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El guerrero
"...cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de un roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más bella de sus melodías, expira. A los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix, y cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol." Ovidio
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mi ventana, por la tarde

Nunca había visto llover en pleno agosto como lo hizo hace un par de días en Tenerife. Se notaba que el tiempo andaba raro, bochornoso, el cielo repleto de nubes bajas. Empezó a llover apenas cayó la tarde, y esa llovizna fina se mantuvo hasta bien entrada la noche. Creo que amainó a medianoche. Yo estaba en casa grabando diálogos de películas y poemas para mis nuevos discos de arena, y serían las dos y pico de la madrugada cuando decidí ir a acostarme. Antes de hacerlo, salí al balcón a ver cómo estaban los esquejes que había trasplantado esa misma tarde. Me sorprendió el fuerte ruido de la lluvia sobre el asfalto, las minúsculas gotas iban cogiendo un tamaño respetable. Obviamente no había un alma en la calle, sólo un batallón de agua.

Saqué la mano como hacemos muchos cuando vemos llover desde casa. Las gotas fueron impactando en mi brazo, haciéndolo brillar. Estaba fresca, limpia. Pensé en que no suelo hacer locuras, que soy un hombre racional y cerebral. O al menos eso es lo que creen los demás. Entré y me puse los vaqueros recortados y la camiseta negra sin mangas. Me quité las lentillas. Me calcé las sandalias y salí. Al abrir la puerta del portal y quedarme parado frente al chaparrón, pensé en dar marcha atrás. Entonces pensé en todas las veces en que he dado marcha atrás, y al instante decidí que ésta no sería una de ellas. Di un paso adelante y el agua que corría por la acera se me coló por las sandalias.

siempre me han fascinado las gotas en un cristal

Una vez me encontré bajo la lluvia, me paré. El instinto, naturalmente, es correr, pero yo luchaba contra él. Quería poner mi mundo del revés, mojarme, caminar despacio. Pero en vez de eso, me paré. Observé al mundo borroso que me rodeaba, y me escurrí con las palmas el agua de los brazos. Miré hacia arriba y disfrute de la perspectiva abrumadora de cientos de gotas que parecen ir directas a tu pupila para esquivarla en el último instante e impactar en mis mejillas, como si mis ojos y la lluvia fueran polos del mismo signo. Sonreía. Tras unos segundos, eché a andar. Me paré en el cruce con la calle peatonal más importante de mi ciudad. Eché un vistazo a ambos lados de aquella vía completamente desierta y emprendí camino hacia arriba, atravesando el paseo de los olivos.

En ese instante, a unos treinta metros de casa, me di cuenta de que la lluvia estaba esperándome. Y al verme aparecer por la puerta, había bajado en tromba a saludarme. Esos minutos que había tardado eran el tiempo que les había tomado recorrer la distancia entre las nubes y el suelo. De buenas a primera aquel chubasco veraniego se convirtió en una auténtica tormenta. El agua arreció en gotas gruesas y constantes, como un telón gris que apenas dejaba entrever lo que tenía uno ante las narices. El ruido ensordecedor sólo era superado por los truenos, que sonaban justo encima de mi cabeza, casi simultáneamente a los relámpagos que convertían la noche en día por un instante. Oí a través del chapoteo unos gritos que decían “vas a acabar empapado! Métete en un portal hasta que escampe, no seas loco!” Miraba como podía alrededor pero no había nadie. La voz insistía e hice un esfuerzo para mirar hacia arriba, y vi una figura que movía los brazos desde un balcón. Era un chico joven, y me decía divertido “muchacho, escóndete en el portal, te estas calando hasta los huesos!”. “Gracias, pero salí a caminar bajo la lluvia,” le contesté.

universos de agua

Seguí hasta la plaza. Una pareja que se besaba bajo la glorieta me miró con curiosidad. Debía vérseme raro. Con la que estaba cayendo, yo era un chico que parecía venir de la playa, completamente empapado, pero paseando como si el clima fuera de lo más apacible, sin apretar el paso. Caminaba por el centro de las veredas, huyendo de la protección de los árboles o los aleros. Había salido a mojarme con la lluvia. A veces venía una ráfaga de viento que enfriaba el agua de mi ropa y me hacía tiritar. No me importaba. Seguía, con el agua que corría por las calles metiéndose entre mis dedos, como si aquel fuera mi medio natural. Por un momento pensé que lo era.

