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El guerrero
"...cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de un roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más bella de sus melodías, expira. A los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix, y cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol." Ovidio
Mis Dioses
El Panteón de Heliópolis
Liturgia
Sindicación
 
radicalización
Va a ser difícil intentar concentrar estos días en algo legible y digerible. Empezaré diciendo que hoy lunes es el día de Canarias, y que por esa razón llevo todo el día en casa recuperándome de un puente que ha estado a punto de derrumbarse.

un fin de semana pensativo

El viernes todos los planes se desbarataron. Carlos se fue con su novio y otras parejas a pasar un par de días en una casa rural. Me dijo que fuera, y le costó entender que no es el mejor momento para que yo pase unos días nadando en el mundo par de los matrimonios y las parejas de hecho. Quedamos en salir el domingo, a su vuelta. El día se estropeó y me quedé sin playa. La cena con mi grupo de amigos de siempre, ahora padres y casados, se canceló a última hora por indisposición de los churumbeles. Al final se me juntaton dos planes imprevistos. Cena con un matrimonio de amigos y juerga con un colega hetero. Ambos planes se solaparon, pero para bien. Encontré a mucha gente (como a la chica a la que le hice la sesión de fotos desnuda hace un par de semanas) en los lugares más insólitos. Acabé saliendo del armario de forma muy natural y divertida con el matrimonio, y a punto de acabar en la cama con mi amigo hetero, que esta vez sí subió a mi casa a tomarse un whisky y algo más, pero me quedé dormido en el sofá. Al día siguiente me desperté allí mismo, abrigado con la manta que él me puso por encima. Estoy convencido de que durante la semana volveré a saber de él.

una de las fotos de aquella sesión

El sábado, fiesta con Álvaro. Primero nos fuimos al teatro. Después nos vinimos a mi casa a tomar una copa y vestirnos para salir de marcha. No me preguntéis cómo ni por qué, pero acabé cortándome en el dedo anular. No un corte normal, no. Un corte en V que paró la uña y que estuvo a punto de levantarme el dedo completo. Empecé a sangrar en la escalera sin poder parar. Sangre en el ascensor. Sangre en mi pasillo, en mi baño. Me enrollé el dedo en unas gasas y a las 12 de la noche Álvaro cogía el coche para llevarme a urgencias del hospital. Allí, en el lapso de una hora, me pusieron la antitetánica y me dieron 5 puntos en el dedo. El pinchazo de la anestesia dolió, pero la aguja entrando en la piel antes de que la anestesia hiciera efecto fue inenarrable. Salimos de allí a la 1, con mi dedo vestido de gasas. Y como no, nos fuimos de marcha hasta las siete de la mañana. El dedo empezó a darme latigazos de dolor sobre las 3, pero pude aguantarlo bien, porque la noche, por muchísimas razones, fue histórica.

El domingo, comida familiar que se prolongó más que de costumbre. Estuvimos casi 6 horas todos juntos, hablando de todo, riéndonos y llorando incluso. Carlos llamó muy tarde para decir que no iban a salir. Yo cogí el coche y me largué con Álvaro a un núcleo turístico a 50 km de la capital, donde en una discoteca se celebrara una fiesta con 3 estupendos DJs de la isla. No bebí nada, ya que tenía que conducir, y volví con tres teléfonos que no pienso marcar.

Hoy he conocido a un pibe de mi quinta. Lo he conocido cibernéticamente. Parece simpático y tiene un nombre precioso. Le dije de salir a tomarnos una cerveza, pero ya estaba en pijama. Bueno, y gracias a eso tengo tiempo de ponerme a escribir este texto. En cualquier caso ya le di mi teléfono, y ya veremos si me llama. Creo que sí lo hará.

mi nuevo look pronostica cambios mucho más profundos

He releído a John Irving, y he visto un montón de películas: El Ansia, Los padres de él, Bajo el Sol de la Toscana, Conociendo a Julia y varias más. Algo en el sol de la toscana me llegó a unos sitios que no esperaba, y empezó a rasgarme fibras de emoción impropias de una siesta de sábado. Lloré, igual que cuando echaron hoy un reportaje de la muerte del gran Antonio Flores.

