Match point – LEVÁNTATE Y ANDA (crítica)

Antes de ésta quizás la película de mayor altura intelectual, mayor alcance intelectivo de Woody Allen sea Delitos y faltas, una apesadumbrada sonata (para violín) sobre la culpa y las contradicciones del deseo, amén de una divertidísima comedia, cuya historia se parece tanto a la de Match point que por poco es la misma. Y esto demuestra que la teoría que viene a continuación es falsa: la extraordinaria sabiduría que requiere el cine, dada la extrema potencialidad de sus medios expresivos, que son casi un juguete sin pilas gozoso y frustrante, provoca que el autor haya de esperar normalmente muchos años para alcanzar las mayores cotas de su arte. Y si Allen viene tocando el cielo desde que se enamoró de Diane Keaton, es que ahora lo ha desnudado, se ha metido el cielo en la cama, y cual si el cielo fuera Mia Farrow el resultado es espinoso cuanto más sublime, o viceversa.
Así que, ni una cosa ni la otra, pero podría parecer cualquiera cuando al ver Match point nos encontramos, sin más ni más, a las cinco de la tarde o a las diez de la noche, ante un hito artístico de inmensurables proporciones. Nos fascina lo que no entendemos, y no se entiende que pueda parecer que alguien lo sabe todo y que, alcanzada esa madurez del que todo lo ha visto (la madurez bergmaniana, podríamos decir), pueda encerrar en una obra todas las frustraciones y las alegrías parciales que en el mundo han sido. Por dejarlo dicho, Woody Allen es uno de los pensadores más importantes de nuestra época.
Intentar enumerar o si acaso resumir todas las influencias que aquilata Woody Allen en esta su última película es tarea imposible en un folio, pero es tarea también intelectualmente imposible la de ser consciente de ellas sino es habiendo vivido la experiencia de Woody Allen o, como diría Borges, teniendo su misma memoria. Más allá de las influencias que desde el principio de sus tiempos han conformado su peculiar angustia (la categoría estética bloomiana que precisa todo genio), y que incluye, qué duda cabe, a Bergman (Delitos y faltas, Maridos y mujeres, pero también Desmontando a Harry), a Strindberg (Interiores), a Truffaut (Annie Hall, Manhattan), o al mismísimo Shakespeare, Woody Allen lo acepta hoy todo. Acepta al ser humano y lo pinta, aunque sin emitir juicio alguno, sni misericordia tampoco, (y es ésta seguramente la cualidad que enfrenta esta película al resto todo de su cine); acepta las hechuras eclécticas y morosas de la ópera; acepta la intolerable obviedad de la tragedia; pero, sobre todo, acepta de forma inédita la omisión de la misericordia también para con el espectador: lo somete a torsión y a la deliciosa tensión de las cosas que nunca acaban. Porque cuando parecería que Match point tiene pensado dar un paso hacia delante, lo da para un lado; cuando se diría que las cosas nos han quedado bien claras porque nos las han contado seis veces, una extraordinaria concepción del transcurso y la tensión narrativos nos lo repite, y gira y gira. Y es que no merecemos ni menos ni más. Match point es repetitiva porque el espectador no tiene por qué saber lo que va a pasar en la escena siguiente. Y así Match point está cerca de ser la película más imprevisible de la historia del cine. Y no por no funcionar la curva trágica, ya decíamos (curva trágica que no es menos cierta cuando se describe, como aquí, truncada), sino porque la curva se enreda en sí misma para salir reforzada y enrarecida, y convierte la tragedia anunciada en una comedia sin apellidos, que no sabemos si acaba bien o mal porque la tragedia no nos lo dice, que quedó muda de humor y de tristeza. Porque Match point es larga cada minuto. Porque en Match point no hay más que incertidumbre, que es un concepto que no tiene nada que ver con el desconocimiento o la sorpresa, y casi todo con la tensión del no querer darse cuenta.
Y por tanto, ¿cómo aceptar esta película furibunda, inteligente, que explora medulas y que deja a sus personajes que se vean sin darse cuenta de sí, pero siempre transformándose como no nos gusta saber que somos estados en constante inestabilidad (he aquí una eterna lección shakespearana)?, ¿cómo aceptar una película que consigue ser angustiosa, casi interminable, pero a la vez indeciblemente divertida?, ¿cómo aceptar que no sabemos lo que son los felices finales, las relaciones felices, pero que nos hemos dado cuenta de que casi todo es tristeza (que ni fluye ni se queda quieta)?
Woody Allen ha hecho una película que, burla burlando, se queda mirando al resto desde la otra orilla. Idiotamente tensa, antinatural como una ópera y comprimida como el jazz, es ésta una película matemáticamente imposible. Imposible, pero uno va a verla y está ahí.
(por Carlos Muñoz Somolinos)
Comentario:
Te felicitio por tu crítica, es la mejor descripción que he leído de lo que esconde entre líneas esta incomprensible, para muchos, nuevo obra de Woody Allen.
Saludos,
Teresa
Saludos,
Teresa





