Rasca, rasca...

Los hombres son como el pan
Al principio son tiernos y crujientes. Se ven inocentes, seguramente por el color clarito que nos dejan ver, además puedes compartir con ellos un buen fogonazo.
Poco a poco el pan se tuesta a fuego lento. Su color empieza a tornarse moreno, es cosa de tiempo. ¿Te gusta poco hecho? Esa opción no existe, será cosa de la confianza.
Después empieza a oler a quemado. Vemos el pan carbonizado y negro: para poder sacar algo bueno de él tenemos que ir cuchillo en mano. Rasca, rasca, rasca. Y date prisa en untar algo dulce porque sino se pone duro y rancio. Es el momento de echarlo a los patos.





