Al este del oeste
Una de las preguntas que más me han hecho en los últimos meses, no siempre con las mismas palabras, tiene que ver con la posibilidad de cambiar de ciudad. Ya se sabe, la juventud, ampliar horizontes laborales...e incluso hay quien no solo no lo entiende, sino que lo considera un error.
Los encantos de una ciudad tienen valores diferentes según quien los viva. Y a veces, incluso una misma persona los valora de modo diferente en momentos de su vida.
Cuando tenía 17 años y quería irme de Gijón, quería irme harto de la rutina, de la vida con mis padres. Quería libertad, aventuras y papeles en blanco. Ahora tengo 25 y en ese tiempo descubrí que en otros sitios la rutina tambien te atrapa, que la libertad es tan sólo un estado de ánimo, que las aventuras las prende el corazón y que en casi todas partes hay bolígrafos y papeles en blanco.
Una vez eliminados estos factores a la hora de decidir, debería de haber otros por los que valorar los encantos de la ciudad en la que me quiero quedar. Una temperatura agradable, una población lo suficientemente grande como para que haya de todo, decenas de playas, deportes, actividades de ocio, gente cordial, inquietudes, trabajo, oportunidades...porque se vive mucho y se vive bien. Esto descarta muchos lugares, pero sigue habiendo muchos que siguen reuniendo estas condiciones.
Decía el asturiano en Londres una vez que una ciudad la hace la gente que en ella vive. Estoy de acuerdo, y me siento afortunado de tener unos amigos activos y unos planes variados, además de una buena familia. Pero tambien pienso, sin ánimo de menospreciar, que esto se puede encontrar en otros lugares.
Pero hay un factor, subjetivo, que determina mi preferencia. Y es la misma respuesta que doy cuando alguien me pregunta que por qué no me animo a irme a otro sitio, a madrid, al extranjero...
ésta es mi casa
Los encantos de una ciudad tienen valores diferentes según quien los viva. Y a veces, incluso una misma persona los valora de modo diferente en momentos de su vida.
Cuando tenía 17 años y quería irme de Gijón, quería irme harto de la rutina, de la vida con mis padres. Quería libertad, aventuras y papeles en blanco. Ahora tengo 25 y en ese tiempo descubrí que en otros sitios la rutina tambien te atrapa, que la libertad es tan sólo un estado de ánimo, que las aventuras las prende el corazón y que en casi todas partes hay bolígrafos y papeles en blanco.
Una vez eliminados estos factores a la hora de decidir, debería de haber otros por los que valorar los encantos de la ciudad en la que me quiero quedar. Una temperatura agradable, una población lo suficientemente grande como para que haya de todo, decenas de playas, deportes, actividades de ocio, gente cordial, inquietudes, trabajo, oportunidades...porque se vive mucho y se vive bien. Esto descarta muchos lugares, pero sigue habiendo muchos que siguen reuniendo estas condiciones.
Decía el asturiano en Londres una vez que una ciudad la hace la gente que en ella vive. Estoy de acuerdo, y me siento afortunado de tener unos amigos activos y unos planes variados, además de una buena familia. Pero tambien pienso, sin ánimo de menospreciar, que esto se puede encontrar en otros lugares.
Pero hay un factor, subjetivo, que determina mi preferencia. Y es la misma respuesta que doy cuando alguien me pregunta que por qué no me animo a irme a otro sitio, a madrid, al extranjero...
ésta es mi casa
Comentario:
completamente de acuerdo e identificada contigo!





