embargo, su principal atractivo es el interior, con su altar de alabastro del siglo XV y el púlpito de madera de 1696. Esto lo sabemos porque lo dice la guía, porque lo que es la iglesia sólo la vimos desde fuera: a las 17:00 ya estaba cerrada.<br/><br/>Por la F711, rodeamos la península Vatnsnes deteniéndonos primero en Hvitserkur, un espectacular arco de roca que se alza a unos metros de la costa. Muchas rocas como ésta aparecen por toda Islandia, lo que hace a ésta tan especial es que una estrecha lengua de tierra la une con la playa. En unos minutos se podría llegar hasta la piedra sino fuera porque los pájaros atacan violentamente a cualquiera que se acerque. Al más puro estilo Hitchcock, se lanzan en picado después de unos gritos de advertencia. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Hvitserkur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>En el extremo norte de la península nos detuvimos en Híndisvik, una bahía famosa por la aparición de focas cerca de la playa. Los 500 metros de camino se hicieron terribles debido a los pájaros asesinos, esta vez en manada. Te sobrevuelan, luego levitan a unos 3 metros sobre tu cabeza, lanzan su graznido aterrador y se lanzan al cogote para insertar su pico fatídico en tu cerebro. Lo cierto es que casi ninguno llega a impactar, tienen la habilidad de detenerse a un palmo de tu punto más alto y elevarse de nuevo, pero acojonan muchísimo. Por eso dicen que un buen remedio es llevar un palo en alto, para que haga de pararayos. Después de aquel agónico trayecto llegamos a las rocas, donde los pajaritos ya no se acercaban, sólo las focas aparecían por allí. Varias cabecitas se asomaron en el rato que estuvimos sentados entre las rocas aunque nunca tan cerca como las dos que habíamos encontrado en Jokulsarlon. De todas formas siempre es impresionante ver a estos animales nadando alegremente y no en piscinas de zoológicos.<br/><br/>El resto del día tratamos de hacer el máximo número de kilómetros posibles. Los siguientes días estarían dedicados a recorrer los fiordos del oeste, la zona menos visitada por turistas del país, ya que no llega la Ring Road. Conseguimos habitación en una granja cercana a Hólmavik y dormimos a las puertas de la zona más desconocida de Islandia.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_12.htm"><title><![CDATA[DÍA 9. Krafla - Myvatn - Godafoss]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_12.htm]]></link><description><![CDATA[Muy cerca del famoso lago Myvatn se encuentra la zona del Krafla, un cráter inundado hoy por un gran lago interior pero que en su día provocó una enorme explosión que dio lugar al paisaje que ahora se contempla. Kilómetros atrás, desde la carretera, se aprecian las columnas de humo, ya que es una región de gran actividad geotérmica. A quinientos metros hay otro parking desde el que se accede a un increíble recorrido a través de campos de lava, géyseres y fumarolas, un espléndido paseo que se debe hacer sin prisa, relajadamente y apreciando todo el entorno, ya que literalmente caminas por encima de la lava y entre ella; en ocasiones echas la vista atrás desde un alto y te da la impresión de estar llegando a Mordor y que detrás de aquella piedra debe haber unas docenas de orcos agazapados esperando emboscarte. Por supuesto y a pesar de la negrura del paisaje no faltan las ovejas salpicando de blanco el oscuro suelo.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Krafla_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Por la carretera 1 en seguida te encuentras con el desvío a Namafjall, y desde luego que vale la pena detenerse. Una docena de charcas de <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Namafjall.jpg">barro en ebullición</a> y las mayores <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Namafjall_fumarola.jpg">chimeneas</a> que vimos en todo el viaje. Con tantos elementos unidos el olor a huevos podridos es tan intenso que algunos turistas se cubren boca y nariz con un pañuelo y más de un <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Namafjall_chaval.jpg">niño</a> no aguanta más y escapa despavorido sujetándose el estómago. Lo cierto es que no es para tanto, se soporta bastante bien y el espectáculo bien merece un poco de sacrificio olfativo. Es posible subir a una colina cercana y apreciar el conjunto desde arriba, una de las más famosas postales de Islandia, como una visión de Marte, con algunos graditos más.