Viviendo, que es gerundio
La cabeza es un caballo sin riendas, al que a veces es preciso sujetar
Acerca de
Hablar de uno mismo resulta redundate y aburrido, pero a veces es hasta divertido saber que piensan los demás.
Sindicación
Visitad la web de CHOI (http://blogs.ya.com/saliendodemimundo) Además de tierna ¡¡¡ DIVERTIDA !!!
 
Divagaciones de un ente invadido (intente leerse sin respirar)
Hoy voy dejando un reguerito tras de mí, una sustancia extraña, viscosa, más propia, creo yo, de caracoles y babosas que de un ser humano, por muy cascado que esté, y este lo está y mucho, y aunque me siento bastante aplastado contra mi propio cuerpo he decidido, o será la fiebre la que me impulsa a ello, encender este loco cacharro, al que no recuerdo quien tuvo la feliz idea de llamar ordenador, y darme un garbeo por aquí acompañado de estos virus modernos que tengo alojados dentro, chupando de mí en sus múltiples existencias clónicas, vaciándome de los pocos nutrientes que me van quedando, tanto así que ni con aspiridoles y otras diversas sustancias de la farmacopea, tanto oficial como tradicional, consigo quitarme de encima este trancazo que me hace moquear y me deja convertido en un ser gangoso y medio sordo al que le cuesta hacerse comprender y asimilar lo que apenas percibe porque, eso sí, innumerables vacunas y medicamentos de todo tipo con las más diversas aplicaciones, los más asombrosos transplantes y operaciones de toda índole, tratamientos para la hipertensión y la hiperglucemia, avances en los tratamientos de diversas dolencias psiquiátricas, incluso muchos, ¡pero que muchos, eh!, cacharros en el espacio, vamos, mucha ciencia, mucha técnica, mucho de todo pero al final resulta que una mierdecilla de virus diminuto, que lo único que sabe hacer bien es auto clonarse y mutar de vez en cuando porque le parece que no tiene bastante con poder infectar a medio planeta y se le ocurre que tiene que intentarlo con la otra mitad, me pone en jaque y me deja unos días replanteándome si es conveniente o no para mi seguridad personal abandonar la cama en un estado que me permite apenas llenar un vasito de leche y encender el microondas para calentarlo y darle así un pequeño, por lo efímero que no por lo agradable, alivio a mi sufrida garganta que ya no tiene fuerzas para llamar a alguno de mis congéneres para que me ayude a paliar esta adversidad que se impone a la que, por otra parte ya es en mí habitual, costumbre de transmitir por esta vía novedosa mis avatares a quien quiera y pueda aguantarlos, además de pasear por otros mundos, como los llama la buena de Choi, e ir descubriendo cosas que pueden ser comunes a muchos e indiferentes a casi nadie, que parece que esta vida es agria pero siempre se encuentran almas con la que compartir el camino, con las que seguir viviendo... que es gerundio.

 
Hoy no podía dormir...
Hoy no podía dormir... llevaba horas dando tumbos en cama como un adolescente en pleno celo. Estas cosas no deberían pasar a mi edad, ya no está uno para "matar" instintos con una buena juerga. Pero que se le va a hacer... la naturaleza toma caminos insospechados. Así que me he puesto una tilita bien cargada y he encendido el ordenador... este es el resultado:


Me he descubierto soñando
escalar
los riscos de tu espalda
para alcanzar
la cima de tu cuello.
Y rodear después
el bosque de tu pelo
para alcanzar
la sima cálida de tu boca
y perderme en ella
mientras me veo,
atónito,
en las aguas de tus ojos.

Me he descubierto soñando
pasear
las colinas de tu pecho
para alcanzar
el valle de tu cuello.
Y rodear después
el río de tu escote
para alcanzar
las aras cálidas de tus pezones
y consagrarme en ellos
mientras los veo,
enhiestos,
temblar entre mis dedos.

Me he descubierto soñando
escalar
las curvas de tus tobillos
para alcanzar
los valles de tus rodillas.
Y rodear después
los troncos de tus muslos
para alcanzar
el desfiladero de tus nalgas
y acurrucarme en él
mientras te siento,
jadeante,
responder a mis travesías.

Me he descubierto soñando
pasear
las fallas de tus ijares
para alcanzar
las humedades de tu sexo.
Y rodear después
los pliegues de sus simas
para alcanzar
el abismo de tu entrepierna
y sumergirme en él
mientras, fundidos ya en uno,
exultantes,
estallamos en una sinfonía.


y eso que preparé tila, que si llega a ser café...

