...
Solía esquivarte la mirada, o apartarla. Aunque casi siempre terminaba cerrando los ojos. Cuando tú, o tus ausencias, o silencios me hacían daño, o me apretaban mas de la cuenta... cuando ya no tenía ganas de llorar, por cansancio, o falta de tiempo... era lo mas fácil. Trataba de cojer aire, un aire mas fresco, mas limpio, mas suave. Y cálido, y... tierno.
Hoy, ahora, en este instante, tengo ganas de llorar. O de cerrar las manos, y devolverle a la vida ese frágil puñetazo que una vez me dio, hace tiempo, si... mucho tiempo, pero que su dolor, todavia sigue resonando. ¿No lo escuchas?
Se repite una y otra vez esa imagen. Tus ojos, los mios, tus labios, tu voz, un gesto inconcluso, borroso, gastado, roto.
Mi cara, mi piel, marcas, señales, heridas... tal vez.
Quiero detener el tiempo, jugar con él. Intentar que sean las 20:00 de un sabado que ya vivimos, a medias.
Pero con llorar ahora, me conformo. Y sin embargo, no puedo... porque... ¿Y si me vuelven a preguntar? ¿Qué les digo?
¿Te acuerdas?
En una de tus numerosas ausencias, y en una de tus tantas vueltas... un e-mail tuyo descansaba en mi correo. Podrías haberme muchas cosas, explicarme a que venía tu miedo tal vez, o que me extrañaste.
Sin embargo decías que suponías que estaba inmersa en mi hipoteca de la casa, o en el seguro del coche, o quizá con todo... cuentas y mas cuentas. Gastos, obligaciones, responsabilidad, rutina. El día a día...
Pero tú no, tú te conformabas con pensar en mi, que no sabías como lo había echo para instalarme en ti, y quedarme.
Yo tampoco sé como lo hiciste. Romper con todo. Yo... todavía, a veces, no siempre, solo a veces... te echo de menos.
Y hoy... es un día de esos. Donde la rutina, las obligaciones, la hipoteca, y el seguro del coche, no me llenan lo bastante la cabeza, no me mantienen lo bastante ocupad como para olvidarme de que existes, y muho peor... que te conocí.
¿Cuanto tiempo podre ignorar nuesta historia? ¿Cuanto mas podre seguir matando las voces de dentro? Quiero gritar fuerte que te quiero, y que te odio por ello.
Quiero...
Quiero olvidar. Dejame hacerlo, porfavor... dime... dimelo, como se hace. Quiero aprender...
Hoy, ahora, en este instante, tengo ganas de llorar. O de cerrar las manos, y devolverle a la vida ese frágil puñetazo que una vez me dio, hace tiempo, si... mucho tiempo, pero que su dolor, todavia sigue resonando. ¿No lo escuchas?
Se repite una y otra vez esa imagen. Tus ojos, los mios, tus labios, tu voz, un gesto inconcluso, borroso, gastado, roto.
Mi cara, mi piel, marcas, señales, heridas... tal vez.
Quiero detener el tiempo, jugar con él. Intentar que sean las 20:00 de un sabado que ya vivimos, a medias.
Pero con llorar ahora, me conformo. Y sin embargo, no puedo... porque... ¿Y si me vuelven a preguntar? ¿Qué les digo?
¿Te acuerdas?
En una de tus numerosas ausencias, y en una de tus tantas vueltas... un e-mail tuyo descansaba en mi correo. Podrías haberme muchas cosas, explicarme a que venía tu miedo tal vez, o que me extrañaste.
Sin embargo decías que suponías que estaba inmersa en mi hipoteca de la casa, o en el seguro del coche, o quizá con todo... cuentas y mas cuentas. Gastos, obligaciones, responsabilidad, rutina. El día a día...
Pero tú no, tú te conformabas con pensar en mi, que no sabías como lo había echo para instalarme en ti, y quedarme.
Yo tampoco sé como lo hiciste. Romper con todo. Yo... todavía, a veces, no siempre, solo a veces... te echo de menos.
Y hoy... es un día de esos. Donde la rutina, las obligaciones, la hipoteca, y el seguro del coche, no me llenan lo bastante la cabeza, no me mantienen lo bastante ocupad como para olvidarme de que existes, y muho peor... que te conocí.
¿Cuanto tiempo podre ignorar nuesta historia? ¿Cuanto mas podre seguir matando las voces de dentro? Quiero gritar fuerte que te quiero, y que te odio por ello.
Quiero...
Quiero olvidar. Dejame hacerlo, porfavor... dime... dimelo, como se hace. Quiero aprender...





