Breve encuentro
Ayer sábado decidí organizar una maratón marginal cinematográfica. En otras palabras, me acomodé bien en mi querido sofá dispuesta a ver una película detrás de otra y a comerme un bol de Golden Grahams detrás de otro. Iba en pijama y despeinada, pero me importaba una real mierda. Soy así de simple y así de vaga, según como se mire, es una gran suerte.
Cuando iba por la tercera película de la tarde-noche alguien llamó a mi puerta. Era El Frágil, lo que me alegró pero me avergonzó al mismo tiempo. Empezaba a importarme un poco el hecho de ir en traje de noche y con unos pelos no demasiado decentes.
- Hola...
- Hola...
- ¿Has cenado ya?
- Err...no, ¿por? - mentí, por supuesto. Una nunca debe perder una oportunidad así, aunque tenga que hacer el mastodóntico esfuerzo de cenar dos veces.
- ¿Puedo... puedo ir a buscar comida a Pakito (así es como llaman al restaurante pakistaní mis vecinitos) y cenar aquí contigo? Luego te lo explico, es que tengo mucha hambre.
- Claro, claro, claro que puedes. Luego me lo cuentas.
- Vale, hasta ahora.
Nada más cerrar la puerta, fregué mi bol de cereales rauda y veloz, para que no descubriera mi mentira y mis poco nutritivos hábitos alimenticios (¿o son alimentarios?). Me peiné un poco, pero no demasiado, no quería que se pensase que me había peinado por él. El pijama me lo dejé puesto, era demasiado descarado cambiarme de ropa y además es bastante sexy, por lo que no me importaba mucho que me viera con él. Ordené un poco el piso, me hice la cama y recogí lo mejor y lo más rápido que pude mi habitación.
El Frágil no tardó en volver de Pakito y, tras sentarnos en el sofá para cenar - la comida pakistaní puede comerse en cualquier sitio-, me contó por qué había acudido a mí de una forma tan desesperada. Bueno, igual no tanto, pero casi casi. Por lo visto, El Fibroso había invitado a cenar a dos monitores que trabajaban con él en el gimnasio. La cena consistía en "algas y unos palos secos muy raros" y el pobre Frágil se había quedado con hambre. Pero no quería quedar mal con ellos y comer otra cosa, así que les mintió diciéndoles que tenía que llamar por teléfono y así poder comer algo decente.
- Y como no puedo tardar mucho para que no sospechen nada, pues había pensado en esto, en ir a buscar comida a Pakito y venir a cenar aquí. Siento la intromisión, pero mi estómago no podía más.
- No te preocupes, me ha encantado que me invadieses y me invitaras a tan suculento manjar.
- Es que aquella comida era horrible, yo no sé cómo podían comérselo. Además, me estaban volviendo loco. El tema de conversación más interesante del que han hablado en toda la cena ha sido la depilación masculina.
- Pobre...
El Frágil pasó algo menos de media hora en mi sofá, pero bueno, podría haber sido peor, podría no haber venido. Pasamos un rato divertido y divagamos sobre un tema que me preocupaba bastante, la desaparición de los Cheerios en todos los supermercados a los que había ido últimamente. Espero que no dejen de fabricarlos, porque no voy a poder soportar demasiado tiempo más sin desayunar con ellos. Nestlé no puede hacerme algo así, a mí, que he invertido gran parte de mi inexistente fortuna en su empresa. Sería muy injusto y cruel.
Volviendo a lo que estaba diciendo, sé que El Frágil se hubiese quedado bastante más rato conmigo, pues soy bastante adorable y, desde luego, más entretenida que una cena ecológica e insípida. Pero como ya me había dicho, no podía quedarse demasiado tiempo. Él volvió a su cena para tomar el té y yo regresé a mi maratón marginal cinematográfica. En fin, qué se le iba a hacer. Sólo espero que El Fibroso sea bastante aficionado a esta clase de cenas.
Cuando iba por la tercera película de la tarde-noche alguien llamó a mi puerta. Era El Frágil, lo que me alegró pero me avergonzó al mismo tiempo. Empezaba a importarme un poco el hecho de ir en traje de noche y con unos pelos no demasiado decentes.
- Hola...
- Hola...