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Namafjall_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="357"/><br/> <br/>Vamos ya hacia Myvatn, que según la guía tiene cuatro puntos de interés. El primero son las cuevas Grjotagja, unas pequeñas <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Grjotagja.jpg">cavidades</a> por las que discurre un río subterráneo, curiosas y de visita rápida. La segunda parada es Hverfell, un enorme cono con <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Hverfell.jpg">cráter gigantesco</a> y otro pequeño cono dentro del cráter. La subida es bastante dura, y cuando estamos arriba decidiendo si el mosaico de grafittis hechos con piedra nos gusta o nos parece un sacrilegio una enorme nube negra cumple sus amenazas y descarga sin compasión. El cráter se puede rodear, pero es bastante largo y dada la tormenta que arremetía decidimos llegar solo hasta la parte más alta. Incluso con la capucha calada hasta las cejas se te cuela el agua, que parece proceder de los lados, así que una vez arriba contemplamos un momentito el lago (<a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Myvatn.jpg">preciosa vista</a> a pesar del aguacero) y vuelta al coche a escurrirnos un poco. Fue cosa de un rato, y cuando llegamos a Kalfastrond ya había despejado. Un paseito de una hora a través de curiosas formaciones rocosas y completar el almuerzo que el diluvio había interrumpido. Y después de tantas paradas por la zona colindante por fin llegamos al propiamente dicho lago Myvatn, el lago de los mosquitos. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Myvatn_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Hasta el momento no habían aparecido, tal vez retenidos por la lluvia, pero el sol ya estaba luciendo y espesas nubes de miles de coleópteros zumbaban por todas partes. Lo cierto es que apenas se desplazan, solo ocupan un tramo del camino por el que hay que pasar o dar la vuelta y no te queda otra que atravesar agazapado y cubrirte de puntitos negros alados. Aparte de lo susceptible que se pueda ser con los bichos, la verdad es que son muy pequeños y no pican, pero resultan bastante incómodos, por lo que después de observar el lago desde varios puntos del camino decidimos que ya estaba bien de zumbidos y partimos hacia Godafoss, muy cerca de nuestro cobijo escolar para esa noche.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Godafoss_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>Llegamos a la cascada sin grandes expectativas, ya que tiene más historia que otra cosa, pero el lugar donde se arrojaron los dioses paganos resultó ser una preciosidad, lo cual tiene mérito después de haber pasado por el top ten de las cascadas islandesas. Nos fuimos a dormir, en el <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Laugar.jpg">aula vacía</a> de un colegio habilitado en verano para los turistas. Un par de colchones al suelo y dentro de los sacos en aquella clase de primaria exclusiva para nosotros. 2.500 kr cada uno desayuno incluido.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_9.htm"><title><![CDATA[DÍA 7. Borgarfjördur - Langanes]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_9.htm]]></link><description><![CDATA[La carretera 94 que sale desde Egilsstadir es apta para todos los vehículos, aunque tiene poco asfalto y muchísimo polvo, así que hay que intentar alejarse del coche de delante, si es que lo hay, y disfrutar del paisaje. A mitad de camino empieza la ascensión entre las montañas, <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Borgarfjordur_1.jpg">picos nevados</a>, valles verdes con docenas de corrientes de aguas y el mar a lo lejos de momento, porque en seguida lo tendremos casi debajo en caída vertical. La pista discurre por la pared de las montañas que dan al mar, y en muchas ocasiones apenas hay nada más que aire entre la carretera y los 20 metros hasta abajo. Se dice que estos acantilados fueron la maldición con que un espíritu maligno castigó a los habitantes del pueblo por expulsarle, y colocó allí esas montañas infranqueables para que el pueblo quedase aislado.