logotipo

img_google
Vida Cambiante
Altos y bajos, todo para mejor
Acerca de
Empezando a existir hace casi dos años, este blog nació siendo yo una persona completamente diferente. Dicen que Internet no hace nada. Mi hermano me decía que contarle mis cosas a un montón de extraños no hacia nada. Hizo demasiado. Y por eso hoy vuelvo; no porque necesite ayuda, sino porque, simplemente, quiero recordar viejos tiempos, quiero escribir con libertad otra vez, quiero sentirme así de bien.
Sindicación
 
Montaña rusa emocional
Los últimos días han sido todo un desastre en cuanto a lo que a mi estado de ánimo se refiere. Pareciera como si alguien estuviese jugando a los dados y cada número representara un estado de ánimo diferente, todo elegido al azar.

Hace un par de posts hablé de la soledad, de la hipocresía y de la superficialidad de muchas de las cosas que hacemos. Lo mantengo en pie.
El viernes pasado fui a la casa de una amiga que cumplía años. En el liceo éramos siempre 4, nosotras, todas juntas para todos lados; incluso, en la cartelera donde colocaron los nombres de todos no nos pusieron a nosotras individualmente, sino "Las 4F". El hecho es que nos reunimos en casa de la cumpleañera. No negaré que la pasé bien porque sí la pasé bien. Pero ¿qué tuve que hacer? Ser ese alguien superficial que no me gusta ser; nunca pensé que con ellas tendría que serlo. Son los pequeños detalles los que me hicieron darme cuenta de que ya no somos amigas. No sé si ellas lo serán pero yo ya no lo siento así. No sé si cambiaron ellas o cambié yo. Pero sí me di cuenta el porqué esas semanas que les decía casi todos los días para salir no se podía, porqué ya no hay esas salidas de antes. Es imposible que las hayan si ya no es como antes. Cada quién ha hecho sus nuevos amigos, cada quién tiene en mente sus cosas, ya no recuerdan lo de antes.
Le di a una de ellas una noticia. Creo que es lo que me ha hecho más feliz este año, especialmente si pasé horas sonriendo y ahora todavía me acuerdo y sonrío. ¿Cómo es posible que, con una sonrisa de oreja a oreja, se lo haya dicho, y sólo haya obtenido un "ah ok" como respuesta? Hay personas a las que se lo dije (porque estaba muy feliz y se lo dije a todo con quién hablaba, prácticamente) y de todo el mundo obtuve mucho más que eso.
Yo sé muy bien que los amigos no duran para siempre, pero pensé que por lo menos más de unos meses más allá de la graduación durarían. Supongo que tan mal no está. Por lo menos no me pegará tanto la nostalgia cuando me vuelva a ir en enero.

En mi casa las cosas no están mal, pero tampoco como me gustaría que estuvieran. Estamos todos como separados, cada uno por su lado. Antes por lo menos obligados por mi pero salíamos todos juntos los sábados y ahora nada. Sólo espero que sea sólo porque mis primos están aquí y no por alguna otra cosa.

Pero bueno, a mantener los ánimos arriba el mayor tiempo posible.
 
Hoffnung
El tiempo pasa y digo que he cambiado, sí, que he madurado. Ya no soy esa niña triste que se encerraba en su cuarto, con las luces apagadas, canciones tristes a todo volumen y, acurrucada en su cama abrazando una almohada, lloraba. No, ya no soy esa niña que se sentía triste y se preguntaba el porqué, que lloraba sin razón alguna, que se sentía una anormal por estar triste cuando todo iba bien.
Todavía lloro, todavía me dan bajones sin explicación. Todavía me siento una anormal. Todavía abrazo mi oso y me quedo dormida llorando de vez en cuando; pero ya no me amargo. Ahora no tengo que buscar explicaciones, ya sé que no las hay; o por lo menosq ue las que hay no me satisfacen. Ya sé que no soy la única, ni la primera, ni la última en pasar por esto. Y ya sé que los bajones no durarán para siempre. Ya sé que por negro que se vea todo y por mal que vayan las cosas, en algún momento mejorarán, pasarán.
Hoffnung, sí, esa esperanza que tantas veces busqué incansablemente, esa que tantas veces creí agotada y que al final encontré donde menos pensé que estaría: en mí misma; la tengo y en mí queda para siempre.
Muchos me dijeron que después de la tormenta siempre viene la calma, pero lo que le siguió a esa larga y fuerte tormenta fue mejor aún: un paraíso llamado conocimiento. No es tanto que esos bajones frecuentes hayan acabado, porque todavía están ahí; menos frecuentes pero están. No, no es eso. Es el haber aprendido cómo enfrentarlos, haber aprendido que todos tienen la fuerza necesaria para superar lo que sea, incluso yo que tan débil me creí por no poder controlar siquiera el impulso de llorar.
Aprendí que yo también puedo. Y aprendí que todo pasa por una razón, que puedo ayudar a los demás, no a superar un mal momento, sino enseñarlos a poder superarlo a sí mismo.
Todos podemos.

2006.12.07
01'43 a.m.