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vidaperra
Una vida perra no es buena ni mala, especialmente si eres un poco perro.
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Siempre intenté estar cerca de lo que me producía placer y alegría y lejos del aburrimiento y del sufrimiento, pero parece que no corro lo suficiente.
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El retorno del mono del lunes
Lo prometido es deuda, al menos cuando la deuda es pequeña. Aquí estamos de nuevo un lunes más, aunque éste sea especial, ya que casi es como un miércoles y además le quedan treinta minutos escasos.

Hoy vamos a descubrir al tío "Urgente". Cuando he llegado a mi despacho, me he encontrado encima de la mesa un escrito a tramitar y encima un papel, con un pequeño texto autoexplicativo de la situación y un título encima, que ponía URGENTE. Sin firma, ni iniciales, ni ningún tipo de identificación del tío "Urgente". Ni qué decir tiene que he gestionado adecuadamente la tramitación urgentemente, encargándosela a la persona adecuada, que es lo que el tío "Urgente" tendría que haber hecho. Claro que si el tío "Urgente" hubiese hecho su trabajo a tiempo, no sería urgente el mío.

Resumiendo, en este país, cuando alguien se encuentra encima de la mesa un trabajo urgente es porque alguien no ha hecho el suyo cuando debía o cómo debía hacerlo. Ese tipo de compañero, colega o como se llame, es el tío "Urgente", que se dedica a regalar trabajos urgentes a los demás, convirtiéndonos a todos automáticamente en bomberos.

El próximo lunes os contaré la figura de "La estuta". No sé cual de los dos es más molesto.

Ya que esta semana laboral es corta, cortísima, aprovecho para desaros un tranquilo y agadable puente. Tened por seguro que yo lo buscaré con ahínco y espero conseguirlo.

"La Tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable".
Oscar Wilde.
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Lecciones aprendidas ¿o desaprendidas?
Hace unos tres años un buen amigo, me enseñó la diferencia entre experiencia y años trabajados, y os aseguro que no fue moco de pavo esa lección. Todos suponemos que cuanto más años se lleve trabajando en una empresa, más experiencia se tiene. Algo que parece tan lógico y natural, pues no lo es, al menos no de modo tan simple.

Mi amigo me contó que un día se le presentó en la oficina un antiguo compañero de trabajo, que en ese momento trabajaba para otra empresa. Su antiguo compeñero le ofreció sus servicios para un proyecto nuevo, alegando su dilatada "experiencia" (25 años de carrera profesional) como la mejor bondad de su currículo. La respuesta fue, como poco, tajante. Simplemente le dijo: Tú tienes 25 años de antigüedad y 1 año de experiencia, porque has hecho lo mismo un año trás de otro".

Simple, verdad, pero no evidente. En algún momento me he encontrado personas que alegaban su profesionalidad con la cantidad de periódicos y de cafés que se habían tomado sentados en la misma barra de bar año tras año, década tras década; pero eso no viene al caso.

Lo importante y el objetivo de este post es dejar patente que para adquirir experiencia hay que practicar el proceso de lecciones aprendidas, algo que los hombres de éxito hacen intuitivamente, pero que la mayoría no solemos llevar a cabo demasiado bien.

Os propongo un ejercicio mental divertido. ¿Seríais capaces de saber cuántos años de experiencia profesional tenéis? Tres años de cada diez trabajados es un buen resultado.

El cuento se puede aplicar a cualquier actividad humana susceptible de ser mejorable, je,je,je,je,je...

Hasta la próxima, que es viernes y hay mejores cosas que hacer que enguarrar un disco duro en un servidor de la red internet con unos cuantos garabatos cibernéticos.

"Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber".
Confucio.
 
El mono del lunes
La de vueltas que da la gente para terminar en el sitio predestinado para cada uno. Cómo se auto-torturan y se auto-compadecen de su mala suerte, de la cantidad de cosas que tienen que hacer, de la poca atención que se les presta, vamos un sinfín de escusas para no hacer lo que se tiene que hacer.

Después, cuando te pones a currar, al cabo de un par horas todo empieza a encajar y a ir sobre ruedas. La semana ya se ha puesto en marcha, el martes ya vamos a toda máquina y no hay quien nos pare hasta que llega el viernes, bueno, el jueves por la tarde.

El peligro está en que se te pegue un ectoplasta, un bicho de esos tipo sanguijela psicológica que te va minando la moral, mientras se comporta como un auténtico ventilador de mierda omnidireccional. Ten por seguro que cuando estás en la dirección propicia también te toca tu ración diaria de pintura marrón. Si se te viene alguien a la mente que encaje en este perfil, ya sabes lo que tienes que hacer mañana.

