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Grandes fotógrafos: Agustí Centelles

Agustí Centelles

Agustín Centelles i Ossó nació en El Grao de Valencia el 21 de mayo de 1909. Hijo de un electricista de Liria, quedó huérfano a los dos años de edad. Su padre se tuvo que trasladar a Barcelona en busca de trabajo. Su primer contacto con la fotografía le llegó a través del cine de su barrio, los encuadres, detalles técnicos, luces… En aquella época quería ser operador de cine.

En la Agrupación Fotográfica de Catalunya (a los quince años), aprende a retocar negativos y como aprendiz entra a trabajar en el estudio de Ramón de Baños donde haría retratos de artistas de variedades.

Comienza a trabajar en el periódico El Día Gráfico realizando fotografías deportivas y acontecimientos oficiales, con una voluminosa cámara, la Contessa Nettel de 9x12 (esta cámara utilizaba chasis dobles por lo que se obligaba a escoger meticulosamente la toma). Sus fotografías se distanciaban del tipo de fotografía de prensa inmovilista que se realizaba en aquellos años, lanzándose a una búsqueda de información gráfica desarrollándola con un modelo de periodismo distinto al de la época.

En 1933, en el campo de fútbol de F.C Barcelona, descubrió la máquina Leica que llevaba un reportero. La versatilidad de la cámara, que utilizaba rollos de 36 imágenes, su poco peso y rapidez de enfoque, enamoran a Centelles, ya que le permitían desarrollar su peculiar forma de concebir la información grafica. Se compra una Leica que le cuesta 900 pesetas, y que paga a plazos con las 10 pesetas que le pagaban por foto publicada, y se convirtió en periodista independiente. La aparición de esta versátil cámara, que podía montar tres objetivos: un 50 mm. Elmar anastigmático de extraordinaria resolución y luminosidad de 3'5, un gran angular de 35 mm. y un tele de 135mm., con telémetro para su enfoque y que utilizaba película de 35 mm. de 50 exposiciones, conjuntamente con la aparición de una película de la casa Agfa, la super-pan de 100 ASA, cuando las películas que habían en el mercado no superaban los 40 ASA, revolucionan el mundo del reportero gráfico. Con estos instrumentos de trabajo Centelles pudo imponer su propia forma de hacer las fotografías, distanciándose en el concepto de fotografía periodística del resto de los reporteros gráficos.

Para Centelles "los demás fotógrafos se limitaban a hacer el grupo de asistentes ante una batería de máquinas fotográficas y el consabido disparo de magnesio. Yo al contrario cazaba la nota viva del acto, sin ningún tipo de preparación y eso es precisamente lo que a los diarios les gustaba y querían con preferencia. Mi fuente de información en gran parte eran los buenos ratos pasados en una tertulia que se reunía a la hora del café‚ en la Maison Dorée, en la plaza de Cataluña, donde se juntaban periodistas, comediógrafos, escritores, pintores etc. De estas tertulias casi siempre sacaba una idea para un reportaje o una nota informativa, y eso era lo que otros no cultivaban, ni tampoco la visita a las redacciones. Para mí no contaban las puestas de largo, las fiestas de la aristocracia, la entrega de mantas, bonos de pan y alimentos, ni las niñas de la Cruz Roja, pero sí los desahucios, los desamparados, las conferencias de nuestros intelectuales en el Ateneu Barcelonés y en el Popular y los sucesos conflictivos como robos, atracos, pistolerismo etc.".

En vez de esperar a que le llamaran para ir a realizar una información se dedicaba a realizar fotografías, al estilo de Enric Salomon, ocultando su cámara y esperando el momento en que se hablara alto para que se amortiguara el disparo de su cámara, se colaba en juicios como los de Rabasseires o el juicio del General Goded, consiguiendo fotos que sus compañeros de tareas informativas no realizaban.