Mi vida necesita un cambio radical. Quizá de trabajo, después de 15 años. De vivienda, sin duda alguna. Quizá incluso de lugar de residencia. A lo mejor irme a otra isla, cruzar el charco hasta Europa. Lo más importante de este puente es que lo termino con la certeza de sentarme a hacer un plan. Es imposible llevar mi vida por unos derroteros determinados, pero lo que sí puedo hacer es guiar mi corazón y mi alma. Voy a darles de comer, curarles su anorexia. ¿O quizá padecen de bulimia y estoy obligándoles a vomitar todo de lo que se alimentan?

Nunca me había fijado. El Alma. Un artículo masculino para un nombre femenino. Hasta el lenguaje, en sus quiebros, nos guiña sabiduría.

luz y oscuridad, ying y yang, cambiar o permanecer. Contraste
 
belleza
Esta mañana cogí un cuaderno de casa, por si tenía que tomar notas en una reunión de trabajo que estoy esperando a tener (los funcionarios están desayunando, qué típico). La cosa es que al abrirlo, me encontré con la primera página ocupada. No recordaba ese texto que escribí hace años al inicio de un agotador viaje de trabajo, pero me enterneció y me devolvió un momento que había perdido. Al parecer lo escribí con esa intención, no olvidarlo nunca. Y lo conseguí.

lo primero que veía al abrir los ojos en el Caribe...

A ver, Yarince. Estás escribiendo esto para que nunca se te olvide. Hoy viniste sin mucho ánimo a la isla de Santa Lucía en el Caribe. Un vuelo extenuante. Tu primer vuelo trasatlántico. Han sido casi veinte horas para llegar hasta aquí.

Venías ya destrozado desde San Juan de Puerto Rico a Santa Lucía, y te pusiste en la ventanilla del avión para ver el mar de los tiburones desde el cielo. Pero antes de que se dibujara ninguna isla en el mar, todo se nubló y en un santiamén se hizo de noche. Sólo rompía la oscuridad el destello de las luces de posición de las alas, fantasmagóricas. Y en esa modorra caíste dormido, con la cabeza apoyada en aquel cristal doble, arañado por el frío.

Unos golpes en el brazo te despertaron. Abriste los ojos y a través de la ventana viste una de las imágenes más bellas que has presenciado nunca: Santa Lucía, apaisada, tendida como un belén nocturno, presidida por una inmensa y brillante luna llena que se reflejaba en el mar del Caribe, ese mar parado como una llanura. Te quedaste sobrecogido, hipnotizado.

Lo demás fue corriente. Aduanas, taxi, llegada al hotel, registro y cena. Tu compañero de trabajo se fue a su cuarto a descansar, era ya muy tarde y el día había tenido más horas que los de costumbre. Pero tú, novelero, ¿recuerdas lo que hiciste? Te cambiaste de ropa, cogiste tu minidisc y tu tabaco, y bajaste a la playa. Sin toalla, sin bañador, tu figura en una inmensa y hermosa playa desierta, a medianoche.

los pitones, la imagen más conocida de Santa Lucía

Nada más llegar te metiste desnudo en el agua. Estabas solo, completamente solo. Como siempre, Yarince. El agua fresca, que no fría. Un calor terrible, a pesar de ser las doce de la noche. Madre mía, era tanta la claridad de la luna y la transparencia del agua que te adivinabas perfectamente las manos, el cuerpo, los pies, a pesar de ser de noche. Nunca antes te había pasado.

Diste unas brazadas, feliz. Mirabas desde el agua los veleros fondeados con sus luces, cuyos reflejos en el agua convergían en ti. Nadie que te molestara. Tu baño de luna en el Caribe. Te lo tenías prometido.

Saliste del agua y te escurriste el agua del cuerpo con las manos. Te han dicho que eso “limpia”. Sin miedo, te tumbaste directamente en la arena a acabar de secarte con el calor, en ausencia de sol. Encendiste un cigarro y te pusiste los auriculares. Tu música, tu banda sonora, la luz que le da relieve a tu mundo interior. El piano que sonaba en tus oídos no podía acallar el murmullo de las olas. Posaste tu vista en la playa, y era como mirar una foto: la orilla transparente, la siguiente franja celeste degradándose en turquesa hasta convertirse en un negro de boca de lobo. “Gracias por ponerme la luna esta noche, seas quien seas.” Las luces, esparcidas aquí y allá. Miraste hacia arriba, hacia las estrellas que se peleaban con las nubes. Si las observabas fijamente parecían hacer carambolas en el tapete del cielo, chocando unas con otras. Hacia atrás, el contraluz de la luna iluminaba las ramas de las palmeras, que no dejaban de cantar meciéndose en la misma brisa que te recorría el cuerpo húmedo.

