toc toc

¿Queda alguien? ¿Sigues ahí?
Quizá te hayas quedado a dormir en una esquina, escuchando sonidos que te alertaran de mi llegada. O quién sabe si decidiste dar un paseo por el huerto, pendiente de si se prendía alguna luz de las ventanas.
Por eso quiero volver en silencio, sin encender las luces ni hacer ruido. Para despertarte con un beso. Para abrazar tu cintura y pasear juntos. Porque para eso vengo yo a mi templo de Heliópolis. Para hacer el amor.
Simplemente me fui a buscar nuevos utensilios. Ya los tengo, y el taller abrirá al público mañana.
¿Estás?
libertad para claudio

No pretendí ser nada para ti, ni convertirte en nada mío. Te esperé limpio y vacío de esperanzas en el asilo del hastío hasta que entraste en tromba por la puerta del jardín, sin apenas equipaje, cargado sólo con una ciudad del color de mis ventanas. Nos sentamos y te hablé con claridad, te dije que soy un hombre contagioso y que me imaginaras envuelto en una gran burbuja. Te dije que el destino que siempre ha jugado con nosotros nos había engañado esta vez, poniéndonos en bandeja un manjar infectado. Mientras hablábamos, el aire fresco se escurrió por los sumideros del averno y dio paso a olas que nos barrieron de bochorno y calimas que oscurecieron los cielos. El mundo completo se convirtió en un mal presagio.

En medio de semejante erial, entre las señales de peligro y los discos de prohibición, la sal se apartó para dejar libres nuestros labios, de donde brotó un puñado de amapolas con nuestros nombres. Alimentamos un amor con fecha de caducidad, pero no caduco. En la adversidad más flagrante nos arriesgamos a la pasión, al intercambio, al roce. El siroco arreció y nosotros no nos dimos por aludidos, continuando las dentelladas en el cuello y los senderos de besos por los costados, donde clavamos lanzas de salivas. Temblamos. El calor nos eximió de la tentación de enroscar nuestros cuerpos en medio del sueño, evitando así que germinara a su sombra la ternura.
Terminado este lapso nos devolvemos a nuestros mundos. Tras este paseo entre los planetas de la excepción y del sueño, caemos de nuevo a la tierra, distinta para cada uno de nosotros. Mi tierra llena de agua, la tuya de mesetas. Podría llamarte amor si el tiempo nos hubiera dado una prórroga, pero sólo nos dio una pírdula que acaba de llegar a término. Sé que podría enamorarme de ti, aunque no haya habido tiempo para hacerlo, aunque no me haya permitido hacerlo.

Un mes atrás te recordaba recortado en un zaguán. A partir de hoy, en mi recuerdo, serás una figura familiar, sentada contra el cabecero de mi cama, escuchándome, descifrándome, mientras en la calle se desgrana la noche en trizas de madrugada. Ya eres uno de mis viejos amantes, uno de los más queridos. No pienso ensuciar tu podio con la persistencia de un amor de espejismo.
Hoy más que nunca me creo aquello que dijo Sting:
If you love somebody, set them free.
