Mi abuelo
Cada día me acuerdo más de mi abuelo y me da qué pensar. Mi abuelo nos dejó hace unos meses después de casi noventa y cuatro años de azarosa existencia, de cinco hijos y una guerra que nunca terminó de olvidar.
Vengo pensando que antes no necesitaba acordarme de él, cada vez que me venía a la mente su imagen me acercaba a verle porque vivía cerca, muy cerca. Ahora ya no tengo esa oportunidad y, claro, los pensamientos se amontonan cuando no les podemos dar salida con nuestros actos.
Será por eso que empiezo a tener recuerdos de mi niñez con mi abuelo, recuerdos del pueblo, del campo, de los paseos los domingos mientras mi abuela nos preparaba la comida. De las siestas en su casa, del queso fuerte que le gustaba merendar con su cerveza, de los viajes en el Seiscientos con mis padres y mis abuelos.
Mi abuelo está sirviendo de escusa para que mi mente reordene un poco una parte de mis recuerdos, para que tome consciencia de lo bien que me lo he pasado de pequeño y para que aprecie los pequeños mundos de mis hijos, que son pequeños para nosotros, pero inmesos para ellos. De hecho, son todo lo grandes que sus mentes y su entorno familiar y escolar les permite.
Eso es lo que quedará de todos y cada uno de nosotros, los recuerdos en mentes más o menos dispersas por el mundo. Por lo menos que los recuerdos que dejemos sirvan a alguien para tener una vida mejor con ellos que sin ellos.
"Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando lo que en realidad importa es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan".
Friedrich Nietzsche.
Vengo pensando que antes no necesitaba acordarme de él, cada vez que me venía a la mente su imagen me acercaba a verle porque vivía cerca, muy cerca. Ahora ya no tengo esa oportunidad y, claro, los pensamientos se amontonan cuando no les podemos dar salida con nuestros actos.
Será por eso que empiezo a tener recuerdos de mi niñez con mi abuelo, recuerdos del pueblo, del campo, de los paseos los domingos mientras mi abuela nos preparaba la comida. De las siestas en su casa, del queso fuerte que le gustaba merendar con su cerveza, de los viajes en el Seiscientos con mis padres y mis abuelos.
Mi abuelo está sirviendo de escusa para que mi mente reordene un poco una parte de mis recuerdos, para que tome consciencia de lo bien que me lo he pasado de pequeño y para que aprecie los pequeños mundos de mis hijos, que son pequeños para nosotros, pero inmesos para ellos. De hecho, son todo lo grandes que sus mentes y su entorno familiar y escolar les permite.
Eso es lo que quedará de todos y cada uno de nosotros, los recuerdos en mentes más o menos dispersas por el mundo. Por lo menos que los recuerdos que dejemos sirvan a alguien para tener una vida mejor con ellos que sin ellos.
"Todo el que disfruta cree que lo que importa del árbol es el fruto, cuando lo que en realidad importa es la semilla. He aquí la diferencia entre los que creen y los que disfrutan".
Friedrich Nietzsche.
Tu, yo, los demás...
Aún me acuerdo cuando era pequeño y me compraba un helado, que en realidad eran dos helados, se llamaba "Tu y yo". Era un helado de tipo siamés, con dos palos, de vainilla y de chocolate. Me gustaba porque eran dos helados y me gustaba porque por la mitad del dinero podíamos comer polo todos. Era algo parecido a la multiplicación de los peces y los panes.
Pero también era una representación de la dualidad, del cambio de opinión, de la capacidad de compartir, de la capacidad de no compartir y quedarte con todo, de poder elegir. El dichoso polo representaba muchas cosas asociadas a la personalidad relacionadas con el cambio de opinión y la capacidad de compartir.
El polo era una prolongación de la persona hacia el exterior y te daba la libertad de hacer lo que quisieras con él, lo que te pareciese bien en cada momento, sin más explicaciones ni más complicaciones que la de tomar una decisión.
He ahí el motivo de este post, la capacidad de elegir libremente sin más restricciones que el propio capricho. No he vuelto a tener esa sensación desde que retiraron el dichoso polo del mercado. Cualquier cosa que se quiera utilizar para vivir ese sentimiento de libertad de elegir, tiene alguna implicación hacia el exterior que no te permite disfrutar del todo de la elección.
Y es que el hecho de tomar decisiones siempre lleva asociada una serie de implicaciones, algo así como los efectos secundarios de las medicinas o algo parecido al principio de acción y reacción de Newton, que pueden inutilizar la capacidad de raciocinio. El control de este sentimiento de responsabilidad de lo que puede llegar a pasar antes de tomar una decisión, es la diferencia que marca al triunfador del fracasado.
Por eso las personas de éxito ,en este mundo globalizado de tiburones marcados por el dinero, suelen ser, más de lo deseable, personas con poca conciencia hacia los demás. Como mucho se quedan en el tú. A veces se quedan sólo con el yo.
