Viviendo, que es gerundio
La cabeza es un caballo sin riendas, al que a veces es preciso sujetar
Acerca de
Hablar de uno mismo resulta redundate y aburrido, pero a veces es hasta divertido saber que piensan los demás.
Sindicación
Visitad la web de CHOI (http://blogs.ya.com/saliendodemimundo) Además de tierna ¡¡¡ DIVERTIDA !!!
 
Est - ética

En un tiempo en que el control de peso y las apariencias físicas son algo que trae de cabeza a mucha gente es preciso recodar que en la variedad, aparte del gusto, está la mejor fuente de salud que nos podemos proporcionar, antes de recurrir a la medicina, que, incluso con los adelantos de que disponemos hoy en día, deberíamos usarla como unos métodos preventivos en el día a día y curativos sólo en caso de necesidad real, evitando un uso abusivo que, a la larga y vistos algunos resultados que circulan por ahí, puede derivar en problemas mayores.

No se hartan de decirnos, tanto médicos como otros expertos en nutrición que la dieta mediterránea es estupenda para evitar muchos problemas que aquejan a la salud de la sociedad actual y esa dieta incluye, entre otras muchas exquisiteces, unos estupendos cocidos o guisos con multitud de carnes o pescados y una variedad amplísima de vegetales, entre los que no debemos olvidar las a veces denostadas legumbres.

Este tipo de platos que menciono tienen, sin embargo, unos efectos colaterales no directamente relacionados con la nutrición ni tampoco con la estética pero que no por ello se deben obviar ya que también forman parte de una dificultad mayor que en su momento puede dar como resultado una auténtica catástrofe.


Hablar de catástrofes hoy en día es pensar en un futuro no muy lejano que afectará sin duda al mundo que habiten nuestros hijos o nietos, una existencia en un planeta devastado por la mano inconforme de un ser que no ve más allá de su presente y a pesar de las advertencias de subidas en los niveles de los mares, aumento de las temperaturas, amenazas de más incendios, propensión a las inundaciones, ampliación de los períodos de sequía y otros fenómenos apocalípticos no menos preocupantes, se empeña en no poner fin a las causas de tales problemas.

Todo lo más que se nos ocurre es formalizar unos protocolos de comportamiento a nivel estatal a los que premeditadamente se le añaden los mecanismos para poder transgredirlos de forma sistemática, creando un “mercado de la contaminación” donde, curiosa paradoja, ya tiene precio y forma de pago la unidad en la que se les ha ocurrido medir semejante desaguisado.

Hablo, obviamente, del “tratado de Kioto” el cual, con sus carencias y contrasentidos, creo que afortunadamente nuestro país ha ratificado aunque, como es lógico por la propia naturaleza del mismo, piensa incumplir como casi todos los países que se dicen del primer mundo. Sin embargo parece ser que la mayoría, incluso esos países que no han ratificado el mencionado pacto, está de acuerdo en que reducir las emisiones de gases contaminantes es el gran reto de este primer cuarto de siglo y en que de esto depende en gran medida la supervivencia de un planeta que pretendemos legar a nuestros sucesores.

Además también nos piden a los ciudadanos que colaboremos, que consumamos de forma racional, sobre todos los recursos energéticos e hídricos, que reciclemos y ayudemos a reciclar, que nos concienciemos de que es un asunto a solucionar también de modo particular. Y aquí pretendía llegar yo.

Por un lado un convenio supranacional en el que existen medios para que los diversos socios puedan, a su conveniencia, comprar tasas de emisión de contaminantes sin aparentemente ninguna limitación y por el otro los sufridos ciudadanos de siempre que se ven obligados a cargar con las consecuencias de los desmanes de sus mandatarios y una industrialización descontrolada.


Y yo, que contamino lo justo y quiero colaborar en esta causa pero soy un amante incorregible de los buenos potajes, quisiera saber si voy a tener que emigrar a los USA o a Australia para poder seguir disfrutando de los mismos o bien me van a proporcionar en este país también un mecanismo por el que poder valorar y canjear la tremenda cantidad de metano que van a seguir produciendo mis digestiones.