"Mientras el resto de mis compañeros iban al Palacio de la Generalitat a realizar actos oficiales, yo me acercaba al Palacio de Justicia a sacar fotos de procesos o me iba a la calle en busca de noticias. También hacía cosas de cultura y artísticas. Por otra parte yo cuidaba mucho mis fuentes informativas, la policía, los funcionarios de prisiones, de tal manera que cuando sucedía algo inmediatamente me llamaban. Cuando hubo una noticia importante como por ejemplo la del asesinato de los hermanos Badía, me telefoneaban. Solo yo llegaba a tiempo para tomar las fotos. Más de una vez, sin embargo tuve que salir corriendo con la guardia civil a mis espaldas, pero las fotos, y esto es lo importante, se publicaban. Por estas y otras razones mis compañeros me miraban con recelo y se oponían a mi ingreso en la Asociación de la Prensa, a pesar que ya llevaba siete años haciendo reportaje gráfico".

Cambió el estilo de las fotos-poses, los retratos oficiales convencionales, sustituyéndolos por la captación del movimiento. Dejando a un lado las explosiones de las cargas de magnesio que todos sus compañeros utilizaban en perfecta formación de pelotón, que restaban ambiente y que convertían las fotografías en imágenes planas, utilizando la luz ambiente, llegando a hacer exposiciones de medio o de un segundo. Con su Leica se alejaba de la forma de trabajo de aquellas pesadas cámaras de placas que necesitaban trípode y restaban rapidez y movilidad al fotógrafo de prensa.

Por la viveza de su trabajo publicaba con regularidad en Diario Gráfico, La Humanitat, Ultima Hora, Diario de Barcelona, La Vanguardia, La Rambla, La Publicitat, L'Opinión... Se casó por lo civil con la hija de la portera de la casa donde tenía el estudio en diciembre de 1935, y su primer hijo nació en plena Guerra Civil en 1937.

El 19 de julio de 1936 fue el único reportero que salió a la calle a cubrir información. En la calle del Tigre, un miliciano al que le había hecho una foto "lo quería pelar", salvándole una voz que desde un balcón gritó: "es el Centelles de Ultima Hora". En la puerta del Hotel Ritz, convertido en hospital le intentaron abrir la cámara, evitándolo un compañero de la infancia al que no había visto desde hacía muchos años. Durante el enfrentamiento entre unas fuerzas de artillería sublevadas y unos Guardias de Asalto que les cortan el paso en la calle Diputación, y escondido tras un carro de artillería volcado, tomó una de sus fotografías más celebre, unos Guardias de Asalto disparando tras una barricada formada por los caballos muertos que arrastraban una pieza de artillería, que junto a la de la muerte de un miliciano en Cerro Muriano de Robert Capa, representa uno de los iconos de la fotografía de prensa de la Guerra Civil española.

Marchó al frente de Aragón con las milicias populares en calidad de informador gráfico. Fotografió las batallas de Belchite y Teruel. Recorrió todo el frente de Aragón, volviendo semanalmente a Barcelona para revelar y entregar sus fotografías para todos los periódicos de la ciudad. Una noche, por equivocación, pasó al lado contrario de las trincheras haciendo fotos con los faros del coche. Tuvo que retroceder sin utilizar las luces del coche, tardando una hora en recorrer lo que antes les había costado cinco minutos. En septiembre de 1937 se hizo cargo, al haber sido movilizado, de la Unidad de Servicios Fotográficos del Ejercito del Este.

Recorrió todos los frentes desde el Pirineo aragonés hasta Teruel. Se jugó la vida muchas veces, unas sabiéndolo, otras inconscientemente, como demuestran las fotos de la carga a la bayoneta en Huesca. Sus imágenes transmiten la violencia del combate, el cansancio de los soldados, la espera y el dolor de una madre ante el cadáver de su hijo tras los bombardeos de Lérida. El mismo se autocensuraba sus fotos, como las imágenes que realizó de las momias de las monjas de las Salesas de Barcelona, y que no publicó por considerar que aquello era un escarnio.

En diciembre de 1937 fue nombrado jefe del gabinete fotográfico del departamento especial de información del Estado, que posteriormente pasó a depender del SIM (Servicio de Investigación Militar), en donde trabó amistad con el comisario de propaganda de la Generalitat de Catalunya, Jaume Miravitlles, y con los fotógrafos Salvador Pujol y Pere Catalá-Roca director de publicaciones de la unidad de propaganda.