También está el listo-listo que se trae el trabajo casi hecho de su casa, sí señores, hay curritos muy aplicados que trabajan el fin de semana en su casa. De este modo se pueden permitir el lujo de estar parte de la semana presumiendo de lo eficaces que son delante del jefe y, de paso, hacier relaciones púbicas. Como consejo procura que no te tomen como medida del pringao con el que medirse. Busca algo donde sean unos auténticos incompetentes, como vida familiar (les revienta), tarde de fútbol con los amigos (les revienta aún más porque no saben tener amigos ni en la calle), etc... Dos envites bien toreados y no te volverán a utilizar como pringao. ¿Os acordáis del listo que nunca estudiaba, que nunca hacía los deberes y siempre lo tenía todo hecho y sacaba buenas notas? Pues esos no cambian nunca. Algunos los he visto llorar cuando les han hecho un examen sorpresa y les han pillado en bragas.

Bueno, es lunes y ya me he desahogado un poco, aunque hay un montón de especies autóctonas de oficina a describir. El próximo lunes seguimos con la fauna ibérica.

Un saludo y paciencia, que el tiempo pasa demasiado deprisa.

"Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos"
Friedrich Wilhelm Nietzsche


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Día de asueto
Hoy es viernes y eso es algo muy importante en la vida de mucha gente. Menos mal que siempre llega el viernes, semana tras semana. Para algunos el viernes es un lunes, o un martes o cualquier otro día de la semana, porque tienen una jornada diferente, pero todo el mundo tiene su viernes, hoy ha sido el mío.

Cuando salí del trabajo, al término de la jornada, por la puerta sólo se vió un borrón. Tenía ganas de disfrutar de la familia, bueno de todas las familias: la mía, la de mis padres, la política. Porque solemos tener más de una familia, aunque depende de la vida de cada uno.

Luego están los amigos, los del pueblo, los del barrio, los del trabajo, los padres de los amigos de nuestros hijos, ... Es curioso, pero normalmente quien tiene una intensa vida familiar, también tiene una prolija vida social.

Hoy ha sido como un día de sol radiante en primavera, contemplando la puesta de sol sobre el mar en las maravillosas playas de Cádiz. Por fin he conseguido soltar bastante adrenalina que me habían inyectado en el último mes, una mala racha que no parece terminar.

Al final, lo que queda son las familias, y la última que se pierde es la tuya, la propia, tu prole o tus congéneres. Por eso, cuando alguien la pierde, pierde el norte y muchas veces la cabeza.

Hoy he disfrutado de mis familias, ya lo he dicho, pero quiero volver a decirlo y me ha gustado mucho. Hasta he descabezado una siesta en el sofá de mis padres, el de toda la vida, con mi hija a los pies jugando a las cartas con mi padre, la tele a todo trapo y el resto de la familia debatiendo sobre el sexo de los ángeles. Lo dicho, un auténtico placer, de verdad. Luego visitamos a la familia de pega, la otra familia, la de segunda B.

"A mi hija la he parido yo y a tí te he encontrado en la calle".
Mi suegra.
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El éxito, ¿existe?
Cuanta gente anda por la vida sin dejar de mirarse las puntas de los zapatos. Sólo tenéis que echar un vistazo a vuestro alrededor cuando vais por la calle, en el metro, en el autobús, en el coche, en la moto. Bueno, en la moto es mejor que no miréis a vuestro alrededor porque las distracciones pueden ser algo peligrosas.

¿Se puede decir que esas personas no han alcanzo el éxito en su vida? No lo sé. Los que miran para arriba o de frente o de lado o para atrás, pues tampoco sabemos si han conseguido el éxito en su vida.
Ahora nos sobreviene la pregunta del título, "El éxito, ¿existe?"

Después de unas cuantas décadas de conciencia corporativa de todos los miembros de mi cuerpo, he llegado a creer que el éxito puede existir, si no somos demasiado ambiciosos.

Incluso he encontrado una ecuación empírica que se ajusta bastante a lo que puede ser el éxito: E=IT^3. O lo que quiere decir: el Éxito es igual a la Inteligencia por el Trabajo al cubo. Ecuación cualitativa, pero también cuantitativa que se puede calcular.

Si tenéis curiosidad, os aconsejo que la apliquéis. Primero tenéis que definir qué es el éxito para vosotros. Lo más fácil es hacer una lista de lo que para vosotros es el éxito. Después, para cada uno de esos objetivos de éxito, hacéis una lista de los trabajos que tenéis que hacer para conseguir ese objetivo. Después medís la cantidad de trabajo que hacéis, metéis vuestro coeficiente de inteligencia y sacáis el éxito conseguido. Lo repetís para cada objetivo y hacéis la media.

