Viviendo, que es gerundio
La cabeza es un caballo sin riendas, al que a veces es preciso sujetar
Acerca de
Hablar de uno mismo resulta redundate y aburrido, pero a veces es hasta divertido saber que piensan los demás.
Sindicación
Visitad la web de CHOI (http://blogs.ya.com/saliendodemimundo) Además de tierna ¡¡¡ DIVERTIDA !!!
 
El poeta optimista
Hoy traigo algo aquí que quisiera fuese mi bandera en este año que entra:


NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros "poetas muertos",
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas ...


Autor: Walt Whitman (1819-1892)

 
Espíritu navideño
Hoy traigo aquí una de esas historias de reencuentros de navidad, de las que nos hacen saborear la vida, aunque sea con un lindo recuerdo, pero vaya por delante para todos los que paseáis por aquí mi deseo de un año entrante lleno de ventura y buenos momentos.

Nunca he podido decir que sea un adonis ni que posea un don especial con la palabra, pero he sido afortunado: he amado y me han amado, al menos en lo que he sido consciente. Es todo un logro en este mundo loco... toda una fortuna en la memoria.

No siempre han sido amores correspondidos, recíprocos, pero, en general, he de decir que conservo buen trato con mis antiguas parejas, al menos con las que conservo relación, porque, obviamente, el tiempo nos ha ido dispersando mucho y lo más normal es que no nos veamos en años y también hay excepciones, sino sería yo algo fuera de lo corriente.

Estoy hablando como un viejo, quizás no lo sea tanto, pero, cerca ya de los cuarenta, puedo tomarme la libertad de, algunas veces, sentirme cansado y reposar sobre la memoria unos instantes para recobrar la cordura que nos roban las prisas de esta era.

Hoy estoy recordando la primera “novia” que he tenido en mi vida, una zagalilla de mi edad que me deslumbró, y creo que yo a ella, con apenas doce añitos... estuvimos agarraditos de la mano todo un mes, absolutamente tierno. Era salir de casa, encontrarnos, y cogernos de la mano. Aquel verano fue una orgía de paseos y risas. ¡Bendita inocencia!

¿Hoy tienes ganas de ir al río? Pues sí... y allá que nos íbamos los dos solitos a pasear entre sombras escuchando pajaritos y contándonos las aventuras y desventuras del colegio durante el invierno pasado. Cuando no se nos daba por subir hasta el final del pueblo y recorrer el camino del monte que llevaba hasta el comunal. Hay allí un par de lápidas de dos zagales de tiempos de mis tatarabuelos, que se habían matado por una moza. Nos contábamos detalles de la historia que no conocíamos y nos preguntábamos cómo se puede llegar a hacer una locura semejante. O la convencía para ir a cazar renacuajos. O me persuadía para organizar una especie de jardincillo bajo un roble con cuanta florecilla y helecho nos íbamos encontrando. A veces nos íbamos en bici hasta el pueblo vecino, que por entonces no tenía un alma, y nos dábamos una empachada de manzanas verdes.

Somos originarios los dos del mismo pueblo, una aldehuela de montaña en la que pasábamos los veranos de niños. Y ese fue nuestro último veranos juntos. No quiero recordar la tragedia que la alejó tantos años de ese entorno, pero el caso es que cuando volvimos a vernos, unos años más tarde, estaba casada con alguien a quien yo también conozco y aprecio. Nos seguimos llevando bien, sigue habiendo un guiño cómplice de vez en cuando en nuestras miradas que nos hace seguir cogidos de la mano.

Ayer la he visto después de algunos años sin contacto, han venido a pasar las fiestas a casa de su madre. Sigue siendo preciosa, al menos a mis ojos. Iba acompañada de una mocita de unos veinte años, idéntica a su madre. Me dio casi miedo darle un par de besos para saludarla, me dio miedo tomarle la mano mientras lo hacía y un instante después, al disculparse e irse en pos de gente de su época que rondaba por allí, me dio miedo escuchar su voz. Su madre se dio cuenta, me tomó de la mano y me dijo “Crecen muy deprisa, ¿verdad?” “Sí, cielo, está preciosa”, acerté a responderle rojo como un tomate. Sólo espero que su padre, mi amigo, estuviese tan distraído como creo.

 
Perderse
A veces hecho de menos los madriles. Sí, salí de allí harto de ciudad, ruidos, tráfico y otros excesos varios, obviando una serie de asuntillos laborales relacionados con lo que ahora les ha dado por llamar mobing ó mobbing, que hoy no tengo claro como se escribe, y escogí volver al terruño, cambiar de actividad e intentar llevar una existencia un poco más serena.