 
Será eso...
Hoy quisiera hablar un poco de lo que nos rodea, de este entorno en que nos movemos día a día. Pero no tanto desde lo cercano, lo cotidiano sino desde lo general. La verdad es que me hizo saltar un cable descubrir en un periódico algo que presentan como un provervio chino, a saber: Si nadie te envidia es que eres un desgraciado.

Esta frase, o provervio o lo que resultare ser, revolvió algo dentro de mí, algo primitivo y extraño, pero casi una norma dentro de mi vida ¿no puede uno, entonces, ser discreto sin ser un desgraciado? Francamente yo opino que sí... he tenido muy buenos tiempos a lo largo de mi vida sin necesidad de ir "deslumbrando" a nadie subido en un Lamborghini rodeado de mazizorras de película de serie B.

La segunda parte de mi proceso reflexivo me llevó un poco más allá, a la que es posible sea la explicación de la actitud de mucha gente a la hora de comportarse, a ese deseo de destacar, de sentirse envidiado, deseado o incluso odiado por estar ahí. Ese afán que lleva a mucha gente a meterse en el mundillo del famoseo por las vías más variopintas, algunas incluso rayando con lo ilegal, cuando no absolutamente reprochables. Ya no hablemos de frikies y otros inventos diversos...

Y aunque eso quizás fuese comprensible en personas mediocres que, precisamente por ello, no encuentran otros medios para sobresalir del montón y tener sus quince minutos de fama, lo que no logro entender es como personas (si es que se las puede denominar así, visto lo visto) aparentemente válidas, capaces e incluso destacadas en sus disciplinas caen tambien en ese deseo de ser vistos, de mostrarse más allá de lo que sus actividades normales les permitirían. Quizás sea que en el fondo todos tienen un secreto deseo de figurar, como las folklóricas en su momento, en grandes cartelones pegados por las calles.

Sé que es un final simplista y poco elaborado... pero viendo algunos retales de lo que ocurre en el congreso de diputados, he llegado a la conclusión de que no es que seamos un país de aspirantes a folklóricas (con todos mis respetos para algun@s de ell@s) sino que somos un país de verduleras, de gentes simplonas de chiste facil y poco seso que por toda solución a una riña recurrimos al insulto y vituperio público del contrario, sin aportar nada más que ruido a un creciente malestar general.

¿O será que nuestros mandamases, temiendo que despertemos de nuestro sopor y decubramos que son todos del mismo pelaje, aplican aquella máxima romana de "al pueblo pan y circo"? Será eso...

 
sí, la que mató al gato
Esta madrugada he sido víctima de mi curiosidad.

Estaba hablando con alguien a quien quiero mucho y derivé la conversación hacia una experiencia suya por pura curiosidad, no sé, por puro ánimo de saber que había pasado, que estaba pasando y que podría pasar. Me planteaba incluso darle forma (a mi torpe manera) y haberlo puesto aqui, tonterías mías.

Sin embargo, sin pretenderlo, le hice ver que cometía un error. Y la conversación se ha convertido en un galimatías que a estas horas ya no me veo capaz de desentrañar, entre reproches y sentimientos muy fuertes que pugnaban por salir.

Esa persona me ha proporcionado la mayoría de los pocos momentos felices que he tenido en estos dos últimos años y he abusado de su confianza intentando escudriñar entre sus cosas.

Con el tiempo y mi burbuja creo que me he ido convirtiendo en alguien destructivo, que sólo va por ahí incordiando a los demás, metiendo sus sucias narizotas donde no debe.

Y estoy abusando de la vuestra al volcar mis frustraciones aquí, mis disculpas, pero he de seguir haciéndolo. Necesito vaciar un poco mis maletas para seguir viaje.

 
Niebla y lluvia
El pueblo amanece cubierto de niebla. Veo el cielo por la ventana del techo. Llueve. Esa lluvia fina de montaña que parece parte de la niebla y crees que no moja, sin embargo te cala hasta los huesos. Duerme. O finge dormir.

- Bueenooos díaaas, ¿duermes? – le canturreo mientras la beso una mejilla.
- rrrrmmmm.
- Desayuno –pienso, desde mis más primitivos instintos. Me visto en silencio. Como intentando no despertar a alguien dormido.

