PARA ABRIR BOCA....TELEVISIÓN PARA CIEGAS
Me cuenta un señor una anécdota que puede considerarse
dramáticamente o de forma chistosa, según tengas el cuerpo de justiciero.
Hay en su localidad una residencia de ancianas, solo una, que está a cargo de una orden de monjitas, aunque se administra más bien como un establecimiento hotelero, pues las señoras que pasan allí sus últimos años son “de pago” y sin familia. El sentido comercial de las hermanas llega hasta tal punto que hacen pagar a todas y cada una de las ancianas que por allí van desfilando 3€ mensuales en concepto de amortización del aparato de televisión y su disfrute, que pueden ver en la “salita de estar”. Ha pasado ya mucho tiempo desde que el aparato se adquirió (de los antigüos barrigudos, nada de plasma) y la residencia tiene treinta y dos habitaciones.
Hasta ahí como que te da un retortijón en el alto vientre.
Pero lo extraordinario del caso, por absurdo que parezca, es que las monjitas le cobran también el mismo canon mensual fijo a las ancianas ciegas que viven en la residencia, alegando que ellas acuden también con sus compañeras a la “salita” donde está la televisión. Parece ser que al protestar las invidentes por la irregular cobranza de que son objeto, las hermanitas les ha dicho que si bien no pueden ver la televisión, pueden, en cambio, oírla, lo cual es, a su juicio, igualmente facturable.
Ante tal resoluta y veraz sentencia,
ni cortas ni perezosas, las ancianas ciegas, no dispuestas a separarse de sus amigas y compañeras, siguen acudiendo a la “salita de la tele” no sin antes hacerse colocar por la monjita de turno sendos tapones de algodón en los oídos.
Podéis dar ideas de otras formas de atajar la bondadosa generosidad de las hermanitas.
Por si les siguen cobrando..... aduciendo que aunque no vean ni oigan... RESPIRAN!!!
dramáticamente o de forma chistosa, según tengas el cuerpo de justiciero.
Hay en su localidad una residencia de ancianas, solo una, que está a cargo de una orden de monjitas, aunque se administra más bien como un establecimiento hotelero, pues las señoras que pasan allí sus últimos años son “de pago” y sin familia. El sentido comercial de las hermanas llega hasta tal punto que hacen pagar a todas y cada una de las ancianas que por allí van desfilando 3€ mensuales en concepto de amortización del aparato de televisión y su disfrute, que pueden ver en la “salita de estar”. Ha pasado ya mucho tiempo desde que el aparato se adquirió (de los antigüos barrigudos, nada de plasma) y la residencia tiene treinta y dos habitaciones.
Hasta ahí como que te da un retortijón en el alto vientre.
Pero lo extraordinario del caso, por absurdo que parezca, es que las monjitas le cobran también el mismo canon mensual fijo a las ancianas ciegas que viven en la residencia, alegando que ellas acuden también con sus compañeras a la “salita” donde está la televisión. Parece ser que al protestar las invidentes por la irregular cobranza de que son objeto, las hermanitas les ha dicho que si bien no pueden ver la televisión, pueden, en cambio, oírla, lo cual es, a su juicio, igualmente facturable.
Ante tal resoluta y veraz sentencia,
ni cortas ni perezosas, las ancianas ciegas, no dispuestas a separarse de sus amigas y compañeras, siguen acudiendo a la “salita de la tele” no sin antes hacerse colocar por la monjita de turno sendos tapones de algodón en los oídos.
Podéis dar ideas de otras formas de atajar la bondadosa generosidad de las hermanitas.
Por si les siguen cobrando..... aduciendo que aunque no vean ni oigan... RESPIRAN!!!










