<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><rss version="2.0"><channel><title><![CDATA[Vida y Miserias de VZ]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/rss20.xml]]></link><description><![CDATA[escenas de una vida miserable en prácticas porciones individuales]]></description><language><![CDATA[ES]]></language><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><item><title><![CDATA[Bonnie y Clyde]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_33.htm]]></link><description><![CDATA[Ya sé que hace mucho que no actualizo, pero diré en mi defensa que todo tiene una explicación, simple y sencilla. Soy una vaga redomada, como ya he dicho otras veces. Además, este puente he estado en mi casa, o en la casa de mis padres (aunque se me hace raro llamarla así) y no he tenido demasiado tiempo ni demasiadas ganas de emplearlo escribiendo aquí. <br/><br/>Este fin de semana lo he aprovechado para ver a mi familia y a mis amigos, que hacía ya bastante que no los veía y, como es normal, los echaba bastante de menos. Lo bueno de mi pueblo es que como es más o menos pequeño, cuando sales, te encuentras con todo el mundo. Lo malo es que si sales y bebes, igual no tienes conversaciones demasiado profundas con la gente a la que ves, pero esa ya es otra cuestión. <br/><br/>El sábado por la noche salí con mis amigas. Hicimos el típico plan de borregos de mi pueblo, que consiste en acabar yendo a la misma zona de bares para ver a toda la gente. En otras circunstancias me hubiese parecido una mierda de plan, pero el sábado lo encontré estupendísimo. Como ya he dicho, vi a mucha gente a la que tenía ya bastantes ganas de ver, así que acabé bastante satisfecha con la noche y con mi pequeña visita en general.<br/><br/>Entre las personas con las que estuve, debo mencionar a uno de mis mejores amigos, el señor <b>Clyde</b>, conocido por sus ideas un tanto estrafalarias de niñito travieso. Después de nuestro feliz reencuentro, insiste en invitarme a algo.<br/>- ¿Vodka con naranja te parece bien?<br/>- Sí, está bien<br/>- Vale, pues toma<br/>- Pero…<br/>- Tú haz como si nada, pero ahora vámonos de aquí.<br/><br/>Con todo su morro y su disimulo, <b>Clyde </b>había robado un cubata, casi entero, de la barra del bar donde estábamos. Como su antiguo dueño aún no se había dado cuenta de lo ocurrido, decidimos largarnos cuanto antes mejor. Una vez ubicados en otra zona del bar, <b>Clyde </b>repitió la operación, esta vez, para satisfacer su propia sed. Al principio me parecía un poco mal eso de irle quitando a la gente (era posible incluso que fueran nuestros conocidos) sus cubatas. Pero luego descubrí lo divertido que era eso de beber de gratis. Al fin y al cabo, una noche al año no hace daño. <br/><br/>Estuvimos en dos bares más y repetimos la operación, sincronizándonos para que el resultado fuese el mejor posible. Primero escudriñábamos la zona para encontrar el mejor lugar donde ubicarnos. Luego, uno robaba el vaso mientras el otro se ocupaba de despistar al dueño o de tratar de esconder al ladrón para que nadie se diera cuenta de lo que hacía. El resultado de nuestra coalición fue un total de seis cubatas robados, dos llenos del todo y el resto con, como mínimo, algo más de la mitad del contenido. Nunca ahorrar me había resultado tan divertido.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Ángeles con caras sucias]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_32.htm]]></link><description><![CDATA[No es un gran misterio que los niños no me emocionan demasiado. Sí, me gustan para reírme un rato, pero cuando dejan de divertirme, ya se pueden ir yendo, que me molestan. Y si lo que pretenden es arreglarme el día con sus impertinencias, pues más aún.<br/><br/>El domingo volvía a casa después de haber pasado la tarde con <b>La Selenita</b> y una amiga suya. Yo iba tan tranquila, con mi depresión de fin de semana y con la intención de llegar lo más pronto posible a mi casa cuando diviso, a lo lejos, una manada de niños. Supongo que debían estar celebrando algún cumpleaños o algo así, porque había bastantes y también bastantes padres. Para volverse loco, vaya. <br/><br/>El caso es que me voy acercando a la manada, sigilosa y rápidamente, para poder superarla lo más pronto posible. Se oyen mil millones de gritos al unísono, que se van haciendo más fuertes a medida que me acerco. Niños que salen corriendo del local del cumpleaños / reunión / cárcel infantil, niños que estiran del abrigo a los padres / carceleros, en fin, un panorama no demasiado agradable.<br/><br/>Cuando estoy casi a punto de cruzarme con ellos puedo distinguir mejor la escena. La mayoría de los niños manchados de chocolate, comiendo tarta o pastelitos, los padres con cara de cansados, de impaciencia por irse de allí. No me extraña, la verdad. Y yo en medio de la marabunta, con lo poco temeraria que soy.