Pero, sí, a veces hecho de menos los madriles, dicho así, en plural, que no sólo es la capital de este reino de taifas nuestro, sino sus alrededores, de hecho, nunca he llegado a vivir exactamente en Madrid ciudad. Pero hay momentos que añoro la posibilidad de perderme entre la gente, deambular por calles conocidas rodeado de absolutos desconocidos que se ignoran entre sí... en el fondo es eso lo que echo de menos... esa paz que da el anonimato más absoluto de una ciudad.

A veces hecho de menos los madriles. El bullir de sus calles, los cines, los teatros, los garitos de copas... o pasear por Castellana un domingo de madrugada, cuando ni los gatos se asoman, con toda la avenida para recorrerla despacito y sin presión, como si fuese una ciudad fantasma.

Estos días tendría que haberme ido de aquí, perderme en el bullicio de las compras navideñas, el trajín del tráfico y los vecinos desconocidos.

 
A veces me pierdo
Llevo unos días metidito en mi burbuja... observando el entorno con un poco de aprehensión. Desde dentro todo se magnifica, se vuelve inmanejable, amenazador. Debe ser el efecto lente, o el tiempo que hace que no limpio los cristales, que en una de esas, ese va a ser el problema, que no veo con claridad.

Es un proceso en el que estoy metido desde hace años, demasiados, y del que no consigo salir, solamente asomarme de vez en cuando un poquito al exterior para volver a encogerme dentro, más apretado si cabe.

Encerrado en mi burbuja me he ido aislando cada vez más, vaciándome de todo, sin apenas tener contacto con nadie. Obviamente, es algo muy complicado de hacer, está mi señor padre viviendo muy cerca, hay conocidos en la calle..., en definitiva, que vivo en un villorrio pequeñito donde muchos nos conocemos de toda la vida y aún así me he incomunicado de casi todo y todos.

Con el tiempo me he ido convirtiendo en un ser huraño y bloqueado, no ajeno al entorno pero que no interactúa con él. La verdad es que estos últimos años me he llevado tantos palos que estoy un poco harto de vivir y me he ido convirtiendo en una bolsa vacía... bueno, mejor dicho, llena de recuerdos.

Casi todo trato social me resulta asfixiante y mis, ya de por sí, escasas relaciones han ido, no huyendo, pero sí dejándome, lógicamente, a un lado. Me cuesta hasta dibujar una sonrisa cuando me encuentro con alguien conocido y no hallo ningún placer en salir a la calle o, simplemente, pasear por ahí. Ya no veo el lado bueno de las cosas, no es que vea la botella medio vacía, simplemente no veo la botella.

Es necesario que salga o de lo contrario es muy posible que me acabe ahogando en mis propios malos humores, aquí creo que no hay respiraderos. Sin embargo no tengo fuerza, me siento viejo y vacío, incapaz de retomar las riendas de mi vida. Es una sensación frustrante, opresiva, que no conduce a nada y me lleva a un estado de inactividad rayano en lo grotesco.

Sólo espero no perder la ilusión que me queda por pasear por estos mundos y seguir... viviendo, que es gerundio.

 
¿Sirvió para algo?
Esta madrugada me siento extraño y no es que tema al dentista (esta tarde me harán una endodoncia), no es eso... Tengo un sentimiento tremendo de vergüenza. No como persona, no tengo nada de que avergonzarme, salvo los pecadillos que todos cometemos día a día. Verbigracia: llenarme la boca de nata como un colegial y saborearla mientras se deshace en mi boca.

Es algo mucho más duro, es sentirme avergonzado de mi pais. Sí, hablo de este suelo nuestro que tanto decimos que nos gusta pero que no sabemos defender como corresponde. Y me explico. No me avergüenzan las gentes de a pie, con las que nos tropezamos dia a dia, para nada, salvo pocas excepciones somos buena gente, solidarios cuando hace falta, únicos en el mundo para una buena juerga.

Lo que me avergüenza es la clase política de este país. Son una banda de malandrines que lo único que saben hacer es tirarse los trastos a la cabeza como verduleras y no hacer nada por resolver las cosas.

Y lo más triste de todo es que ha tenido que ir a decírselo a toda esta banda, no un filósofo renombrado, ni un erudito que haya tenido que pasarse la vida pergueñando una argumentación, ni un juez en su sabiduría... se lo ha ido a decir una madre que perdió un hijo en una explosión en Madrid. Y me da igual la fecha de la explosión y el hijodesuputamadre que puso la bomba. Eso no es lo que importa.

Lo que importa, señores que se dicen representantes de un pueblo y que nos están avergonzando ante el mundo con sus miserias esparcidas como mierda y dan una imagen de este pais francamente penosa y para nada real, lo que importa, y acabo, es que deberían ustedes no disculparse, como algunos intentaron sin atreverse a hacerlo realmente y quedandose, como siempre, en las medias tintas, sino que se vayan ustedes a su casa, que para lo que se ve que son capaces, si sus mujeres y/o maridos le dejan, es para ensuciar retretes, que ni siquiera limpiarlos. Penoso.

