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Historias reales o no
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El heredero de Polifemo
- Perdona
- Dime, cariño
- ¿Me pones otra copa?
- ¿De qué la quieres?
- Da igual. Confío en ti.

Aquella chica de detrás de la barra le sonrió.

- ¿Te parece bien un ron cargadito?
- Vale.

Se lo puso y volvió a sus quehaceres. Para Melchor Melquíades era como estar en el Paraíso. No era por el ambiente, un bar de mala muerte, donde el ligoteo era un trámite para conseguir algo más. Tampoco por la música o la parroquia que allí se encontraba los martes por la noche. ¿Qué era entonces?

- Perdona
- Dime, cariño
- ¿Me pones otra copa?
- ¿De qué la quieres?
- Da igual. Confío en ti.

Aquella chica le volvió a sonreír y a poner otra de las suyas. Melchor apuraba un trago largo, daba una calada y desaparecía a la vista de todos, allí, sentado en su taburete. Se volvía invisible para el resto del mundo. Nadie reparaba en él. Nadie era su mejor compañía. Perdía la vista en un punto cualquiera mientras que sus sentidos atrapaban las palabras que quedaban flotando en el aire...

.....Dime, cariño.... cariño.... cariño....

Cuando Melchor Melquíades se aseguraba de haberlas guardado en el fondo de su corazón, apuraba la copa, dejaba el dinero en la barra y se marchaba sin mirar atrás, temeroso de que escapasen.

Con aquellas letras, aguantaba toda una semana de duro trabajo de celador, por la noche, con nadie como mejor compañía. Aquel “cariño” sonaba tan sincero y tan real que le hacía ocultar su terrible soledad, su terrible timidez, sus noventa y cuatro kilos y su 1,71m. de estatura. Cuando una mujer le miraba a los ojos, Melchor bajaba la cabeza, temeroso de que ella le reprochara su fijación.

- Se ríen, lo se. Me observan y me rechazan. Estoy convencido. No quieren a los hombres buenos, sólo a los duros, a los que aparentan seguridad en si mismos aunque esa apariencia sea engañosa. No, definitivamente, las mujeres, benditas sean, no son para mi.

Una de aquellos martes, tal vez fuera trece, llegó tarde, como solía, a eso de la una de la madrugada. Entró, se acercó a la barra...

- ¡No!, ¡Dios!, ¡No!, gritó para sus adentros...

Y salió corriendo, calle arriba, hasta que llegó a su casa.

- ¡No!, ¡señor!, ¿por qué me haces esto?. Yo, que no meto con nadie, yo, que intento portarme tan bien con los demás.... ¿por qué?, ¿por qué me haces esto?

No contestaron.

- No volveré a verla jamás. No volveré a sentir su risa, ninguna palabra volverá a acariciarme.....¡¡¡No!!!!

Y aquel hombre bueno, comprendiendo que ninguna mujer sobre la faz de la tierra le diría algo tan bello, dejó de beber, dejó de salir.... Sus problemas físicos desaparecieron...Adelgazó. Pasó a convertirse, por primera vez desde su infancia, en un hombre atractivo. Ahora, las mujeres que tanto había temido le miraban con buenos ojos pero a él le daba igual. Alguna que otra le llamaba cariño pero no era el mismo cariño de siempre, el cariño sincero de una desconocida que le servía para sobrevivir semana tras semana. Sólo sonaban a sexo y a lástima. Aún tras haberse quedado ciego por culpa de un principio de cirrosis, reconocía cuando alguien le mentía y cuando no.

Nadie, seguía siendo su mejor compañía.
 
El minuto decisivo

Ocurrió tal día como hoy....