<br/>De esta manera se llega a Borgarfjördur, un pueblecito minúsculo al final de un pequeño fiordo rodeado de montañas. La oficina de información la componen los integrantes de la familia que lleva el restaurante del pueblo. A pesar de estar cerrado por celebración familiar, nos atendió una chica encantadora que nos indicó algunos lugares de interés y una serie de rutas de trekking bastante atractivas. Siguiendo sus consejos cruzamos la calle y allí mismo hay una casita cubierta de hierba que parece el hogar de un hobbit y que estaba regentada desde hace un siglo por un matrimonio que pasaba allí los veranos. Aunque el marido falleció, la mujer continúa cuidando la casita y el jardín. Según la leyenda, duendes y elfos han sido vistos por allí, y a escasos 50 metros se alza un pequeño montículo rocoso lleno de gente buscándolos, y en la montaña que se eleva sobre el pueblo una enorme <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Borgarfjordur_2.jpg">brecha en la roca</a> parece ser la puerta por la que pasaban estos seres en Navidad para atarle las colas a las vacas. Nosotros no vimos ninguno, pero seguro que estaban por allí.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Borgarfjordur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="358"/><br/><br/>A 5 kilómetros carretera adelante se llega un mirador de aves cerrado en mayo para que los frailecillos (puffins) y otras aves hagan sus nidos. Cuando llegas allí te esperas ver los pájaros desde lejos y añorar unos prismáticos, pero están tan cerca que casi se les puede tocar y no parecen inmutarse ante la presencia de humanos. Los puffins son tan majetes que te podrías estar mirándolos horas, pero habíamos previsto hacer una ruta de 12 kilómetros, así que nos fuimos después de un rato. Desde la carretera, al lado de una antena de comunicaciones, sale el sendero que rodea la montaña hasta un collado y llega a la playa de Brúnavik. La primera parte es muy bonita, vas dejando atrás los murallones nevados y el fiordo con el pueblo abajo, y por delante avanzas por la pradera verde con tríos de ovejas incluso en el camino. Éstas sí que se asustan y salen disparadas cuando te acercas. Desde el collado se ve la playa, una <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Borgarfjordur_3.jpg">cala preciosa</a>. Mi consejo es sacar aquí los bocatas, comer y dar media vuelta, porque aunque el resto del camino es bastante bonito supone unas 3 horas más de marcha y ya se ha hecho lo mejor. La bajada hasta la playa es muy vertical, pero no plantea grandes dificultades, y el sendero pasa al lado de restos de construcciones de la Segunda Guerra Mundial. Parece ser que éste fue un importante lugar estratégico, aunque no se libró ninguna batalla. La preciosa cala está desierta salvo por los centenares de pájaros que habitan sus rocas y las omnipresentes ovejas, que llegan hasta la orilla del mar. <br/>En lugar de volver por donde habíamos venido decidimos hacer la ruta circular, así que fuimos valle adelante entre montañas parecidas a las de Landmannalaugar y tras varios intentos fallidos encontramos el camino y empezamos la dura ascensión. El sendero se convierte en pista forestal hasta el final, intransitable incluso para un 4x4, así que cuando llegamos al collado pasamos de la pista y bajamos campo a través. Un poco de carretera hasta la antena donde habíamos dejado el coche y consulta al mapa para ver la mejor forma de llegar a Myvatn. <br/><br/>Nos pareció buena idea ir rodeando la costa, y la verdad es que lo fue, pero se multiplicaban los kilómetros y ya no era posible llegar hasta Myvatn, así que tirando de nuestro inglés de andar por casa obtuvimos un “todo completo” en varias granjas y un “yes, there is an available room” cerca de Törshofn (7000 kr, unos 85 € por una habitación preciosa con muebles antiguos, cama de matrimonio con su edredón nórdico y desayuno incluido). <br/><br/>De camino allí las nubes bajas se fueron metiendo tierra adentro, y la carretera ascendía por las montañas, así que llegado un punto aquello parecía la vista desde el Teide, con el <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vopnafjordur_nubes.jpg">mar de nubes</a> bajo tus pies y las crestas nevadas sobresaliendo. Una carretera de tierra con seiscientas <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vopnafjordur_curvas.jpg">curvas</a>, subidas, bajadas, precioso paisaje entrando y saliendo de las nubes y cuando ya por fin circula pegada a la costa se presentan un par de simbolitos de sitio de interés. Nos bajamos, y entre la niebla de un acantilado se distinguen unas rocas de formas curiosas en medio del mar. Parece el escenario de una peli de piratas.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vopnafjordur_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="264"/><br/><br/>Avanzamos por la carretera sin ver más allá de 15 metros, menos mal que apenas nos cruzamos con cuatro coches en todo el camino.