Desde aquí reivindico el lanzamiento del "Tu y yo" de nuevo. ¡¡Quiero recuperar mi libertad de elegir!!
"La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse"
Otto von Bismark.
Pero también era una representación de la dualidad, del cambio de opinión, de la capacidad de compartir, de la capacidad de no compartir y quedarte con todo, de poder elegir. El dichoso polo representaba muchas cosas asociadas a la personalidad relacionadas con el cambio de opinión y la capacidad de compartir.
El polo era una prolongación de la persona hacia el exterior y te daba la libertad de hacer lo que quisieras con él, lo que te pareciese bien en cada momento, sin más explicaciones ni más complicaciones que la de tomar una decisión.
He ahí el motivo de este post, la capacidad de elegir libremente sin más restricciones que el propio capricho. No he vuelto a tener esa sensación desde que retiraron el dichoso polo del mercado. Cualquier cosa que se quiera utilizar para vivir ese sentimiento de libertad de elegir, tiene alguna implicación hacia el exterior que no te permite disfrutar del todo de la elección.
Y es que el hecho de tomar decisiones siempre lleva asociada una serie de implicaciones, algo así como los efectos secundarios de las medicinas o algo parecido al principio de acción y reacción de Newton, que pueden inutilizar la capacidad de raciocinio. El control de este sentimiento de responsabilidad de lo que puede llegar a pasar antes de tomar una decisión, es la diferencia que marca al triunfador del fracasado.
Por eso las personas de éxito ,en este mundo globalizado de tiburones marcados por el dinero, suelen ser, más de lo deseable, personas con poca conciencia hacia los demás. Como mucho se quedan en el tú. A veces se quedan sólo con el yo.
Desde aquí reivindico el lanzamiento del "Tu y yo" de nuevo. ¡¡Quiero recuperar mi libertad de elegir!!
"La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse"
Otto von Bismark.
Respirando entre pinos
Hoy he vivido un atracón de oxígeno en plena naturaleza arbórea, incluso he meado, junto con mi hija, entre los pinos de la familia. O sea, naturaleza bruta al ciento por cien. Os juro que hace años que no probaba el olor de la vegetación salvaje, porque hace años que suelo pasear por otras naturalezas más esteposas y casi sin vegetación.
Y es que cada trozo de España tiene un olor característico, cada sierra, cada vegetación, cada polvo y cada arena huelen distintas. Es algo parecido a lo que ocurre con los mares, cada mar huele diferente. No es lo mismo el olor del mar de Portugal, por ejemplo de Aveiro, que el olor del mar de Cádiz o de Huelva, o el de Murcia.
Al principio a mi hija le sabía raro el olor, porque era fuerte e intenso. Las últimas lluvias han preservado gran parte de la frescura de la vegetación de las sierras. Al poco, la mezcla de la imagen verde y marrón y el olor a pino, a retama y a hierba le han hecho aflorar la sonrisa. Me ha recordado a la sonrisa de mi infancia, quizá porque los olores también me han traído recuerdos de tardes pasadas entre la espesura, cazando bichos y comiéndolos después de guisarlos en tejas rotas a la orilla de un riachuelo.
En cuanto hemos entrado en la ciudad, he bajado la ventanilla del coche y olía a hollín, a neumático, a bosque quemado,... Y la magia ha desaparecido. No sabemos lo que nos perdemos con meternos en las ciudades grandes. Me ha recordado a Dune y al malvado, pero hipnotizante, planeta Geidi primero. Eso es lo que son nuestras grandes ciudades, planetas Geidi.
"La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad del hombre que la mira".
Lin Yutang
Y es que cada trozo de España tiene un olor característico, cada sierra, cada vegetación, cada polvo y cada arena huelen distintas. Es algo parecido a lo que ocurre con los mares, cada mar huele diferente. No es lo mismo el olor del mar de Portugal, por ejemplo de Aveiro, que el olor del mar de Cádiz o de Huelva, o el de Murcia.
Al principio a mi hija le sabía raro el olor, porque era fuerte e intenso. Las últimas lluvias han preservado gran parte de la frescura de la vegetación de las sierras. Al poco, la mezcla de la imagen verde y marrón y el olor a pino, a retama y a hierba le han hecho aflorar la sonrisa. Me ha recordado a la sonrisa de mi infancia, quizá porque los olores también me han traído recuerdos de tardes pasadas entre la espesura, cazando bichos y comiéndolos después de guisarlos en tejas rotas a la orilla de un riachuelo.
En cuanto hemos entrado en la ciudad, he bajado la ventanilla del coche y olía a hollín, a neumático, a bosque quemado,... Y la magia ha desaparecido. No sabemos lo que nos perdemos con meternos en las ciudades grandes. Me ha recordado a Dune y al malvado, pero hipnotizante, planeta Geidi primero. Eso es lo que son nuestras grandes ciudades, planetas Geidi.
"La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad del hombre que la mira".
Lin Yutang