- Que mierda de vida. Cómo la puedes cagar en un puto momento. Hasta ayer era un padre de familia como tantos otros. Ni muy feliz ni muy infeliz. Normal. Con mi hipoteca a cuestas, los niños que van creciendo, lo justo para llegar a fin de mes…¿Cómo no iba a estar a gusto?. Joder, hay gente que ahora mismo mataría por tener la casa en la que yo vivo, comer lo que yo como y dormir en una cama de verdad. Darles mi vida sería como darles un billete para el Paraíso. ¿Por qué la he jodido entonces?. ¿Por qué?. He elegido mi modo de vida y sin embargo, no estaba contento, no. Tenía que estropearlo todo, como siempre me dice mi mujer. ¡Ah!, ¡mi mujer!. Si me hubiera prestado más atención. ¿Cuánto llevaba sin follar con ella?. Ya ni me acuerdo. Qué lástima. Al final, me he visto arrastrado a esto. Cómo no dejarse llevar. Salir del trabajo, ir a casa, hola niños, dadle un beso a papá, ¿y la cena?, ¿qué echan hoy en la tele?....así un día y otro día y otro día y otro día… Los fines de semana, si tengo suerte, se le puede antojar una caricia, un mimo, unos besos…Mmmm. Cómo echo de menos sus labios, su pasión. Cuando nos conocimos era muy distinto. ¡Dios!. Era una tigresa en celo. Se montaba encima y no paraba de animarme. Cabalgaba y cabalgaba hasta caer exhausta. Y luego repetía. ¡Ah!. Éramos jóvenes. Bueno, que coño, lo seguimos siendo pero ahora es muy distinto. Los trabajos, los niños, muchos gastos…Apenas nos queda tiempo para descansar, cuanto más para echar aquellos polvos salvajes de antaño. Menos mal que aún tengo a los colegas. Al menos, cuando nos vemos, podemos emborracharnos decentemente, tampoco mucho, sólo pillar el punto y echarnos unas risas, recordando viejos tiempos.
- ¡Cómo no dejarse llevar por esto!. Sólo un par de cervezas, tío. Sólo un par de cervezas para relajarme un poco. Nada más. Entro en este garito, me tomo un par de cervezas y me voy para casa, a seguir con todo lo programado. No deja de tener gracia. Tenemos un sistema político que nos asegura la libertad, claro, la libertad colectiva, ¿y la individual?. Quién diseñó este plan de vida sabía lo que hacía. Tranquilo, señor. Ya pensamos por usted. Lo dejamos todo atado y bien atado. Le vamos a sangrar sin que se de cuenta. Le vamos a robar todo su dinero y su esfuerzo y usted no se va a dar cuenta. Al contrario, se sentirá afortunado por darle esta oportunidad. Le agobiaremos en cómodos plazos, no se preocupe: ya sabe, si quiere comfort, lo tiene que de pagar. ¡¡Ja,ja,ja,ja!, ¡Qué hijos de puta!. Ya da igual lo que estudies o en lo que trabajes. Simplemente, tu capacidad de endeudamiento será mayor o menor, y no hay más, por desgracia, no hay nada más allá. Antes, nuestros abuelos salían a la calle a protestar y si había que echarse al monte pues uno se echaba y punto. Agarraban por los cojones a quién hiciera falta y no le soltaban hasta que no le daban lo que querían. Nosotros, sus nietos, ni siquiera somos capaces de decirle a la parienta que somos hombres, que tenemos nuestras necesidades, que el sexo no se termina cuando has tenido hijos. Que queremos más. Qué necesitamos más. Y más…y más…
- ¡Ah!, ¡ cómo no haberme fijado en aquel culo tan firme, tan tieso, tan bien puesto en esos pantalones de cuero!, ¡cómo no invitarla a un par de tragos mientras me sonreía como en mucho tiempo me ha sonreído nadie!. ¡Cómo no irse con ella cuando me susurraba al oído todo lo que me iba a hacer con su lengua!. ¡Ah!, ya no me acordaba de aquellas palabras, de aquellas sensaciones. ¡Cómo no haber besado, lamido, mordido y manoseado esos pechos tan firmes!. ¿Cuántos años tienes, chica?. 24, señor. ¡24!. Un dulce diez años menor que yo. ¡Cómo no saborear su cuerpo, cómo no ver algún resto de la inocencia de la edad, cómo no disfrutar con aquello!. ¿Y a mi mujer que le digo?. Bueno, voy al baño, espérate bonita, enseguida vuelvo. Oye,¿cariño?. Mira, tenemos una reunión de última hora. Por lo visto no hemos obtenido el beneficio deseado y va a haber charla general, ¿para qué?. Si al menos repartieran entre quienes de verdad les saca la empresa adelante pero que va, de eso se olvidan. Bueno, no te doy más la brasa. El caso es dar por culo, como siempre. ¿Ya se han acostado los niños?. Bien. Bueno, pues no me esperes levantado. No se a que hora llegaré. Venga, un beso. Te quiero. Hasta luego. Te quiero… ¡Pues claro que la quiero! pero ¡Dios!, soy un hombre, un hombre, y tengo mis necesidades. Ya estoy harto de masturbarme. Soy demasiado joven para acabar así. Necesito sentirme deseado, necesito sentirme capaz de darle satisfacción a una mujer, necesito explorar, acariciar, besar, amar a una mujer con todas mis fuerzas. Tal vez sea eso lo único real y positivo que tenga esta vida, por lo que merece la pena vivirla. Vivirla plenamente. Claro que quiero a mi mujer pero ella se ha encerrado en su mundo cuadriculado y el sexo no es una de sus prioridades. Ya he comprobado como puede vivir perfectamente sin él. Debe ser algo instintivo, ¿no?. Una vez que han conseguido al macho que les garantice la supervivencia de su progenie, ale, a descansar. Nosotros no. Tenemos que seguir al pie del cañón mientras se nos levante. Siempre dispuestos, siempre a punto. Somos máquinas de dar placer. Somos polígamos, por eso no dejamos nunca de fijarnos en cualquiera. ¿Cómo entonces no haber alquilado aquella habitación y haber follado con aquella chica?. Cuando terminamos me sentí con una fuerza y una ilusión que hacía años que no tenía. ¡Joder!, me sentía lleno de energía. Feliz, sí. Aunque pueda parecer superficial me sentía feliz de reencontrarme con aquel joven potente que fui. Lo peor vino después. Yo que sé. Soy un hombre distraído, con muchas preocupaciones, ni siquiera me paro a pensar en esas menudencias. Mi tarjeta tenía saldo pero había caducado. Vaya. Me quedé con un palmo de narices. Ella llamó al encargado del local. Yo lo intenté arreglar amistosamente. Les di mi teléfono, mi dirección. Les dije que les pagaría, que había habido un pequeño lapsus pero que lo solucionaría al día siguiente, que no se preocuparan, que yo era un tío solvente, con un trabajo y una familia, que no me iba a escapar de ningún sitio. Fue imposible hacerles razonar. Ni siquiera cuando me partieron las piernas. Aquellos salvajes tenían sed de sangre y la iban a saciar conmigo. Fueron rápidos. En apenas un minuto me han dejado listo. Mis extremidades ya no me responden, sangro por todos los orificios y he comenzado a sentir pequeñas convulsiones. Qué mierda de vida. Cómo la puedes cagar en un momento…