<br/><br/>Me meto dentro de la manada, ya que es imposible esquivarla. La calzada está un poco encharcada y, joder, no voy a bajarme de la acera por ellos, que me dejen pasar, tengo mis derechos. Intento hacerme hueco entre los padres y los niños, algunos me miran y se ríen. Unos me tiran del abrigo. “Ya vale de tirar a la gente, que no os lo tenga que volver a repetir”, les dice la madre / alguacil. <br/><br/>Poco a poco veo el final de la manada, pero tengo que andarme con cuidado, no sea que aplaste a un niño o lo tire al suelo. Cuando consigo escapar, noto algo pegajoso en el abrigo. Descubro entonces que uno de los simpáticos niños que me tiraba del abrigo ha aprovechado el momento para limpiarse los restos de chocolate de su pastelito en él. Gracias, hombre, ya me lo comeré de postre para la cena. Menos mal que por lo menos mi abrigo es negro, porque un pegote de chocolate situado a cierta altura del cuerpo puede dar lugar a desagradables y escatológicas interpretaciones. En fin, la próxima vez me bajaré de la acera, por si mi maltrecho abrigo no puede recuperar de nuevo su honor mancillado.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Mejor... imposible]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_31.htm]]></link><description><![CDATA[Dice una ley inexorable que si algo puede salir mal, saldrá mal. La verdad es que yo nunca había hecho caso de esta premisa, es más, siempre me he considerado, a mi manera, una persona más o menos optimista. Siempre que me pasa algo malo, suelo pensar que “podría ser peor”, “así cuando te pase algo bueno, parecerá mejor” y demás autoconvicciones por el estilo.<br/><br/>Pero siempre hay días en los que los esquemas se te rompen. Días en los que te levantas y algo te pone de mal humor y ya no puedes librarte del cabreo durante todo el día. Esos días mandaría a la mierda a todo el mundo, me compraría una pistola y me libraría de toda esa gente que se interpone en mi camino. Efectivamente, ayer fue uno de esos días. <br/><br/>Para empezar, no me acordé de conectar el despertador. Me desperté gracias a una llamada de <b>Dean </b>(uno de los miembros de mi <b>Rat Pack</b>), que me preguntó si me había pasado algo. Yo al principio no entendía a qué venía aquello, pero lo entendí perfectamente cuando miré el reloj. Qué bien. Ya llegaba por lo menos una hora y media tarde a trabajar. <br/><br/>Me levanté de un salto y me convertí de repente en tal vez la persona más torpe del mundo. Quería desayunar deprisa, ducharme rapídisimo, vestirme velozmente y salir de casa volando. Y cuanto más deprisa quería ir, peor. Se me derramó la leche por el suelo, me resbalé y casi me caigo al suelo al salir de la ducha y cuando ya había bajado los cinco pisos de mi bloque, me doy cuenta de que me había dejado el móvil en casa. Ya sé que habría podido sobrevivir sin él, pero siempre que salgo sin él acabo necesitándolo para una urgencia. Y como ayer no estaba dispuesta a que me siguieran pasando cosas malas, volví a subir los cinco pisos, entré en casa y cogí el móvil.<br/><br/>Llego al trabajo jadeando. Ni siquiera me había inventado una excusa decente para justificar el retraso, aunque no sé si hubiese sido muy creíble, aún tenía las sábanas marcadas en la cara. Me esperaba alguna bronca, pero tampoco me dijeron nada, hasta se rieron un poco conmigo, diciéndome que eso le puede pasar a cualquiera.<br/><br/>La mañana fue pasando más o menos normal, aunque yo aún llevaba un nerviosismo encima del que era incapaz de librarme. Sentía la necesidad de hacerlo todo deprisa, sin perder ni un momento. Y a la hora de comer, engullí la comida apenas sin masticar, lo que hizo que me doliera la tripa toda la tarde. Por suerte, el sufrimiento se me hizo más o menos soportable, pero me moría de ganas de largarme a mi casa.<br/><br/>Al llegar, descubro que mi pequeño zulo se había convertido en una especie de microondas. Con las prisas de la mañana, no me había acordado de regular el termostato de la calefacción, y aquello parecía el salón de invitados del infierno. Y si sumamos el calor de mi casa al que ya llevaba yo de serie de todo el día el ambiente aún parecía más infernal. Por suerte, para estas situaciones siempre cuento con el refugio de mis vecinitos, que me acogieron muy gentilmente. Me quedé a cenar con ellos y hasta tuve la sensación de que el día se iba arreglando poco a poco. Ya era hora, eran por lo menos las nueve y media de la noche. <br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Adivina quién viene esta noche]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_30.htm]]></link><description><![CDATA[El sábado tuve la oportunidad de asistir a una velada realmente especial. En principio, <b>El Frágil</b>, <b>El Fibroso </b>y yo íbamos a cenar en su casa y luego íbamos a ir al cine. Sí, hacía frío y tenemos poca imaginación, ¿qué pasa? El plan me resultaba apetecible, pero cuando me enteré de que debía poner un plato más en la mesa, cuando ya no tenía escapatoria, el plan empezó a parecerme bastante horripilante. <br/>- Pero, ¿quién viene?