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agrafa tragica
tonterias varias, mi huida personal hacia una meta que es tambien la huida
Acerca de
bueno, ya tengo un blog, a ver que tal se me da. no os voy a decir que me gusta ni naida de naida, marusiña me ha dicho que no tengo por que hacerlo, que si me abrí de piernas o qué es cosa mia.
Sindicación
 
Lugares Comunes
Si alguno de ustedes es un deficiente mental, si creen en algún dogma religioso o doctrina política es mejor que se dediquen a predicar en un templo o desde una tribuna, si por desgracia siguen en esto (ser profesores) dejen sus supersticiones en el pasillo antes de entrar al aula. Intenten que sus alumnos no aprendan de memoria, eso no sirve, lo que se aprende por la fuerza es rechazado y en poco tiempo se olvida; ningún chico será mejor persona por que sepa de memoria el año en que nació Cervantes. Póngase como meta enseñarles a pensar, que duden, que se hagan preguntas, no les valoren por sus respuestas, las respuestas no son la verdad, la verdad es siempre relativa. Las mejores preguntas son las que se llevan repitiendo desde los filósofos griegos, muchas son ya lugares comunes: qué, cómo, cuándo, porqué.

Si decimos que la vida es el camino hacia la meta, como respuesta tampoco sirve, describe la tragedia de la vida pero no la explica. Como maestros tendrán una meta, una obligación no impuesta pero que espero que cumplan: despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad.

El despertar de la lucidez puede no llegar nunca pero cuando llega, si llega, no hay modo de evitarlo, se queda para siempre; cuando se percibe el absurdo, el sin sentido de la vida se percibe también que no hay metas, que no hay progreso, entonces se entiende aunque no se quiera aceptar que la vida nace con la muerte adosada, que la vida y la muerte no son consecutivas sino simultáneas e inseparables. Si uno puede conservar la cordura y cumplir con las rutinas es porque la lucidez nos hace entender que la vida es tan banal que no vale la pena vivirla como una tragedia.

La lucidez es un don y es un castigo, está todo en la misma palabra: lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio; pero viene también de lucero, la primera estrella, la más brillante y la última en apagarse. Lucifer viene a su vez del latín lux y fero: el que tiene la luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior, la que trae el bien y el mal todo junto, el placer y el dolor; la lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, el único que se parecerá remotamente a la felicidad será el placer de ser conciente de su propia lucidez, el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda, es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe, hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se perdió por una voluntad fríamente racional, pero ésta es un motor difícil de mantener; de repente, sin motivo, se va, se apaga, desaparece, es entonces cuando se sigue o no se sigue, se puede o no se puede y si no se puede no hay culpa, no importa el amor de los otros ni el amor que uno siente por ellos, si uno no sigue todo sigue sin uno y sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa.

Se conoce la muerte antes de morir, es un final antiguo, rutinario y común, un final deseado que se espera sin temor porque uno lo ha vivido ya muchas veces, todo da igual.


-Fragmento de la película Lugares Comunes, de Aristarain.
 
lo que el diablo me enseñó no fue a pisar apoyando primero el exterior del pie y luego el interior, por eso ando tropezándome conmigo misma constantemente
Cuéntame.
Cuéntame las uñas.

Justo ahora, por que es ahora cuando ocurre, por que no es pronto ni tarde, sino el instante exacto en el que ocurre. Cuéntame, cuéntame las uñas, ahora, ahora que por fin las cosas ocurren precisamente en el momento en que ocurren, nunca antes, ni después, ni en el momento adecuado ni en el peor, ocurren, cuando ocurren, las cosas. Olvídate de si el centro es o no en la estructura o la estructura misma y advierte lo importante de verdad, advierte que siempre ocurre cuando ocurre, y nunca a otra hora que no sea la hora en la que ocurre, sino cada vez que ocurre, ocurre. Date cuenta de esto y olvida el resto de lo que sabes por que no lo necesitas.
 
