Me muero por conocerte...
A pesar de la alegría que siento por abandonar este absurdo puesto de trabajo, y habiendome pasado el mal humor hasta dentro de unos minutos (como poco)... Esta mañana he vuelto a despertar triste...
Me he sentado un momento en una silla en el comedor y mirando al campo de tabaco al que da mi casa, me he perdido una eternidad en el infinito. Mi cabeza iba a mil por hora mientras mis ojos se clavaban en una flor marchita en el jardín del vecino del primer piso.
Mi vida es una flor marchita. Podría haber sido; pero no soy, no es, no nada. Mishet, mi lindo compañero en mis largos ratos sola, mi gatito-tigre, se ha puesto a mi lado y ha empezado a maullar, llamandome la atención, sacandome de mi pérdida en el espacio paralelo. Gracias Mishet, si no fuera por tí... a saber.
Una vez leí una frase que decía algo así como que si buscas el sentido de tu vida ya le estás dando sentido a la vida... Bueno, ni así le encuentro yo sentido.
He vivido en otros paises, he viajado a lo ancho de mapa, he conocido, he visto... pero sobretodo he perdido.
Lo he perdido todo por el camino.
A mis tantos años me siento como una vieja. Sin necesidad de buscar nada que no vaya a encontrar, solo esperando que los días pasen y se acaben.
Creo que no hay nada más peor que sentirse sola. No digo estar sola, pq' puedes estar sola y estar de P.M. pero lo malo es cuando aún estando con gente te sientes sola.
A las 7.15 ha empezado a sonar la música... hoy tenia puesto The Cranberries, he abierto los ojos, pero los he vuelto a cerrar, bien fuerte, y he imaginado que estabas a mi lado, he sentido tu calor, como tu mano alcanzaba la mía y me abrazabas fuerte contra tí. He notado tus brazos, fuertes, rodeandome, tu respiración en mi cuello... y las lágrimas recorren mis mejillas pq' aún no te conozco y es ahora cuando te necesito.
Para penser: No todos podemos ser héroes. Alguien se ha de quedar a un lado aclamandolos cuando pasen.

Me he sentado un momento en una silla en el comedor y mirando al campo de tabaco al que da mi casa, me he perdido una eternidad en el infinito. Mi cabeza iba a mil por hora mientras mis ojos se clavaban en una flor marchita en el jardín del vecino del primer piso.
Mi vida es una flor marchita. Podría haber sido; pero no soy, no es, no nada. Mishet, mi lindo compañero en mis largos ratos sola, mi gatito-tigre, se ha puesto a mi lado y ha empezado a maullar, llamandome la atención, sacandome de mi pérdida en el espacio paralelo. Gracias Mishet, si no fuera por tí... a saber.
Una vez leí una frase que decía algo así como que si buscas el sentido de tu vida ya le estás dando sentido a la vida... Bueno, ni así le encuentro yo sentido.
He vivido en otros paises, he viajado a lo ancho de mapa, he conocido, he visto... pero sobretodo he perdido.
Lo he perdido todo por el camino.
A mis tantos años me siento como una vieja. Sin necesidad de buscar nada que no vaya a encontrar, solo esperando que los días pasen y se acaben.
Creo que no hay nada más peor que sentirse sola. No digo estar sola, pq' puedes estar sola y estar de P.M. pero lo malo es cuando aún estando con gente te sientes sola.
A las 7.15 ha empezado a sonar la música... hoy tenia puesto The Cranberries, he abierto los ojos, pero los he vuelto a cerrar, bien fuerte, y he imaginado que estabas a mi lado, he sentido tu calor, como tu mano alcanzaba la mía y me abrazabas fuerte contra tí. He notado tus brazos, fuertes, rodeandome, tu respiración en mi cuello... y las lágrimas recorren mis mejillas pq' aún no te conozco y es ahora cuando te necesito.
Para penser: No todos podemos ser héroes. Alguien se ha de quedar a un lado aclamandolos cuando pasen.

Comentario:
Voisine, piensas demasiado y solo piensas en lo que pudo haber sido y no fue, sin pensar que has tenido, y tienes mucha suerte. Suerte de haber podido estudiar, de haber viajado y conocido países y cukturas diferentes.
Suerte de haber conocido gente muy interesante y gente que no valían la pena. Y todo eso, como explica Skywalker tan bien es lo que te ha formado como persona, lo que te ha dado experiéncia.
