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Vivir Viviendo
Vida y obra de un joven sin demasiadas vivencias y ninguna obra
Acerca de
De gargantas cortadas, baños sin limpiar, patoaventuras varias y personas que siempre se piden escalope con patatas en lugar del menú del día. Alguna vez hablaré del resto de las cosas, si bien no será lo habitual.
Sindicación
 
Grandes Batallas
Cierras tus párpados hasta media altura, al compás del revelado de tus dientes, mientras tu pelo recorre con bravura el lado izquierdo de tu cara. Como una niña, escudriñas mis acciones sin disimulo. No sientes vergüenza de tu curiosidad.

Los motivos de mis pasos vienen condicionados por el atrapamiento de tu labio inferior y por las continuas inquietudes que me surgen a raíz de todos y cada uno de tus gestos y su carencia de sentido para mí.

La luz se duerme en el fondo de tus retinas, el aire se tiñe al pasar junto a tí. Los elementos juegan en mi contra; cuando llegan a mí, ya son tuyos. No me dejas escapar. Ya no quiero escapar.

Trato de equilibrar mis párpados con los tuyos, afinarlos creando cuestiones universales. Trato de ser yo quien golpee primero. Vulgar, cotidiano e imperceptible ya no me sirven. No ahora. No contigo.

Como mujer, me intuyes. Tu labio inferior se libera. Tus párpados se cierran aún más. Ríes. No a carcajadas. Ríes infantil. Ríes como sabes que me gusta. Me pierdo en tí una vez más.

Vuelves a ganar.

Perdóname, amiga mía. Pensaba que esta vez me tocaba a mí.
 
Que el cielo espere sentado
Tendida sobre el verde más intenso que pueden ofrecer las plantas, observando el lento e incansable devenir de las nubes, la joven fantasiosa piensa en su futuro mientras lo espera, paciente. El frío otoñal, inquieto, malamente penetra por las aperturas supervivientes a la intencionalidad humana, ganando pequeñas e inútiles batallas a la inteligencia que lleva al hombre a mejorar su calidad de vida. La luz, cegadora, celebra una vez más su victoria ante la oscuridad nocturna mientras en la ciudad el sonido de millones de despertadores despierta a más de cuantos debiera despertar.

La fantasiosa se descubre una vez más a sí misma conduciendo un coche deportivo y entrando sin hacer cola en los mejores clubs de la ciudad. Siendo la pretensión de las dependientas de las mejores tiendas. Respetada. Envidiada. Admirada. Espera, seducida por el embriagador aroma de las ilusiones, consciente de que esto nunca llegará. Pero sueña, como sueñan los enamorados con la mujer amada, como sueña el té con tazas de oro, como sueñan las guitarras con las manos del diablo y los violines con las de los ángeles. Como, en definitiva, sueñan los mediocres con adjudicar a otros su vulgaridad.

Aún adormilada, decide escribir en un papel, en la arbitraria búsqueda de inspiración. Primero escribe sobre lo bonito que es el verde sobre el que esté tumbada, lo tacha. Luego sobre el movimiento de las nubes, lo tacha. Sobre la anárquica melodía de millones de despertadores. Lo tacha. Casi derrotada, piensa en escribir sobre sí misma. Escribe. Habla sobre su trabajo, sobre su chico, sobre las pequeñas cosas que le gustan, y sobre sus aspiraciones.

Tiene una idea.

Lo tacha y lo vuelve a escribir todo de nuevo. Pero elimina sus deseos. Lo acaba y lo lee. Una vez, otra, y otra más. No es un gran texto. No tiene palabras hermosas ni frases elocuentes. No incita a la reflexión. Pero al leerlo siente un hormigueo por todo su cuerpo. Le hace darse cuenta de algo que lleva mucho tiempo necesitando saber:

Es feliz.

 
Palabras que se repiten en la cabeza con mil sentidos diferentes
"Cuando llegué a la bifurcación, no sabía cual de los dos caminos coger. Al final, escogí el menos transitado.

Y eso hizo toda la diferencia."