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Historias reales o no
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El minuto decisivo

Ocurrió tal día como hoy....

- Que mierda de vida. Cómo la puedes cagar en un puto momento. Hasta ayer era un padre de familia como tantos otros. Ni muy feliz ni muy infeliz. Normal. Con mi hipoteca a cuestas, los niños que van creciendo, lo justo para llegar a fin de mes…¿Cómo no iba a estar a gusto?. Joder, hay gente que ahora mismo mataría por tener la casa en la que yo vivo, comer lo que yo como y dormir en una cama de verdad. Darles mi vida sería como darles un billete para el Paraíso. ¿Por qué la he jodido entonces?. ¿Por qué?. He elegido mi modo de vida y sin embargo, no estaba contento, no. Tenía que estropearlo todo, como siempre me dice mi mujer. ¡Ah!, ¡mi mujer!. Si me hubiera prestado más atención. ¿Cuánto llevaba sin follar con ella?. Ya ni me acuerdo. Qué lástima. Al final, me he visto arrastrado a esto. Cómo no dejarse llevar. Salir del trabajo, ir a casa, hola niños, dadle un beso a papá, ¿y la cena?, ¿qué echan hoy en la tele?....así un día y otro día y otro día y otro día… Los fines de semana, si tengo suerte, se le puede antojar una caricia, un mimo, unos besos…Mmmm. Cómo echo de menos sus labios, su pasión. Cuando nos conocimos era muy distinto. ¡Dios!. Era una tigresa en celo. Se montaba encima y no paraba de animarme. Cabalgaba y cabalgaba hasta caer exhausta. Y luego repetía. ¡Ah!. Éramos jóvenes. Bueno, que coño, lo seguimos siendo pero ahora es muy distinto. Los trabajos, los niños, muchos gastos…Apenas nos queda tiempo para descansar, cuanto más para echar aquellos polvos salvajes de antaño. Menos mal que aún tengo a los colegas. Al menos, cuando nos vemos, podemos emborracharnos decentemente, tampoco mucho, sólo pillar el punto y echarnos unas risas, recordando viejos tiempos.
- ¡Cómo no dejarse llevar por esto!. Sólo un par de cervezas, tío. Sólo un par de cervezas para relajarme un poco. Nada más. Entro en este garito, me tomo un par de cervezas y me voy para casa, a seguir con todo lo programado. No deja de tener gracia. Tenemos un sistema político que nos asegura la libertad, claro, la libertad colectiva, ¿y la individual?. Quién diseñó este plan de vida sabía lo que hacía. Tranquilo, señor. Ya pensamos por usted. Lo dejamos todo atado y bien atado. Le vamos a sangrar sin que se de cuenta. Le vamos a robar todo su dinero y su esfuerzo y usted no se va a dar cuenta. Al contrario, se sentirá afortunado por darle esta oportunidad. Le agobiaremos en cómodos plazos, no se preocupe: ya sabe, si quiere comfort, lo tiene que de pagar. ¡¡Ja,ja,ja,ja!, ¡Qué hijos de puta!. Ya da igual lo que estudies o en lo que trabajes. Simplemente, tu capacidad de endeudamiento será mayor o menor, y no hay más, por desgracia, no hay nada más allá. Antes, nuestros abuelos salían a la calle a protestar y si había que echarse al monte pues uno se echaba y punto. Agarraban por los cojones a quién hiciera falta y no le soltaban hasta que no le daban lo que querían. Nosotros, sus nietos, ni siquiera somos capaces de decirle a la parienta que somos hombres, que tenemos nuestras necesidades, que el sexo no se termina cuando has tenido hijos. Que queremos más. Qué necesitamos más. Y más…y más…
- ¡Ah!, ¡ cómo no haberme fijado en aquel culo tan firme, tan tieso, tan bien puesto en esos pantalones de cuero!, ¡cómo no invitarla a un par de tragos mientras me sonreía como en mucho tiempo me ha sonreído nadie!. ¡Cómo no irse con ella cuando me susurraba al oído todo lo que me iba a hacer con su lengua!. ¡Ah!, ya no me acordaba de aquellas palabras, de aquellas sensaciones. ¡Cómo no haber besado, lamido, mordido y manoseado esos pechos tan firmes!. ¿Cuántos años tienes, chica?. 24, señor. ¡24!. Un dulce diez años menor que yo. ¡Cómo no saborear su cuerpo, cómo no ver algún resto de la inocencia de la edad, cómo no disfrutar con aquello!. ¿Y a mi mujer que le digo?. Bueno, voy al baño, espérate bonita, enseguida vuelvo. Oye,¿cariño?. Mira, tenemos una reunión de última hora. Por lo visto no hemos obtenido el beneficio deseado y va a haber charla general, ¿para qué?. Si al menos repartieran entre quienes de verdad les saca la empresa adelante pero que va, de eso se olvidan. Bueno, no te doy más la brasa. El caso es dar por culo, como siempre. ¿Ya se han acostado los niños?. Bien. Bueno, pues no me esperes levantado. No se a que hora llegaré. Venga, un beso. Te quiero. Hasta luego. Te quiero… ¡Pues claro que la quiero! pero ¡Dios!, soy un hombre, un hombre, y tengo mis necesidades. Ya estoy harto de masturbarme. Soy demasiado joven para acabar así. Necesito sentirme deseado, necesito sentirme capaz de darle satisfacción a una mujer, necesito explorar, acariciar, besar, amar a una mujer con todas mis fuerzas. Tal vez sea eso lo único real y positivo que tenga esta vida, por lo que merece la pena vivirla. Vivirla plenamente. Claro que quiero a mi mujer pero ella se ha encerrado en su mundo cuadriculado y el sexo no es una de sus prioridades. Ya he comprobado como puede vivir perfectamente sin él. Debe ser algo instintivo, ¿no?. Una vez que han conseguido al macho que les garantice la supervivencia de su progenie, ale, a descansar. Nosotros no. Tenemos que seguir al pie del cañón mientras se nos levante. Siempre dispuestos, siempre a punto. Somos máquinas de dar placer. Somos polígamos, por eso no dejamos nunca de fijarnos en cualquiera. ¿Cómo entonces no haber alquilado aquella habitación y haber follado con aquella chica?. Cuando terminamos me sentí con una fuerza y una ilusión que hacía años que no tenía. ¡Joder!, me sentía lleno de energía. Feliz, sí. Aunque pueda parecer superficial me sentía feliz de reencontrarme con aquel joven potente que fui. Lo peor vino después. Yo que sé. Soy un hombre distraído, con muchas preocupaciones, ni siquiera me paro a pensar en esas menudencias. Mi tarjeta tenía saldo pero había caducado. Vaya. Me quedé con un palmo de narices. Ella llamó al encargado del local. Yo lo intenté arreglar amistosamente. Les di mi teléfono, mi dirección. Les dije que les pagaría, que había habido un pequeño lapsus pero que lo solucionaría al día siguiente, que no se preocuparan, que yo era un tío solvente, con un trabajo y una familia, que no me iba a escapar de ningún sitio. Fue imposible hacerles razonar. Ni siquiera cuando me partieron las piernas. Aquellos salvajes tenían sed de sangre y la iban a saciar conmigo. Fueron rápidos. En apenas un minuto me han dejado listo. Mis extremidades ya no me responden, sangro por todos los orificios y he comenzado a sentir pequeñas convulsiones. Qué mierda de vida. Cómo la puedes cagar en un momento…

Mientras aquel hombre piensa para si mismo y comprueba como la vida se le va escapando, desde la habitación de al lado, salen gemidos de placer.
No