REFLEXIÓN O DEMAGOGIA
Estos días estamos asistiendo a algo tan curioso como lamentable; la crónica de una muerte en directo. Un enjambre de periodistas sitiando una vivienda privada y haciendo preguntas estúpidas de respuesta obvia. Y yo me cuestiono, hasta qué punto el derecho a la información justifica la vulneración de un momento tan íntimo como es la muerte. Escucho justificaciones vergonzosas a esta actitud. “Ellos han vendido siempre su vida, fomentando el interés del público. Cosechan lo que sembraron”. Y con esto, se lavan las manos al más puro estilo Poncio Pilatos.
No voy a opinar sobre las personas que deciden poner precio a su privacidad, allá cada cual. Pero sí me preocupa el interés morboso que las miserias humanas despiertan en eso que llaman audiencia. Me cabrea que las miles de personas que sufren la misma enfermedad, asistan indefensos al seguimiento ”reality show” que se está haciendo de la misma. Y sobre todo, me asusta que esta noticia tenga más repercusión social que la muerte de cinco mil personas en un país ya devastado.
Ya no se si el problema es la televisión-basura/radio-bajera, con sus periodistas justificados por la ¿libertad de prensa?, o una conciencia colectiva hipócrita y enfermiza.
Reflexión o demagogia. Tú mism@.
EL ORGULLO, EL JABÓN Y LA MADRE QUE ME PARIÓ

Muchas veces confundimos estos conceptos. La dignidad es mantener una postura, fiel a tus principios y a tu forma de ser. El orgullo es obstinarse en algo aun por encima de tus propias ideas y deseos.
¿Qué por qué me dio por pensar en estas tonterías? La culpa la tiene la ducha. Justo a mitad me quedé sin jabón y tenía dos opciones; o remataba la faena con champú o me tragaba el orgullo (y un sermón de paso) y pedía ayuda.
Así que me comí con papas el orgullo y todo lo digna que pude le grité a mi madre, - ¡¡ Mamá, tráeme el gel !!.
Queda pendiente un próximo post: Madres vs yatelodije
25 DE MAYO

EL GRITO
Hoy me he leído y he sentido nostalgia de mi misma. No se cómo ha sucedido pero me he ido perdiendo por el camino. Gastando una parte de mí en cada paso, dando de manera inconsciente el cien por cien sin importar la validez de la lucha. Entre lágrimas secas, no vi lo mojadas que estaban mis ganas de sobrevivir. Y esa humedad salada ha ido pudriendo ilusiones y motivos. Apenas me queda un sueño casi caduco para justificar seguir respirando.
Alguien que conoce muy bien las miserias humanas, me dijo que yo había nacido para ayudar a la gente. Y me pregunto cómo puede ser que tantas personas encuentren alivio en mi mano y yo sea incapaz de vivir, simplemente vivir.
Está bien, lo acepto. Acepto lo que soy. No tengo fuerzas ni motivos para seguir nadando contra corriente. Sólo espero que pase pronto, como un mal sueño, y pueda despertar de esto que para algunos es la vida.
No me quejo, cada cual tiene su historia y se muy bien que cada persona esconde un drama. A veces solo me hace falta leer un par de líneas de vuestros post para reconocer la soledad y la angustia. Veo miedos ocultos en miradas seguras y tranquilas. Un solo gesto me habla de una pena que simplemente se tolera. Una palabra y saltan por los aires los muros de contención, vomitando ese peso que te aplasta las ganas. Yo escucho. Consuelo. Simplemente hago entender que estoy ahí, que el camino no es solitario.
Luego yo tengo que arrastrar mis propios baúles y ya no tengo fuerzas para moverlos.
Me cansé de andar.
Me cansé de hablar.
Me cansé de mojar mis lágrimas secas.