La luna, las estrellas, las palmeras, la sensación de la arena, la caricia de la brisa, el sonido de las olas y la música... Recuerda siempre que te estremeciste y que se te llenaron los ojos de lágrimas. Te emocionaste con la belleza, por el regalo, por el recuerdo que ahora, para siempre, es tuyo. Recuerda que pensaste que habrías recorrido cien veces tantos miles de kilómetros sólo por poder disfrutar de esos minutos. Y que habrías dado lo que fuera por poder compartirlo con alguien.

tenía que inmortalizar en una foto aquella playa...

He vuelto a estremecerme. El cuaderno donde escribí ese texto en Santa Lucía, tenía todas las hojas en blanco, excepto esa. Es lo único que escribí en todo el bloc. Después lo relegaría por casualidad, o por alguna razón que ya no acierto a recordar. Tampoco sé por qué lo cogí esta mañana de un cajón olvidado de la casa, donde lo guardé sin querer tras la última mudanza. El escalofrío ha nacido al ver la fecha del encabezado. Hoy hace exactamente tres años de aquel baño en el Caribe. No puede ser una coincidencia.

el tercer aniversario de la belleza
 
tu fantasma
amor entre fantasmas
Beso, por Elian

Me decido a tararearte todo lo que se te extraña desde el día en que partiste hasta el largo día de hoy. Me acompaño de guitarra porque yo no sé de cartas y ,además, ya tú conoces que ella va donde yo voy. Lo único que me consuela es que uso dos almohadas y que ya no te torturo cuando te hago trasnochar. Otro alivio es que, en su árbol, los pajaritos del alba siguen ensayando el coro con que te bienvenirán.

El teléfono persiste en coleccionar absurdos. Embromarme sigue siendo un deporte universal, y la puerta está comida donde la ha golpeado el mundo. Por lo menos una buena parte de la humanidad.

El cine de enamorados tuvo un par de buenas pistas. Nuestro cabaret privado sigue activo por su bar. Se nos sigue desangrando la llave de la cocina, y yo sigo sin canciones habiendo necesidad. Pueden ser casualidades u otras rarezas que pasan, pero dondequiera que ando, todo me conduce a tí. Especialmente la casa me resulta insoportable cuando desde sus rincones te abalanzas sobre mí.

No exagero si te cuento que le hablo a tu fantasma, que le solicito agua y hasta el buche de café. En días graves le he pedido masajes para mi espalda; los peores ni te cuento porque no vas a creer.

Hay días que, en tu sacrificio, acaricio tu fantasma, pero donde iba el delirio no oigo tu respiración. Siempre termino en lo mismo. Asesino tu fantasma y la diana me sorprende recostado en el balcón.

Ya no sé si lo que digo realmente nos hace falta. Hoy no es día inteligente y no sé ir más allá, pero cuando puedas vuelve, porque acecha tu fantasma jugando a las escondidas. Y yo estoy muy viejo ya.

Tu Fantasma (Silvio Rodríguez)
 
ellos, nosotros, yo
fugaz como una amapola

Estamos a 19 de Mayo y sólo he escrito dos post durante este mes. En estos diez días que han pasado desde el último, sólo quería publicar una frase, prestada de Julio Medem:

Me voy a morir de tanto amor.

porque así es como me he estado sintiendo. Pero muerto del amor que no he podido dar, aunque haya tenido un mes sexualmente muy activo.

Luto

LOS HOMBRES

Me han dicho "ven" abriendo la puerta de los servicios de un centro comercial, me han dicho "entra" desde un coche, me han dicho "vámonos" en un bar. Esos y muchos más imperativos, demasiados para mis ánimos. Un gran amigo mío, heterísimo y que ha sido novio de las pibas más espectaculares que conozco, me ha besado en el cuello, y me ha pedido que le invite a mi cama; me manda mensajes a las seis de la mañana de un martes. He conocido a un tipo fantástico que lleva 5 años infectado con el vih. Fui con mi amiga Lola al centro comercial de al lado de casa, y el musculitos que atiende en una de las tiendas de ropa me acosó de mala manera, ofreciéndome ropa, calzándomela y casi metiéndose en el probador conmigo. Incluso nos siguió al bar donde luego nos tomamos unas cañas. Estoy preocupadísimo por Gustavo. Sigo loco por un compañero de trabajo.

