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y de repente...
De como esta el mundo y sus inquilinos
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Chessire te saluda y agradece el tiempo que empleas leyendo estos textos.
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y de repente... unos blogs irresistibles
 
Y de repente... la Doctora Robinson
Me encanta la manía que nos ha entrado por dejar todas esas pequeñas alegrías que los puritanos tienden a llamar vicios. Y es que en estos días es más fácil encontrar una persona sana que peces en el mar. Para ello han aparecido libros de auto -ayuda, programitas de televisión que mientras te venden unas costumbres cotidianas la mar de ficticias te invitan a dejar de fumar, anuncios escritos por publicistas politicamente correctos en demenciales "brain-stormings" para que los alcohólicos dejen de serlo un día a la semana y así poder conducir a sus pertrechos compañeros etílicos, comparsistas de las costumbres culinarias sanas que abogan por una dieta mediterranea que abarca desde el Cabo Finisterre al Cabo de Gata y como no médicos y farmaceúticos que con tan solo pedirlo manejarán nuestra fuerza de voluntad para que nos apartemos de la mala senda. Aquí os presento a una figura crucial en este entramado de seres humanos benevolentes que convertirán nuestra fiera especie en la panda más grande de hipócritas que pueblen el universo en unos cuantos años. Para que digan que no hay vida inteligente fuera de nuestro planeta... Tontos no son, seguro, ya que no vienen. Serán unos viciosillos.


La doctora Robinson se mordía las uñas, fumaba cigarrillo tras cigarrillo, apuraba su décimo gin tonic y añoraba una buena raya de cocaína mientras esperaba el efecto de dos Valiums de gran calibre y la inspiración que necesitaba para completar su próxima ponencia en los cursos de verano en una prestigiosa ciudad. Trataría uno de los temas que más dominaba. La fuerza de voluntad.
 
Y de repente... sigo las tendencias
Bueno, visto que mi cacique,o mejor aún, sus herederos no dejan que emplee su nombre en mis escritos, buscaré la formula para poder hablar de él en proximas entregas.

De todas formas, rondaba el otro dia yo unos grandes almacenes y asistí de manera pasmosa a lo que se podría llamar la fiebre gris de la tendencia o "el síndrome de Catalina". (Seguro que tiene un nombre técnico pero es para darle un toque distinto a la historia). Descubri que al cambio climático no se debe a ninguna atrocidad cometida por nosotros los humanos. Más bien deberiamos culpar a esa raza superiormente inteligente que en mitad de un gélido invierno nos convence de que la primavera florida ya ha llegado y sacando nuestras carteras de nuestros bien abotonados chaquetones comprados sudorosamente en agosto, nos dejamos los cuartos en prendas que nos erizan los pelos del cogote de fresquitas que son.
Que me perdonen todas las Catalinas que puedan leer esto que seguro afirmarán no reconocerse en la heroina del texto.



Catalina vestía un traje de chaqueta amarillo comprado en esos mismos grandes almacenes hacía un cuarto de hora. Ahora se dirigía al probador para embutirse en un mono rojo de pana. No llegaría a tiempo. Entró, se cambió en cinco minutos y mientras se calzaba el último zapato, se anuncio por megafonía el cambio de tendencias para los próximos veinte minutos.
¡Uf! -Pensó Catalina. -El tiempo justo para darme cuenta de que el amarillo me favorece.
Al salir del probador se percató de que la cintura le apretaba.
Daba igual, aguantaría los dieciséis minutos que quedaban para la próxima temporada.


 
y de repente... conocí a un cacique
Y no solo lo conocí. Además tuve la suerte de compartir con él sus últimos días de gloria. Así que esta semana contaré en este espacio la grandiosidad de sus actos.

La figura del cacique está muy devaluada en estos tiempos que corren. Con lo agradable y productivo que llega a ser crear un mini-imperio y no desde la sombra, sino a plena luz del día, pulsar las cuerdas de una vida a modo de instrumento malicioso y alcanzar una melodía que suene a imagen y semejanza de uno mismo.

Un cacique. Buen especimen.
 
Y de repente... un nuevo blog!
Tenía yo ganas de adentrarme en el mundillo de los blogs. Que de actualidad están los blogs.
Pues hale! Ya tengo un blog!
Si no tenía suficiente con mi trabajo diario y con soportar los problemas que intentan acabar con mi poco tiempo libre aniquilando la poca vida social que tengo, ahora un blog.
Bueno, ya veremos.
Y es que el problema es el tiempo. El señor Tiempo parece un conductor suicida. Va a todo velocidad siempre en nuestra contra, nunca se aparta y se lleva a todo aquel que se cruza en su camino.
¿Será posible mantener este blog vivo a sabiendas de un enemigo tan feroz?