Estamos en una casita vieja restaurada con un gusto un tanto peculiar, entre lo rústico y llamativos colores de moda, entre muebles nuevos que parecen viejos y trastos recuperados de lo más variopinto. Con una chimenea de piedra en una esquina del salón que no consigue calentar toda la casa. La cocina está en la planta baja.

Mientras preparo tostadas y fruta me voy despejando. Cuando me siento frente a la ventana veo como la niebla va dejando asomar un tímido sol que apenas calienta.
Se me ponen de punta los pelos de la nuca al coger la taza de café caliente... – mrmrmrmmmm, ronroneo apoyándome en la ventana para ver el patio. El suelo está aún húmedo de la noche fría, pero con la niebla no ha helado y está dejando de llover. El otoño hace del paisaje algo irreal, entre rojizos y verdes, tras un velo blanco. Decido salir a dar un paseo. Subo con otro café. Sigue encogida en posición fetal.

- ¿Un cafecito?
- rrrrmmmm.

Al dejar el café en la mesilla se revuelve, dándome la espalda. No sabe fingir que duerme.
Me pongo las botas y una buena pelliza. No hay nada como un buen paseo por el monte para sacarse el frío de los lomos. Al bajar me acuerdo y regreso por mi navaja, siempre me gusta llevar una navaja al campo, tallar cositas en madera es muy entretenido mientras te arrullan los sonidos del entorno.

- rrrrmmmm.
- Ya te dejo dormir, ya.

Me enfado, meto la navaja en el bolsillo y salgo de casa con ganas de zarandearla por los hombros y decirle:
- Debes creer que soy idiota, seguro que llevas más de dos horas dándole vueltas a la cabeza sin salir de cama – Pero me lo como... “es mejor no discutir. Sólo espero que no sea tan tonta como para dejar enfriar el café.”

Le cuesta horrores salir a pasear conmigo, pero después va diciendo por ahí que le encantan estos fines de semana en el campo... mujeres... a veces me dan ganas de meterla en un saco y llevársela a su madre... “Ahí la tienes, cuando quieras os pasáis a recoger sus cosas.” Hacen falta dos para bailar un tango... y aquí no hay ni orquesta.

Salgo del patio y me subo por el camino a la parte alta del pueblo. Es casi todo ruina, ya no quedan vecinos... sólo unas cuantas casas restauradas que se usan poco y un hostal de turismo rural a cuyos dueños intento evitar cuando vengo. Cambio de idea a mitad de camino y salgo del pueblo por camino entre robles y castaños. Aminoro el paso, me detengo a echar un pitillo mientras veo a una ardilla luchar con un erizo aún verde para sacarle una castaña y salir pitando con ella a saber dios a que hueco. “Pena de cámara... tenía que haberme traído el equipo. Bueno, otra vez será”.
El día está húmedo y frío... pero en el aire se respira el quehacer febril de mil criaturas preparando un invierno próximo. Me salto un muro y recojo un puñado de castañas. “Ya no hay ni quien se preocupe de esto.” Pienso mientras me acuerdo de la higuera que había en lo alto del pueblo. “Igual le queda algo todavía... después regreso por arriba”.

Camino a buen paso hasta llegar al bosque de junto al río. El agua baja ruidosa, entre piedras, dando tumbos y haciendo espumas que me dejan absorto hasta que me despierta un pajarillo. Esta parte del monte está preciosa, entre hojas verdes aún y otras ya rojizas. ¿Quién dice que el otoño no es bello? No seré yo. Me doy la vuelta y subo ladera arriba hasta alcanzar con la vista el pueblo, monte a través, entre brezos y retamas, tojos y piedras. Un conejo sale pitando delante de mí como perseguido por el mismísimo Belcebú, "pobre, menudo susto se ha llevado".

Me siento, cansado, han sido unas dos horas de caminata... “a ver si me como las castañas”. Están muy verdes aún, pero me gustan así, que corten los dientes. Entonces me vuelvo a acordar de los higos y me pongo en marcha. No tardo en llegar a la higuera grande. Todavía quedan... hinchados como pelotas por el exceso de humedad, pero dulces como la miel. Me subo, “con cuidado, niño, que está todo mojado” pienso mientras se me resbala un pie. Me afianzo de nuevo y empiezo a comer con calma, disfrutando cada uno apoyado contra el tronco y viendo entre las hojas todo el valle hasta el río.

Harto ya, tomo el camino de regreso a casa y se me desboca la mente... “esto no puede seguir así... jamás viene conmigo, ni le importa siquiera si estoy o no. O si le importa lo disimula muy bien, que no sé que es peor. Todo son discusiones, desencuentros, no hay un “hecho común”, de hecho, creo que ya ni está cómoda conmigo en la misma cama.”