Y recuerda que a lo mejor todo lo que estás pasando es para que cuando lo bueno llame a tu puerta lo puedas disfrutar como se merece...
Suerte de haber conocido gente muy interesante y gente que no valían la pena. Y todo eso, como explica Skywalker tan bien es lo que te ha formado como persona, lo que te ha dado experiéncia.
Y recuerda que a lo mejor todo lo que estás pasando es para que cuando lo bueno llame a tu puerta lo puedas disfrutar como se merece...
Comentario:
Vaya no se si es cosa del tiempo, de la luna, o de q, pero parece q pasamos por una epoca parecida, asi q te deseo suerte y pronto conozcas a esa persona, un besote.
Comentario:
Espero que este apresurado relato quizá te haga sonreir.
Skywalker
Este sería el último fin de semana de la temporada. Las pistas apenas tenían ya nieve practicable, a pesar de los esfuerzos de los trabajadores de la estación por acondicionar en la medida de lo posible los recorridos más utilizados, y de la eficacia de los cañones de nieve artificial. Pero la primavera definitivamente se había instalado hace ya días, y la temperatura convertía en tarea imposible prolongar por más tiempo el inevitable día de cierre.
La verdad es que había sido un invierno extraño. En general los dos últimos años lo habían sido, pero desde que A. se marchó su vida había discurrido por un camino de inseguridad que distaba mucho de lo que hasta ahora había sido su trayectoria vital. Él, que en otro tiempo había sido el alma en todas las veladas, e incluso en el trabajo se había ganado, gracias a su jovialidad y optimismo, el cariño de casi todos los que le rodeaban, apenas podía reconocerse a si mismo cuando cada mañana se asomaba al espejo del baño. Recordaba como, el día que A. se marchó, no pudo refrenar el impulso de subir a su automóvil (un flamante Chrysler Atlantic “casi” imposible de conseguir) y conducir sin rumbo durante varias horas en medio de la solitaria noche.
Billie Holliday sonaba en el reproductor de CD (“Everything I have is Yours”) como tantas otras veces. Pero en esta ocasión la ligera cadencia de la suave y aterciopelada voz de Billie le hacía daño en su interior. Muchos proyectos que habían quedado rotos para siempre, muchas horas de insomnio desgranando ilusiones a la suave luz de las velas, pasaban ahora vertiginosamente ante sus ojos mientras, aferrando el volante con fuerza, devoraba kilómetros fuera de toda conciencia respecto del espacio y el tiempo.
Con las primeras luces del alba cruzaba la frontera del pequeño país limítrofe que hacía tiempo que no visitaba. Por instinto se dirigió al viejo hotel que desde algunos años atrás había sido refugio en el que desgranar horas de amor al calor de la chimenea. Se sintió flaquear al cruzar el umbral de días felices en otro tiempo, y pesadamente se dejó caer sobre el lecho y, por efecto del cansancio acumulado, se quedó dormido.
A la mañana siguiente le despertó el desagradable ruido del teléfono.
-Buenos días señor, me he permitido advertirle de que en quince minutos cerrará nuestro buffet del desayuno. Tal vez le apetezca tomar algo sólido, ayer no tenía buen aspecto.
-Gracias J., su profesionalidad no deja de admirarme. ¿Podría hacer una excepción y subir un poco de café a mi habitación con un par de panecillos calientes?. Ciertamente estaba muy cansado y he perdido la noción del tiempo.
-Por supuesto señor, usted es uno de nuestros huéspedes más queridos. Bueno usted y la señora, aunque me pareció que esta vez no le ha acompañado.
-En efecto J., esta vez he vendo solo. Hay algunas cosas de las que debo ocuparme.
-Bien señor, el botones estará en su habitación en cinco minutos con un desayuno reparador. Si necesita alguna otra cosa, avíseme.
-Gracias J, de momento eso es todo.
Volvió a sentir la opresión en el pecho del día anterior. El sentimiento de dolor era tan real que parecía físico, a tal punto que recordó una vieja película que había visto varias veces, y la reflexión de su protagonista sobre el impacto de la pérdida del amor:
(voz en off mientras un hombre camina en solitario por la campiña inglesa)
“¿Porqué el amor cuando se pierde duele tanto?
Dos veces lo perdí y tuve que elegir, como niño y como hombre. Como niño elegí la seguridad, como hombre elegí el sufrimiento. Porque el dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces, ¡ése es el trato!.”
