El jefe, los jefecillos y el brujo de la tribu
En el maremagnum del extenso universo covachuelista hay tres figuras alrededor de las cuales han girado y siguen girando el resto de las cosas importantes de la organización. Estas figuras son el jefe, los jefecillos y el brujo.
En todo grupo se necesita que alguien lidere las actividades que se llevan a cabo. Si se pudiesen liderar los pensamientos, orientándolos hacia un objetivo común, sería perfecto, pero el personalismo del ser humano, y del latino en particular, lo convierte en misión imposible. Esta función debe hacerla el jefe, quien debe dar ejemplo, aglutinar fuerzas, establecer objetivos y dar la cara por los resultados obtenidos.
Pero el liderazgo tiene muchas formas, cada una de ellas con infinitos matices. El resto de la organización se guía por la figura del jefe, así como se comporte el jefe, se comportará la mayoría del grupo. Un buen jefe da poco margen a los compañeros no deseados. Sin embargo, es de obligado cumplimiento para un jefe que aproveche todos los recursos que la organización ha puesto bajo su responsabilidad. Muchas veces el jefe no tiene mucho margen en los recursos que se le asignan.
Cuando el jefe no sabe o no quiere hacer su trabajo poniéndose como ejemplo a la cabeza de su grupo asignado, surgen figuras que deben suplir las carencias originadas, pero como los intereses personales no se pueden eliminar, éstos se mezclan con las funciones delegadas y aparece la prolífica figura de jefecillo.
A ella optan los pelotas, los trepas, los inseguros, los ambiciosos y todos aquellos que quieren pescar muchos peces en las aguas revueltas. Aunque todos teneís en mente a muchos personajes de esta catadura, no paran de aparecer nuevos actores constantemente.
Los jefecillos nunca harán las funciones del jefe correctamente, porque su objetivo final es "derrocar" al jefe.
Sin embargo, la figura más importante, la persona que realmente controla el impás del grupo y quien tiene la auténtica confianza del jefe es el brujo. Este es el oráculo verdedero del jefe. No suele ser un cargo importante, es una figura sutil que no tiene nada que ver con el puesto ni con el cargo asignados, pero es de gran influencia en las decisiones del jefe.
Poer eso las organizaciones que no tienen un buen líder no llegan nunca a nada, sólo se guían por los satélites que no tienen ningún interés por la organziación, sólo por ellos mismos.
"La multitud por sí sola nunca llega a nada si no tiene un líder que la guíe"
Hermann Keyserling.
En todo grupo se necesita que alguien lidere las actividades que se llevan a cabo. Si se pudiesen liderar los pensamientos, orientándolos hacia un objetivo común, sería perfecto, pero el personalismo del ser humano, y del latino en particular, lo convierte en misión imposible. Esta función debe hacerla el jefe, quien debe dar ejemplo, aglutinar fuerzas, establecer objetivos y dar la cara por los resultados obtenidos.
Pero el liderazgo tiene muchas formas, cada una de ellas con infinitos matices. El resto de la organización se guía por la figura del jefe, así como se comporte el jefe, se comportará la mayoría del grupo. Un buen jefe da poco margen a los compañeros no deseados. Sin embargo, es de obligado cumplimiento para un jefe que aproveche todos los recursos que la organización ha puesto bajo su responsabilidad. Muchas veces el jefe no tiene mucho margen en los recursos que se le asignan.
Cuando el jefe no sabe o no quiere hacer su trabajo poniéndose como ejemplo a la cabeza de su grupo asignado, surgen figuras que deben suplir las carencias originadas, pero como los intereses personales no se pueden eliminar, éstos se mezclan con las funciones delegadas y aparece la prolífica figura de jefecillo.
A ella optan los pelotas, los trepas, los inseguros, los ambiciosos y todos aquellos que quieren pescar muchos peces en las aguas revueltas. Aunque todos teneís en mente a muchos personajes de esta catadura, no paran de aparecer nuevos actores constantemente.
Los jefecillos nunca harán las funciones del jefe correctamente, porque su objetivo final es "derrocar" al jefe.
Sin embargo, la figura más importante, la persona que realmente controla el impás del grupo y quien tiene la auténtica confianza del jefe es el brujo. Este es el oráculo verdedero del jefe. No suele ser un cargo importante, es una figura sutil que no tiene nada que ver con el puesto ni con el cargo asignados, pero es de gran influencia en las decisiones del jefe.
Poer eso las organizaciones que no tienen un buen líder no llegan nunca a nada, sólo se guían por los satélites que no tienen ningún interés por la organziación, sólo por ellos mismos.
"La multitud por sí sola nunca llega a nada si no tiene un líder que la guíe"
Hermann Keyserling.





