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vidaperra
Una vida perra no es buena ni mala, especialmente si eres un poco perro.
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Siempre intenté estar cerca de lo que me producía placer y alegría y lejos del aburrimiento y del sufrimiento, pero parece que no corro lo suficiente.
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La estatua
Lo prometido es deuda. Vamos a seguir viendo perfiles de esforzados trabajadores en nuestras preclaras oficinas. En "El retorno del mono del lunes" del 28 de abril dejé en el aire la figura de "La estatua".

Me había olvidado, pero me han encasquetado a un estatua que está cobrando de la organización, mes a mes, sin aportar nada positivo. Esa es la mejor definición de estatua.

Y ¿cómo lo hacen? Pues poniendo excusas y os aseguro que la imaginación tiene un límite insospechado para el que no quiere trabajar.

En este caso particular lo que le induce al individuo es una mezcla de miedo y de envidia. Dos poderosos sentimientos que bloquean el raciocinio.

Miedo a la responsabilidad de aceptar por buenos los trabajos de otras personas y envidia por querer ganar más que el propio jefe. Un auténtico caradura, pero del tipo enfermizo.

La única manera de quitárselo de encima es hacerle asumir responsabilidades acorde a sus retribuciones. En dos días estará lejos buscando otro agujero donde meterse.

La estatua no es dañina en sí misma de un modo directo, pero sí lo es de un modo colateral infectando la moral del resto de los trabajadores y, a la larga, con un efecto muy importante.

"Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón."

Jean Jacques Rousseau
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