<br/>Por fin llegamos a Törshofn, y en el pueblo hay una especie de fiesta con una gran hoguera y fuegos artificiales, a la luz del día, claro. Nosotros decidimos ir a ver la península de Langanes, a pesar de que la guía dice que siempre está cubierta por la niebla. La carretera naranja se convierte en amarilla y ésta en blanca, y el paisaje acojona tanto que casi no hablamos por miedo a ser descubiertos. Troncos caídos y pelados por el suelo, rocoso cerca de la orilla y verde cuando se aleja, ovejas quietas como estatuas que nos miran desfilar lentamente y una niebla que solo te deja ver la siguiente curva cuando ya la estás trazando. Y en un silencio sepulcral, de repente los graznidos terroríficos de un pájaro del Ártico. Muchísimo miedo. <br/>Nuestro objetivo era llegar hasta el faro que está al final de la península, pero los kilómetros pasaban y el faro no aparecía, así que cuando llegamos a un refugio de emergencia nos pareció suficiente carretera blanca y paramos el coche. Bajamos con cierto recelo y dimos una vuelta entre la niebla, hasta el borde de un acantilado donde rompen sin hacer ruido las olas del Océano Ártico. Estábamos a menos de 20 kilómetros del Círculo Polar. <br/>Interminable camino de vuelta sin poder ver nada a través de la niebla, y por fin de nuevo en el asfalto encontramos nuestra granja, donde nos esperaba la paciente dueña. Ya era casi medianoche.]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_8.htm"><title><![CDATA[DÍA 6. Höfn – Fiordos del Este – Lögurinn]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_8.htm]]></link><description><![CDATA[Después de escribir en el libro de huéspedes de nuestra guesthouse lo bien que habíamos dormido (éramos los únicos españoles que aparecíamos), aprovechamos la proximidad de Höfn para hacer la compra. Los precios islandeses son prohibitivos, así que nuestra cesta se llenó con un poco de pan de molde, jamón york, arroz, plátanos y galletas de chocolate. ¡Ésta iba a ser nuestra dieta para el resto del viaje! <br/><br/>En la oficina de turismo una chica ¡oriental! nos recomendó algunas rutas a pie por los alrededores, y especialmente interesados quedamos por la zona de Londsoraefi, un precioso valle surcado por el Jökulsa, muy cerca de allí. Según las indicaciones había que llegar a la granja Stafatel detrás de la cual partían los caminos hacia el interior del valle, pero al llegar a aquel punto la familia que regenta los alojamientos nos indicó otro camino para acceder con el todoterreno. La pista se coge justo después del puente que cruza el gran río Jökulsa, y sería sin duda el peor tramo por el que habíamos ido hasta el momento si no fuese porque unos kilómetros después las cuestas casi verticales y la gravilla deslizante se convierten en pendientes de pedruscos como balones de playa y socavones definitivos. Unos 20 metros habíamos conseguido avanzar por ese tramo cuando una mole de ruedas de un metro de diámetro se cruzó en plena bajada. Marcha atrás, cuesta arriba, sin ver los obstáculos. La señora alemana que iba de copiloto en el super todoterreno espacial se bajó y nos ofreció la destreza de su marido para sacarnos de allí, pero nuestro orgullo hispano decidió arriesgar los bajos del coche y salir por medios propios. Así que metro a metro logramos llegar a un rellano, y aquello bastó para aparcar el bólido y seguir a pie, solo que lo mejor de aquellos parajes distaba mucho aún y tras un giro en el camino avistamos una interminable explanada que nos decidió a abandonar aquella excursión e invertir el día en otras latitudes. <br/><br/>Unos kilómetros de coche y la Ring Road se hundió en un túnel en el que entramos acompañados por el sol del sur y del que salimos con la niebla y la llovizna del este. <br/>A partir de este punto, la costa islandesa se convierte en una sucesión de largos fiordos; entrantes y salientes que ralentizan el viaje en coche pero que se convierten en el verdadero paisaje del país. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Fiordos_Este_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="356"/><br/><br/>Granjas de cuento rodeadas de verdes, verdísimas, praderas, ovejas pastando a su antojo, caballos trotando al borde de <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Fiordos_del_Este.jpg">acantilados</a> que caen al mar y pequeños pueblos pesqueros medio olvidados. Muchas veces se ha propuesto abrir más túneles en los fiordos para evitar las vueltas de la carretera, un temor que persigue a estos pueblos que podrían desaparecer si se aleja a los visitantes de esa manera. Algunos incluso han tratado de no desaparecer del mapa convirtiéndose en sede de fábricas (algunas americanas) que afean un poco el paisaje. Dependiendo del tiempo que tengáis podéis coger un ferry desde Djúpivogur a la isla de Papey en busca de puffins y focas, seguir la ruta 96 siguiendo la costa, o no abandonar la Ring Road que acorta en dirección a Egilsstadir. Nosotros seguimos la Ruta 96.