- ¿Has cenado ya?
- Err...no, ¿por? - mentí, por supuesto. Una nunca debe perder una oportunidad así, aunque tenga que hacer el mastodóntico esfuerzo de cenar dos veces.
- ¿Puedo... puedo ir a buscar comida a Pakito (así es como llaman al restaurante pakistaní mis vecinitos) y cenar aquí contigo? Luego te lo explico, es que tengo mucha hambre.
- Claro, claro, claro que puedes. Luego me lo cuentas.
- Vale, hasta ahora.
Nada más cerrar la puerta, fregué mi bol de cereales rauda y veloz, para que no descubriera mi mentira y mis poco nutritivos hábitos alimenticios (¿o son alimentarios?). Me peiné un poco, pero no demasiado, no quería que se pensase que me había peinado por él. El pijama me lo dejé puesto, era demasiado descarado cambiarme de ropa y además es bastante sexy, por lo que no me importaba mucho que me viera con él. Ordené un poco el piso, me hice la cama y recogí lo mejor y lo más rápido que pude mi habitación.
El Frágil no tardó en volver de Pakito y, tras sentarnos en el sofá para cenar - la comida pakistaní puede comerse en cualquier sitio-, me contó por qué había acudido a mí de una forma tan desesperada. Bueno, igual no tanto, pero casi casi. Por lo visto, El Fibroso había invitado a cenar a dos monitores que trabajaban con él en el gimnasio. La cena consistía en "algas y unos palos secos muy raros" y el pobre Frágil se había quedado con hambre. Pero no quería quedar mal con ellos y comer otra cosa, así que les mintió diciéndoles que tenía que llamar por teléfono y así poder comer algo decente.
- Y como no puedo tardar mucho para que no sospechen nada, pues había pensado en esto, en ir a buscar comida a Pakito y venir a cenar aquí. Siento la intromisión, pero mi estómago no podía más.
- No te preocupes, me ha encantado que me invadieses y me invitaras a tan suculento manjar.
- Es que aquella comida era horrible, yo no sé cómo podían comérselo. Además, me estaban volviendo loco. El tema de conversación más interesante del que han hablado en toda la cena ha sido la depilación masculina.
- Pobre...
El Frágil pasó algo menos de media hora en mi sofá, pero bueno, podría haber sido peor, podría no haber venido. Pasamos un rato divertido y divagamos sobre un tema que me preocupaba bastante, la desaparición de los Cheerios en todos los supermercados a los que había ido últimamente. Espero que no dejen de fabricarlos, porque no voy a poder soportar demasiado tiempo más sin desayunar con ellos. Nestlé no puede hacerme algo así, a mí, que he invertido gran parte de mi inexistente fortuna en su empresa. Sería muy injusto y cruel.
Volviendo a lo que estaba diciendo, sé que El Frágil se hubiese quedado bastante más rato conmigo, pues soy bastante adorable y, desde luego, más entretenida que una cena ecológica e insípida. Pero como ya me había dicho, no podía quedarse demasiado tiempo. Él volvió a su cena para tomar el té y yo regresé a mi maratón marginal cinematográfica. En fin, qué se le iba a hacer. Sólo espero que El Fibroso sea bastante aficionado a esta clase de cenas.
Comentario:
Bueno, lo que está claro, es que ese hombre ya sabe que en tu casa es bienvenido ;-)
Gracias por pasarte por mi blog.
MUAKS!!!
Gracias por pasarte por mi blog.
MUAKS!!!
Comentario:
Nada, nada, aquí el Frágil metió la pata porque tendría que haberse buscao una excusa que le diese más tiempo de escaqueo, y no lo de la llamada telefónica.
Por cierto, yo los Cheerios aún los encuentro eeen... ¿el Caprabo? ¿O era el Sabeco? Chica, ahora no me acuerdo... :P
Por cierto, yo los Cheerios aún los encuentro eeen... ¿el Caprabo? ¿O era el Sabeco? Chica, ahora no me acuerdo... :P
Comentario:
Por algo se empieza... Tal vez lo próximo sea una cena en toda regla contigo, sin prisas... ;)
Por cierto, qué películas viste?
Besitos!
Por cierto, qué películas viste?
Besitos!





