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Vida y Miserias de VZ
escenas de una vida miserable en prácticas porciones individuales
Acerca de
Soy la cobarde heroina de una peli de serie B, perseguida hasta la tumba por muertos sin ojos y gigantescos tomates asesinos
Sindicación
 
Mejor... imposible
Dice una ley inexorable que si algo puede salir mal, saldrá mal. La verdad es que yo nunca había hecho caso de esta premisa, es más, siempre me he considerado, a mi manera, una persona más o menos optimista. Siempre que me pasa algo malo, suelo pensar que “podría ser peor”, “así cuando te pase algo bueno, parecerá mejor” y demás autoconvicciones por el estilo.

Pero siempre hay días en los que los esquemas se te rompen. Días en los que te levantas y algo te pone de mal humor y ya no puedes librarte del cabreo durante todo el día. Esos días mandaría a la mierda a todo el mundo, me compraría una pistola y me libraría de toda esa gente que se interpone en mi camino. Efectivamente, ayer fue uno de esos días.

Para empezar, no me acordé de conectar el despertador. Me desperté gracias a una llamada de Dean (uno de los miembros de mi Rat Pack), que me preguntó si me había pasado algo. Yo al principio no entendía a qué venía aquello, pero lo entendí perfectamente cuando miré el reloj. Qué bien. Ya llegaba por lo menos una hora y media tarde a trabajar.

Me levanté de un salto y me convertí de repente en tal vez la persona más torpe del mundo. Quería desayunar deprisa, ducharme rapídisimo, vestirme velozmente y salir de casa volando. Y cuanto más deprisa quería ir, peor. Se me derramó la leche por el suelo, me resbalé y casi me caigo al suelo al salir de la ducha y cuando ya había bajado los cinco pisos de mi bloque, me doy cuenta de que me había dejado el móvil en casa. Ya sé que habría podido sobrevivir sin él, pero siempre que salgo sin él acabo necesitándolo para una urgencia. Y como ayer no estaba dispuesta a que me siguieran pasando cosas malas, volví a subir los cinco pisos, entré en casa y cogí el móvil.

Llego al trabajo jadeando. Ni siquiera me había inventado una excusa decente para justificar el retraso, aunque no sé si hubiese sido muy creíble, aún tenía las sábanas marcadas en la cara. Me esperaba alguna bronca, pero tampoco me dijeron nada, hasta se rieron un poco conmigo, diciéndome que eso le puede pasar a cualquiera.

La mañana fue pasando más o menos normal, aunque yo aún llevaba un nerviosismo encima del que era incapaz de librarme. Sentía la necesidad de hacerlo todo deprisa, sin perder ni un momento. Y a la hora de comer, engullí la comida apenas sin masticar, lo que hizo que me doliera la tripa toda la tarde. Por suerte, el sufrimiento se me hizo más o menos soportable, pero me moría de ganas de largarme a mi casa.

Al llegar, descubro que mi pequeño zulo se había convertido en una especie de microondas. Con las prisas de la mañana, no me había acordado de regular el termostato de la calefacción, y aquello parecía el salón de invitados del infierno. Y si sumamos el calor de mi casa al que ya llevaba yo de serie de todo el día el ambiente aún parecía más infernal. Por suerte, para estas situaciones siempre cuento con el refugio de mis vecinitos, que me acogieron muy gentilmente. Me quedé a cenar con ellos y hasta tuve la sensación de que el día se iba arreglando poco a poco. Ya era hora, eran por lo menos las nueve y media de la noche.
 
Comentario:
Yo también intento pensar que "podría haber sido peor" cuando sucede algo malo, pero a la vez tengo siempre presente que el señor Murphy está al acecho para hacer de las suyas... xDD
Besotes!
 
Comentario:
Mira el lado bueno: al llegar a casa ya la tenías caldeada!!! jajaajaj por cierto una vez que se llega tarde... 5-10 minutos más ya no dan para mucho asíqeu hay que hacer las cosas sin prisa perso sin pausa y nada de inventar excusas... además por la mañana siempre está la de tenía qeu ir al banco, algo urgente y había cola. jejeej
No