<br/><br/>En cuanto llegamos, nos alegramos de no haber encontrado alojamiento en la ciudad. Egilsstadir no es más que un cruce de caminos que creció demasiado. Como la mayor parte de las ciudades islandesas es pequeña, práctica y sin personalidad. En cambio, continuamos dirección Lögurinn, uno de los lagos más queridos de Islandia por ser una de las pocas zonas con árboles del país. Cuando los primeros pobladores llegaron cargados de <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Ovejas.jpg">ovejas</a>, se dedicaron a talar los bosques para crear pastos y el duro clima ha impedido que vuelvan a crecer. Lögurinn es una excepción y sus temperaturas suaves lo han convertido en zona de veraneo y descanso para los islandeses.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Lagarfljot_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="356"/><br/><br/>A lo largo de la carretera que rodea el lago puede encontrarse acomodo para todo tipo de bolsillos. Después de negociar con la gerente de uno de los hoteles, conseguimos quedarnos en una habitación individual (con cama de matrimonio) pagando menos que por una doble y de nuevo nos pusimos en camino. Primera parada: Hengifoss, la tercera cascada más alta de Islandia con 118 metros de caída. Dos por el precio de una; en el camino hacia <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Hengifoss.jpg">Hengifoss</a> se puede disfrutar también de Litlifoss, con menor caída pero interesante por las columnas basálticas de sus paredes que ya habíamos visto en Reynisfjara y Svartifoss. Una hora de caminata suave y muy agradable salvo los ultimos 100 metros, cuando ya tienes la cascada delante pero te empeñas en meterte debajo, y el lindo sendero se transforma en un bote de roca en roca tratando de no caer al agua. No vale la pena hacer este último tramo, al final te calas y no tiene nada de especial.<br/><br/>Serían las diez de la noche cuando cogimos la F910 hacia el monte Snaefell, una de las montañas más altas del país con 1833m y nuestra segunda parada de la tarde/noche islandesa. Acostumbrados a la tierra de las carreteras, el asfalto y el ancho de ésta nos sorprendió. Todo tiene su explicación. La potencia del río Jökulsá á Dal ha llamado la atención como fuente de energía y la tranquila F910 se ha convertido en un continuo trasiego de camiones al servicio de la construcción de una gran central hidroeléctrica. El proyecto recibe el nombre de “Kárahnjúkar”. Muy James Bond ¿no? Nueve presas escalonadas, un muro de 200m y el desplazamiento del ecosistema de la zona han provocado un crudo debate nacional: ¿futuro y dinero o ecología y tradición? El hecho de que la energía de la central vaya a destinarse a la ALCOA, una empresa americana, no ayuda a simpatizar con el proyecto. De todas formas hay que reconocer que desde la carretera no pudimos ver nada de nada.<br/><br/>Con la luz especial del atardecer llegamos hasta el camping que sirve como base para atacar el Snaefell. <br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Snaefell_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="337"/><br/><br/>Aunque nos habría encantado subir, nos conformamos con un paseo por las “marismas” que el caudal del río ha creado, rodeados de pequeños pájaros que corrían y chillaban a nuestro alrededor. Hacia la una de la mañana por fin decidimos irnos a dormir.<br/><br/>]]></description></item><item rdf:about="http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_7.htm"><title><![CDATA[DÍA 5. Vatnajökul - Jökulsarlón]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/viajeislandia/c_7.htm]]></link><description><![CDATA[Había sido una noche dura. Cuando baja el sol también lo hace la temperatura, unos 10 grados menos durante la madrugada, y te pilla de sorpresa en la tienda cuando ya estás dormido y no quieres ni pensar en salir del saco a por un jersey. Nos levantamos temprano porque había que recoger la tienda y estar preparados para la excursión al glaciar, prevista para las 9. En el parking nos ajustamos los crampones y el arnés y un todo terreno nos llevó a pocos kilómetros de allí, a una de las lenguas glaciares que caen del Vatnajökull. El guía nos enseñó a movernos por el hielo y  a usar el piolet y marchamos glaciar adentro subiendo y bajando pequeñas montañas heladas y sorteando las profundas grietas que se forman. De vez en cuando se oía un río por debajo del hielo y pequeños pozos de color cyan aparecían constantemente ante nuestro heterogéneo grupo (2 suecos, 3 franceses, el guía islandés y nosotros).