Poco antes de la caída de Tarragona, el 14 de enero de 1939, murió aquella mujer que le había dando el amor de una madre. Centelles, recibía 8 días después, la orden de evacuar el material que estaba bajo su custodia. A principios de febrero, cargado con su inseparable Leica y una enorme maleta de cuero a sus espaldas, pasaba a pie la frontera con Francia, dejando a su familia en Barcelona. En la maleta van cerca de cuatro mil negativos que condensa gran parte de la historia gráfica realizada por Centelles. En aquel momento no tenía conciencia de que salvaba un trozo de la historia de su país, "sí que tenia conciencia que aquel archivo fotográfico podría caer en manos del enemigo, y a través de cada uno de los personajes retratados aniquilar a los últimos defensores de la República y de Catalunya. Por eso, solo por eso me llevé‚ el archivo". Pudo pasar la maleta por la frontera con Francia gracias a un carnet internacional de periodista expedido por la FIJ que estaba escrito en francés.

Centelles fue internado en el campo de refugiados de Argelès, un enorme descampado sin ningún tipo de techo, cercado por alambre de espino. Allí, gracias a la ayuda de unos amigos, consiguió salvar su maleta de los continuos robos que había en el campo de concentración. Las duras condiciones del campo de concentración, las disputas entre los refugiados de diversas afiliaciones políticas con acusaciones mutuas, degeneraban en peleas y robos.

La maleta de piel de Centelles, de la que nunca se separaba, despertaba la codicia de algunos de los refugiados y de los guardias, pensando que pudiera guardar objetos de valor. Al ser trasladado del campo de Argelès al de Bram, se vio obligado a dar explicaciones del contenido de la maleta a un comandante de la gendarmería, al que le enseñó su carné internacional de periodista, volviendo a salvar su maleta de una posible confiscación. En este campo de concentración torna a peligrar el contenido de la maleta y a punto estuvo de ser decomisada por el comandante del campo. Con otro fotógrafo, Salvador Pujol, instaló un rudimentario laboratorio clandestino, ya que la solicitud para instalarlo les fue denegada por el comandante del campo. Se trataba de un laboratorio que diariamente se montaba y se desmontaba, hasta que el día en que fue descubierto. Es Centelles quien habló con el comandante para darle explicaciones, proponiéndole que si lo autorizaba, organizarían una exposición de fotografías sobre la vida en el campo de concentración y que mostraría lo modélico que era el campo de Bram. El comandante Cassagno accedió a la pretensión de Centelles y poco después los dos compañeros montaron la exposición sobre la vida en el campo, hoy día documento excepcional sobre la difícil vida de los refugiados españoles en los campos de concentración franceses.

Consiguió autorización para trabajar en la vendimia en septiembre de 1939, y poco después trabajo en un estudio fotográfico en Carcassonne, lo que le permitió dejar el campo de concentración. En 1942 Pujol y Centelles se unieron a una organización clandestina de la resistencia formada por españoles refugiados, en la que también estaba Eduardo Pons Prades. Centelles era el encargado de realizar las fotografías para documentos de identidad. En enero de 1944 tres compañeros de la resistencia fueron detenidos por el Servicio Especial de la Gestapo. El laboratorio tuvo que ser desmontado y Centelles fue pasado a Andorra por la organización, ante el temor de que pudiera ser detenido. Antes de partir, y ayudado por Pujol embaló sus negativos en cajas de madera y los entregó en custodia a un matrimonio de campesinos de Carcassonne. Había nacido la leyenda de la historia de una maleta.

Regresó clandestinamente a Barcelona, donde había dejado a su mujer y a su hijo. Vivió en la clandestinidad durante dos años, hasta que decidió presentarse a las autoridades. Juzgado y condenado a 12 años de cárcel por haber sido corresponsal de guerra y por su afiliación al PSUC, se le conmutó la pena por la de libertad condicional. Sin embargo tuvo que sufrir la depuración como informador gráfico y su inhabilitación para el ejercicio de su profesión. "Tristemente fue así. Después de la guerra acabó todo para mí. Tenía muchos lobos a mí alrededor. Muchos de ello eran mis propios compañeros. Decidí dedicarme a la fotografía industrial. De esta forma no le hacia sombra a nadie". Abrió un estudio dedicándose a la fotografía industrial y publicitaria, en el que le sucedieron sus hijos Sergi y Octavi.