- ¿Pero dónde has estado? ¿Dónde te metes? – me suelta al verme entrar levantando la cabeza de un libro.
- Sólo he ido a dar un paseo.
- ¿Un paseo? ¡Pero si llevas toda la mañana fuera!
- Sí, un paseo... voy a cambiarme y bajo a comer.
- A comer, sí... – me espeta con un rintintín que me pone alerta "esta quiere bronca".

Nota: Aquella tarde llovió de nuevo pero volví a la vieja higuera a merendar. Aquella tarde, calado hasta el tuétano, ya de regreso a casa, decidí acabar com mi matrimonio.
 
un refran... de momento
Hoy un refran... de momento

Guarda de la risa
para oto lloro,
que viene aprisa.


A veces, nada mejor que recurrir a los buenos viejos recuerdos.

 
... ya tardaba

Lloran, cerrando cada noche, las estrellas
y caigo, desde un sueño febril, al abismo.
Tras ese ocaso me aferro a tu imagen, mi bella,
en vano intento de seguir siendo yo mismo.

---------x---------

Amanece, que no es poco, te sueño.
Mas en la luz que surge del horizonte
no quedan ni siquiera aquellos sueños
tan solo, del recuerdo, vagos fulgores,
una juventud de la que no fui dueño.



Se me rompió el alma otra vez... ya tardaba
 
Paseando...
Paseando por ahí andaya me inspiró esto:

Esa tu mente te engaña
cuando dice no sentir
el calor de la mañana,
la posibilidad de vivir.

Sólo toma la simiente
de los huecos de tu memoria
y no dejes más girar la noria,
esa loca que no siente.
 
Cable Roto
Creo que quien ha tenido la gentileza de curiosear aquí se merece una explicación, la razón de ser de este blog.
La obviedad de lo que voy a decir espero que no moleste a nadie... y el que se moleste pues... que se lo pasee :-D
En serio, no pretendo tomar a quien lea esto por tonto, sino razonarme, ante una pregunta, el porqué me he decidido a publicar estas cosas.

Me impulsa a hacer esto encontrar un apoyo que no me esperaba, gente anónima que entra, lee y empuja para adelante, gracias, es algo que realmente necesito. La verdad es que este mundillo de los blogs cada vez me llama más, a ver si consigo no dejarme vencer por la pereza.

El deseo vehemente de contar lo que me desborda (que a veces igual son verdaderas tonterías o desvaríos, de ahí el subtítulo de la página) es esa razón de ser que comentaba. No tanto el hablar de uno mismo sino ver la respuesta de los demás, aprender, en definitiva (de ahí la descripción de mí mismo). Estoy metido en una burbuja, aislado, de la que necesito salir, sino me voy a ahogar dentro. Soy una especie de barco-burbuja a la deriva, que necesita, anclar, reparar esos cabestrantes rotos y así poder seguir con su carga (de ahí el nick).

Y después de lo publicado esto quizás debiera llamarse “Recordando, que es gerundio”, pero intentaré no darme ese lujo ¿me estaré volviendo viejo o me vence otra vez la melancolía?

Siempre he sido un ser melancólico, poco esperanzado, demasiado soñador, sí, eso es... podría definírseme como un soñador desilusionado y la verdad es que ya tengo edad para poner los pies en la tierra... pero bueno, sigamos... viviendo, que es gerundio.
 
Algo queda
Los tiempos cambian, las gentes mudan de costumbres y la historia va dejando atrás modas y personajes. Por supuesto que no es una reflexión nueva, pero sí muy actual.

Recuerdo de niño lo que era vivir en un pueblo. Sí, de esos pueblos recios de montaña, donde todo el mundo se conoce y los viejos saben más de tu familia que tú mismo ¡¡¡horror!!! ¡mi privacidad, por favor!. Donde cualquiera le echaba una mano a otro sin importar demasiado quien fuese.

Ahora esas relaciones se pierden, muchas veces no conoces a los vecinos de tu escalera o ni te tratas con la gente de la casa de al lado. Triste, pero tan cierto como que la vorágine de los tiempos que nos toca vivir nos está consumiendo demasiado tiempo, tiempo que debería ser para nosotros, para nuestras relaciones personales.
Ya no hay un sentimiento de vecindad, esa relación extraña entre la camaradería y el cotilleo... y nos hemos hecho impermeables a lo que ocurre a nuestro alrededor. No hablemos de echarle una mano a un extraño... pocas veces nos atrevemos. Sin embargo algo queda...