 
Azul







Ayer, mientras escribía mi post, estaba escuchando una recopilación de Jacques Brel, Infiniment, en la que se incluye una canción que me pone la piel de gallina desde hace muchos años:










Ne me quitte pas
Il faut oublier
Tout peut s'oublier
Qui s'enfuit déjà
Oublier le temps
Des malentendus
Et le temps perdu
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parfois
A coups de pourquoi
Le cœur du bonheur
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Moi je t'offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas
Je creuserai la terre
Jusqu'après ma mort
Pour couvrir ton corps
D'or et de lumière
Je ferai un domaine
Où l'amour sera roi
Où l'amour sera loi
Où tu seras reine
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Ne me quitte pas
Je t'inventerai
Des mots insensés
Que tu comprendras
Je te parlerai
De ces amants-là
Qui ont vu deux fois
Leurs cœurs s'embraser
Je te raconterai
L'histoire de ce roi
Mort de n'avoir pas
Pu te rencontrer
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

On a vu souvent
Rejaillir le feu
D'un ancien volcan
Qu'on croyait trop vieux
Il est paraît-il
Des terres brûlées
Donnant plus de blé
Qu'un meilleur avril
Et quand vient le soir
Pour qu'un ciel flamboie
Le rouge et le noir
Ne s'épousent-ils pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas

Ne me quitte pas
Je ne vais plus pleurer
Je ne vais plus parler
Je me cacherai là
A te regarder
Danser et sourire
Et à t'écouter
Chanter et puis rire
Laisse-moi devenir
L'ombre de ton ombre
L'ombre de ta main
L'ombre de ton chien
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas.

Música y letra: Jacques Brel, 1959



Melancolía, Edvar Munch, 1891

Hoy, al releer la letra mientras hago este post, me he dado cuenta, ¡bendito tonto!, que esto sólo se le debe cantar no a quien se desea, sino a quien se ha amado... a quien parte con nuevo destino.

Hoy tus ojos han sido huidizos, tus palabras ajenas y mi esquina mi refugio. Ni te has dignado a volver la cabeza para saludar, ni has sido capaz, después, de sostener mi mirada, quizás molesta por unos ojos que no sé bien si te suplicaban o simplemente intentaban escudriñar tu alma esquiva.

Soy un forastero en tu mundo y creo que no quieres que sea otra cosa, sea pues, no importunaré más tus visitas, simplemente volveré a ser el extraño que siempre he sido.

 
Que mal mientes mi bella
Algunas veces he tenido la oportunidad de dejarme atrapar por el impetuoso brío de pilotar un deportivo de altas prestaciones, uno de esos animales-máquina que es un privilegio, por el coste que supone, poseer. Es una sensación de placer excitante pisar un acelerador que hace responder casi al instante al motor con un empuje casi brutal, que te pega al asiento mientras apuras las revoluciones para cambiar de marcha y te esfuerzas por mantener los sentidos alerta ante cualquier posible incidencia.

Francamente me gusta conducir, el automóvil ejerce sobre mí una fascinación sin fanatismos, sin esos excesos que a veces se ven en algunos coches “tuneados”, que me hace admirar una hermosa carrocería que esconde un ingenio de prestaciones fuera de lo habitual, propias ya de vehículos de competición y que ponen al límite las capacidades de un conductor normal.

En esa ensoñación estaba yo mientras hojeaba una revista dedicada al mundo del motor y recordaba la emoción de pisar a fondo el acelerador de un Porsche 911 Carrera 4, hace ya unos cuantos años, por estas enrevesadas carreteras de Galicia mientras mi acompañante, y dueño del ingenio, me iba aconsejando como dominar con serena seguridad a aquella bestia de 250cv y tracción trasera que era tan versátil y eficaz como traicionera en manos inexpertas.

Y digo bien estaba, porque fue entonces cuando me sorprendiste con un “¡Hola!” y lo que parecía un mohín de hastío y distancia que me dejó con un palmo de narices... aplastado contra la pared como un gusano incómodo al que se está harto de ver. Fue una sacudida emocional bastante dura levantar la cabeza de mi sueño mientras respondía “¡Holaa!” con una sonrisa, acelerando mi pulso a un ritmo enloquecido, y encontrarme con semejante expresión en tu cara, frenando de golpe cualquier sueño esperanzador.

