La noche de la iguana
El sábado fui a cenar con mi Rat Pack particular (¡ya nos gustaría a nosotros!), formado por mis adorados compañeros de trabajo: Dean, Sammy y Frankie. Obviamente, estos no son sus verdaderos nombres pero, ya que voy a dedicarme a contar sus miserias y a destripar su intimidad, qué menos que ponerles un nombre falso (y glamouroso). Los cuatro somos nuevos en el trabajo y juntos vamos a pasar un verano muy estupendo mientras el resto del mundo se va de vacaciones. Qué panolis.
El hecho de ser los recién llegados nos ha unido bastante, de modo que pensamos en organizar una cena para celebrar que estamos encantados de conocernos. Dean ofreció su casa y sus habilidades culinarias para tan refinada ceremonia, y nadie puso ningún tipo de objeción. A las diez y media Frankiepasó a recogerme y nos dirigimos a casa de Dean, donde ya nos estaba esperando con Sammy.
- Joder, llevamos media hora esperándoos, la cena está empezando a enfriarse
- Sí, con lo que me he esforzado – se quejó Dean.
- Han sido motivos técnicos ajenos a nuestra voluntad - dijo Frankie
- Sí, bueno, el hecho de que te dejaras las llaves y la cartera en casa y tuviéramos que volver cuando ya casi estábamos llegando no tiene nada que ver contigo… - dije yo.
- Bueno va, vamos a cenar que tengo hambre.
Mientras Dean servía la comida en la cocina, Sammy nos presentó a Anita, la iguana de Dean. A mí estos bichos me dan un poco de grima, no miedo, que conste. Sé que no van a hacerme nada, pero los ojos, el tacto que tienen, me producen cierta repulsión.
- Mentira, lo que pasa es que les tienes un miedo que no te aguantas…
- Que no, que me dan asco, simplemente
- Sí, seguro…
- ¡Es verdad!
Nada, que no hubo manera de convencerles.
Mientras Sammy y Frankie se entretenían con Anita (aunque no comprendo qué clase de diversión puede ofrecer ese animal), Dean entró en el comedor con la comida. Frankie y yo nos miramos. Mucho, mucho, tampoco se había esforzado el chico. Se había limitado a llamar a un chino, pero a mí ya me parecía bien. La comida china me encanta, me da igual que sea rata, gato, mono o vagabundo. Comimos bastante a gusto y nos pusimos hasta arriba de sangría y de champán. Eso también me gusta mucho, tanto o más que la comida china.
Cuando acabamos de cebarnos, decidimos que lo que más nos apetecía era jugar al póquer. Dean intentó, más o menos, recoger la mesa, aunque necesitó un poco de nuestra ayuda. Entre todos lo conseguimos. Mientras el anfitrión iba en busca del tapete y las cartas, Sammy, Frankie y yo nos preparamos para empezar a jugar. Sammy se levantó para “buscar algo”: no debí confiar en su palabra, por mi bien y por el de Anita. El gracioso me colocó la iguana en el hombro. Al principio, yo creía que era su mano, que se había apoyado en mí o algo. Pero como veía “que no la quitaba” ni se iba a sentar ni nada, me extrañé. Me giré y casi me desmayo. Me encuentro de cara con los ojos de la iguana, mirándome fijamente, con la boca un poco abierta.
Lancé un grito que casi dejo sordo a todo el vecindario, aunque la peor parte se la llevó Anita. Y es que no sólo grité, sino que me levanté de un brinco y aparté no demasiado suavemente a la mascota de Dean, que cayó violentamente al suelo. Cuando éste entró, casi le da un infarto, de ver a su pobre e indefenso animal tirado en el suelo.
- Pero, ¿qué le habéis hecho?
- Ha sido ella, que la ha tirado al suelo.
- Pero, ¿por qué?
- Me la habían puesto en el hombro… - me defendí yo.
- ¿No decías que no te daban miedo?
- Y no me dan, me dan asco. Además, si lo que espero encontrarme es una mano y me encuentro con una iguana, creo que es normal asustarse.
- ¿Ves como te dan miedo?
- ¡Que no me dan miedo, que me dan asco!
Mientras continuábamos con nuestra discusión, Dean rescató a la pobre iguana, que seguía tirada en el suelo, y la metió de nuevo en el terrario. Nos dispusimos entonces a jugar al póquer: tenía que arruinarles, necesitaba poner a salvo mi mancillado honor. Creía que sería más difícil, pues no soy demasiado buena. Pero Dean, que estaba sentado enfrente de mí, estaba bastante borracho y no se enteraba de nada. Y a Sammy y a Frankie, que muy sobrios no iban tampoco, podía verles las cartas. Así que acabé ganando, y me saqué unos pocos euros a su costa. Espero que para la próxima vez aprendan la lección. Y se emborrachen mucho. Y me dejen hacer trampas, claro. Por pedir…
El hecho de ser los recién llegados nos ha unido bastante, de modo que pensamos en organizar una cena para celebrar que estamos encantados de conocernos. Dean ofreció su casa y sus habilidades culinarias para tan refinada ceremonia, y nadie puso ningún tipo de objeción. A las diez y media Frankiepasó a recogerme y nos dirigimos a casa de Dean, donde ya nos estaba esperando con Sammy.
