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Historias reales o no
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La dueña de las palabras
Estaba sola, sentada sobre un viejo banco de madera.

En su mano izquierda sostenía un lápiz. Sobre sus rodillas, una libreta.

En aquel parque, en aquella ciudad, en su alma, estaba anocheciendo.

Cuando hubo comprobado que ya no quedaba nadie, abrió la mochila que tenía a su lado. Sacó una botella de whisky y le pegó un buen trago. No le gustaba que la vieran bebiendo. No podía soportar la vergüenza de ser señalada por los niños que se congregaban allí por el día o soportar las burlas de los adolescentes que se reunían a la salida del instituto para dar unas caladas. Ellos, que fumaban como parte del ritual que tenían que realizar para demostrar su “madurez” dentro de un grupo, no entendían que a cierta edad, el único miedo, el peor de todos los miedos es uno, la soledad. Y que para combatirla, ese líquido y ese cristal eran la única familia que le quedaba.

Después de tres largos tragos, el genio que se había instalado dentro, comenzó a obrar su magia y provocó que aquella señora, de mediana edad, agarrara tan firmemente como pudiera el cuadernillo y sobre él dibujara acaso una serie de palabras desordenadas, perdidas, flotando a la deriva sobre el papel para luego unirlas entre sí a lo largo y ancho de la hoja y así completar el hechizo. Cuando hubo terminado, lo enrolló con sumo cuidado, pegó un último trago y metió el mensaje. Se levantó como pudo y lo dejó en el banco donde habitualmente se sentaban aquellos chicos.

El día siguiente amaneció sucio, frío y ruidoso, como siempre. La mañana vino acompañada de un fuerte dolor de cabeza, palpitaciones, sudores. Se hizo un ovillo consigo misma y entonces, cerró definitivamente los ojos.
Por la tarde, los jóvenes de todas las tardes, a la salida de las clases, fueron a reunirse en el sitio de costumbre.

- Anda, coño, ¿quién ha puesto en nuestro sitio esta botella?
- Va, tronko, tírala a hacer puñetas.
- Espera, espera.
- ¿Qué pasa?
- Que tiene algo dentro.
- ¿Qué dices, tía?
- Mira, parece un mensaje.
- A ver, sácalo, vamos a leerlo.
- Qué fuerte. Como en las películas.


…Te recuerdo bella y firme, como la vida, a tus diecipocos años.
…Te recuerdo que más allá de los sinsabores, de aquellos besos que se pierden en la memoria, existe un mundo que se abrirá ante ti, nuevo y radiante, en cuanto cruces la puerta. Vendrán otros hombres, otros amaneceres en lugares en los que ni siquiera ahora puedes imaginar…Otras sonrisas, otros vestidos, otras gentes. Si quieres saber cómo será tu futuro no tienes más que abrir un libro con sus páginas en blanco y escribir. Existe un universo ahí fuera que te está esperando. Quiérete más a ti misma y llegarás hasta él. Desprenderos de vuestra coraza. No le tengáis tanto miedo al presente y al mañana porque todos los que os quieran, lo harán por ser como sois, sin trampa ni cartón. Quereos más a vosotros mismos y llegaréis hasta él. No caigáis en el abismo, al igual que yo.

Por un momento, nadie habló. Ahora, cada uno, intentaba evitar la mirada del otro. Estaban muy lejos, muy lejos, intentando examinar sus corazones. Quizá, quien hubiera escrito aquello, tuviera razón. Se podría intentar, al menos, a ver que sucedería.

En ese momento, llegó el Samur para recoger a aquella señora, en la cual ni habían reparado.

Allí quedaban el lápiz y la libreta. En sus manos y en el aire, quedó para siempre algo más.

…Y todo esto, ocurrió tal día como hoy.