<br/>- Ah, mi novia, que al final no sale con sus amigas<br/>- Ah… (yujuuu)<br/><br/>Qué divertido. La noche tranquila y bonita con mis vecinitos acababa de convertirse en una surrealista cita de parejas. <b>El Frágil </b>se pasaría toda la noche pendiente de su futura ex novia y yo tendría que conformarme con darle conversación a <b>El Fibroso</b>. A ver, me cae genial y nos llevamos muy bien, pero cada uno tiene sus preferencias, está claro. Y si los tengo a los dos ahí, y veo que el otro no me hace caso, pues me jode, lógicamente. <br/><br/>Antes de seguir debo mencionar una crisis entre <b>El Frágil </b>y su futura ex novia que tuvo lugar cuando el blog no funcionaba. No sé si lo dije en su día, pero la futura ex novia de <b>El Frágil </b>es más mayor que él (tiene 26 o 27 años), tiene un buen trabajo (un buen sueldo) y una mentalidad más madura. Hace poco se cambió de piso por nosequé del alquiler, y le sugirió a <b>El Frágil </b>que se fuera a vivir con ella. Él dijo que lo pensaría, pero luego le dijo que no. Ella se enfadó, le dijo que era un crío, que si pensaba vivir toda la vida “como un universitario hormonado” y unas cuantas cosas igual de bonitas. Yo estaba ya frotándome las manos, pero al final se supone que lo arreglaron. Eso sí, la futura ex novia de <b>El Frágil </b>se marchó a vivir sola y él sigue siendo mi vecino de zulo. El caso es que la relación entre ellos se ha enfriado, no sé, se nota que no están tan cómodos como antes, y sé que a ella no le hace mucha gracia que yo esté por ahí todo el día, qué pena.<br/><br/>Bueno, después de este paréntesis, sigo con mi estupenda noche. La cena fue más o menos soportable, aunque la futura ex novia de <b>El Frágil</b> ponía malas caras de vez en cuando, sobre todo cuando los tres nos reíamos de “cosas nuestras”, por así decirlo. Ella no entendía de qué iba el asunto y hacía como que se reía, aunque en realidad no sabía por qué lo hacía. Era extraño, como si fuera una madre riéndose con su hijo y sus amigos, siguiéndoles la corriente, no sé. <br/><br/>Después de cenar fuimos al cine. Vimos Gomorra, una película que retrata el mundo de la mafia y que está basada en el libro homónimo de Roberto Saviano. Muy recomendable, la verdad. Nos sentamos en una fila más o menos al final de la sala, en el siguiente orden: la futura novia de <b>El Frágil</b>, <b>El Frágil</b>, yo y <b>El Fibroso</b>. "Algo es algo", pensé. Durante la película, <b>El Fibroso</b> me hablaba continuamente y casi siempre de cosas que no venían a cuento. Al final ya no le hacía ni caso. La futura ex novia de <b>El Frágil </b>no paraba de quejarse todo el rato porque no le gustaba la película y <b>El Frágil </b>le daba algo de conversación para que no se aburriera. Total, que no fue para nada romántico. Además, seguro que mucha gente creía que salíamos en plan parejitas y como ya he dicho, eso me horroriza. Sobre todo si el que más me interesa está con otra. <br/><br/>Cuando salimos del cine, <b>El Frágil </b>y su futura ex novia discutieron porque ella no había salido con sus amigas por estar con él y él “le hacía más caso a la butaca que a ella”. Se fue bastante cabreada: ni siquiera se dignó a despedirse. Yo creo que esperaba que <b>El Frágil </b>la siguiera o que le dijera que se quedara, pero él ni se inmutó. Nos fuimos a casa y estuvimos un rato los tres juntos. No hablamos de nada en especial, pero al menos tratamos de animar un poco a <b>El Frágil</b>, que parecía bastante asqueado, la verdad es que esos numeritos ya se los ha montado otras veces. A ver cómo acaba la historia. Mal, espero. Bueno, quiero que acabe bien. Bien para mí, se entiende.