LOS AMIGOS

Álvaro y Carlos están medio encelados el uno con el otro. Tengo que repartirme entre los dos, y Carlos insiste en que mi relación con Álvaro está afectándome, cambiándome, mientras que Álvaro me dice que tengo que controlarme, pero divertirme lo más grande. He vuelto a hacerle una nueva sesión de fotos a la amiga de Timi, completamente desnuda y preciosa. También me encontré a su amiga la transexual, exhuberante al máximo, que se va a vivir a París. He estado cenando con Lola una mousse de foie con queso de cabra caramelizado.

campos de colores

YO

Yarince ha estado hasta los huevos de todo, incluído el blog. Esperó a llegar al fondo para coger impulso y salir de nuevo a flote. Aún sigue en ello. Mientras tanto, se mantiene sin fumar aunque le está costando lo suyo. El estar recuperando su blanquísima sonrisa (ayudado por una limpieza intensísima con su higienista) le ayuda a no flaquear. Después de muchos años, casi cuatro, desde antes de Axel, se ha cortado el pelo chiquitito, en contra del consejo de todos los que le rodean. Sigue yendo todos los fines de semana a la playa, se le ve moreno y saludable.

AHORA EN SERIO, YO

atrapado

Oscuridad. Laberinto. Insomnio. Sudor. Edad. Proteínas. Lucías. Libros. Sombras. Cines. Canela. Sol, Serrat. Temblores, Soledad. Viento. Escalofrío. Besos. Risas, Intimidad. Dicotomía.

Galimatías.

En una palabra:

Enigma.

En cuatro letras:

AMOR

brumas

Amor a primera vista, de Wislawa Szymborska

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,


una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?


Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto
.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar
.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad
.

el campo de las adormideras

Adoro este poema de Wislawa. Es real. Estoy convencido de haber rozado los hombros en un tránsito, de haberme sentado en el calor que dejó en una silla, de haber coincidido en la cola del columpio. Aunque nunca, nunca lo sepamos.

(todas las fotos cortesía del National Geographic)
 
contrición
uno de mis muchos perfiles
Perfil, de Ramón Sans

El viernes salí con Álvaro, pero él estaba cansado y se fue temprano (serían las cuatro y media de la mañana). Yo cogí un taxi y me fui a la discoteca que más tarde cierra en mi ciudad, y donde trabaja Axel, mi ex. No había mucha gente, pero sí algún que otro conocido, a los que saludé y con los que estuve un rato. Fui a pedir y Axel comenzó a hablar conmigo. Me pidió disculpas. Dice que la razón por la que no me llama y a veces ni me habla es porque su actual pareja está muy encelado. Le dije que lo sé, y que eso me molestaba al principio, pero que me he hecho a la idea. Me preguntó qué tal seguía mi hermano, no se había enterado de que murió hace casi ocho meses; tampoco sabía nada de la muerte de Román, a quien por supuesto conocía del año que estuvimos juntos.

Fue como si quisiéramos ponernos al día de nosotros, hablando de prisa y apurando el tiempo. Noté que al hablar me inclinaba hacia él más de lo necesario. Noté que al hablarme Axel se acercaba demasiado a mi cuello, y que me rozaba apenas con los labios. Noté que lo agarraba por la cintura con la excusa de decirle cualquier cosa. Noté que él me agarraba el antebrazo o me acariciaba el hombro sin venir a cuento. Le hablé de él, y él me habló de mí. En un par de ocasiones nos quedamos congelados mirándonos. Me dijo que le acompañara el sábado a las 10 de la mañana a un compromiso que tenía. “Puedes venir sin miedo, él no va a estar,” continuó.

casi un corazón
Contraste, de Ramón Sans

Era ya tarde, y se me pasó por la cabeza decirle que le esperaría para acompañarle a casa cuando terminaran de limpiar el local. Pero en vez de eso, me despedí y me fui. No sé si empecé a llorar antes de coger el taxi, o durante el trayecto, o mientras recorría la avenida peatonal que me lleva a mi casa. Sé que entré en mi salón llorando sin ruido, con el surco de una lágrima perseguida recorriendo mis mejillas.