Tal vez era cierto, tal vez no es posible el todo perfecto, y cada día de felicidad supone que, en algún momento, por una u otra circunstancia, habrá un momento de dolor. Y entonces comprendió que, efectivamente, solo la coexistencia de ambos define y da cuerpo a la felicidad, que de otra manera carecería de realidad. Y entonces decidió que su vida debía continuar, pues ése era el trato.
Una vez hubo desayunado, se dirigió a la pequeña tienda del hotel y alquiló todo lo necesario para subir a las pistas y disfrutar de un día de esquí. Por aquel entonces la temporada acababa de empezar y las instalaciones estaban en perfecto estado. Poco después de la una de la tarde, tras tres descensos por una de las laderas más atractivas, decidió hacer un alto y dirigirse a la cafetería de la estación central a tomar algo. Estaba fatigado y sediento.
-Buenas tardes, ¿qué desea tomar?.
-Una tónica con mucho hielo y algo para picar, y si me deja la carta tal vez pida algo para comer.
-Enseguida.
Mientras esperaba, observaba a la gente que se encontraba dispersa por la cafetería. Familias con los niños pequeños, bastantes parejas y algún que otro turista algo despistado venido de cualquiera de los hoteles cercanos, que parecía disfrutar con la algarabía y el ambiente distendido de aquella mañana. ¿Serían todos ellos felices?. ¿Se mentirían entre si, fingiendo ser quienes no son?. ¿Serían fieles?. El recuerdo de A. volvió a su corazón. Él la había amado intensamente, pero tal vez era cierto que el tiempo había puesto de manifiesto que eran dos personas tan distintas y desconocidas que no era posible que una relación realmente sólida funcionase. Ella lo había dejado bien claro. No se conocían en absoluto, y tal vez no era culpa de nadie, sino de la cobardía de no enfrentarse a la realidad tan pronto ésta es advertida.
Un grupo de trabajadores de las pistas ocupó la mesa que se encontraba junto a la suya. Todos iban vestidos de la misma manera, y reían y bromeaban sin parar. De vez en cuando, algún turista se acercaba a ellos para hacerles alguna pregunta, y era gratificante observar la amabilidad con que eran atendidos. En pocos minutos les habían servido algunas bebidas y un montón de patatas fritas sobre las que se abalanzaron entre risas y algún que otro empujón. Y entonces reparó en ella. Era morena, aunque su pelo no era demasiado oscuro. Le sentaba muy bien el uniforme (debe de ligar un montón, se dijo para si), pero lo que sobresalía de entre el resto de sus características físicas era su gran sonrisa, que dejaba ver una fila de dientes perfectamente alineados y tan blancos como la nieve que lo rodeaba todo. No pudo apartar sus ojos de aquella preciosa sonrisa, que era acompañada por un constante conjunto de gestos que, sin duda alguna, denotaban una poderosa personalidad y un carácter extrovertido y jovial.
Aquella fue la primera vez que la vio, y desde entonces (han pasado casi cinco meses) había vuelto a aquella cafetería todos los días de cada fin de semana pasado. Se sentaba y esperaba a que ella llegase, rodeada de compañeros, envuelta en su eterna sonrisa y derrochando vitalidad. El se quedaba quieto y observaba, y le pareció que poco a poco adivinaba detalles sobre su personalidad que cada vez le atarían más y más. Con toda la discreción del mundo trataba de escuchar sus conversaciones, entre las risas habituales y las bromas que entre ellos se gastaban, y así fue descubriendo pequeñas partes de su universo vital, a veces alegres, a veces marcadas por retazos de melancolía, pero que de alguna insospechada manera le cautivaron. Y entonces decidió que debería de hacer algo para entablar una conversación que quizá diese lugar a posteriores encuentros y tal vez a una relación más intensa. Tenía el presentimiento de que aquella preciosa joven podría ser quizá la respuesta a las preguntas que se había estado realizando inútilmente desde la marcha de A.
No obstante, su corazón quedó tan dolorido y su ánimo tan maltrecho, que había perdido casi toda la seguridad en si mismo de la que siempre había hecho gala. Y así el tiempo fue pasando, mientras los cientos de planes diseñados durante la semana para entablar conversación con ella, quedaban reducidos a la nada llegado el momento. Pero durante el último fin de semana algo ocurrió que le hizo reflexionar. En la habitual reunión entorno a una liviana comida, había escuchado como los compañeros de la misteriosa joven se despedía de ella y bromeaban recordando viejas anécdotas del tiempo pasado. Al parecer, el siguiente sería su último fin de semana de trabajo en las pistas, ya que había decidido aceptar una buena oferta de trabajo que la llevaría lejos de allí de forma definitiva.