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[El infierno del whisky]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_29.htm]]></link><description><![CDATA[Odio el Whisky. Odio cómo huele. Odio cómo sabe. Odio que se me caiga por encima y que me deje apestada por los siglos de los siglos. Pero lo que más odio del whisky es que se acabe siempre más tarde que el vodka y que me obligue a elegir entre abstenerme o asquearme. Más que nada, porque siempre elijo mal. <br/><br/>Ayer fui a cenar con mis amigas <b>La Selenita</b>, <b>La Ardillita Feliz</b> y <b>Hellgirl</b>. Fuimos a casa de la primera, donde también acudieron dos amigas suyas. Qué decir de ellas: se parecían bastante en cuanto a carácter, lo que las convertía en un adorable trío cómico. Me divertí bastante con ellas, transmitían bastante confianza, como si nos conociéramos de toda la vida, y eso que sólo las había visto un par de veces antes. <br/><br/>El plan en sí para la noche no era nada del otro mundo: cenar y beber en casa y luego salir un rato por ahí. Un sábado como cualquier otro, vaya. Aunque yo lo recordaré siempre como el sábado víspera del día en el que adelgacé cuatro kilos en dos horas. No me gustaría ser escatológica para no herir sensibilidades pero igualmente lo voy a ser: hoy he vomitado hasta la bilis, hasta trocitos de estómago (ya sé que es mentira), hasta la cena de hace tres semanas… hasta la dignidad. <br/><br/>Como ya he anunciado antes, odio el whisky. Nunca me ha gustado y nunca me gustara, cosa que me sabe mal porque me gustaría poder hacerme la interesante e ir a bares mugrientos y oscuros y pedir un whisky doble con hielo detrás de otro. Me sentaría y esperaría a que alguien me acompañara (un apuesto caballero con un turbio pasado que ocultar), le seduciría con mis sutiles armas de mujer y le acabaría llevando a la perdición, como toda mujer fatal que se precie. Pero todo eso bebiendo vodka no queda tan miserable ni tan bonito. Qué putada. <br/><br/>Bien, después de cenar empezamos a beber y bueno, no habíamos calculado demasiado bien las cantidades necesarias. El vodka se acabó en poco rato, la ginebra del padre de <b>La Selenita </b>no quería acabar de entrar y lo único que quedaba era whisky. El whisky sólo le gustaba a <b>La Ardillita Feliz</b> y a una de las amigas de <b>La Selenita</b>, pero a las demás más bien nos asqueaba. Todas hicimos un esfuerzo, aunque cabe decir que a unas nos costó más que a otras. <br/><br/>Salimos de casa de <b>La Selenita </b>bastante felices: al menos el whisky había cumplido su función, por lo que me sentía más o menos satisfecha de mi esfuerzo. Sin embargo, tres paradas de metro más tarde, empecé a renegar del whisky, del transporte público y de los planes improvisados. Al principio no me encontraba demasiado mal, algo mareada, algo confusa, no sé, tampoco le di importancia, incluso me atreví a beber algo más. Eso sí, tengo unas lagunas mentales increíbles: ni siquiera sé cómo llegué más o menos sana y salva a mi casa.<br/><br/>Tampoco me explico cómo pude dormir de un tirón toda la noche, ni cómo no he vomitado durmiendo y me he ahogado en mi propio vómito. Supongo que mi organismo prefería que disfrutara del espectáculo estando consciente, qué cruel. Y realmente ha sido espectacular, como ya he dicho antes. He estado como dos horas yendo y viniendo hasta la taza del váter, esperando sacar lo insacable, lo que ya no tenía dentro. Me he sacado unos grandes pesos de encima y he aprendido la lección. Prometo no volver a beber. Nunca más. Al menos, hasta la semana que viene. Ya he dicho que siempre elijo mal.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Tarde de perros]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_28.htm]]></link><description><![CDATA[No me avergüenza reconocerlo, es algo que forma parte de mí y que no estoy muy segura de poder cambiar. Tal vez soy una de esas personas incapaces de madurar y superar sus temores, quién sabe. Me dan miedo los perros, ¿qué pasa? A ver, si son pequeños no, pero si tienen la suficiente altura como para poder saltar y llegarme a la cara, sí. Bueno, en realidad muchos animales me dan miedo, pero por suerte no suelo cruzarme a muchos tigres por la calle. <br/><br/>El caso es que hace un par de días tuve una pequeña experiencia terrorífica. Volvía a mi casa del trabajo y, al salir del metro, me tocaba recorrer un pequeño trayecto hasta mi querida morada. Como todos los días, vaya. Sin embargo, esa tarde me tenía reservada una sorpresita no demasiado agradable. <br/><br/>Unas dos calles antes de llegar a la mía, los veo, a lo lejos. Dos perros. Enormes. Y nada más. Nadie caminando por la calle. Nadie ni nada que puedan atraer su atención antes de lanzarse a mi yugular. Ya sé que todo esto parece un poco exagerado, pero siempre que veo un perro pienso que va a abalanzarse contra mí y a atacarme sin piedad. Si es cierto que los perros huelen el miedo, yo debo apestar, y mucho. Luego resulta que en realidad el animal ni me ha visto, pero eso ya es otra cosa. <br/><br/>Los perros se acercan. Cada vez son más grandes. Sigue sin pasar nadie por la calle. Miro hacia atrás. Tampoco hay nadie. Respiro hondo. Pero el corazón me late cada vez más y más deprisa. Los perros son ahora más grandes. “Vamos, son sólo dos putos perros, no saben ni que existes, ni se darán cuenta de que estás aquí”. Sigo autoconvenciéndome a mí misma de que no es para tanto, de que ya soy