No estoy seguro de haber llorado por Axel. Me inclino más a pensar que ahora es cuando voy a dar a luz el dolor por la pérdida. Por la pérdida de mi hermano, de Román, de la estabilidad, de un mundo seguro. Que mi conversación con él, contándole este último año, ha horadado las presas que mantenían el duelo a raya. Que me sentí desamparado, porque no hay mejor palabra que lo defina. Desde hace aproximadamente un mes vengo notando cosas, comportamientos, pruebas de que algo me está pasando, alarmas de peligro. Por suerte tengo a Carlos para advertirme. Tres veces ha tenido que hacerlo en este fin de semana. Tengo que hacer frente a la situación, y no podré escaquearme con juergas desmadradas, sexo indiscriminado o pirulas. No me engañaré pensando que lo hago porque me apetece, razón perfectamente válida, porque yo no soy así, y lo hago simplemente para escapar o demorar. Yo no quiero escaparme de mi vida, porque es hermosa e intensa. Y si duele es sólo porque ella y yo somos reales.

espinas de polen en terciopelos de pétalos
Suavidad, de Ramón Sans

Puse el despertador a las nueva y media para acompañar a Axel. No sé si no sonó o lo apagué. Lo único que sé es que tomé conciencia a las dos, cuando ya era demasiado tarde. Cuatro horas tarde para acompañar a Axel, y un año y medio tarde para recuperarle. Para lo único para lo que aún estaba a tiempo, era para escribir un poema:

Pliegue, de Ramón Sans
CONTRICIÓN

Perdóname.
Por pensarte aún.
Por masturbarme
sofocado en el olor
de tu pañuelo.
Por llorar
cuando me corro
en tu ausencia.

Perdóname.
Por no saber dejar de quererte.
Aunque hacerlo no tenga perdón.



 
mosáico
la señal

Una tórtola aparece en el balcón de nuestro apartamento en la sexta planta. Incomprensiblemente, sin daño alguno en alas o patas, decide quedarse a contemplarnos. Ni siquiera al acercarnos huye, sino que permanece mirándonos con curiosidad. Sus plumas cenicientas y su collar de ónice nos acompañan durante toda una tarde. “Es una señal,” insiste Álvaro.

El cigarro rubio de un camarero ídem se consume en un cenicero de cristal abarrotado de colillas. Mi mirada hipnotizada no puede apartarse de la columna de humo, del fronterizo ribete naranja y de un filtro que dice respírame. Tengo que sacar fuerzas de reservas desconocidas de voluntad para refrenarme y no llevármelo a la boca. No puedo dejar de mirarlo. Cerrando el círculo, el camarero no deja de mirarme. Suena Bootylicious y en las pantallas, sobre las cabezas de un enjambre de hombres, se contonea Beyoncé.

no te confundas de cielo...

El día amanece sin una sola nube, y como de costumbre nos lleva una larga pero animada caminata llegar hasta la playa, repleta de gente. Nos tumbamos los dos en mi toalla, porque Álvaro se ha olvidado la suya en casa, y oímos reggaetón en su reproductor de mp3, cada uno por un auricular. A nuestro lado un hombre con pinta de cirujano se desnuda mientras su mujer recauchutada se tuesta al sol. Nos vamos al agua, congelada, y nos ponemos a varar olas o a zambullirnos en ellas. El sol me pica en la espalda. Álvaro se obsesiona con los granos de arena que colonizan nuestros pies y la toalla. Miramos el espectáculo, a veces dantesco y a veces sugerente, de un montón de tíos que se pasan el año en el gimnasio para poder lucirse en estos días de sol. Hablamos del vacío cuando la piel se descuelga. De los hombres horno y los hombres microondas.

Que va, Carlos, nos llevamos de puta madre. Me río un montón con Álvaro, tiene un carácter fabuloso como compañero de viaje. Es como tú, sólo se mosquea cuando tiene hambre o sueño. Y en serio, hacía años que no me reía como con él, es ocurrente y brillante cuando está relajado. Creo que vamos a ser muy buenos amigos. Aunque a veces siento que estoy traicionando a Román.

álvaro y yarince

Del techo cuelgan cadenas y osos de peluche. Por aquí y allá, señales de obra y conos de señalización. Camisas blancas, pantalones militares y el cuero de un centenar de animales. Patillones, perillas y cabezas rapadas. La escasa luz es negra, los dientes y los vaqueros brillan. Las miradas centellean. Las copas son cervezas agarradas por el cuello, bebidas a morro. En las teles, pasiones de pelo y proporciones descomunales. Chalecos fosforescentes y carteles de No drink, no entrance. Y en el fondo, junto al DJ, un luminoso con una advertencia en leds rojos y ondulantes: "while in the darkroom, beware of pickpockets".

Álvaro ahora está seguro de que la tórtola me estaba avisando de la aparición de Bruno, el francés madurito que me bautizó como Lobezno.

Lobezno