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Visto uno, vistos todos
Ellos y su gran amiga, la pilila
Acerca de
Los hombres son como las galletas. Te dejan satisfecha, pero sólo por un momento. Pequeños pulgarcitos...
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A por ellos
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La sábana mágica
A ellos les encanta la sábana. Son unos fantasmas. Sin ella se sienten inseguros, incompletos. Es como su segunda piel, indispensable para bajar a la calle. Ellos y su sábana. Su segunda gran amiga, después de la pilila, claro. Lo peor es que se creen que la suya es invisible y que sólo la de los demás es blanca: "De puta madre. Nadie la ve".




La sábana, tan apreciada por ellos, es un complemento de calle: en casita hay que dejarla dobladita en un cajón. Al llegar a su propio hábitat (llamadle hogar, si podéis) se sienten seguros y pueden bajar la guardia. Es entonces cuando tu fantasmita, convertido ya en persona, te dice: "Cariño, ¿has visto qué fantasma es *******?", "No sé cree ni él que haya hecho eso", "A lo mejor ****** se cree que nos la ha colado". Hay bobalicón, ¿no te pitan los oídos? Si ahora mismo estarán diciendo lo mismo de ti...

Sin sábana son niños tiernos (que pueden rozar los rasgos propios de un payaso), sin sábana te dejan ver sus sentimientos (ellos también lloran), sin sábana no son fanfarrones, y sin sábana los chistes machistas no existen. Hay que joderse con la dichosa sabanita, tiene poderes paranormales. ¿Quieres doble personalidad? Ponte una sábana y listo. Eso sí, aplícate el cuento de que sólo se ve la paja en el ojo ajeno...
 
Ay, qué gustirrinin
Al principio todo es genial. Sólo estás tú, lo demás no importa. Eres la mejor en todos los aspectos, las demás no existen para él. Va a una discoteca y las go-gos no le llaman la atención porque sólo puede pensar en ti. Y es que sólo estás tú.

Al tiempo ya notas cómo se le van los ojos. Piensas "bueno, es normal. Yo también miro de vez en cuando". Pero uno de tus peores aliados en una relación, el tiempo, sigue su camino y va a llamar a su amiga la confianza: "sois la pareja perfecta, tenéis un montón de confianza". Una mierda. ¿Confianza? Por favor, define confianza:

CONFIANZA: actitud de tranquilidad ante alguien o algo de lo que se espera que se porte o funcione bien, o que ocurra tal y como se pensaba.

Ya veo, actitud de tranquilidad. La actitud de tranquilidad la tenía en el principio maravilloso, estupendo y genial de la relación.
La confianza se vuelve inquietud. Dime tú si tengo que estar tranquila cuando empieza a opinar de las demás mujeres con sus amigos estando yo delante: "Es una diosa", "Está tremenda", "Yo me la follaba". ¡Empieza la fiesta! Dime tú si puedo estar tranquila cuando estamos en el sofá comiendo...digamos finamente "alimentos ultramegacalóricos", con los que a veces pienso que se podrían alimentar las focas, y aparece una superdiva en la tele: "Mira qué piernas y qué culo", "Es guapísima". Hostia puta sí que es verdad, es una tía 10, y aquí estoy yo comiendo mierda, digo... alimentos ultramegacalóricos para pasar de ser una tía 3 a una tía -2. Cariño, no tengo suficiente. Sigue, sigue tirándome del pelo. Añádele un poco más de inquietud al asunto, si total...Venga, ¡vámonos de compras!: "¿Has visto a esa? Joderrr". ¡Vamos en coche!: "Joder con la del (marcaymodelodecoche)". ¡Vámonos a la playa!: "Yo aquí no puedo estar que me pongo enfermo". Me encanta la confianza.



Y da un gusto tener que oir cosas así todos los días...

 
La máscara
La máscara. Hay que joderse. Esos pequeños seres, los niños, que de pequeños son tan ricos acaban por convertirse en hombres que, como ya he dicho, son el origen de todos nuestros males. Da igual que hayan tenido una infancia feliz y que hayan sido educados en un ambiente agradable: deben tener un cromosoma que los hace a todos iguales, o quizás son los andrógenos. Putas hormonas.

Los minihombres (llámense niños) llevan dentro ese nosequé común que está todavía por desarrollar. Es por eso que de pequeños las niñas y los niños son tan parecidos. Con el tiempo las diferencias se acrecentan: ellos empiezan a elaborar su máscara.



Es entonces cuando empieza eso de "las niñas con las niñas, los niños con los niños". Ellos empiezan a hacer guarradas con arena, gusanos, hormigas, cucarachas y mierdas: es un entrenamiento previo a las guarradas y putadas de las que seremos víctimas en años venideros.
Es también cuando descubren que las faldas se levantan y que debajo esconden algo, cuando miran a través del cerrojo de los vestuarios de chicas: futuros pajilleros. Por no olvidar que empiezan a dar muestras de su cobardía cuando te dan un peñizco o una palmada en el culete y se van corriendo: futuros hombres de un kiki y bye bye.

Después de esos años infantiles se dan cuenta de que con eso de "las niñas con las niñas" no obtienen buenos resultados. Es la hora de ponerse la máscara de la inocencia. No pueden mostrar sus intenciones sino esos años de entrenamiento no habrán servido para nada. No pueden dejarlos pasar en balde. Nosotras que miramos con buenos ojos, no vemos la máscara. No la vemos hasta después de unos cuantos desengaños con sus respectivos momentos de lágrimas, desesperación y rabia contenida. La verdad es que la máscara les viene como anillo al dedo. Animales.



 
Rasca, rasca...


Los hombres son como el pan

Al principio son tiernos y crujientes. Se ven inocentes, seguramente por el color clarito que nos dejan ver, además puedes compartir con ellos un buen fogonazo.

Poco a poco el pan se tuesta a fuego lento. Su color empieza a tornarse moreno, es cosa de tiempo. ¿Te gusta poco hecho? Esa opción no existe, será cosa de la confianza.

Después empieza a oler a quemado. Vemos el pan carbonizado y negro: para poder sacar algo bueno de él tenemos que ir cuchillo en mano. Rasca, rasca, rasca. Y date prisa en untar algo dulce porque sino se pone duro y rancio. Es el momento de echarlo a los patos.

 
Visto uno, vistos todos


Vamos a criticarlos, ellos son el origen de todos nuestros males. Todos los hombres son iguales y, ya se sabe, visto uno, vistos todos.