<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vatnajokull_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="360"/><br/><br/>Después de unas 2 horas de marcha paramos a reponer fuerzas con los bocatas y después llegamos al punto culminante de la excursión, un <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vatnajokull.jpg">río</a> que serpenteaba con rapidez por el hielo y se perdía en las profundidades en una cascada y un agujero vertical sin fondo visible. Cuando ya la gente estaba impresionada el guía nos dice que va a atarnos con una cuerda al arnés para que bajemos un poco a la altura de la cascada, en la boca del agujero al abismo. Así que inserta un par de clavos en el hielo y uno por uno vamos asomándonos a ese profundo pozo, pasillo hacia el otro mundo de haberse roto la cuerda. Todos nos hicimos la <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Vatnajokull_2.jpg">foto</a> y media vuelta a buen ritmo, tanto que al llegar al coche estábamos destrozados, ¡menos mal que elegimos el nivel medio de 5 horas y no el de todo el día como en principio teníamos pensado! Teníamos pensado hacer también una ruta en motos de nieve, pero cuesta unos 120 € la hora, así que pasamos.<br/><br/>Vuelta al camping y salimos hacia la siguiente etapa, el esperado Jökulsarlón, una maravilla al lado de la Ring Road. Desde la carretera casi no se ve, pero en algunos de los huecos que dejan los montículos que lo rodean ya se te escapan algunos improperios halagadores. No pudimos esperar ni a llegar al aparcamiento, paramos en la primera explanada que salía de la carretera y subimos ese montículo casi corriendo sin poder esperar a ver lo que desde el coche se había anticipado. Un gigantesco lago de colores que van desde el cyan al violeta refleja el glaciar que lo enmarca y reposando en sus aguas grandes bloques de hielo flotan tranquilamente.<br/><br/><img src="http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Jokulsarlon_00.jpg" alt="" border="0" width="478" height="229"/><br/><br/>Los <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Jokulsarlon.jpg">icebergs</a> tienen formas extrañas y caprichosas, pero lo más llamativo son sus diferentes colores, la mayoría blancos, pero los hay también de color cyan de distintos tonos y negros si acumulan tierra volcánica. De nuevo estábamos ante una de las grandes maravillas de Islandia y apenas había gente en esa zona. Se nos ocurrió meter los pies en el agua para relajarlos, pero apenas 2 metros más allá de la orilla el dolor empezó a ser insoportable, y salimos zumbando, morados de rodillas para abajo. Hay un <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Jokulsarlon_barco.jpg">barco</a> anfibio que te lleva por el lago entre los icebergs, no me acuerdo del precio, pero es igual, porque hay que montarse. El nuestro iba hasta arriba de alemanes y una islandesa que hablaba 5 idiomas nos iba contando cosas en alemán y en inglés, el motivo de los colores de los icebergs, el tiempo que tardan en derretirse (unos 7 años), y que la temperatura del agua es de 2 grados y de caer dentro morirías en menos de 30 segundos. Unos 45 minutos de paseo y como todavía teníamos ganas de más y el lago acaba en un río al lado del mar fuimos hacia allá, y cual no sería nuestra sorpresa cuando vemos bloques de <a target="_blank" href="http://blogs.ya.com/viajeislandia/http://blogs.ya.com/viajeislandia/files/Jokulsarlon_costa.jpg">hielo flotando</a> en la orilla y las olas rompiendo sobre ellos. Una pasada. <br/>Pero es que después de un rato haciendo fotos de repente aparece por un instante una cabecita con hocico y bigotes entre los icebergs, y luego más claramente 2 focas preciosas se paseaban a escasos 12 metros de la orilla, entrando y saliendo del agua cada pocos metros. Allí nos quedamos, mirando las focas aparecer cada vez en un sitio, entusiasmados por aquel momento y aquel lugar increíbles.<br/><br/>Después de las dificultades del día anterior para encontrar alojamiento esta vez nos habíamos anticipado y teníamos reservada una granja cerca de Höfn, bastante cara, 8000 kr. (95 € la habitación doble, pero con sábanas, almohada y desayuno incluidos). Nos atendió una amabilísima señora que puso a nuestra disposición toda la casa, incluida la nevera, y allí cenamos tan ricamente después de haber vivido un día inolvidable.]]></description></item></rdf:RDF>
