Espíritu navideño
Hoy traigo aquí una de esas historias de reencuentros de navidad, de las que nos hacen saborear la vida, aunque sea con un lindo recuerdo, pero vaya por delante para todos los que paseáis por aquí mi deseo de un año entrante lleno de ventura y buenos momentos.
Nunca he podido decir que sea un adonis ni que posea un don especial con la palabra, pero he sido afortunado: he amado y me han amado, al menos en lo que he sido consciente. Es todo un logro en este mundo loco... toda una fortuna en la memoria.
No siempre han sido amores correspondidos, recíprocos, pero, en general, he de decir que conservo buen trato con mis antiguas parejas, al menos con las que conservo relación, porque, obviamente, el tiempo nos ha ido dispersando mucho y lo más normal es que no nos veamos en años y también hay excepciones, sino sería yo algo fuera de lo corriente.
Estoy hablando como un viejo, quizás no lo sea tanto, pero, cerca ya de los cuarenta, puedo tomarme la libertad de, algunas veces, sentirme cansado y reposar sobre la memoria unos instantes para recobrar la cordura que nos roban las prisas de esta era.
Hoy estoy recordando la primera “novia” que he tenido en mi vida, una zagalilla de mi edad que me deslumbró, y creo que yo a ella, con apenas doce añitos... estuvimos agarraditos de la mano todo un mes, absolutamente tierno. Era salir de casa, encontrarnos, y cogernos de la mano. Aquel verano fue una orgía de paseos y risas. ¡Bendita inocencia!
¿Hoy tienes ganas de ir al río? Pues sí... y allá que nos íbamos los dos solitos a pasear entre sombras escuchando pajaritos y contándonos las aventuras y desventuras del colegio durante el invierno pasado. Cuando no se nos daba por subir hasta el final del pueblo y recorrer el camino del monte que llevaba hasta el comunal. Hay allí un par de lápidas de dos zagales de tiempos de mis tatarabuelos, que se habían matado por una moza. Nos contábamos detalles de la historia que no conocíamos y nos preguntábamos cómo se puede llegar a hacer una locura semejante. O la convencía para ir a cazar renacuajos. O me persuadía para organizar una especie de jardincillo bajo un roble con cuanta florecilla y helecho nos íbamos encontrando. A veces nos íbamos en bici hasta el pueblo vecino, que por entonces no tenía un alma, y nos dábamos una empachada de manzanas verdes.
Somos originarios los dos del mismo pueblo, una aldehuela de montaña en la que pasábamos los veranos de niños. Y ese fue nuestro último veranos juntos. No quiero recordar la tragedia que la alejó tantos años de ese entorno, pero el caso es que cuando volvimos a vernos, unos años más tarde, estaba casada con alguien a quien yo también conozco y aprecio. Nos seguimos llevando bien, sigue habiendo un guiño cómplice de vez en cuando en nuestras miradas que nos hace seguir cogidos de la mano.
Ayer la he visto después de algunos años sin contacto, han venido a pasar las fiestas a casa de su madre. Sigue siendo preciosa, al menos a mis ojos. Iba acompañada de una mocita de unos veinte años, idéntica a su madre. Me dio casi miedo darle un par de besos para saludarla, me dio miedo tomarle la mano mientras lo hacía y un instante después, al disculparse e irse en pos de gente de su época que rondaba por allí, me dio miedo escuchar su voz. Su madre se dio cuenta, me tomó de la mano y me dijo “Crecen muy deprisa, ¿verdad?” “Sí, cielo, está preciosa”, acerté a responderle rojo como un tomate. Sólo espero que su padre, mi amigo, estuviese tan distraído como creo.
Nunca he podido decir que sea un adonis ni que posea un don especial con la palabra, pero he sido afortunado: he amado y me han amado, al menos en lo que he sido consciente. Es todo un logro en este mundo loco... toda una fortuna en la memoria.
No siempre han sido amores correspondidos, recíprocos, pero, en general, he de decir que conservo buen trato con mis antiguas parejas, al menos con las que conservo relación, porque, obviamente, el tiempo nos ha ido dispersando mucho y lo más normal es que no nos veamos en años y también hay excepciones, sino sería yo algo fuera de lo corriente.
Estoy hablando como un viejo, quizás no lo sea tanto, pero, cerca ya de los cuarenta, puedo tomarme la libertad de, algunas veces, sentirme cansado y reposar sobre la memoria unos instantes para recobrar la cordura que nos roban las prisas de esta era.
Hoy estoy recordando la primera “novia” que he tenido en mi vida, una zagalilla de mi edad que me deslumbró, y creo que yo a ella, con apenas doce añitos... estuvimos agarraditos de la mano todo un mes, absolutamente tierno. Era salir de casa, encontrarnos, y cogernos de la mano. Aquel verano fue una orgía de paseos y risas. ¡Bendita inocencia!
