Un recuerdo reciente
Aquel viejo desdentado gruñía a cuanto bicho viviente se le acercaba. Daba lo mismo que fuese su hija a hacerle una carantoña, que una enfermera a cambiarle los pañales cagados... era siempre el mismo bufido, un gruñido aspero, ronco, amenazante...
Aquel hombre estaba cansado de vivir, no de la gente. Era sólo que ya no tenía fuerzas ni para decirlo.
A veces parecía que imploraba con la mirada un poco de ayuda que acabase con sus miserias.
Otras luchaba con correas y cateteres, con sábanas y sondas, los ojos desorbitados, las manos crispadas... hasta que una efermera venía y le relajaba de una forma contundente, casi brutal, que lo dejaba sumido en un pozo profundo, probablemente lleno de recuerdos lejanos y borrosos.
Cuando se le caía la mascarilla de oxígeno luchaba por ponérsela con movimientos torpes, casi convulsivos, como aferrándose a una vida que no deseaba vivir. Entonces surgía una mano extraña que le recolocaba aquel trasto incómodo y gruñía, bufaba como un animal acorralado y herido.
Aquel viejo agonizó de madrugada, aferrado a mi mano, como un náufrago desesperado se agarra a cualquier cosa que flote entorno suyo.
Nunca supe su nombre, ni el de su hija, una mujer de su casa de estatura media y regordeta que aparecía por allí un par de veces al día, siempre solícita pero inquieta, con esa prisa de la mujer-madre que no tiene tiempo de atenderlo todo, que no alcanza a comprender porqué la vida la castiga otra vez con un trabajo más que atender. Pero llegaron a ser familiares, cotidianos, esos desconocidos que a veces le acompañan a uno en un momento dificil.
Sólo espero que lo último que vió no fuese una cara desconocida que no supo como darle mejor consuelo que una mano.
Aquel hombre estaba cansado de vivir, no de la gente. Era sólo que ya no tenía fuerzas ni para decirlo.
A veces parecía que imploraba con la mirada un poco de ayuda que acabase con sus miserias.
Otras luchaba con correas y cateteres, con sábanas y sondas, los ojos desorbitados, las manos crispadas... hasta que una efermera venía y le relajaba de una forma contundente, casi brutal, que lo dejaba sumido en un pozo profundo, probablemente lleno de recuerdos lejanos y borrosos.
Cuando se le caía la mascarilla de oxígeno luchaba por ponérsela con movimientos torpes, casi convulsivos, como aferrándose a una vida que no deseaba vivir. Entonces surgía una mano extraña que le recolocaba aquel trasto incómodo y gruñía, bufaba como un animal acorralado y herido.
Aquel viejo agonizó de madrugada, aferrado a mi mano, como un náufrago desesperado se agarra a cualquier cosa que flote entorno suyo.
Nunca supe su nombre, ni el de su hija, una mujer de su casa de estatura media y regordeta que aparecía por allí un par de veces al día, siempre solícita pero inquieta, con esa prisa de la mujer-madre que no tiene tiempo de atenderlo todo, que no alcanza a comprender porqué la vida la castiga otra vez con un trabajo más que atender. Pero llegaron a ser familiares, cotidianos, esos desconocidos que a veces le acompañan a uno en un momento dificil.
Sólo espero que lo último que vió no fuese una cara desconocida que no supo como darle mejor consuelo que una mano.
Comentario:
Eris: siento la confusión no :-x sino :-*
Aurora: ciertamente es un buen mecanismo de defensa, aunque no nos demos cuenta, casi todos lo usamos
Aurora: ciertamente es un buen mecanismo de defensa, aunque no nos demos cuenta, casi todos lo usamos
Comentario:
Vaya, mucho me temo que el mío va a ser el comentario absurdo que no viene a cuento, pero es que ante esa clase de situaciones nunca sé qué decir. Me parece un escrito bastante crudo, sobre todo porque esas situaciones de dan realmente y, sin embargo, cuando salga de esta página no me acordaré de ella, como me ocurre con las desgracias del telediario. ¿Seré una insensible, o es que hay cosas que es necesario arrinconar para poder vivir tranquila? ¡Menuda perla de egoísmo acabo de dejarte a modo de comentario! Lo siento.
Comentario:
Ararat: no es triste... es la vida misma. En cuanto a enlazarme, será un gusto, pero no depende de mí, gracias.
Llanero No-Solitario: pasaré a verte
CHOI: sí, a veces es lo único que nos queda
Ciclotimico: a veces no damos ni la mitad de lo que podemos
EriS: el gerundio es lo único que nos levanta cada mañana :-x
Arien: tienes razón, pero siempre nos queda la duda de no haber dado lo suficiente
Llanero No-Solitario: pasaré a verte
CHOI: sí, a veces es lo único que nos queda
Ciclotimico: a veces no damos ni la mitad de lo que podemos
EriS: el gerundio es lo único que nos levanta cada mañana :-x
Arien: tienes razón, pero siempre nos queda la duda de no haber dado lo suficiente
Comentario:
Muy bueno tu escrito. En verdad no importa lo poco q des, si lo haces con ganas,para el q lo recibe será lo máximo.
Bienvenido :D
Bienvenido :D
Comentario:
... otra visión ... otro ángulo ... es increible poder sentir desde alguien más ... se puede ser espectador o actor y la verdad es que prefiero el gerundio
Comentario:
triste, pro cierto, sin palabras, solo un gesto, entrgamnos todo y justo lo que qren recibir
Comentario:
q triste no??
aunq en ocasiones q alguien te de su mano, lo puede ser todo, no??
Un saluditod e CHOI q ande dando paseitos x los blog nuevos!!
aunq en ocasiones q alguien te de su mano, lo puede ser todo, no??
Un saluditod e CHOI q ande dando paseitos x los blog nuevos!!
Comentario:
me gusta mucho lo que dices, esta muy bien, yo escribo un poco sobre mi mismo jejeje
Comentario:
!Qué triste!
Gracias por pasar por mi blog y gracias por enlazarme, si quieres tambien te puedo enlazar.
Un abrazo.
Gracias por pasar por mi blog y gracias por enlazarme, si quieres tambien te puedo enlazar.
Un abrazo.





