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El guerrero
"...cuando el Fénix ve llegar su final, construye un nido especial con ramas de un roble y lo rellena con canela, nardos y mirra, en lo alto de una palmera. Allí se sitúa y, entonando la más bella de sus melodías, expira. A los 3 días, de sus propias cenizas, surge un nuevo Fénix, y cuando es lo suficientemente fuerte, lleva el nido a Heliópolis, en Egipto, y lo deposita en el Templo del Sol." Ovidio
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en ánimo azul
montañas en Canada

Espero que el CD que estoy oyendo, que mezclé hace unas semanas y que llamé In A Blue Mood no acabe impregnando de esa melancolía azul y pegajosa todo este post. Melancolía peligrosa. La misma que tuve hace un rato, sentado en mi balcón, abrigado con la manta más acogedora de mi casa. Hace frío en Tenerife, ese frío que no es tal y que para los canarios es como una helada polar, y sin embargo me senté ahí fuera, al lado de las botas de carnavales que todavía andan empapadas, y dejé que los cristalitos de viento gélido se me clavaran en los cachitos de piel que me quedaban al aire.

Estoy sorprendido de que la derrota de Brokeback Mountain no me haya indignado demasiado. Pasé una noche estupenda, en casa de un amigo de Carlos, casi diez personas disfrutando juntos de una afición común como es el cine. Oír a Nicholson decir Crash fue un bofetón, pero no dolió tanto como esperaba. Quizá porque me había preparado para esa derrota, o porque uno acaba acostumbrándose a que las cosas no siempre salen como uno espera. Tampoco suele regirse el mundo por la justicia, y eso debe ser bueno, porque hay tantas justicias como personas. Lo que es justo para mí seguro que no lo es para Benedicto noséquénúmeroes. Brokeback se merecía mejor suerte, igual que Ennis y Jack. En parte, mejor. Brokeback Mountain es más mía ahora. No es del colectivo de los oscars. Es privada, es un guiño en mi dormitorio, una congoja cuando veo mis camisas colgadas del armario abierto.

No he escrito casi desde aquella crítica, mi último post, de hace ya bastante. Se lo he contado a un par de amigos, pero no he escrito que la película me derramó literal y dolorosamente. La vi la primera vez y salí del cine pensando “bueno, no está mal, pero podía haber estado mejor.” Pero en el camino a casa, toda la historia y las imágenes me fueron empapando, sin yo darme ni siquiera cuenta. Esa noche lloré, no sé si por la historia o porque me había hecho viajar a un tiempo donde yo era un Ennis que nunca llegó a entrar a la caseta de campaña a dormir con Jack. No sé si me acordé de mi Jack. No sabía nada esa noche, pero luego he ido sabiendo.

No he podido dejar de emocionarme desde entonces. Estoy en el coche y me suena en la cabeza el “no tienes no idea de lo mal que me siento.” O el “a veces te echo tanto de menos que no puedo soportarlo.” O veo la cara de dolor de Ennis en la casa de los padres de Jack, su rostro enmarcado tras la interrogación de una percha, de un patíbulo. Me viene de golpe y se me humedecen los ojos como en un acto reflejo. A veces me ocurre incluso en mi mesa de despacho y tengo que mirar a otro lado para que no me vean mis compañeros. Me pasa en casa mientras hago un plato de pasta o una ensalada, me pasa viendo la tele o cuando me voy a la cama.

El otro día, saliendo de una discoteca para volver a casa, sin venir a cuento, me abracé a Carlos y empecé a llorar con el desconsuelo de un niño, sin motivo alguno y sin poder parar. Al día siguiente, hablando con él, le contaba que no sabía lo que había pasado. No me encuentro mal, no estoy en una mala época, estoy razonablemente tranquilo y quizá podría decir que casi feliz. Y precisamente es ahí donde radica la solución a este enigma.

Por fin me estoy perdonando. Después de casi 20 años estoy preparado para perdonar al Yarince adolescente, asustado por todo, escondido, replegado en un mundo donde la falsa felicidad sólo podía nacer de la negación. Brokeback ha sido un catalizador. La plasmación del dolor es tan real, la desolación, el genuino terror de saberse distinto y creerse malo, de reconocer tu sexualidad como tu mayor enemigo, que eso sí me abofeteó. Todo eso pasó hace siglos en mi vida, pero no me había perdonado aún, ni había llorado por mí, e iba siendo hora. Llorar para humedecerme los dedos de lágrimas y pasar por fin la página negra escrita con tinta roja.

Nada terminaba, nada comenzaba, nada resuelto. Lo que Jack recordaba, y anhelaba con un ansia que no estaba en su mano dominar ni comprender, era aquella ocasión en el remoto verano de la Brokeback en que Ennis se le acercó por detrás y lo estrechó entre sus brazos, aquel abrazo silencioso que satisfizo un hambre compartida y asexuada. Permanecieron así largo rato frente a la hoguera, rojizas tajadas de luz incandescente y danzarina, las sombras de sus cuerpos como una sola columna sobre la roca. Los minutos pasaban medidos por el tictac del redondo reloj que Ennis llevaba en el bolsillo, por los palos que se transformaban en ascuas en el fuego. Las estrellas rasgaban las onduladas capas de calor sobre el fuego. Ennis respiraba pausada, reposadamente, tarareaba, se balanceaba apenas a la luz chispeante, y Jack se reclinó sobre los regulares latidos de su corazón, las vibraciones del canturreo como un leve zumbido eléctrico, y así de pie, se hundió en un sueño que no era sueño sino algo diferente, extasiado arrobamiento, hasta que Ennis, rescatando de los tiempos infantiles previos a la muerte de su madre una frase oxidada pero todavía en buen uso, dijo: -Llegó la hora de recogerse en la cuadra, vaquero. Tengo que marcharme. Vamos, estás durmiendo de pie como un caballo -y zarandeó a Jack, le dio un empujón y se alejó en la oscuridad. Jack oyó temblar sus espuelas mientras montaba, la frase ¡nos vemos mañana!, el resoplido estremecido del caballo, los cascos rechinando sobre la piedra. Tiempo después, el somnoliento abrazo cristalizó en su memoria como el único momento de sencilla y mágica felicidad en sus vidas separadas y difíciles. Nada lo empañó, ni siquiera saber que Ennis no lo había abrazado cara a cara en aquel momento porque no quería ver ni sentir que era Jack a quien tenía en los brazos. Y quizá, pensaba Jack, nunca habían llegado mucho más lejos. Déjalo estar, déjalo estar.