mayorcita y que debería superar estos traumas. Pero no puedo. Y me parece ridículo escribirlo, porque realmente no es tan grave. Pero cada uno tiene sus fobias, ¿no? <br/><br/>Se acerca el momento crucial. Los perros enormes pronto se cruzarán conmigo y es posible que no salga de esta. Trato de rememorar los momentos bonitos de mi vida, pero sólo me vienen a la mente los momentos traumáticos y terroríficos con otros perros. Qué deprimente, morir así. Sola. En medio de la calle. A manos de dos perros enormes. <br/><br/>De repente, veo la luz. No demasiado grande, pero algo es algo. Me acerco. Ya está casi. Cada vez más cerca. Ya llego. Ya estoy. Tal vez no sea la solución más valiente, pero sí la más segura para mi persona. ¿Cómo he podido ser tan lerda? ¿Cómo no se me había ocurrido antes? La salvación estaba a dos pasos de mí, y yo no había sido capaz de verla. Hasta ese momento. Ahí está, la mugrienta tienda de ultramarinos (en el cartelito lo pone eh? Así que muy, muy nueva no es) con el récord mundial de inspecciones de sanidad no superadas, al menos, eso es lo que yo creo. <br/><br/>Allá voy, entro en la tienda. Veo como los perros pasan por delante. Se alejan. No me han visto. No me han olido. No han percibido mi putrefacto olor a miedo. Me giro. Ahí está la mugrienta dependienta de la mugrienta tienda de mugrientos ultramarinos. No es plan de irme sin nada. Cogeré lo más barato. Y lo quemaré. Y tiraré las cenizas al espacio, para que nadie pueda resultar perjudicado. Me voy a casa. Cierro la puerta detrás de mí. Miro por la mirilla: tampoco están ahí los perros. Ni debajo de la cama. Ni de la mesa. He vuelto a librarme. He vuelto a burlar a la muerte. Como helado para celebrarlo. Hoy, con doble ración de nata.<br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Una tarde en el circo (II)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_27.htm]]></link><description><![CDATA[He aquí la segunda y esperada entrega de la boda de mi prima. Siento el retraso, no he tenido demasiado tiempo estos días, entre estornudos y trabajo. Espero que hayaís podido dormir bien y que la espera no se os haya hecho demasiado larga (todo esto en tono irónico eh? bueno, menos lo de los estornudos y el trabajo, por desgracia).<br/><br/>Sin duda uno de los número más espectaculares del circo es el del <b>Ilusionista</b>. Aunque había varios, uno destacaba por encima de los demás. Su gran truco era el de hacer desaparecer a todas las féminas que se encontaran a su alrededor. De verdad eh? yo lo experimenté de primera mano, al igual que la gran mayoría de mujeres "casaderas" invitadas a la ceremonia. <b>El Ilusionista </b>se acercaba a una mujer, decía unas pocas palabras mágicas... y la mujer en cuestión aparecía de repente a medio kilómetro - poco más o menos - de él. Las palabras mágicas variaban de una mujer a otra, en el caso de mi hermana y yo, fueron: hola guapas, ¿queréis beber algo? No os preocupéis, yo invito. Acto seguido se puso a reír como diciendo "eh, ¿habéis visto que gracioso soy? la gracia está en que hay barra libre y que en realidad no tienes que pagar nada y... uhh voy a darme golpes contra esa mesa de ahí..." Lo dicho: en cuanto terminó la frase, mi hermana y yo lo habíamos perdido de vista misteriosamente. <br/><br/>Turno ahora para <b>Los Payasos</b>, cuya presencia en el circo puede decirse que es obligada. Este grupo está formado por hombres de mediana edad tirando a maduritos-no-interesantes. Su especialidad es contar chistes verdes que avergüenzan a sus mujeres, que tratan de esconderse detrás de las servilletas o de un abanico, como si nadie fuera a percatarse. También se dedican a proponer brindis absurdos o a cantar porque sí en mitad del banquete. <b>Los Payasos </b>amenizaron bastante la boda, aunque yo ya me reía de ellos antes de sus numeritos. Ver a unos hombres con la cara roja, la mirada desafiante y con la risa floja todo el día encima es que me puede, no puedo evitarlo.<br/><br/>A continuación entra en escena <b>La Domadora de Leones</b>, que ofrece a los presentes una actuación estelar haciendo gala de su valentía y capacidad vocal. Se trata, ni más ni menos, de la madre de la novia, que trata de poner orden aquí y allá, aunque no siempre con demasiado éxito, todo hay que decirlo. <b>La Domadora de Leones </b>demostró, ya desde el principio, su capacidad de liderazgo. Indicaba a los invitados dónde debían sentarse en la iglesia, en el banquete, cuándo debían brindar, cuándo se repartían los regalos, quién debía salir en cada foto... y una larga serie de complicadas empresas. Su objetivo principal era que todo fuese perfecto, aunque relajarse un poco no le habría ido mal, que no todos los días se casa una hija, digo yo. En fin, supongo que una madre