DECISIONES
Paciente de 85 años que ingresa en puerta de urgencias por crisis comiciales de repetición, vómitos y oligoanuria de doce horas de evolución. Se constata fiebre de 39.9 centígrados, hipotensión arterial severa con frecuencias cardiacas normales. Como antecedentes de relevancia, destacan un accidente cerebrovascular isquémico hace cinco años, demencia vascular e insuficiencia venosa periférica severa con úlceras vasculares en ambos miembros inferiores.
Se diagnostica Shock séptico y se procede a su ingreso en planta. Se inicia antibioterapia intravenosa, fluidoterapia, anticoagulación, antitérmicos y fármacos vasoactivos. Las pruebas y analíticas practicadas no evidencian foco infeccioso por lo que se procede a interconsulta con cirugía vascular para el estudio y valoración de las úlceras como probable punto de origen.
Tras evaluación del caso, se determina que la pierna derecha tiene criterios de amputación pero dada la patología de base, así como el estado y edad de la paciente; la cirugía no es practicable.
En cuanto al pronóstico, tanto medicina interna como cirugía, están de acuerdo en que la paciente se encuentra en un estado terminal y aun que remonte este episodio de acidosis, dado que el punto de infección no es tratable, a corto plazo recidivará. Se plantea en ese caso medidas paliativas domiciliarias para minimizar el sufrimiento; esto es, morfina subcutánea a demanda. Decisión que deberá tomar la familia.
Caso clínico claro. Impecable en cuanto a manejo y exposición. Como médico estoy de acuerdo hasta la última coma.
Como nieta…me va a costar un mundo verla morir y ser yo quien le ayude a dormir hasta que esto suceda sin poder hacer más.
Hoy odio mi bata, quisiera ser cualquier cosa menos lo que soy.
Se diagnostica Shock séptico y se procede a su ingreso en planta. Se inicia antibioterapia intravenosa, fluidoterapia, anticoagulación, antitérmicos y fármacos vasoactivos. Las pruebas y analíticas practicadas no evidencian foco infeccioso por lo que se procede a interconsulta con cirugía vascular para el estudio y valoración de las úlceras como probable punto de origen.
Tras evaluación del caso, se determina que la pierna derecha tiene criterios de amputación pero dada la patología de base, así como el estado y edad de la paciente; la cirugía no es practicable.
En cuanto al pronóstico, tanto medicina interna como cirugía, están de acuerdo en que la paciente se encuentra en un estado terminal y aun que remonte este episodio de acidosis, dado que el punto de infección no es tratable, a corto plazo recidivará. Se plantea en ese caso medidas paliativas domiciliarias para minimizar el sufrimiento; esto es, morfina subcutánea a demanda. Decisión que deberá tomar la familia.
Caso clínico claro. Impecable en cuanto a manejo y exposición. Como médico estoy de acuerdo hasta la última coma.
Como nieta…me va a costar un mundo verla morir y ser yo quien le ayude a dormir hasta que esto suceda sin poder hacer más.
Hoy odio mi bata, quisiera ser cualquier cosa menos lo que soy.
CON MIS MEJORES DESEOS
A veces quisiera detener el mundo por un momento. Los días en los que mis agendas solapan sus citas, aplastando mi cuello con notas emergentes, vaciando mis fuerzas; esos días desearía sentarme en el borde del silencio y disfrutar mi tiempo como en una foto color sepia.
Quizás por eso adoro la Navidad. Si la desvisto de tópicos, los buenos y los malos, siempre me queda ese espacio reservado a la gente que amo.
Ya ves, siendo lo más importante de mi vida, poco puedo dedicarles en mí día a día. Llego a casa cargada de problemas, sumergida en estrés, ahogada en asuntos pendientes. Y como yo, el resto de mi familia, así que la comunicación se reduce la mayoría de las veces a una mirada de cariño llena de cansancio.
Sin embargo, esta época consigue un cambio. Nos desprendemos de toda esa carga y disfrutamos de esa única prioridad con sentido; las personas.
La Felicidad es un ente extraño que se mide con mil raseros. Para unos será un reencuentro, para otros el recuerdo de un ser querido. Que cada cual tenga aquello que anhela y la Navidad invierta su tiempo en lo que realmente importa.

FELICES FIESTAS
Quizás por eso adoro la Navidad. Si la desvisto de tópicos, los buenos y los malos, siempre me queda ese espacio reservado a la gente que amo.
Ya ves, siendo lo más importante de mi vida, poco puedo dedicarles en mí día a día. Llego a casa cargada de problemas, sumergida en estrés, ahogada en asuntos pendientes. Y como yo, el resto de mi familia, así que la comunicación se reduce la mayoría de las veces a una mirada de cariño llena de cansancio.
Sin embargo, esta época consigue un cambio. Nos desprendemos de toda esa carga y disfrutamos de esa única prioridad con sentido; las personas.
La Felicidad es un ente extraño que se mide con mil raseros. Para unos será un reencuentro, para otros el recuerdo de un ser querido. Que cada cual tenga aquello que anhela y la Navidad invierta su tiempo en lo que realmente importa.

FELICES FIESTAS
FOX

Le vio en el parque. Risueño, torpón, todo ganas de jugar. Abandonado.
Un niño de unos siete años le había traído comida y el cachorro repartía sus energías entre comer y agradecer el regalo al pequeño.
Esperó a que acabara y entonces dejó que su perro Branco y el travieso vagabundo jugaran un rato. Daba gusto verlos cazarse. Más o menos de la misma edad, los dos perros disfrutaban como si nada más importara en el mundo.
Entonces el joven decidió que si volvía a encontrarse con aquel cachorro, más negro que un tizón, se lo quedaría dándole un hogar. Al fin y al cabo, así llegó Branco a su casa.
Una semana más tarde le vio. Esta vez no había saltos ni lametones. El perro estaba tumbado en un rincón del parque. Apenas podía moverse, lleno de colmillazos y un absceso en el lomo que le daban aspecto de herido de guerra. Tenía la boca llena de espuma y una mirada más allá de la tristeza.
Agonizaba.
No lo pensaron dos veces. El joven y su esposa envolvieron al perro en una manta y le llevaron al veterinario. Allí le drenaron el absceso, le curaron las heridas y le dieron tratamiento. Llevaba días sin beber. La deshidratación y la infección hubieran tardado horas en llevárselo por delante.
Hoy Fox, que así se llama, vive con mi hermana y mi cuñado. Tiene una caseta propia en el garaje llena de juguetes que le encanta destrozar y un compañero de juegos tan trasto como él. En apenas un par de semanas ha engordado tres kilos y sus heridas son un mal recuerdo del pasado. Cuando llegan sus papis, sube a la casa y enreda un rato en su manta con Branco. Como todas las noches, cada uno tiene su yogurt con una buena ración de mimos.
Y lo más importante, cuando sale al parque, sabe que solo va de paseo.