Hace ya un par de días, estaba buscando aparcamiento en una zona ORA de la ciudad.
Una vuelta y otra, empeñado en no meter el coche en un parking (además de estar llenos salen por un pico y no estaba yo por la labor).
Al cabo de no recuerdo ya cuantas vueltas ¡¡leches!! ¡¡niño, que te lo pasas!! Ahí estaba el hueco ansiado... como para mi carcacha y medio coche más.
Hala, frena, para, maniobra, frena, para, maniobra... uuffffffff (sí, uno no conduce demasiado mal, pero lo de aparcar, lo que se dice aparcar... bueno, que aparco).
Me bajo del coche y me pongo a buscar el dichoso parkimetro donde pagarle al ayuntamiento una sobretasa por circulación de vehículos (creo recordar que tambien se paga algo así como el IVTM, que debería cubrir semejantes cosas, pero bueno, este es otro asunto). Al final localizo el trasto ese calle abajo y me acerco para sacar mi ticket.
Lo normal, dos personas delante en la misma labor. Y la puñetera maquinita que se empeñaba en no querer las dichosas moneditas estas nuevas que han sacado con lo del euro. Bueno, paciencia.
Consigue uno que le de su ticket y el otro se pone en faena... que una monedita, que otra, que no, que no quiere, que suelta todo pafuera.
Hasta que logra el buen hombre su papelito.
Mi turno. Paciencia, que hoy está tontito el aparato (me digo, mientras empiezo a ponerle monedas). Pero no, no iba a ser yo distinto, hale, echele usted ganas, que esta tanda no me sirve.
Estoy recogiendo mi calderilla cuando veo que se para un coche a mi altura y una chica asoma la cabeza por la ventanilla "¡Eh, oye!" Me giro, sí, me habla a mí (es guapa, la moza, me digo) "Si, un segundo" le digo mientras recojo mi última moneda. En eso abre la puerta, sale disparada del cohe hacia mi, (¡coñopasaqui! yo no produzco ese efecto en una mujer) y me alarga la mano con un papelito "Ten, que yo me voy ya" (no, seguro que no la conozco) mientras cojo el papelito y balbuceo un "Gracias" a la vez que ella vuelve como un cohete a su coche y arranca calle arriba a toda prisa.
Me quedé con cara de tonto sobre la acera, con una sonrisa de oreja a oreja viendo un ticket de aparcamiento con dos horas por delante y pensando... algo queda, en este mundo loco, algo queda.
 
Sólo quería dormir un rato
Era tarde, estaba cansado y quería dormir un rato. De pronto se encendió la luz y alguien entró.
Me quedé con la boca abierta.
Así, sin más, vino y se me sentó encima. Tan tranquilo como si fuese su butacón preferido, sin ni tan siquiera saludar, ¡como si uno fuese un mueble cualquiera!
Me quedé dudando entre darle un buen porrazo en los lomos o directamente estornudarle en el ojo.
Entretanto yo me decidía aún tuvo la osadía de acomodarse, apoyándose, dejando caer todo su peso sobre mí. Repantigándose después como si ya hubiese encontrado la postura adecuada.
Comencé a sentir su calor, su transpiración... Aquello ya me estaba sacando de mis casillas, se me estaba empezando a aflojar alguna que otra tuerca y me temía una de mis reacciones más viscerales, descontrolada.
Entonces comenzó de nuevo. Parecía algo mecánico, como si aquello lo hiciese cada día, incluso como si conociese mi posible reacción. Sujetándose, con un nuevo esfuerzo, volvió a dejarse caer sobre mí, relajándose otra vez.
Y aquel olor... aquel chico no se yo de donde salía, pero oler, juro que olía a pura cloaca.
Dejó caer algo sobre mí... viscoso, como salido de las entrañas de un ser inmundo.
Se revolvió aún un poco más. Como si quisiera acabar de provocarme.
De pronto se levantó, me tiró unos papeles encima y me miró con todo descaro, retador. Hizo una mueca de asco y se fue.
Así, sin más, apagó la luz y salió cerrando la puerta tras de sí.
Me quedé pensando, con la boca aún abierta.
Me imaginé que sería una visita puesto que no es de la familia, ya tuve oportunidad de conocerlos a todos. Sin ninguna duda alguna los señores tratan con alguna gente que carecen absolutamente de modales.
Tardé en dormirme, no conseguía quitarme la sensación te tenerlo todavía encima y el olor... aquel olor a cloaca. Era una pena que se hubiese terminado el ambientador.
Además, desde la reforma del baño de la planta baja no acabo de aclararme. No acabo de estar seguro de donde estoy y además ya era tarde, estaba cansado y quería dormir un rato.
Esta mañana me enteré de todo. Se lo contaba al señor la señora mientras se duchaba en el baño de arriba. Resulta que anoche vino el hijo mayor, el que está en la universidad.
¡El de ayer era Borjamari! Pues a ver si su señora madre le hace algunos cambios en la dieta, que por ahí comen cada cosa...