siempre tiene que hacer el papel de madre, esté donde esté. <br/><br/>Y terminamos con <b>El Zoo del Circo</b>, un grupo formado por animales de varias especies que básicamente se dedicaban a ser brutos, romper cosas, emborracharse y tirarse por el suelo. Sí, son los amigos del novio, los que más disfrutan en las bodas: está más que comprobado. En <b>El Zoo del Circo </b>hay tigres fantasma ("yo una vez me follé a cuatro en una noche"), monos, conejillos de indias ("¿has probado alguna vez a ponerte de pie en el respaldo de una silla?") y unas cuantas especies más. <br/><br/>De toda la fauna presente yo destaco a <b>El Loro </b>y <b>El Pavo Real</b>. <b>El Loro </b>era un chico que iba muy, muy borracho. Y a mí me tocó soportarlo en la fase de "mi vida es una mierda y estoy solo en el mundo". Sí, empezó a contarme su vida en capítulos, aunque acababa siempre contándome las mismas cosas, una y otra vez. Fascinante. <b>El Pavo Real </b>era algo más entretenido, aunque era un idiota total. Se paseó por todo el comedor de chica en chica, a ver si alguna le hacía un poco de caso. Y sí, también vino a por mí. Justo cuando mi hermana estaba en el baño. Lo había calculado todo, no tenía escapatoria. Así que empezó a contarme que él iba cada día al gimnasio, que le gustaba depilarse "porque yo creo que no es algo que tengáis que hacer sólo vosotras" y no sé cuántas chorradas más. Por suerte, mi hermana me rescató antes de que perdiera el juicio y pudimos huir de él a tiempo.<br/><br/>Y hasta aquí la crónica de la boda de mi prima: diversión, vodka y cócteles a raudales. Y una resaca... de dos días. Pero mereció la pena, tengo que reconocerlo.]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Una tarde en el circo (I)]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_26.htm]]></link><description><![CDATA[Mil años más tarde, después de días y días sin entrar aquí (para qué, pensaba yo) descubro fascinada que alguien se ha dignado a arreglar esto. Qué bien, ya tenía yo ganas de volver a airear mis miserias por aquí, que eso de guardarse las cosas no está nada bien, todo el mundo lo sabe. Durante este tiempo me han pasado unas cuantas cosas que seguramente hubiese contado aquí, pero creo que, después de dar tanto el coñazo con la boda de mi prima, lo más justo es contar como fue el gran acontecimiento. Y si no es lo más justo me da igual, es lo que tengo escrito desde hace ya más de un mes. <br/><br/>La boda fue muy, muy divertida. La ceremonia en sí no es que me emocionara demasiado, pero el banquete fue espectacular. No por nada en especial, sino por el elenco de artistas y la fauna que se dejó ver por allí. Podría decirse que aquel banquete era como un espectáculo circense, donde cada uno tenía su función.<br/><br/>De empezar el espectáculo se encargaban <b>Los Enanos Malabaristas</b>, también conocidos como los niños tocapelotas. No es que los niños no me gusten, pero hay que reconocer que cuando quieren pueden ponerse muy pesados. Mención especial para unas niñas que no dejaban de preguntarnos a mi hermana y a mí si éramos novias y que a ver cuándo íbamos a casarnos, “ahora que los que sois así también podéis”. También insistían bastante con que nos besáramos para demostrarles nuestro amor. Hartas de desmentir nuestra incestuosa relación, mi hermana y yo acabamos dándonos un pequeño beso falso en la boca (en realidad sólo llegamos a rozarnos un poco los labios), que dejó bastante satisfechas (y algo perturbadas) a las niñas. <br/><br/>En segundo lugar hicieron su intervención <b>El Coro De Las Mujeres Barbudas</b>, esas mujeres mayores con las que ya no puedes meterte, no por respeto ni educación, sino porque les importa más bien poco lo que nadie diga de ellas. Ellas son las V.I.P. de la vida y pueden hacer y decir lo que les dé la gana, cuando y donde quieran. No importa que ellas tengo pelo en la cara (y en sus verrugas) o que su báscula las haya denunciado por explotación, ellas pueden meterse con cualquiera sin ningún tipo de discreción ni disimulo. Sus víctimas favoritas son otras mujeres más jóvenes que han ganado algún que otro kilo después del embarazo, las que se han divorciado teniendo niños pequeños y las que han vuelto a casarse después de un primer matrimonio fallido. Yo creo que lo que les ocurre a estas mujeres es que les jode que otras hayan hecho lo que alguna vez les apeteció hacer y no hicieron. O eso, o hace tiempo que perdieron la costumbre de hablar de cosas interesantes. <br/><br/>El circo cambia radicalmente de tono con la llegada de <b>Los Equilibristas</b>, sin duda uno de los números más divertidos. <b>Los Equilibristas </b>son un grupo bastante heterogéneo, integrado por personas de todas los sexos y edades (bueno, igual los niños no). Los