Ha sido una quincena de sueños y desilusión, de opiniones, consejos y alientos, de encontrar cada día tu hueco en la barra del bar y volver cada tarde para no hallar el color de tus ojos. Aunque hoy el camarero y otro cliente hicieron posible una conversación a cuatro que hubiese resultado amena si no hubiesen sobrado dos, yo ya estaba contra la pared, colgado como un cuadro viejo que ya no se mira por habitual.

Había especulado con mil frases, quinientos requiebros y un caramelo con que endulzarte... otra vez te has despedido “Hasta mañana” mas el camarero, hábil, con un gesto, te ha corregido, mas tú, esquiva, no has acertado “Pues sí, hasta el sábado, o quizás el lunes”, que mal mientes mi bella...

 
Cuestión de prioridades
Hace ya unos días me sorprendió la inclusión, en un informativo de carácter nacional si mis pobres neuronas no me engañan, de una reseña dedicada a un invento de un español. Se trataba de un artilugio que, correctamente colocado en un cuchillo jamonero, evita los tan temidos cortes de esta herramienta al trabajar con ella sobre el manjar.

Nada más lejos de mi intención que denostar aquí el empuje ni la capacidad resolutiva de su inventor, ni por supuesto sus deseos de publicidad para promocionar su idea. Lo que no entiendo es como tiene cabida semejante cosa en lo que se supone debe ser un informativo serio que, por breve, no tendría cabida para semejantes minucias.

Pero esto es lo que un director de informativos de televisión entiende por comunicar sobre investigación y desarrollo a la gran masa de lerdos televisivos que nos estamos convirtiendo en este país. Pero esa es la historia de este pueblo, la tremenda capacidad para perder el tiempo con nimiedades mientras los grandes asuntos quedan a un lado.

No es de extrañar pues que nuestra clase política lleve ya una buena temporada disertando sobre nacionalidades locales mientras intentan definir una supra-nacionalidad que nos englobe a todos, más allá de las actuales fronteras estatales, discerniendo, muy cultos todos ellos, sobre posibles orígenes de distintos pueblos que justifiquen sus ansias de tomar las riendas de algún imperio, o negando tales orígenes y/o aspiraciones con los más variopintos argumentos.

Ni que decir que a los ciudadanos de a pie, que los mantenemos a todos ellos, por cierto, nos importan un comino, ni el invento en cuestión, ni las disertaciones de los otros ya que nuestra preocupación diaria va más a lo cotidiano, a lo que nos hace doler cabeza y bolsillo día a día.

Es un derroche, pues, de tiempo histórico y de energía colectiva dedicar ingenio y tiempo a menesteres que para nada mejoran nuestra seguridad, ni alivian el paro, ni ayudan a cobrar unos salarios adecuados, ni permiten alcanzar una vivienda digna, ni que los más jóvenes se formen adecuadamente, ni que tengamos un sistema sanitario que garantice que realmente se vela por nuestra salud. Y hablo solamente de derechos básicos... libertad, trabajo digno, vivienda, formación, sanidad.

Eso sí, después sale por televisión no quiero recordar que líder nacionalista diciendo que tenemos derecho a ser felices... sólo espero que los infelices, los ciudadanos infelices, quiero decir, no colapsen las arcas del estado y el sistema judicial reclamando indemnizaciones por no poder gozar de su cuota de felicidad. O si no que les pregunten a los vecinos del Carmel de Barcelona... igual y les dan un par de ideas de a que deben dedicar tiempo y esfuerzo nuestros bienamados líderes.

 
¿Por qué será, será...?
Hoy no tengo gran cosa que contar, ha sido un día anodino y largo, la gente está más pendiente de los carnavales que de otra cosa y viendo a los chavales pasar por la calle con sus disfraces cómico-festivos me ha asaltado una duda que se me suele pasar por la cabeza casi todos los años... ¿por qué le gusta tanto disfrazarse a la gente?