Alguien que conoce muy bien las miserias humanas, me dijo que yo había nacido para ayudar a la gente. Y me pregunto cómo puede ser que tantas personas encuentren alivio en mi mano y yo sea incapaz de vivir, simplemente vivir.
Está bien, lo acepto. Acepto lo que soy. No tengo fuerzas ni motivos para seguir nadando contra corriente. Sólo espero que pase pronto, como un mal sueño, y pueda despertar de esto que para algunos es la vida.
No me quejo, cada cual tiene su historia y se muy bien que cada persona esconde un drama. A veces solo me hace falta leer un par de líneas de vuestros post para reconocer la soledad y la angustia. Veo miedos ocultos en miradas seguras y tranquilas. Un solo gesto me habla de una pena que simplemente se tolera. Una palabra y saltan por los aires los muros de contención, vomitando ese peso que te aplasta las ganas. Yo escucho. Consuelo. Simplemente hago entender que estoy ahí, que el camino no es solitario.
Luego yo tengo que arrastrar mis propios baúles y ya no tengo fuerzas para moverlos.
Me cansé de andar.
Me cansé de hablar.
Me cansé de mojar mis lágrimas secas.

CEGUERA MUDA

como palabras mudas que preferiste ignorar.
¿Para qué contar sino quieres oír?
Con la mirada oculta y un vacío cosido en la piel,
bebo sorbos del silencio que no lograste romper.
¿Para qué mostrar sino quieres ver?
LOS NUEVOS DIÓGENES
No me refiero al síndrome clásico descrito en los años setenta. No.
El nuevo Diógenes no acumula basura ni vive en la miseria. No es necesariamente un anciano, no descuida su higiene ni está desnutrido.
El Diógenes al que me refiero almacena recuerdos y sentimientos que invaden su vida hasta desahuciarle de si mismo. Vive con todo su pasado, haciéndolo presente hasta bloquear su capacidad de vivir el ahora. Lo más triste es que no puede disfrutar de su propia historia, solo sufrirla. Porque esos recuerdos, esas vivencias andan dispersas en su mente de un modo caótico. Y sin darse cuenta, empieza a almacenar experiencias ajenas, sufrimiento de otros, sentimientos extraños. Sin defensa frente a la "basura" de terceros, carga con culpas, rencores y penas que no le corresponden. Hasta quedarse sin espacio. Hasta asfixiarse. En un estado de extrema soledad y aislamiento social autoinducido.
Le da miedo deshacerse de nada, limpiar o guardar porque ya no se reconoce. Y teme, que si le da a cada vivencia su lugar, no sea capaz de verse a si mismo cayendo en el olvido, sin darse cuenta de que cuanto más acumula, más se distorsiona lo propio. Menos espacio queda para esos recuerdos que en realidad son su propia historia.
Así somos los nuevos Diógenes.

A veces, es difícil desprenderse de la piel.
El nuevo Diógenes no acumula basura ni vive en la miseria. No es necesariamente un anciano, no descuida su higiene ni está desnutrido.
El Diógenes al que me refiero almacena recuerdos y sentimientos que invaden su vida hasta desahuciarle de si mismo. Vive con todo su pasado, haciéndolo presente hasta bloquear su capacidad de vivir el ahora. Lo más triste es que no puede disfrutar de su propia historia, solo sufrirla. Porque esos recuerdos, esas vivencias andan dispersas en su mente de un modo caótico. Y sin darse cuenta, empieza a almacenar experiencias ajenas, sufrimiento de otros, sentimientos extraños. Sin defensa frente a la "basura" de terceros, carga con culpas, rencores y penas que no le corresponden. Hasta quedarse sin espacio. Hasta asfixiarse. En un estado de extrema soledad y aislamiento social autoinducido.
Le da miedo deshacerse de nada, limpiar o guardar porque ya no se reconoce. Y teme, que si le da a cada vivencia su lugar, no sea capaz de verse a si mismo cayendo en el olvido, sin darse cuenta de que cuanto más acumula, más se distorsiona lo propio. Menos espacio queda para esos recuerdos que en realidad son su propia historia.
Así somos los nuevos Diógenes.

ZOZOBRA

con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.
BOTELLA AL MAR
M. Benedetti