Mientras aquel hombre piensa para si mismo y comprueba como la vida se le va escapando, desde la habitación de al lado, salen gemidos de placer.
 
Jugando a ser Dios
¿Qué le puedes decir a alguien que se ha tomado más de seis pastillas seguidas?.

-Toma, fúmate un cigarrillo. Morirás de cáncer, seguramente. Será algo a largo plazo, no de inmediato. Además, le echarán la culpa a la adicción. Te evitarás que te acusen de cobardía por no enfrentarte a tus miedos y querer superarlos. O de no encontrar solución. De haber llegado tarde incluso para esto. Que más da. Desahógate. Echa unas caladas y olvídate del mundo por unos instantes.

-Pero si es asqueroso.

-Bueno. También puedes coger el coche un sábado por la noche e ir a cualquier discoteca que haya por el polígono industrial. Ve tarde. Las probabilidades de matarse son mayores cuánto más tiempo pase. Siempre estará el típico gilipollas que va hasta arriba y quiera parecer el macho más fuerte de la manada conduciendo en dirección contraria, directo hacia ti. Eso sí, es probable que sea una muerte lenta. Ten cuidado. Igual quedas atrapada entre los hierros y tardas bastante tiempo.

-No, la verdad es que no me apetece.

-Oye, se me está ocurriendo…

-¿Qué?

-¿Y si pruebas a hacer lo que te de la real gana?

-¿Cómo?

-Pues eso, que pases de lo que todos te digan. Que te quites esa presión de encima. Que les den por el culo a todos. Se libre.

-¿Libre?, ¡jajajajaja!, ¡ésta si que es buena!, ¡libre yo, a mis cincuenta y tantos años?. ¿Y donde voy, alma de cántaro?. Yo, una ama de casa, sin estudios, sin trabajo…

-No he dicho que te vayas. Irte, sin más, sería una estupidez. Hay que ser más sutiles. A ver. ¿Tienes hobbies?, ¿aficiones?.

-Sí, alguna que otra.

-Entonces, ya está. Apúntate a cursillos. Igual en alguno de ellos te dan algún título y puedas conseguir algún trabajo. Sal de casa. Ve hacia el mundo y empieza a aprender de él. Trázate una meta: salir.

-¿Salir?

-¡¡Eso es!!,¡¡salir!!. ¡¡No vuelvas a pensar en lo que te digan!!. Sólo céntrate en salir.

-¡¡Salir!!, sí, salir. Suena bien. Je,je.

Y acto seguido, se levantó de la silla para ir hacia la ventana. Quería ver el atardecer, un atardecer que se le antojó un comienzo, una nueva vida por descubrir.

A los pocos meses, se sacó un nuevo cursillo y se dio cuenta de lo mal que estaba el mercado laboral. A los pocos días de esos pocos meses, la tuvieron que llevar otra vez a urgencias y ahora, su familia me acusa de esta segunda recaída.

-Le diste esperanza, eso es peor para alguien que al final se da cuenta de que no la tiene. Mejor haberla dejado con su rutinaria y exasperante vida, hasta el próximo intento.

- ¿Y qué le puedes decir a alguien que se ha tomado más de seis pastillas seguidas?.

Tal vez escucharle más, decirle que a pesar de los obstáculos no hay que rendirse nunca, que cuando las fuerzas y el ánimo fallen, tienes que buscar refugio en los tuyos. Que hay que dejar de lado ciertos egoísmos y preocuparnos más por la gente que tenemos al lado. Tal vez...Ya no lo sé. Mejor me enciendo un cigarrillo y paso de todo, ¿no?. Sólo lo intenté. Es lo malo de preocuparse por los que te rodean y luego, ¿de qué sirve?.

No, definitivamente, no soy ningún dios. Sólo estoy cansado, muy cansado.

Sentado. A oscuras. En mi habitación.

De fondo se oye una melodía:

- This is the end, beatiful friend...the end

¿Y mis píldoras?.