JAQUE A LA REINA
Hoy estoy triste. Calzo ese tipo de pena que ahoga los pasos y sofoca un camino.
Hoy no hay razones simples, sino vacíos complejos. Laberintos de ‘porqués’ en impasse de espera; jugando con mi vida una partida de ajedrez en la que soy mi adversario.
Se enroca la pena y da jaque a la dama. Una dama de cristal que se quiebra por dentro.
Mi Destino-si, ese tuerto mala leche-, tiene el humor más negro que nunca, y en estos dos últimos meses tengo la sensación de que me ha lanzado con un tirachinas. Así que voy disparada hacia arriba, con el estómago pegado en la chepa, y un vértigo que me cierra los ojos.
Puede que alguien piense que no tengo razones para quejarme. Al fin y al cabo, asciendo, no me hundo. Pero yo veo dos problemas; primero, que voy en una dirección que no he escogido, y que es totalmente distinta a la que realmente deseo. Y segundo, que cuanto más alto suba, más duro puede ser el despeño- vamos, que si me fostio no lo cuento-.