P.D.: Sí, los vips también cagan, a pesar de las dudas de ardelia ¡pero en que retretes!
 
Amanece tras la batalla
El sol de la mañana prometía un día tranquilo. Ya amanecía y estábamos exhaustos, pero felices. Vencidos por ese sopor rancio que sigue a cualquier batalla, entre sudor y caos, recuerdos y anhelos.
Yacíamos derrumbados por el esfuerzo, casi inertes, enredadas las ropas y los cuerpos. La lejanía de aquel lugar y estar juntos nos daba una seguridad esperanzadora.
La ciudad también despertaba, lenta, perezosa. Las gentes parecían salir de un letargo extraño. Algún coche que otro roncaba por la avenida.
Para muchos era un domingo cualquiera pero nosotros habíamos estado luchando contra nuestros fantasmas y nuestros cuerpos, en una lucha que nos ocupó gran parte de la noche. Vencimos.
Dormías con la tranquilidad de quien se siente seguro, tranquilo. Yo te observaba, admirando tu fuerza, tu carisma y recordándote decir que sólo eres una persona normal, nadie especial. Pensando “¡Y una leche! No todo el mundo es capaz de mantener una familia sin pareja y tirar para adelante, seguir luchando, logrando, convenciendo...”.
Ahora yacías a mi lado, respirando suave, relajadamente, recuperando fuerzas. Y me incliné sobre ti, besé tu frente mientras subía desde mis ijares un calor renovado, vivificador, que removía todo mi ser.
Mi mano bajó sobre tu torso desnudo, tus caderas y me enredé en el suave vello de tu ángulo pernal mientras te escuchaba gemir en mi oreja. Despertaste...

P.D.: A la MUJER (sí, así, en mayúsculas) que compartió conmigo aquel amanecer en La Habana, en la certeza de que lo recuerda tan vívidamente como yo.
 
Un recuerdo reciente
Aquel viejo desdentado gruñía a cuanto bicho viviente se le acercaba. Daba lo mismo que fuese su hija a hacerle una carantoña, que una enfermera a cambiarle los pañales cagados... era siempre el mismo bufido, un gruñido aspero, ronco, amenazante...
Aquel hombre estaba cansado de vivir, no de la gente. Era sólo que ya no tenía fuerzas ni para decirlo.
A veces parecía que imploraba con la mirada un poco de ayuda que acabase con sus miserias.
Otras luchaba con correas y cateteres, con sábanas y sondas, los ojos desorbitados, las manos crispadas... hasta que una efermera venía y le relajaba de una forma contundente, casi brutal, que lo dejaba sumido en un pozo profundo, probablemente lleno de recuerdos lejanos y borrosos.
Cuando se le caía la mascarilla de oxígeno luchaba por ponérsela con movimientos torpes, casi convulsivos, como aferrándose a una vida que no deseaba vivir. Entonces surgía una mano extraña que le recolocaba aquel trasto incómodo y gruñía, bufaba como un animal acorralado y herido.
Aquel viejo agonizó de madrugada, aferrado a mi mano, como un náufrago desesperado se agarra a cualquier cosa que flote entorno suyo.
Nunca supe su nombre, ni el de su hija, una mujer de su casa de estatura media y regordeta que aparecía por allí un par de veces al día, siempre solícita pero inquieta, con esa prisa de la mujer-madre que no tiene tiempo de atenderlo todo, que no alcanza a comprender porqué la vida la castiga otra vez con un trabajo más que atender. Pero llegaron a ser familiares, cotidianos, esos desconocidos que a veces le acompañan a uno en un momento dificil.
Sólo espero que lo último que vió no fuese una cara desconocida que no supo como darle mejor consuelo que una mano.
 
Para caminar hay que dar un primer paso
Además de agradecer a una buena amiga el último impulso necesario para crear este blog.