No hagáis trampa. Y cuando midáis el trabajo, tenéis que ser sinceros porque el trabajo muede ser negativo. Je, je, je, je... Sí, el trabajo puede ser negativo. Hay gente que se dedica a tropedearse sus propios objetivos. No vamos a entrar en detalles sobre motivaciones.

¡Qué bien! Ya tengo medido mi éxito. Ahora sólo queda por ver cómo se puede mejorar. Si lo hacéis bien, os daréis cuenta de porqué sois tan desgraciados cuando estáis al lado de vuestro jefe, o que no tenéis objetivos en vuestra vida, o que, simplemente, no tenéis vida.

No os deprimáis, lo más normal es que la gente no sepa ni para qué sirve su vida, pero nunca es tarde para empezar a ser consciente de ella.

Corto, que enrrollo demasiado y la gente se aburre.

"El conocimiento genera infelicidad".
Cita de un sabio que llegué a conocer en vida, aunque algunos se la quieren apropiar indebidamente.
 
Hoy ha tocado una de jefes
Vaya racha que me estoy marcando, estoy que me salgo. Hoy ha tocado una de jefes. Vaya choteo que se ha marcado, sólo por tomar un poco de iniciativa, dentro de mis atribuciones, que no las suyas.

Que si no sé lo que hago, que si vamos a tener problemas, que si nadie va a coordinar, que si se va a partir el grupo, que si él sabe lo que va a pasar, que si..., que si...quesito. Al final, te quitan el envoltorio y te untan en una tostada.

El jefe tiene derecho a enfadarse, porque sí, porque es el jefe. Si siente que hay algo que no controla, mejor dicho que el negro de turno no controla ya, se pone nervioso y empiezan los cambios de humor y de tratamiento. Le sale una voz más densa cuando se dirigen a tí, la voz pierde el timbre alegre y se engola un poco, algo así como para dar más solemnidad a su cabreo de turno.

Luego, cuando las aguas vuelven a su cauce, o sea, cuando se demuestra que no había razón para tanto escándalo, quiere que las cosas vuelvan a ser como antes. Te suelta una de, yo sabía que todo iba a salir bien, yo quería comprobar que se tenía todo atado y bien atado, yo siempre confié en tus capacidades, yo sé que vales para esto, yo..., yo..., yo-yo. Te regala un yo-yo y se queda tan tranquilo, pensando que ha hecho lo que debía.

De momento, estoy en una tostada, todo pringado. Veremos cuando el jefe suelta el yo-yo.

"Donde hay una empresa de éxito, alguien tomó alguna vez una decisión valiente".
Peter Drucker
 
Los amigos a veces se van
Corriendo el tiempo y los negocios encontré varios amig@s que parecían sólidas columnas, capaces de soportar vendavales de mal humor, tormentas de reproches e incluso intereses cruzados. Pasadas batallas, nuevos negocios, algunas alianzas no deseadas y mucho trabajo han venido a producir una especie de quimera de la amistad, con sonrisas y buenas palabras pero sin feeling.

Aquellos que han vivido esa sensación agria cuando estás en el fragor de la batalla, una más de las muchas que habíamos librado, peleando por algo que consideras importante (a lo mejor no lo es, pero tú crees que sí), y ves que tus tropas se pasan al enemigo, que se ponen en primera fila del combate y te pelean con ardor; esos saben que en ese momento de sorpresa, en que algo dentro de tí se rompe para siempre, es el momento decisivo de la indecisión.
En unos segundos hay que balancear las fuerzas propias y las ajenas, estimar el riesgo y tomar la decisión de continuar, de abandonar o de pasarte al enemigo. El impacto de la sorpresa te puede dejar fuera de juego y si dura mucho, entonces estás perdido.

En este caso, balanceé las fuerzas, y a pesar de saber que debía retirarme, seguí peleando y perdí. Poco inteligente por mi parte, pero fue una manera de soltar amarras de una amistad que no lo era. Lo de menos fue la derrota, lo importante es poner a cada uno en su sitio y saber hasta dónde son capaces de llegar los demás.

Ahora ya lo sé y puedo empezar de nuevo. Seguiremos compartiendo intereses, seguiremos peleando juntos, pero nada volverá a ser igual. Una vez que se pierde la confianza, la verdadera confianza de la amistad, no se vuelve a recuperar, al menos del mismo modo.

"El que busca un amigo sin defectos, se queda sin amigos".
Proverbio turco.