P.D. Gracias a Sefarad por darme, sin pretenderlo, una idea de como descargar la frustración que me encoge hoy el alma.

 
Un coche en la noche
Tus manos, febriles a cada nueva embestida, se aferran al volante queriendo sujetar unos caballos que se desbocan.

Tus pies, tropezando, parecen buscar en los pedales una firmeza que no alcanza a dar el suelo.

Tu torso se encorva con el esfuerzo intentando dar sitio a unos pulmones que buscan, con denuedo, aire a bocanadas.

Tus piernas tensas, los brazos inquietos.

Mis ojos apenas te alcanzan a ver, escudriñan un camino que conocen aunque hoy les resulta nuevo.

Mi nariz ventea afanosa mientras mi boca intenta hacer su labor.
Tiemblas.
Tus manos se aferran a mi cabello.
Me agarro al freno de mano.
Un grito y todo acaba, de momento.
Mi lengua sigue en su empeño.
Te tensas, suspiras, exhalas.
Y, sólo entonces, me detengo.
Me yergo de tu regazo.
Te miro.
Te bajo la falda.
Te beso.

 
Galerna
El día 5, paseando con Andaya, se me inspiró esto:

Cuando los vientos impulsan
las velas de nuestra vidas
es preciso guiar, firme,
un timón que nos doblega.

No me gustaba y prometí cambiarlo, promesa es deuda:

Cuando la vida, ese oscuro mar,
rompe todo cable de nuestro barco,
cuando vientos de tormenta destrozar
amenazan el velamen, ya parco,
cuando parece no poderse hallar
auxilio, ni puerto, ni ensenada,
por todo horizonte cielo, ¡o nada!.

¡¡A derrota!! ¡Y firme el gobierno!.
El destino es voluble y recio
mas, ¿dónde quedan miedo y averno
si no hay quebranto ni pecio?
¡¡A derrota!! ¡Y firme el gobierno!.
Que nos va la vida en el empeño,
que sin vida todo es agua, sueño.

 
El martillo de Thor
CLONK, clonk, plic, plic.
CLONK, clonk, plic, plic.
CLONK, clonk, plic, plic. Rebotaba el pesado martillo.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Golpeando con rudeza, sin piedad, como queriendo reventar la base.
CLONK, clonk, plic, plic. Retumbaban los ecos monótonos.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. La oscura caverna parecía derrumbarse con cada golpe de mazo.
CLONK, clonk, plic, plic. El calor ahogaba cada bocanada de aire.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Como si Thor en su fragua forjase una nueva arma para los dioses.
CLONK, clonk, plic, plic. Toda la estructura sentía cada golpe.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Haciendo saltar chispas bajo el martillo con cada golpe.
CLONK, clonk, plic, plic. Cegando con cada destello de luz.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Incesante, subiendo el ritmo, asfixiándolo todo con su energía.
CLONK, clonk, plic, plic. Quebrando con su sonido cada hueco.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Retorciendo todo aquello que lo rodeaba, fragmentándolo.
CLONK, clonk, plic, plic. Perforando las entrañas con encono.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Derrumbando toda resistencia.
CLONK, clonk, plic, plic. Penetrando hasta lo más hondo.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez. Estallando.
CLONK, clonk, plic, plic. Demoliendo.
CLONK, clonk, plic, plic. Reventando.
CLONK, clonk, plic, plic. Una y otra vez.
CLONK, clonk, plic, plic. Y otra.
CLONK, clonk, plic, plic. Y otra.
CLONK, clonk, plic, plic. Y otra.
CLONK, clonk, plic, plic. Y otra.

¡¡¡Esta maldita muela me va a hacer reventar los sesos!!!
 
¿Evolución?
En este mundo loco que nos ha tocado vivir raramente nos damos cuenta, con excepción de unos cuantos investigadores, de otros pocos observadores y algunos curiosos entre los que podemos incluir a los espectadores de documentales, de los grandes desplazamientos que se producen en nuestro entorno, constantes movimientos de grandes masas que vienen o van, algunas impulsadas por la casualidad, otras con destinos muy concretos. A lo largo y ancho de esta bola azul, que unos tienen por casa y otros por basurero sin fondo, el movimiento es constante y necesario para que todo funcione con exactitud, como en una precisa máquina de la más refinada relojería suiza, independientemente que esos cambios los consideremos casuales o los metamos, por incomprensibles, en el saco del caos.