He hecho algo horrible y no es la primera vez.
Acostumbran a cruzarse en mi camino hombres empapados y yo acostumbro a secarlos. Siempre cuando es jueves, a una hora intempestiva, a pleno sol, aparece un hombre mojado. Lo llevo a mi casa, le doy un baño caliente y lo seco entre toallas destinadas a él. Lo dejo entre almohadones mientras preparo café o chocolate caliente. Calmado el frío de su cuerpo, me tumbo a su lado y dejo que se recline sobre mí, saco mi pecho izquierdo o derecho, adivinar el apropiado depende del tamaño de sus ojos, y le doy de mamar. Cae dormido y despierta sin excepción a mi lado, ocurre así varios días y durante ese tiempo es muy importante no dejarlo solo, tiene que tenerme cerca, tiene que poder mamar de mí siempre que quiera, crear un hombre enamorado requiere dedicación. Un día ya no duerme tranquilo, se despierta a media noche y hambriento busca mi cuerpo, tantea con las manos mi espalda, mis hombros, mis tetas, furioso, lame mis pezones hasta que se ponen duros y succiona entonces con fuerza, apretando los labios y la lengua , creando el vacío en su boca. Su adicción aumenta en poco tiempo, tres días en los que él me ama y se cree feliz, pero su carácter se agria por que mis mamas se cansan de él, del largo de sus dedos, del blanco de sus dientes y es el fin. Ese día salgo a la calle, es jueves y hace sol, un hombre mojado se cruza en mi camino. Lo llevo a casa, lo baño y lo dejo entre almohadones; deshacerme del hombre anterior es fácil, no hay más que abrir la ventana, empujar, y verlo caer siempre sobre un charco.
 
idea para un cuento
Por ese entonces Johan vivía.
Por las calles de la ciudad bajaban regueros de sangre y vino que salían de las tabernas, descendían por la calzada empedrada, arrastraban los excrementos y orines y llegaban hasta el puerto. Allí los borrachos esperaban con la boca abierta que siguiera bajando el alcohol, que ni sabía bien ni los saciaba, pero que los mantenía alejados de la conciencia. Johan solía perseguir el vino calle abajo y su mujer solía perseguirlo a él con una azada.
Las tabernas no cerraban hasta el alba, pero Johan solía volver mucho más tarde, corría por las calles dando grandes rodeos para despistar a su mujer quien, al final, desistía y lo esperaba en casa, azada en mano, hasta que caía dormida y se levantaba por el llanto del niño; entonces lo acunaba mientras preparaba café en una bacinita de hierro sobre las ascuas, y si no había quemaba alguna camisa de Johan o un tablón de la cama de Johan o algo de Johan, y mientras se calentaba el agua veía crepitar a Johan en las llamas y por un instante era feliz.
 
concurso televisivo a las 02:13
Qué cosa tan sencilla el amor, que cosa tan simple y fútil,
Qué cosa bella y sin tacha, qué cielo azul sin nubes
Qué cosa redondota y reluciente de tan bonita.

Qué cosa tan difícil esto, que cosa complicada,
Qué cosa fea y oscura, qué tierra estéril,
Qué cosa cabezota y desgreñada de tan enredada.

Buenas noches, aquí estamos yo y mi equipo como prometimos la semana pasada, a la misma hora y el mismo lugar, y he aquí también a nuestro panel con un nuevo juego. Lean atentamente, miren, observen, vale la pena detenerse un momento por doscientos billetes, sí, oyeron bien, doscientos, busquen las siete diferencias entre los dos grupos de versos mal rimados y llamen al teléfono que aparece en pantalla, llamen rápido y consigan esta noche doscientos billetes, imaginen en qué gastarlos, imaginen que ya los tienen, pero que digo, dejen de imaginar y llamen, hagan sus sueños realidad consiguiendo doscientos billetes por apenas siete diferencias buenas noches señora, cuál es su nombre, muy bien amiga mía, ahora dígame las siete diferencias y gane doscientos billetes, oyeron bien, si ella acierta con las siete diferencias ganará doscientos billetes, bueno, entonces, dígame, cuales son esas siete diferencias, sí, ya sé que hay más, muchas más, pero vénganme a penas con las siete que pido, no me sean sabihondos, no me sean unos desalmados y me vengan con más diferencias, no necesito saber que hay más de siete diferencias entre los tres primeros versos y los siguientes, siempre supe que debía teneros a raya, ya se me subieron donde no debían, no miren por las ventanas, no espíen, cuervos sin corazón, niños de su madre, viejas del demonio.