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Historias reales o no
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Sindicación
 
¡Padre!, ¿por qué nos has abandonado?

- Perdona, pero yo creo que...

- No, tú no crees nada. No tienes ni idea.

-Es que pienso que....

-¿Pensar?, ¿pensar qué?. Aquí nadie piensa sin nuestro consentimiento.

- Pero, pero...

- ¿Pero qué?. ¿Quién cojones te crees que eres?, ¿Dios?

Y Dios se dio la vuelta y renegó de todo lo que había creado hasta entonces.

Una sonrisa hubiera bastado. Una mentira. Pero no. Hasta Dios pierde la paciencia y abandona.

- ¡Dejo este trabajo!

Ahora se dedica a leer libros prohibidos y a escuchar música que ni su propia iglesia aceptaría. Se ríe de si mismo.

- ¡Soy libre!

Es lo bueno y lo malo de ser divino. Tener criterio propio a pesar de los pesares. Ser aceptado o rechazado en un momento u otro. Incluso por los mismos que dicen estar a tu lado.

Un calvario como otro cualquiera.

Amén.
 
Deshumanización

Aladino era un chico alegre e inocente, de apenas diecinueve años. Un chico al que le encantaba el rock and roll.
Su rincón favorito era un pub donde iba cuando podía y se maravillaba con los conciertos que allí se daban.

- Joder, imagínate poder ver todos esos grupos tocando cada vez que quieras.

- Bueno, querer es poder, le respondía su colega.

Y dicho y hecho, al cabo de un par de fines de semana, ya le teníamos detrás de la barra sirviendo copas.

- Eh, tío. Ponme un white label con coca-cola, anda.

Nada.

- ¿Es que no me has oído, o qué?

Aladino permanecía perplejo, absorto. Sus sentidos y su alma estaban fijos en aquella actuación, en aquel solo de guitarra que salía del escenario.

- ¡Eh!. Que no te pago para escuchar sino para atender a los clientes. Vamos.

Pero no había manera. Con cada actuación, en cada punteo, Sentía como se le erizaba todo el vello y el corazón le latía a doscientos por hora. Su felicidad era completa.

- A ver, chico. Llevas ya tres fines de semana de la misma manera. Estamos perdiendo gente así que toma lo tuyo y vete a tomar por culo.

Ahora, Aladino ya no sonríe. Ya no es feliz. Trabaja en unos grandes almacenes y sólo piensa en vender y putear al resto.

Cada vez que por el hilo musical suena algo de rock, va tarareando hasta el cuarto de baño y se tira un buen rato llorando.

Humanizándose.