Del relato Brokeback Mountain, de Annie Proulx


¿Veis? No puedo. No puedo leer ese fragmento sin llorar, sin recordar esa imagen soberbia, ya grabada en la historia del cine, de las manos de Ennis agarrando la solapa del Jack somnoliento. ¿Cómo no reconocer la ternura completamente desbordada de esa composición sobria, en absoluto melodramática, y sin embargo cargada de tantísima fuerza? Esas dos frases que más bien parecen sentencias de un tribunal, del abrazo que satisface el hambre compartida y asexuada, de un Jack consciente de que Ennis no lo abraza cara a cara para no ser consciente de que abraza a otro hombre.

Ennis y Jack forman ya parte de mi imaginario. Son una segunda naturaleza, un espejo donde mirarme y poder reconocer mis errores y mis debilidades. Son una postal de la montaña desgarrada y atormentada donde podría haber vivido el resto de mi vida, una postal que, sin saberlo, a veces echaba de menos. En esa montaña no había nadie, no había decepciones ni ruido. “No se puede encontrar la paz evitando la vida,” dijo Virginia Woolf en Las Horas. Y no pienso hacerlo. “Jack, te lo juro…”

la paz evitando la vida
 
Comentario:
Hola delicioso amigo,

¿Sabes? No sé cuanto tiempo hace que no pasas por mi blog, el de bahía, pero esa frase de V.Woolf a Leonard es un post completo de mi 16 de enero.

Me siento tan desnuda con ese abrazo por detrás, ese que esquiva ver y esquiva la mirada. Y me he sentido, así, desabrazada.

Querido mío, Yarince bello post... Te beso, Mi Agua Clara.
 
Comentario:
Te admiro.. y te comprendo, muchas gracias por compartirlo. (un domingo, no hace mucho, me pasó exactamente lo que explicas, llorar y llorar, sin querer hacerlo, sin motivos aparentes...y si, llegaba el momento de perdonarme)
Muchos besos, querido. :-)
 
Comentario:
Que palabras... esa frase...
He empatizado contigo que te he imaginado tecleando con los ojos humedecidos, a ratos limpiandote para poder continuar... y te acompanye...

Un beso con muchisima admiracion.
AVY
 
Comentario:
No se puede encontrar la paz evitando la vida... mil gracias por esta frase que no recordaba y que en este momento me altera más de lo que quisiera...

Y mil gracias también por tus palabras de nuevo... A pesar de las lagrimas - tan necesarias- en ti descansa el alma de un guerrero.
No dejes que se te olvide nunca.

Eres increíble, Yarince
 
Comentario:
Hola Yarince.

Gracias por deleitarnos con tu prosa y por descubrir gracias a ti momentos que se me habían escapado cuando vi la película, leyéndote, ciertas escenas adquieren un nuevo significado.
Leí el artículo de LA Times (gracias de nuevo) y estoy completamente de acuerdo, pero ya ves, en Hollywood exceptuando a unos pocos son más bien liberales de boquilla. Lo de este año ha sido un espejismo y supongo que el año que viene (la cuota de espectadores ha descendido un 8 por ciento) nominarán películas tipo “King Kong” o “El señor de los anillos”.

Miguel
 
Comentario:
Somos sin saberlo espejos de otros.......

Besos.
 
Comentario:
Es triste leerte, pero al mismo tiempo me alegra leerte de nuevo, a mi personalmente la película me gusto, porque es descarnada indudablemente, y hay sutiles movimientos que plasman originalmente (a)los protagonistas.
Pero el tema de los oscar son tan políticos, que no eluden los taquillazos, pero el juicio final siempre sorprende o por exceso o por defecto.
(a mí también me encanta verlos retransmitidos en directo)
Te beso Yarince.
 
Comentario:
quién sabe cuantas lagunas del ser haya que nadar y en las que congelarse antes de descubrirse. quién, después de una congelación, no ha salido tocado?

Guerrero valiente, sentado en tu balcón, las gotas de frío te han dibujado un sueño...
 
Comentario:
No se puede encontrar la paz evitando la vida, ni se puede abarcar el mundo mirando por el ojo de la cerradura, encerrado en el desván del alma. Pero a veces. (sólo a veces pero intensamente) es necesario eludir los papeles que otros te asignan en este teatro in-mundo, escapar un poco del trajín de la vida para Vivir un poco. Y a veces, también, (¿no te ha pasado nunca?) cuando la mirada desenfoca y el corazón agarra migrañas de miope, es preciso perderse el decorado, formar un círculo minúsculo con dos dedos o agujerear un papel, y mirar a través. Y de repente, menguando el espacio, enfocando, te asalta la lucidez.

Cuestión de óptica.

pd: me pasa a menudo lo que me dijiste la otra noche. Los amigos sóis presencia constante.
No