Entonces lo supo. Debía hacer algo o inevitablemente perdería la posibilidad de confirmar lo que su corazón le decía, que se trataba de alguien realmente interesante que merecía la pena conocer de forma más profunda. Es curioso como en muchas ocasiones la vida nos depara lo mejor de la forma más insospechada, incluso absurda. Con el tiempo uno aprende que detrás de cada incidente cotidiano, incluso de los más simples, puede esconderse un nuevo recodo en el difícil camino de la vida. Nunca se está seguro de que en qué momento uno tomó una decisión que pudiera afectar de forma trascendente al resto de su vida, de la misma manera que en otras ocasiones las grandes decisiones no convierten tu devenir en algo diferente. Más al contrario, los pequeños detalles, los pequeños incidentes de la vida, son los que dejan huella en el espíritu y nos convierten en las personas que somos. Todo lo que somos es de alguna manera el conjunto de las experiencias que vivimos, por eso es importante dejar que la vida fluya a través de ti, que empape tu interior y te haga crecer con cada instante vivido. Al menos eso es lo que siempre había pensado, aunque los últimos acontecimientos de su vida le habían hecho considerar la posibilidad de estar totalmente equivocado.
Con todas estas reflexiones había llegado hasta aquí. Y decidió que debía hacer algo para no pasar el resto de su vida con el recuerdo de aquella enorme y preciosa sonrisa, y el lamento de no haber podido descubrir de verdad al ser humano que habitaba tras ella, y que su corazón le decía de forma casi inconsciente que merecería la pena. Y entonces lo hizo. Respiró profundamente y con paso firme y decidido se acercó a la mesa en la que ella se encontraba.
-Buenos días, perdona mi intromisión pero desde hace cinco meses he estado pensado en tu sonrisa cada minuto del día. Me llamo M. ¿me concederías cinco minutos de tu tiempo?.
Nunca sabremos lo que sucedió a partir de entonces. Tal vez cuando se miraron a los ojos viajaron en el espacio y el tiempo y se descubrieron paseando por la playa al caer la tarde, ya ancianos, pero con el mismo calor que años atrás; y sus vidas quedaron unidas para siempre. Tal vez no, quizá no vieron nada en absoluto más que una mirada desconocida. Puede que lo importante no sea el final, sino el principio, ya que aquél no puede existir sin éste.
Skywalker
Skywalker
Este sería el último fin de semana de la temporada. Las pistas apenas tenían ya nieve practicable, a pesar de los esfuerzos de los trabajadores de la estación por acondicionar en la medida de lo posible los recorridos más utilizados, y de la eficacia de los cañones de nieve artificial. Pero la primavera definitivamente se había instalado hace ya días, y la temperatura convertía en tarea imposible prolongar por más tiempo el inevitable día de cierre.
La verdad es que había sido un invierno extraño. En general los dos últimos años lo habían sido, pero desde que A. se marchó su vida había discurrido por un camino de inseguridad que distaba mucho de lo que hasta ahora había sido su trayectoria vital. Él, que en otro tiempo había sido el alma en todas las veladas, e incluso en el trabajo se había ganado, gracias a su jovialidad y optimismo, el cariño de casi todos los que le rodeaban, apenas podía reconocerse a si mismo cuando cada mañana se asomaba al espejo del baño. Recordaba como, el día que A. se marchó, no pudo refrenar el impulso de subir a su automóvil (un flamante Chrysler Atlantic “casi” imposible de conseguir) y conducir sin rumbo durante varias horas en medio de la solitaria noche.
Billie Holliday sonaba en el reproductor de CD (“Everything I have is Yours”) como tantas otras veces. Pero en esta ocasión la ligera cadencia de la suave y aterciopelada voz de Billie le hacía daño en su interior. Muchos proyectos que habían quedado rotos para siempre, muchas horas de insomnio desgranando ilusiones a la suave luz de las velas, pasaban ahora vertiginosamente ante sus ojos mientras, aferrando el volante con fuerza, devoraba kilómetros fuera de toda conciencia respecto del espacio y el tiempo.
