Cuéntame un cuento...
Hoy he disfrutado la primera sesión de piscina de esta temporada veraniega. La verdad es que la piscina, aunque municipal, es como si fuese familiar, porque es un pueblo pequeño y no hay mucha gente aficionada al agua de piscina. Nos encontramos siempre los mismos y es curioso porque parece que haya dos turnos, el de mañana y el de tarde.
Hemos tenido suerte de que este año haya llovido los últimos meses para poder tener un césped agradable donde poder tirarte con las toallas a tomar el sol y la sombra, leer el periódico o un libro, dormitar un rato o despellejar al género humano. Normalmente, la piscina se cierra y no se cuida en absoluto durante los meses de otoño, invierno y primavera. Otros años hay que revolcarse en la arena directamente.
Pero lo bueno viene cuando, después del baño o entre baños, te tumbas para secarte y lo haces cerca de un corrillo de "cotorras", donde se está despellejando a alguien. Hoy tocaba una pareja que no conozco, pero que la estaban poniendo cual no digan dueñas, poco les faltaba para separarse (seguro que dentro de diez años seguirán felizmente casados) y los hijos eran de lo más maleducado y lo más malvado que se puede llegar a ser.
Es llamativo la habilidad que algunas personas tienen para utilizar el lenguaje y zaherir a otras personas, con insinuaciones, suposiciones o simplemente dejando las frases a medias para que la calenturienta imaginación de los demás hagan el resto. Y estoy hablando de personas que apenas serían capaces de entender un periódico o un libro para adultos.
Es un arte el de la maledicencia, decididamente, es todo un arte. Y no tiene nada que ver con la inteligencia, ni con la gracia natural de las personas, ni con la cultura, ni con el ingenio. Es algo que se mama con la familia y con el entorno en el que creces desde chico, es un hábito. Y lo digo porque los giros y las frases empleadas son bastante estereotipadas y, una vez que cojes el tranquillo del habla que emplean y pierdes la vergüenza de insultar a las personas a sus espaldas, está chupado ser un miembro activo de estos corrillos, lo que ocurre es que a mucha gente le faltan las ganas.
"Lo importante es que hablen de tí, aunque sea mal".
Un antiguo jefe que hablaba mal de mí y le dije que ya estaba bien.
Hemos tenido suerte de que este año haya llovido los últimos meses para poder tener un césped agradable donde poder tirarte con las toallas a tomar el sol y la sombra, leer el periódico o un libro, dormitar un rato o despellejar al género humano. Normalmente, la piscina se cierra y no se cuida en absoluto durante los meses de otoño, invierno y primavera. Otros años hay que revolcarse en la arena directamente.
Pero lo bueno viene cuando, después del baño o entre baños, te tumbas para secarte y lo haces cerca de un corrillo de "cotorras", donde se está despellejando a alguien. Hoy tocaba una pareja que no conozco, pero que la estaban poniendo cual no digan dueñas, poco les faltaba para separarse (seguro que dentro de diez años seguirán felizmente casados) y los hijos eran de lo más maleducado y lo más malvado que se puede llegar a ser.
Es llamativo la habilidad que algunas personas tienen para utilizar el lenguaje y zaherir a otras personas, con insinuaciones, suposiciones o simplemente dejando las frases a medias para que la calenturienta imaginación de los demás hagan el resto. Y estoy hablando de personas que apenas serían capaces de entender un periódico o un libro para adultos.
Es un arte el de la maledicencia, decididamente, es todo un arte. Y no tiene nada que ver con la inteligencia, ni con la gracia natural de las personas, ni con la cultura, ni con el ingenio. Es algo que se mama con la familia y con el entorno en el que creces desde chico, es un hábito. Y lo digo porque los giros y las frases empleadas son bastante estereotipadas y, una vez que cojes el tranquillo del habla que emplean y pierdes la vergüenza de insultar a las personas a sus espaldas, está chupado ser un miembro activo de estos corrillos, lo que ocurre es que a mucha gente le faltan las ganas.
"Lo importante es que hablen de tí, aunque sea mal".
Un antiguo jefe que hablaba mal de mí y le dije que ya estaba bien.