Es un asunto que mis escasas entendederas no alcanzan a comprender... lo de los niños casi se me antoja compresible, al fin y al cabo están aún por definir, en cuanto a su desarrollo, y es razonable que sueñen con mil cosas... ser astronautas, parecerse a superman o simplemente copiarle la funda del curro a su padre.

En cuanto a los adultos pues también me resulta comprensible lo de las charangas criticando alguna situación o caricaturizando los personajes del momento... hasta puedo entender a quien se disfraza con fantasía pura, lentejuelas y plumas diversas con los aditivos más variopintos, logrando en algunos casos composiciones realmente bellas.

Lo que me resulta más complicado que intentar la cuadratura de un círculo es porqué aparece, así, de repente, en una esquina, como queriendo darte un susto de muerte, un amago de marujón mal apañado, con ropajes propios de mi abuela cuando yo era un tierno infante, maquillada como un pendón verbenero después de una juerga fuera de lo razonable y con un pelucón torcido que no le quedaría bien ni a una friki de esas que saca el Sardá en TeleCinco.

Lo peor de todo no es el susto que te llevas con semejante facha enfrente, ni tan siquiera el amago de tropezón con el que casi te estampa contra la pared... lo realmente espantoso es cuando abre la boca, plantándote toda la jeta contra tu nariz para que te des buena cuenta de que va pasada de copas por dos largos y te espeta:

- Cableeeeeeeee, tío, que paaaaaaaaaaassssssssaaaaaaaaaa, ¿andi te me mete joéééééé?

Y tu contra la pared, intentando adivinar las facciones del susodicho, por supuesto un tiarrón hecho y derecho, con sus treinta y tantos bien puestos, hasta que te das cuenta de que es Juan, el vecino del tercero, con una tajá de aquí a pasado mañana, que no es que se haya tropezado contigo, sino que simplemente va dando tumbos de farola en farola hasta casa.


 
Necesidad obliga
Estos días he estado rumiando, nunca mejor dicho, un par de cosas... una mi posible obsesión con esta chica que no consigo quitarme de la cabeza y a la que no veo casi nunca, no sé muy bien qué hacer... no tengo claro todavía si estoy preparado para otra relación o la voy a hacer fracasar yo, así, por cabezota.

La otra es más prosaica, se trata del malhumor... estos días he estado de bastante mal talante y la verdad no tenía ganas de que me aguantase nadie. ¿La razón? Pues bastante simple, resulta que anda un señor, que dice que es médico, por cierto, especializado en estomatología, por más señas, hurgándome en la boquita con un montón de aparatejos mecánicos, pinzas, buriles y quien sabe cuantas otras cosas innombrables.

Total y resumiendo para no haceros partícipes en exceso de mis penurias, que tengo mi entrada principal en obras por reforma y eso conlleva molestias diversas a todos los vecinos y un malhumor general que no os quiero contar para no aburriros y sigáis viniendo por aquí, al menos algunos.

Si a esto unís la decisión de no fumar... pues ya os podéis imaginar... con los dientes fuera, la boca sanguinolenta, las uñas en carne viva y la lengua inquieta, a punto de proferir un alarido a la menor provocación... en definitiva, una fiera hambrienta y furibunda que para su propio bien y el de su comunidad debe estar unos días confinada.

A todo lo antes mencionado no añadáis, como en mi caso, una libido exacerbada porque entonces el individuo en cuestión se transforma en una especie de madelman-rambo absolutamente desorbitado que hace peligrar la convivencia pacífica que suele reinar en estas comunidades blogueras.

Así queda dicho pues, para que conste en acta, que no ha sido mi intención abandonar este blog ni he tenido en realidad nada más placentero que hacer, cosa que, por otra parte, no me vendría nada mal, por cierto, sino que he limitado mi contacto con casi todo el mundo a fin de no provocar daños que después no resultasen reparables.

Aprovecho la ocasión también, haciendo caso a una recomendación amistosa, de usar este espacio para promocionar a este soltero solitario en búsqueda de pareja por si acaso alguna persona de sexo femenino, aseada y de intenciones honestas, aunque dispuesta a satisfacer mi lujuria, quisiera ponerse en contacto con el que suscribe este blog, eso sí, cuando mi malhumor actual me permita acercarme a ella sin que corra peligro.