A principio de 1976, y acompañado de Eduard Pons Prades viajó a Francia para recuperar sus negativos, que le fueron devueltos por los hijos de aquellos campesinos de Carcassonne en las mismas cajas en que enterraron el archivo-tesoro. Este archivo abarca tres épocas distintas en el trabajo de Centelles: el periodo republicano (1931-1936), los treinta meses de la Guerra Civil española (1936-1939) y lo seis años de exilio en Francia (1939-1944). Estos cuatro mil negativos guardados en la maleta, constituyen menos de la mitad del material realizado por Centelles. Los demás hasta llegar al número de nueve mil fueron confiscados y actualmente se hayan en el Archivo Militar de Salamanca, de donde no le fueron restituidos a Centelles. Ese mismo año el nombre de Centelles vuelve a ser inscrito en el Registro Oficial de Periodistas del Ministerio de Cultura. En 1978 la Asociación de Prensa de Catalunya rehabilita a todos los periodistas represaliados después de la Guerra Civil, entre ellos Centelles.

A su vuelta comienza a positivar sus negativos y en 1978 realiza su primera exposición en la sede de Convergencia Democrática con él titulo Imatges d'un reportero (Imágenes de un reportero). Posteriormente participa en la exposición La Guerra Civil Española, realizada por el Ministerio de Cultura y colabora en otra exposición del Ministerio de Cultura, Idas y Caos: Aspectos de las vanguardias fotográficas en España.

En octubre de 1984 se organiza en Valencia una exposición homenaje a Agustín Centelles con el título: ...En ese preciso instante, acompañada de un libro que comienza con diez fotografías de Agustín Centelles y en la que participan 85 fotógrafos de prensa de toda España.

El 28 de noviembre de 1984 obtiene el Premio Nacional de Artes Plásticas por cubrir un espacio importante en la historia de la fotografía española y haber sido uno de los pioneros mundiales del nuevo concepto de reportaje gráfico. Su enfermedad le impidió recoger personalmente el premio que según su hijo fue: "el mayor motivo de alegría que tuvo en los últimos años, porque significo el reconocimiento de un trabajo que en Catalunya no le han sabido reconocer". Sobre esta falta de reconocimiento el mismo opinaba: "me siento molesto porque las instituciones catalanas no han demostrado en ninguna ocasión el más mínimo interés por mi archivo. No es una cuestión económica la que reivindico sino el interés por la recuperación de un patrimonio gráfico como el que poseo a través de tantos años de continuada dedicación".

Varios son los libros realizados por Agustín Centelles. El primero es Visions de guerra i de retaguarda (Visiones de guerra y de retaguardia), publicado en fascículos en la primavera y el verano de 1937 en Barcelona y reeditado en 1977. El segundo libro lo realizó conjuntamente con su amigo, el historiador catalán Eduar Pons Prades, con el título Els catalans a la Republica i a la Guerra. Anys de mort i desperanza (Los catalanes en la Républica y en la Guerra. Años de muerte y desesperanza), editado en Barcelona en 1977. Este libro tenia una segunda parte que nunca se publicó. El tercero lo realizó con el historiador Gabriel Jackson con el nombre: Catalunya republicana i revolucionaria 1931-1939 (Cataluña republicana y revolucionaria), editado en Barcelona en 1982. El cuarto es el ya nombrado: ...En ese preciso instante, editado en 1984 en Valencia. Y el quinto Agustín Centelles (1909-1985) Fotoperiodista, editado en Barcelona en 1988

Centelles guardaba un especial cariño por Valencia. Durante la Guerra Civil viajó a Valencia para fotografiar los efectos de los bombardeos sobre la ciudad. El segundo viaje lo realizó en octubre de 1984, durante el homenaje que se le rindió por su trayectoria profesional, durante la inauguración de la exposición …En ese preciso instante. Un tercer viaje que quería hacer con más calma y tiempo para conocer la tierra de sus padres y sus abuelos, Valencia y Liria, quedó aplazado por su enfermedad y nunca llegó a realizarlo.

Poco antes de ingresar en el Hospital de la Esperanza de Barcelona, se puso al corriente de las cuotas en el PSUC. El domingo 1 de diciembre de 1985 falleció a causa de un linfoma, a la edad de 76 años.

Fuente y origen: J. Aleixandre.


 
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Este blog es fantástico
 
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Fantástico artículo.
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