equilibristas tratan de mantenerse siempre en pie a pesar de los obstáculos (cualquier parte del mobiliario de la sala) y las adversidades (la elevada cantidad de alcohol en sangre que llevan). En el caso de que acaben en el suelo, hacen constar a los espectadores que “ha sido a propósito” o que “hay algo en el suelo que resbala”. Hasta a unos profesionales como ellos puede pasarles, son cosas del directo. <br/><br/>Y hasta aquí la primera entrega de la crónica circense de la boda de mi prima, que esto está quedando muy largo. El próximo día, más. Si la tele lo hace, yo también. <br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Encuentros en la tercera fase]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_25.htm]]></link><description><![CDATA[Desde que mi novio y yo rompimos, hace algunos pocos meses, hemos pasado por distintas fases. Durante la primera fase, seguíamos viéndonos, seguíamos llamándonos y seguía dejando que se mostrara cariñoso conmigo de vez en cuando. Por aquel entonces no tenía demasiado claro lo que quería hacer con aquella historia, si tendría continuación o si se había terminado para siempre. Durante la segunda fase, comenzamos a alejarnos de una forma más que evidente. Pusimos unos cuantos kilómetros de por medio, dejamos de vernos (obviamente), y las llamadas cada vez eran menos frecuentes, hasta que un día desaparecieron por completo. <br/><br/>La tercera fase no sé exactamente cuándo empezó, y creo que tampoco me interesa demasiado saberlo. Básicamente, diré que mi ex tiene una nueva "amiga" y yo he tardado mil años en enterarme. ¿Por qué nadie me dijo nada? ¿por qué nadie me avisó? ¿tanto costaba? ¿tan imposible era salvar mi dignidad? Por lo visto, sí. Ahora van unos cuantos momentos ridículos que no me gustará recordar en el futuro: de ahí que los escriba y los airee públicamente, soy así de magnífica.<br/><br/>Empecemos por el principio. El sábado volví, otra vez, a mi querido y adorado pueblo natal a divertirme a lo grande en la despedida de soltera para mojigatas de mi prima. No es que yo sea un putón verbenero, pero no me escondo debajo de las mesas o me encierro en los baños para evitar que el stripper de turno haga un poco el tonto conmigo. Bueno, yo es que para entonces ya iba un poco borracha y estuve todo el rato con mi hermana y otra chica hablando y riéndonos de las demás. Fue divertido, aunque aún no he llegado a comprender por qué un grupo de personas contrata voluntariamente a un stripper si luego se comporta como si estuviera cumpliendo el voto de castidad o algo así. Un poco extraño, la verdad.<br/><br/>Bueno, el caso es que después de aquel bochornoso espectáculo salimos un rato por los bares de mi pueblo, donde nadie puede evitar ver y ser visto por todo el mundo. Ya había visto a mi ex antes de ir a la despedida, pero fue un encuentro breve en el que sólo nos dio tiempo a tener una conversación típica e incómoda.<br/>- Ei, hola, qué tal?<br/>- Bien, ¿y tú?<br/>- Bien, bien<br/>- Qué bien, me alegro<br/>- Yo también<br/>... el encuentro de la noche fue un poco peor que aquello. Un poco sólo.<br/><br/>Yo iba ya bastante borracha cuando bajamos a mi pueblo a "nada, a dar una vuelta por los bares". Y el viajecito en autobús desde el local de la despedida hasta el pueblo me dejó aún peor. Vamos, que tampoco hace falta ser un genio para deducir cuáles fueron las consecuencias. Entramos en un bar y bueno, yo me senté en la barra porque mi cuerpo no estaba para demasiados trotes, aunque yo no quería admitirlo todavía. Como mi timidez se había ido a pasear por ahí con mi sentido del equilibrio, me puse a hablar con una chica muy simpática que había allí. <br/><br/>Sí, por supuesto: era la nueva "amiga" de mi ex. ¿Por qué, a ver por qué?  Ya me pásó hace relativamente poco <a target="_blank" href="http://www.blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/200807.htm#17">algo parecido</a>, debería tener alguna especie de inmunidad hasta dentro de X tiempo, ¿no? En fin, estoy abocada inevitablemente al ridículo. Lo que pasó es fácil de imaginar. Vino mi ex, que estaba en el baño, y yo casi me muero. Nos presentó y todo, y su nueva "amiga" bueno, no quiero ni pensar en lo que se le pasó en aquel momento por la cabeza. No me aguantaba de pie, no vocalizaba, decía estupideces y, la guinda de ese fantástico pastel no tardó en llegar. Le vomité en los pies a la nueva "amiga" de mi ex. <br/><br/>Por suerte o por desgracia, no tengo demasiados recuerdos de esa noche y en mi interior todavía conservo algo de autoestima, pero joder, a este paso voy a tener que dejar de beber y todo. Diré en mi defensa que la despedida requería llevar algo de alcohol en las venas para que se hiciera soportable y que todo el mundo lo hacía. En