- Joder, llevamos media hora esperándoos, la cena está empezando a enfriarse
- Sí, con lo que me he esforzado – se quejó Dean.
- Han sido motivos técnicos ajenos a nuestra voluntad - dijo Frankie
- Sí, bueno, el hecho de que te dejaras las llaves y la cartera en casa y tuviéramos que volver cuando ya casi estábamos llegando no tiene nada que ver contigo… - dije yo.
- Bueno va, vamos a cenar que tengo hambre.
Mientras Dean servía la comida en la cocina, Sammy nos presentó a Anita, la iguana de Dean. A mí estos bichos me dan un poco de grima, no miedo, que conste. Sé que no van a hacerme nada, pero los ojos, el tacto que tienen, me producen cierta repulsión.
- Mentira, lo que pasa es que les tienes un miedo que no te aguantas…
- Que no, que me dan asco, simplemente
- Sí, seguro…
- ¡Es verdad!
Nada, que no hubo manera de convencerles.
Mientras Sammy y Frankie se entretenían con Anita (aunque no comprendo qué clase de diversión puede ofrecer ese animal), Dean entró en el comedor con la comida. Frankie y yo nos miramos. Mucho, mucho, tampoco se había esforzado el chico. Se había limitado a llamar a un chino, pero a mí ya me parecía bien. La comida china me encanta, me da igual que sea rata, gato, mono o vagabundo. Comimos bastante a gusto y nos pusimos hasta arriba de sangría y de champán. Eso también me gusta mucho, tanto o más que la comida china.
Cuando acabamos de cebarnos, decidimos que lo que más nos apetecía era jugar al póquer. Dean intentó, más o menos, recoger la mesa, aunque necesitó un poco de nuestra ayuda. Entre todos lo conseguimos. Mientras el anfitrión iba en busca del tapete y las cartas, Sammy, Frankie y yo nos preparamos para empezar a jugar. Sammy se levantó para “buscar algo”: no debí confiar en su palabra, por mi bien y por el de Anita. El gracioso me colocó la iguana en el hombro. Al principio, yo creía que era su mano, que se había apoyado en mí o algo. Pero como veía “que no la quitaba” ni se iba a sentar ni nada, me extrañé. Me giré y casi me desmayo. Me encuentro de cara con los ojos de la iguana, mirándome fijamente, con la boca un poco abierta.
Lancé un grito que casi dejo sordo a todo el vecindario, aunque la peor parte se la llevó Anita. Y es que no sólo grité, sino que me levanté de un brinco y aparté no demasiado suavemente a la mascota de Dean, que cayó violentamente al suelo. Cuando éste entró, casi le da un infarto, de ver a su pobre e indefenso animal tirado en el suelo.
- Pero, ¿qué le habéis hecho?
- Ha sido ella, que la ha tirado al suelo.
- Pero, ¿por qué?
- Me la habían puesto en el hombro… - me defendí yo.
- ¿No decías que no te daban miedo?
- Y no me dan, me dan asco. Además, si lo que espero encontrarme es una mano y me encuentro con una iguana, creo que es normal asustarse.
- ¿Ves como te dan miedo?
- ¡Que no me dan miedo, que me dan asco!
Mientras continuábamos con nuestra discusión, Dean rescató a la pobre iguana, que seguía tirada en el suelo, y la metió de nuevo en el terrario. Nos dispusimos entonces a jugar al póquer: tenía que arruinarles, necesitaba poner a salvo mi mancillado honor. Creía que sería más difícil, pues no soy demasiado buena. Pero Dean, que estaba sentado enfrente de mí, estaba bastante borracho y no se enteraba de nada. Y a Sammy y a Frankie, que muy sobrios no iban tampoco, podía verles las cartas. Así que acabé ganando, y me saqué unos pocos euros a su costa. Espero que para la próxima vez aprendan la lección. Y se emborrachen mucho. Y me dejen hacer trampas, claro. Por pedir…
Comentario:
Pobrecilla iguana. Pero estoy contigo, girarte y encontrarte un reptilaco mirándote asusta...
Ya podrás, ganando a un trio de borrachos...Te sentirás orgullosa :D
Un abrazo!
Ya podrás, ganando a un trio de borrachos...Te sentirás orgullosa :D
Un abrazo!
Comentario:
Yo no soy muy de animales pero vamos que el nombre que les has puesto a tus amigos va que ni pintado a la partida de poquer.. sólo os ha faltado una Susie Q o similar que os pusiera las copas jejejeje. Yo de copas poco, de cartas menos.. pero cocinar.. algo cocino.. jejeje
Comentario:
Yo es que no le veo la gracia a tener una iguana... no sé, tienes que encargarte de ella y total, ¿pa qué? Al menos un perro te viene a saludar cuando llegas a casa, te da la pata, y esas cosas...
Hay que ver, con las cartas a la vista, vaya fieras...
Hay que ver, con las cartas a la vista, vaya fieras...
Comentario:
ups! la invitada de antes era yo, que se me olvidó poner el nick... xDDD
Comentario:
Diox yo hubiera reaccionado igual que tú! Qué ascazo me dan los reptiles... serán muy bonitos y tal, pero arggg!
Menos mal que les diste un repasito al poquer, por listos xDD
Besitos!
Menos mal que les diste un repasito al poquer, por listos xDD
Besitos!