Dejando a un lado las tremendas convulsiones internas del planeta, las corrientes marinas o las veleidades atmosféricas, nos encontramos con que diversos seres realizan singladuras excepcionales por puro instinto, provocado este por eones de evolución en el análisis de las necesidades de supervivencia, recorriendo en sus desplazamientos distancias impresionantes, imposibles para la mayoría de los humanos incluso ayudados por la tecnología. Baste mencionar, como simples ejemplos y sin pretender referir las proezas más esforzadas, las migraciones estacionales de los grandes herbívoros africanos o, por poner un caso extremo, los retornos a los ríos de desove de los salmones.

Sin embargo el humano, aunque animal como el más animal de los irracionales, ha ido evolucionando hacia la comodidad de una vida sedentaria tras aprender a cultivar, a construir refugio y a poseer un territorio que en absoluto le pertenece. Ya son historia antigua, si exceptuamos los que nosotros mismos provocamos por luchas entre individuos de la misma especie ya sean estas luchas territoriales, económicas, ideológicas o, como sucede muy a menudo, simplemente absurdas, los grandes éxodos humanos en busca de un área de sustento.

Hoy en día, al menos en esta sociedad mal llamada moderna, los humanos volvemos a viajar con cierta frecuencia, casi con periodicidades establecidas, y lo hacemos, salvo las consabidas excepciones, por placer. Y me pregunto:
¿Cuál puede ser el placer de hacer el viaje apelotonados como sardinas en los diversos medios de transporte posibles rodeados de gentes con prisas y viendo algunas barbaridades dignas de ser juzgadas en un tribunal?
¿Cuál el placer que encontramos en ir a lugares atestados de gente, a menudo sucios y mal cuidados, donde muchas veces somos tratados como auténticos borregos?
¿Cuál el placer... ?

Y encuentro una de las respuestas posibles:
Hemos vuelto, en un alarde involucionista, a recobrar nuestras ansias por las migraciones masivas estacionales, rodeados de congéneres sudorosos y cansados, con riesgo cierto de morir en el intento, para alcanzar lugares donde acabamos por añorar lo que llamamos hogar o no encontrar el ansiado placer que perseguimos.

Al menos los animales, en su irracional esfuerzo, sí tienen una razón auténtica.
 
creo que voy a buscar el tres en uno...
Francamente la programación ya no es lo mío... me pasé más de once años dedicado a construir aplicaciones de gestión de empresa y ahora no soy capaz de modificar una css con un poco de coherencia. Penoso.

Abandoné la informática (hace ya siete años ¿o son ocho?, j... como pasa el tiempo) para meterme en el sector inmobiliario y he pagado muy caro el abandono de toda herramienta de programación. Por aquellos años para mi la www era una cosa un tanto ajena a lo que necesitaba y mis transmisiones de datos las resolvía via Telnet con más seguridad y rapidez, vamos que me quedé descolgado de este mundillo.

La verdad es que tampoco le he dedicado mucho tiempo, pero me está costando horrores "reengancharme", así que tendré que tener más paciencia y dedicarme un poquito más a ello ¿o será que estoy hecho un viejo oxidado? mmmmmmm creo que voy a buscar el tres en uno...


Escher, perspectivas


 
que no se asuste nadie :-P


que no se asuste nadie :-P sólo voy a intentar darle un poco de forma a esto... a ver si no me lo cargo
 
Reflexiones de un ente post-invadido
Después de veinticuatro horas sin casi salir de cama más que para comer (y para las consiguientes consecuencias del nutrimento, obviamente) lo primero es agradecer a quien pasea por aquí el interés y el cariño mostrados, biquiños.

Entre fiebres y sábanas me he pasado este día y la verdad es que se le pasa a uno de todo por la cabeza, sobre todo cuando se transita por esos caminos tan propios de la calentura en los que las cosas discurren por la mente como a cámara lenta como si botase entre algodones suaves y en cada salto, despacito, pudiese uno alcanzar las estrellas con la mano.

De esos delirios semiconscientes quedan ahora imágenes borrosas, como los recuerdos de una borrachera, que no se acaban de ir y que tampoco quieren emerger del todo al consciente. Son esos fantasmas que llevamos todos dentro y que tenemos apartados en los rincones más recónditos de nuestros cerebros.

Lo peor de todo es que esos fantasmas siguen ahí y seguiran per secula seculorum influyendo en nuestras decisiones futuras, basándolas nuestros miedos pasados, y no porque no intentemos superarlos simplemente porque son tan antiguos que se han convertido en algo instintivo, casi intrínseco al propio ser.

En la naturaleza humana está también el instinto de superación, de mejora, de supervivencia, en definitiva, que debe ayudarnos a salir de esos pozos que no siempre son fruto de nuestros errores sino de situaciones casuales, totalmente fuera de nuestro control. En resumen, en nosotros mismos está la fuerza para seguir viviendo... que es gerundio.