Habrían pasado cinco o diez minutos bajo el agua cuando decidí dar la vuelta. La tormenta arreció. “Se va,” debieron pensar las gotas, “apresuraos a decirle adiós!” No había un solo coche, así que bajé hasta casa por el carril de en medio de la avenida que pasa junto a mi piso. El algodón negro de mi camisa brillaba y se me pegaba al cuerpo como neopreno, me hacía vacío con la piel. Sentía la ropa escurrir manantiales de agua para dar cabida a la nueva. Casi me dio pena abrir la puerta del zaguán y despedirme de aquella experiencia atávica y mística de dejarse mojar por la lluvia, esa experiencia que vaticiné en una carta de un viejo profesor. Hoy por fin había cumplido aquel deseo.

en las yemas de mis dedos

Llegué a casa y me desnudé en el baño. Colgué la ropa de la barra de la ducha y pensé en ducharme, pero no podía limpiar el agua de lluvia, porque ella me había limpiado a mí, y era mi turno para darle cabida en mi cuerpo. Me lavé únicamente los pies, porque me fío del agua que cae del cielo, pero no de la que corre por las calles. El resto la escurrí con las manos, y me asomé a la ventana de mi cuarto mientras se me secaba el cuerpo.

La lluvia seguía cayendo, pero con menos fuerza. Como recuerdo de la tromba sólo quedaban unos arroyos caudalosos lamiendo las aceras. Bueno, no sólo quedaba eso. La tormenta se empapó también en mí, y su recuerdo y su agua se rezagan en los meandros de mi alma.

Mi paseo no fue una locura. Ha sido un bautismo.

saqué la foto aún empapado. tras la tormenta, la luna quiso venir a verme
 
Comentario:
qué bonitas fotos y texto..estoy deseando que llueva así, para mojarme, lo echo de menos y los bosques tb.
 
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Que maravilla de tormenta, de prosa y de fotos, como siempre.
Aquí en Madrid sigue sin caer una gota.
Un beso grande.
 
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Y yo en casa desde el balcón viendo a aquel chico caminar despacio bajo la lluvia, como perdido, mirando a los lados aveces, buscando talvez otros ojos con la misma inquietud, con cara como de estar viviendo un sueño, el de las peliculas, el de los relatos, los que el mismo escribia.
Tenía los hombros desnudos y decidi cubrirme con un jersey enorme que reposaba en el sofá y tras los cristales crei que sin querer me había enamorado de ese hombre, todo lo oscuro que podia traer consigo, su lado malo, la otra quijada se la había llevado el agua.
 
Comentario:
Un bautismo... como el de Wilhelm...

¡¡Ojalá nos llegue a todos una tormenta así!! Se harían realidad algunas quimeras...

Te estaba echando ya muchísimo de menos...

Mil gracias por tu visita, por tus recuerdos. y mil besazos de verano!
 
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Leer tu post ha sido revivir una de esas tormentas a las que Alicante me tiene acostumbrado. A ver si este año me regala una, que ya se está haciendo de rogar...
 
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Bien hallado..
Gracias Yarince, me has llenado el alma, gracias. Un beso
 
Comentario:
hola precioso,tras varios días de sol, hoy salí de Praha y llovía a mares, tormenta con luces cegadoras como fuegos artificiales para despedirme, llorando el cielo y los árboles y yo. En el autocar que me llevaba al aeropuerto he hecho fotos a través de los cristales mojados de lluvia. Gotas y cuadros aguados. Me alegro de poder leerte. Hoy, para ti, un beso moldavo.
 
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Estoy en cyber y se me acaba el time.
Besotessssssss guapetón!!!
tq mushoooo
 
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Me has recordado mucho a mi, exactamente hace 19 dias... (2 agosto, si tienes un ratito pasate a verlo), hice algo parecido a ti. y me lo pase en grande mojada hasta los huesos. Sin duda es una experiencia fascinante y que ayuda mucho a encontrarse con muchos "yos", a sentirse libre, a sentirse abrumado por esa fantastica naturaleza...

Un besazo yarince, y ole por no haberte echado atras. Todas las experiencias de la vida, buenas y malas llevan consigo un riesgo, un lado amargo y otro bello, pero sin duda, si no nos atrevemos, nunca podremos saborearlas y aprender a distinguir esos sabores.

AVY.
 
Comentario:
Y es que salir a empaparse de la lluvia, voltear hacia arriba y ver como las miles de gotas se atropellan por llegar primero a tus mejillas...huuy, creo que cuando tenga 50 años lo seguiré haciendo.

Me alegra que no hayas dado marcha atras.
 
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Una locura maravillosa y tan bien escrita, como sólo tú sabes hacerlo.
Muchos besos.
 
Comentario:
Bendita locura en cualquier caso!!
 
Comentario:
La próxima vez que camine despacio bajo la lluvia en vez de correr a refugiarme en algún portal, seguro que me acordaré de tí; y la próxima vez que me esté besando con alguien resguardada de la lluvia y vea un loco que no busca el resguardo de los soportales, también.

Parece que elegiste una buena situación para no dar marcha atrás y seguir adelente :-)

Un beso

No