Con las primeras luces del alba cruzaba la frontera del pequeño país limítrofe que hacía tiempo que no visitaba. Por instinto se dirigió al viejo hotel que desde algunos años atrás había sido refugio en el que desgranar horas de amor al calor de la chimenea. Se sintió flaquear al cruzar el umbral de días felices en otro tiempo, y pesadamente se dejó caer sobre el lecho y, por efecto del cansancio acumulado, se quedó dormido.
A la mañana siguiente le despertó el desagradable ruido del teléfono.
-Buenos días señor, me he permitido advertirle de que en quince minutos cerrará nuestro buffet del desayuno. Tal vez le apetezca tomar algo sólido, ayer no tenía buen aspecto.
-Gracias J., su profesionalidad no deja de admirarme. ¿Podría hacer una excepción y subir un poco de café a mi habitación con un par de panecillos calientes?. Ciertamente estaba muy cansado y he perdido la noción del tiempo.
-Por supuesto señor, usted es uno de nuestros huéspedes más queridos. Bueno usted y la señora, aunque me pareció que esta vez no le ha acompañado.
-En efecto J., esta vez he vendo solo. Hay algunas cosas de las que debo ocuparme.
-Bien señor, el botones estará en su habitación en cinco minutos con un desayuno reparador. Si necesita alguna otra cosa, avíseme.
-Gracias J, de momento eso es todo.
Volvió a sentir la opresión en el pecho del día anterior. El sentimiento de dolor era tan real que parecía físico, a tal punto que recordó una vieja película que había visto varias veces, y la reflexión de su protagonista sobre el impacto de la pérdida del amor:
(voz en off mientras un hombre camina en solitario por la campiña inglesa)
“¿Porqué el amor cuando se pierde duele tanto?
Dos veces lo perdí y tuve que elegir, como niño y como hombre. Como niño elegí la seguridad, como hombre elegí el sufrimiento. Porque el dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces, ¡ése es el trato!.”
Tal vez era cierto, tal vez no es posible el todo perfecto, y cada día de felicidad supone que, en algún momento, por una u otra circunstancia, habrá un momento de dolor. Y entonces comprendió que, efectivamente, solo la coexistencia de ambos define y da cuerpo a la felicidad, que de otra manera carecería de realidad. Y entonces decidió que su vida debía continuar, pues ése era el trato.
Una vez hubo desayunado, se dirigió a la pequeña tienda del hotel y alquiló todo lo necesario para subir a las pistas y disfrutar de un día de esquí. Por aquel entonces la temporada acababa de empezar y las instalaciones estaban en perfecto estado. Poco después de la una de la tarde, tras tres descensos por una de las laderas más atractivas, decidió hacer un alto y dirigirse a la cafetería de la estación central a tomar algo. Estaba fatigado y sediento.
-Buenas tardes, ¿qué desea tomar?.
-Una tónica con mucho hielo y algo para picar, y si me deja la carta tal vez pida algo para comer.
-Enseguida.
Mientras esperaba, observaba a la gente que se encontraba dispersa por la cafetería. Familias con los niños pequeños, bastantes parejas y algún que otro turista algo despistado venido de cualquiera de los hoteles cercanos, que parecía disfrutar con la algarabía y el ambiente distendido de aquella mañana. ¿Serían todos ellos felices?. ¿Se mentirían entre si, fingiendo ser quienes no son?. ¿Serían fieles?. El recuerdo de A. volvió a su corazón. Él la había amado intensamente, pero tal vez era cierto que el tiempo había puesto de manifiesto que eran dos personas tan distintas y desconocidas que no era posible que una relación realmente sólida funcionase. Ella lo había dejado bien claro. No se conocían en absoluto, y tal vez no era culpa de nadie, sino de la cobardía de no enfrentarse a la realidad tan pronto ésta es advertida.
Un grupo de trabajadores de las pistas ocupó la mesa que se encontraba junto a la suya. Todos iban vestidos de la misma manera, y reían y bromeaban sin parar. De vez en cuando, algún turista se acercaba a ellos para hacerles alguna pregunta, y era gratificante observar la amabilidad con que eran atendidos. En pocos minutos les habían servido algunas bebidas y un montón de patatas fritas sobre las que se abalanzaron entre risas y algún que otro empujón. Y entonces reparó en ella. Era morena, aunque su pelo no era demasiado oscuro. Le sentaba muy bien el uniforme (debe de ligar un montón, se dijo para si), pero lo que sobresalía de entre el resto de sus características físicas era su gran sonrisa, que dejaba ver una fila de dientes perfectamente alineados y tan blancos como la nieve que lo rodeaba todo. No pudo apartar sus ojos de aquella preciosa sonrisa, que era acompañada por un constante conjunto de gestos que, sin duda alguna, denotaban una poderosa personalidad y un carácter extrovertido y jovial.
