Tópicos de ayer y...muy a mi pesar...de hoy. Capítulo II
Después de visto lo visto, mi mosqueo, que poco a poco pasó a cabreo y más tarde a indignación, tomó mis manos y contestó la preguntita por mí.
Conclusión, mi ego andaluz tomó vida y comenzó a criticar a este señor que poca idea tiene sobre la identidad del pueblo andaluz.
Pues sí, mi examen derivó a una dura crítica al uso de estos tópicos (demasiado típicos) sobre los andaluces. Sólo hay que estudiar algo de historia de Andalucía para conocer las concesiones lingüísticas que la Real Real Academia Española le otorgó al dialecto andaluz.
Por otro lado, no debemos olvidar que en Andalucía se habla español, no castellano, y que la única unión entre Castilla y Andalucía fue la invasión que comenzó en el Siglo VIII y acabó en 1492 con la caída del Reino de Granada. Ya que no debemos olvidar que fue una conquista en toda línea y el establecimiento de una colonia.
Así pues, tras el asentamiento y expropiación de las tierras para darlas a los nobles, los pocos hombres libres que quedaron fueron los bandoleros, acusados de ladrones, pero defensores de la identidad andaluza, lo únicos que fueron capaces de revelarse contra la opresión.
Todo esto llevó a que el andaluz sea el maestro de la ironía y el sarcasmo, en la mayoría de los casos, confundida con arte. El andaluz se recrea en lo que hace. Donde otros ven un simple corral, los andaluces crean un patio con cerámicas de colores, donde otros ven una fachada, una pared bien encalada que relumbra cuando le da el sol.
Quizás ha llegado la hora de que los andaluces aprendamos lo que somos y que luchemos por ello, reclamando lo que es nuestro y borrando esas ideas tan tópicas y tan generalizadas que nos dejan como los bufones de una España que se olvidó de que ha sido esta Andalucía marginada la que ha hecho de estandarte de lo nacional, perdiendo así hasta su propia identidad.
Conclusión, mi ego andaluz tomó vida y comenzó a criticar a este señor que poca idea tiene sobre la identidad del pueblo andaluz.
Pues sí, mi examen derivó a una dura crítica al uso de estos tópicos (demasiado típicos) sobre los andaluces. Sólo hay que estudiar algo de historia de Andalucía para conocer las concesiones lingüísticas que la Real Real Academia Española le otorgó al dialecto andaluz.
Por otro lado, no debemos olvidar que en Andalucía se habla español, no castellano, y que la única unión entre Castilla y Andalucía fue la invasión que comenzó en el Siglo VIII y acabó en 1492 con la caída del Reino de Granada. Ya que no debemos olvidar que fue una conquista en toda línea y el establecimiento de una colonia.
Así pues, tras el asentamiento y expropiación de las tierras para darlas a los nobles, los pocos hombres libres que quedaron fueron los bandoleros, acusados de ladrones, pero defensores de la identidad andaluza, lo únicos que fueron capaces de revelarse contra la opresión.
Todo esto llevó a que el andaluz sea el maestro de la ironía y el sarcasmo, en la mayoría de los casos, confundida con arte. El andaluz se recrea en lo que hace. Donde otros ven un simple corral, los andaluces crean un patio con cerámicas de colores, donde otros ven una fachada, una pared bien encalada que relumbra cuando le da el sol.
Quizás ha llegado la hora de que los andaluces aprendamos lo que somos y que luchemos por ello, reclamando lo que es nuestro y borrando esas ideas tan tópicas y tan generalizadas que nos dejan como los bufones de una España que se olvidó de que ha sido esta Andalucía marginada la que ha hecho de estandarte de lo nacional, perdiendo así hasta su propia identidad.





