Hoffnung
El tiempo pasa y digo que he cambiado, sí, que he madurado. Ya no soy esa niña triste que se encerraba en su cuarto, con las luces apagadas, canciones tristes a todo volumen y, acurrucada en su cama abrazando una almohada, lloraba. No, ya no soy esa niña que se sentía triste y se preguntaba el porqué, que lloraba sin razón alguna, que se sentía una anormal por estar triste cuando todo iba bien.
Todavía lloro, todavía me dan bajones sin explicación. Todavía me siento una anormal. Todavía abrazo mi oso y me quedo dormida llorando de vez en cuando; pero ya no me amargo. Ahora no tengo que buscar explicaciones, ya sé que no las hay; o por lo menosq ue las que hay no me satisfacen. Ya sé que no soy la única, ni la primera, ni la última en pasar por esto. Y ya sé que los bajones no durarán para siempre. Ya sé que por negro que se vea todo y por mal que vayan las cosas, en algún momento mejorarán, pasarán.
Hoffnung, sí, esa esperanza que tantas veces busqué incansablemente, esa que tantas veces creí agotada y que al final encontré donde menos pensé que estaría: en mí misma; la tengo y en mí queda para siempre.
Muchos me dijeron que después de la tormenta siempre viene la calma, pero lo que le siguió a esa larga y fuerte tormenta fue mejor aún: un paraíso llamado conocimiento. No es tanto que esos bajones frecuentes hayan acabado, porque todavía están ahí; menos frecuentes pero están. No, no es eso. Es el haber aprendido cómo enfrentarlos, haber aprendido que todos tienen la fuerza necesaria para superar lo que sea, incluso yo que tan débil me creí por no poder controlar siquiera el impulso de llorar.
Aprendí que yo también puedo. Y aprendí que todo pasa por una razón, que puedo ayudar a los demás, no a superar un mal momento, sino enseñarlos a poder superarlo a sí mismo.
Todos podemos.
2006.12.07
01'43 a.m.
Todavía lloro, todavía me dan bajones sin explicación. Todavía me siento una anormal. Todavía abrazo mi oso y me quedo dormida llorando de vez en cuando; pero ya no me amargo. Ahora no tengo que buscar explicaciones, ya sé que no las hay; o por lo menosq ue las que hay no me satisfacen. Ya sé que no soy la única, ni la primera, ni la última en pasar por esto. Y ya sé que los bajones no durarán para siempre. Ya sé que por negro que se vea todo y por mal que vayan las cosas, en algún momento mejorarán, pasarán.
Hoffnung, sí, esa esperanza que tantas veces busqué incansablemente, esa que tantas veces creí agotada y que al final encontré donde menos pensé que estaría: en mí misma; la tengo y en mí queda para siempre.
Muchos me dijeron que después de la tormenta siempre viene la calma, pero lo que le siguió a esa larga y fuerte tormenta fue mejor aún: un paraíso llamado conocimiento. No es tanto que esos bajones frecuentes hayan acabado, porque todavía están ahí; menos frecuentes pero están. No, no es eso. Es el haber aprendido cómo enfrentarlos, haber aprendido que todos tienen la fuerza necesaria para superar lo que sea, incluso yo que tan débil me creí por no poder controlar siquiera el impulso de llorar.
Aprendí que yo también puedo. Y aprendí que todo pasa por una razón, que puedo ayudar a los demás, no a superar un mal momento, sino enseñarlos a poder superarlo a sí mismo.
Todos podemos.
2006.12.07
01'43 a.m.






Empezando a existir hace casi dos años, este blog nació siendo yo una persona completamente diferente. Dicen que Internet no hace nada. Mi hermano me decía que contarle mis cosas a un montón de extraños no hacia nada. Hizo demasiado. Y por eso hoy vuelvo; no porque necesite ayuda, sino porque, simplemente, quiero recordar viejos tiempos, quiero escribir con libertad otra vez, quiero sentirme así de bien.