Aquella fue la primera vez que la vio, y desde entonces (han pasado casi cinco meses) había vuelto a aquella cafetería todos los días de cada fin de semana pasado. Se sentaba y esperaba a que ella llegase, rodeada de compañeros, envuelta en su eterna sonrisa y derrochando vitalidad. El se quedaba quieto y observaba, y le pareció que poco a poco adivinaba detalles sobre su personalidad que cada vez le atarían más y más. Con toda la discreción del mundo trataba de escuchar sus conversaciones, entre las risas habituales y las bromas que entre ellos se gastaban, y así fue descubriendo pequeñas partes de su universo vital, a veces alegres, a veces marcadas por retazos de melancolía, pero que de alguna insospechada manera le cautivaron. Y entonces decidió que debería de hacer algo para entablar una conversación que quizá diese lugar a posteriores encuentros y tal vez a una relación más intensa. Tenía el presentimiento de que aquella preciosa joven podría ser quizá la respuesta a las preguntas que se había estado realizando inútilmente desde la marcha de A.
No obstante, su corazón quedó tan dolorido y su ánimo tan maltrecho, que había perdido casi toda la seguridad en si mismo de la que siempre había hecho gala. Y así el tiempo fue pasando, mientras los cientos de planes diseñados durante la semana para entablar conversación con ella, quedaban reducidos a la nada llegado el momento. Pero durante el último fin de semana algo ocurrió que le hizo reflexionar. En la habitual reunión entorno a una liviana comida, había escuchado como los compañeros de la misteriosa joven se despedía de ella y bromeaban recordando viejas anécdotas del tiempo pasado. Al parecer, el siguiente sería su último fin de semana de trabajo en las pistas, ya que había decidido aceptar una buena oferta de trabajo que la llevaría lejos de allí de forma definitiva.
Entonces lo supo. Debía hacer algo o inevitablemente perdería la posibilidad de confirmar lo que su corazón le decía, que se trataba de alguien realmente interesante que merecía la pena conocer de forma más profunda. Es curioso como en muchas ocasiones la vida nos depara lo mejor de la forma más insospechada, incluso absurda. Con el tiempo uno aprende que detrás de cada incidente cotidiano, incluso de los más simples, puede esconderse un nuevo recodo en el difícil camino de la vida. Nunca se está seguro de que en qué momento uno tomó una decisión que pudiera afectar de forma trascendente al resto de su vida, de la misma manera que en otras ocasiones las grandes decisiones no convierten tu devenir en algo diferente. Más al contrario, los pequeños detalles, los pequeños incidentes de la vida, son los que dejan huella en el espíritu y nos convierten en las personas que somos. Todo lo que somos es de alguna manera el conjunto de las experiencias que vivimos, por eso es importante dejar que la vida fluya a través de ti, que empape tu interior y te haga crecer con cada instante vivido. Al menos eso es lo que siempre había pensado, aunque los últimos acontecimientos de su vida le habían hecho considerar la posibilidad de estar totalmente equivocado.
Con todas estas reflexiones había llegado hasta aquí. Y decidió que debía hacer algo para no pasar el resto de su vida con el recuerdo de aquella enorme y preciosa sonrisa, y el lamento de no haber podido descubrir de verdad al ser humano que habitaba tras ella, y que su corazón le decía de forma casi inconsciente que merecería la pena. Y entonces lo hizo. Respiró profundamente y con paso firme y decidido se acercó a la mesa en la que ella se encontraba.
-Buenos días, perdona mi intromisión pero desde hace cinco meses he estado pensado en tu sonrisa cada minuto del día. Me llamo M. ¿me concederías cinco minutos de tu tiempo?.
Nunca sabremos lo que sucedió a partir de entonces. Tal vez cuando se miraron a los ojos viajaron en el espacio y el tiempo y se descubrieron paseando por la playa al caer la tarde, ya ancianos, pero con el mismo calor que años atrás; y sus vidas quedaron unidas para siempre. Tal vez no, quizá no vieron nada en absoluto más que una mirada desconocida. Puede que lo importante no sea el final, sino el principio, ya que aquél no puede existir sin éste.
Skywalker