fin, por lo menos mi hermana, la chica que estuvo riéndose con nosotras y yo nos libramos de llevar diademas con penes: después de que se cayeran accidentalmente (los tres) en los contenedores higiénicos de "cosas de mujeres" de los baños del local de la despedida, quedaron un poco inutilizables. <br/>]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item><item><title><![CDATA[Una terapia peligrosa]]></title><link><![CDATA[http://blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/c_24.htm]]></link><description><![CDATA[No hace demasiado comenté por aquí que una amiga mía lo había dejado con su novio. También destripé un poco uno de mis últimos fines de semana en mi pueblo natal, en el que además de pasar <a target="_blank" href="http://www.blogs.ya.com/vidaymiseriasdevz/200808.htm#22">una agradable mañana con mi prima</a> aproveché para ver a gente a la que hacía mucho que no veía. Bien, pues uno de esos reencuentros lo protagonizaron dos amigas mías: la ya mencionada un poco más arriba, alias <b>Mi Amiga la Fantástica</b>, y otra, que responde al nombre de <b>Mi Amiga la Estupenda</b>. <br/><br/>Estuvimos hablando mil años y bueno, <b>Mi Amiga la Fantástica </b>y <b>Mi Amiga la Estupenda </b>acabaron decidiendo que como aún no tenían planes para el puente ni tampoco demasiado dinero que gastar, lo mejor sería invadir mi zulo y hacer el guiri por aquí. Por alguna extraña razón, me vi obligada a ceder: "somos dos contra una", decían. Sí, era verdad, aunque yo creía que al ser el piso mío igual tenía algún tipo de poder de decisión. Pero por lo visto no, así de bien funcionan las cosas cuando se aplica el sistema democrático. <br/><br/>El caso es que el jueves por la tarde mis dos amigas vinieron a invadirme, y tengo que reconocerlo. Aunque me encanta disfrutar de mi espacio, hacer lo que me dé la real gana y permitirme comportamientos excéntricos, tener a gente en casa es genial. Y eso que casi ni cabíamos, pero bueno, yo traté de ser la mejor anfitriona posible. <br/><br/>Durante estos días hemos hecho turismo típico y tópico, hemos ido a coger algo de color (rojo) a la playa, a visitar algunos de los lugares "imprescindibles e indispensables",  a dar paseos pintorescos y a reírnos de la gente en el metro: un clásico que siempre te sorprende y del que creo que nunca llegaré a cansarme. La verdad es que hemos aprovechado bastante el tiempo y ahora mismo aún estoy agotada (aunque también es verdad que soy una floja y que enseguida me canso). <br/><br/>Uno de los objetivos que <b>Mi Amiga la Estupenda </b>y yo nos habíamos planteado para este puente era animar todo lo posible a <b>Mi Amiga la Fantástica </b>por todo este asunto de la ruptura.  Decidimos para ello que, además de estar todo el día de aquí para allá, dedicaríamos una noche a hacer una terapia de choque que la ayudara a reflexionar sobre su relación, a superar, en la medida de lo posible, la ruptura y a canalizar la rabia que llevaba dentro. Resumiendo: fabricamos un muñeco vudú con la cara de su ex novio, y nos tiramos toda la noche bebiendo, clavándole agujas al muñeco y poniendo a parir a "ese hijo de mierda". <br/><br/>La terapia incluía ejercicios varios para alcanzar los objetivos que  nos habíamos propuesto. Uno de ellos era el de verbalización histriónica espontánea, esto es, <b>Mi Amiga la Fantástica </b>gritando a más no poder y profiriendo insultos a su ex: incluso salió a gritar al balcón "para que todo el mundo se entere y nadie se acerque a él en la vida". Creo que debería haberme esforzado un poco más en detenderla para que no lo hiciera, porque hoy me he cruzado por la escalera con la vecina de abajo, una abuela que tiene siempre cara de enfadada, y hoy me ha puesto una cara como diciendo "ojalá pudiera matarte aquí mismo, fresca".<br/><br/>También hicimos el ritual vudú, y al pobre muñeco no le quedó ni un solo hueco en el que se le pudiera clavar una aguja.  De agujas sí que sobraron unas cuantas (había comprado un arsenal) y en un pequeño descuido que podría haber tenido cualquiera en ese momento independientemente del nivel de alcohol que llevara en sangre, se me cayeron todas al suelo. Fue muy divertido buscarlas y recogerlas. Pero fue más divertido aún clavarnos las que no habíamos conseguido encontrar: ¿para qué barrer el suelo? ¿para que andar calzadas? Todo el mundo sabe que eso tampoco es de gran ayuda... <br/><br/>En fin, por lo menos espero que la terapia le fuera de alguna utilidad a <b>Mi Amiga la Fantástica</b>, aunque sólo fuera un poco. En caso contrario, creo que voy a tener que ponerle una demanda por daños y perjuicios. Que hoy aún estaba yo encontrándome agujas por el suelo...]]></description><author><![CDATA[blogs@ya.com(vz *)]]></author></item></channel></rss>