¿Hoy tienes ganas de ir al río? Pues sí... y allá que nos íbamos los dos solitos a pasear entre sombras escuchando pajaritos y contándonos las aventuras y desventuras del colegio durante el invierno pasado. Cuando no se nos daba por subir hasta el final del pueblo y recorrer el camino del monte que llevaba hasta el comunal. Hay allí un par de lápidas de dos zagales de tiempos de mis tatarabuelos, que se habían matado por una moza. Nos contábamos detalles de la historia que no conocíamos y nos preguntábamos cómo se puede llegar a hacer una locura semejante. O la convencía para ir a cazar renacuajos. O me persuadía para organizar una especie de jardincillo bajo un roble con cuanta florecilla y helecho nos íbamos encontrando. A veces nos íbamos en bici hasta el pueblo vecino, que por entonces no tenía un alma, y nos dábamos una empachada de manzanas verdes.
Somos originarios los dos del mismo pueblo, una aldehuela de montaña en la que pasábamos los veranos de niños. Y ese fue nuestro último veranos juntos. No quiero recordar la tragedia que la alejó tantos años de ese entorno, pero el caso es que cuando volvimos a vernos, unos años más tarde, estaba casada con alguien a quien yo también conozco y aprecio. Nos seguimos llevando bien, sigue habiendo un guiño cómplice de vez en cuando en nuestras miradas que nos hace seguir cogidos de la mano.
Ayer la he visto después de algunos años sin contacto, han venido a pasar las fiestas a casa de su madre. Sigue siendo preciosa, al menos a mis ojos. Iba acompañada de una mocita de unos veinte años, idéntica a su madre. Me dio casi miedo darle un par de besos para saludarla, me dio miedo tomarle la mano mientras lo hacía y un instante después, al disculparse e irse en pos de gente de su época que rondaba por allí, me dio miedo escuchar su voz. Su madre se dio cuenta, me tomó de la mano y me dijo “Crecen muy deprisa, ¿verdad?” “Sí, cielo, está preciosa”, acerté a responderle rojo como un tomate. Sólo espero que su padre, mi amigo, estuviese tan distraído como creo.
Comentario:
Andaya: eramos muy niños, pero no, la complicidad fue única. ¿6 añitos? Un pelín joven, ¿no?
Ararat: recordar es hermoso, pero tambien un poco melancólico
Buskeda: marcan y mucho
CHOI: un poco incómodo ver a su marido a unos metros, pero bueno, creo que no pasará a mayores, jeje
Sefarad: casi nunca se planea, afortunadamente
EriS: carpe diem, si, pero el pasado no tiene por qué estorbar
Ararat: recordar es hermoso, pero tambien un poco melancólico
Buskeda: marcan y mucho
CHOI: un poco incómodo ver a su marido a unos metros, pero bueno, creo que no pasará a mayores, jeje
Sefarad: casi nunca se planea, afortunadamente
EriS: carpe diem, si, pero el pasado no tiene por qué estorbar
Comentario:
Biquiños saladiños
:)
:)
Comentario:
... hermoso!!! (me arrancaste un suspiro) ... son mágicos esos momentos ... aunque prefiero el presente :))) porque es el ahora el que se disfruta ... y el pasado a veces estorba. Mil besos bb :**
Comentario:
De niño fui un desastre con las niñas, era muy pequeño y yo no estaba por ellas, la verdad, sólo las hacía rabiar.
Ya adolescente las cosas cambiaron y sin yo querer sentir lo que sentía, me enamoré. Creo que en eso no he cambiado y me alegro de ello...
Un abrazo
Ya adolescente las cosas cambiaron y sin yo querer sentir lo que sentía, me enamoré. Creo que en eso no he cambiado y me alegro de ello...
Un abrazo
Comentario:
q bonito es recordar esos amores y más aun reencontrarse con ellos. jeje me imagino el momento... genial!!
x cierto tic tac?? uysssss ten cuidadin XD!!
jejeje
Biquiños saladiños de CHOI desde el Mediterraneo
x cierto tic tac?? uysssss ten cuidadin XD!!
jejeje
Biquiños saladiños de CHOI desde el Mediterraneo
Comentario:
siempre dicen q los primeros amores son los q te marcan para toda la vida
Un saludo
gracias x ofrecerme el fondo, pero sinceramente no sabria q hacer con el, demasiado q se encender el ordenador
Un saludo
gracias x ofrecerme el fondo, pero sinceramente no sabria q hacer con el, demasiado q se encender el ordenador
Comentario:
La Navidad, el volver a la tierra de origen traen de golpe todos los recuerdos, unas veces duros y otros dulces.
Es preciosa la historia que cuentas.
Un abrazo.
Es preciosa la historia que cuentas.
Un abrazo.
Comentario:
Precioso ese primer amor. Nunca se vuelve a sentir igual ¿verdad?, no digo k sea el mejor, sino k es distinto a cuanto se siente despues. Ayer mismo recordaba mi primer "novio". El me regaló una cartera en mi cumpleaños y me dió un beso. Yo me puse a llorar pork me moría de vergUenza y mi madre se rió bien a gusto a mi costa. Yo tenía 6 años y mi coleta de caballo me llegaba casi hasta la cintura...
de eso hace casi 30 años. Y lo recuerdo como si fuera ayer.
de eso hace casi 30 años. Y lo recuerdo como si fuera ayer.





