Y de repente... la tranquilidad
Intentando alejarse del mundanal ruido, José se clavó dos palos de Chupachús en las orejas y viendo lo tranquilo que estaba, obró igual con su hermana, su padre y su madre.
Al principio no se lo tomaron muy bien, pero a medida que pasaba el tiempo y su ciudad crecía, la familia Cepeda se convirtió en referencia obligada cuando se hablaba de tranquilidad.
Malamente lo paso José en el reformatorio, pero tras tres años de reclusión, su sueño se vería cumplido.
El Chupachús dio paso a los palillos chinos, que eran de madera y parecían más ecológicos. Muchos lo pedían con anestesia, pero preferían el método rudimentario bajo el lema de “El ultimo padecimiento”.
Cada intervención era igual a una importante suma de dinero que poco a poco convirtió a José en multimillonario. Pronto montones de discípulos se aprovecharon de sus enseñanzas, sembrando tranquilidad por toda la provincia al principio, y por todo el mundo después. Sus gestas como creador de paz y tranquilidad se leían en periódicos y enciclopedias. Algunos pupilos muy avanzados ofrecían la tranquilidad total con el método de la cucharilla de café, extrayendo con esta los ojos bajo el lema, “Ojos que no ven…” siendo tan rotundo el éxito que, hasta el Papa probó el invento, siendo este acto el que colmó el vaso.
Y es que aparecieron grupos radicales, que pasando de Chupachús y demás historias, se armaron con machetes y arrancaron corazones a diestra y siniestra. Imponiendo tranquilidad sin opción a réplica, bajo el lema “La pena en el corazón se hospeda”.
Algunos puritanos, en contra del padecimiento que estas amputaciones producían, fueron más allá. Tomaron posesión de un lema “Bien está el que no nace” y se dispusieron a terminar de una vez por todas, a base de tijeras de podar para ellos y grapadoras para ellas, con la raza humana.
Se creó el Consejo Regulador de Administradores de Tranquilidad porque había problemas. Esto mantuvo en vilo a la ciudadanía durante unas semanas, hasta que la ciudadanía notando que los problemas eran las noticias de cambio que venían del Consejo, se apoderaron de algunos explosivos y bajo el lema “Fuente ovejuna, todos a una” reventaron el Parlamento durante una reunión de Administradores.
Y yo viendo el panorama, y digo viendo porque mantengo mis ojos, así como mis oídos y el resto de mi anatomía, escapé a la montaña convirtiéndome en ermitaño. Vivo en una casita muy próxima a un convento de la orden de las Novicias Pasajeras, a las cuales, yo informó de lo que pasa en el mundo y suministro paz y tranquilidad con todo mi ser, llevando por lema una frase que usan los viejos de mi pueblo. “Animal que vuela, a la cazuela”. Y vivo bastante tranquilo, la verdad.
Al principio no se lo tomaron muy bien, pero a medida que pasaba el tiempo y su ciudad crecía, la familia Cepeda se convirtió en referencia obligada cuando se hablaba de tranquilidad.
Malamente lo paso José en el reformatorio, pero tras tres años de reclusión, su sueño se vería cumplido.
El Chupachús dio paso a los palillos chinos, que eran de madera y parecían más ecológicos. Muchos lo pedían con anestesia, pero preferían el método rudimentario bajo el lema de “El ultimo padecimiento”.
Cada intervención era igual a una importante suma de dinero que poco a poco convirtió a José en multimillonario. Pronto montones de discípulos se aprovecharon de sus enseñanzas, sembrando tranquilidad por toda la provincia al principio, y por todo el mundo después. Sus gestas como creador de paz y tranquilidad se leían en periódicos y enciclopedias. Algunos pupilos muy avanzados ofrecían la tranquilidad total con el método de la cucharilla de café, extrayendo con esta los ojos bajo el lema, “Ojos que no ven…” siendo tan rotundo el éxito que, hasta el Papa probó el invento, siendo este acto el que colmó el vaso.
Y es que aparecieron grupos radicales, que pasando de Chupachús y demás historias, se armaron con machetes y arrancaron corazones a diestra y siniestra. Imponiendo tranquilidad sin opción a réplica, bajo el lema “La pena en el corazón se hospeda”.
Algunos puritanos, en contra del padecimiento que estas amputaciones producían, fueron más allá. Tomaron posesión de un lema “Bien está el que no nace” y se dispusieron a terminar de una vez por todas, a base de tijeras de podar para ellos y grapadoras para ellas, con la raza humana.
Se creó el Consejo Regulador de Administradores de Tranquilidad porque había problemas. Esto mantuvo en vilo a la ciudadanía durante unas semanas, hasta que la ciudadanía notando que los problemas eran las noticias de cambio que venían del Consejo, se apoderaron de algunos explosivos y bajo el lema “Fuente ovejuna, todos a una” reventaron el Parlamento durante una reunión de Administradores.
Y yo viendo el panorama, y digo viendo porque mantengo mis ojos, así como mis oídos y el resto de mi anatomía, escapé a la montaña convirtiéndome en ermitaño. Vivo en una casita muy próxima a un convento de la orden de las Novicias Pasajeras, a las cuales, yo informó de lo que pasa en el mundo y suministro paz y tranquilidad con todo mi ser, llevando por lema una frase que usan los viejos de mi pueblo. “Animal que vuela, a la cazuela”. Y vivo bastante tranquilo, la verdad.
y de repente... un cacique
Conocí al mayor de los bastardos que había pisado esta tierra de trabajadores y estafadores. Decían en el lugar que no estaba nada bien morderse las uñas de los pies delante de una dama. A él se la soplaba porque no encontró en su larga vida, ni una sola dama en aquellas cinco calles que todos llamaban pueblo.
Tenía otros vicios, como no, pero más normales en este caso; Paseaba un perro muy oeligroso sin atar, por los alrededores del colegio, a las horas de entrada y de salida de niños y profesores. También conducía en sentido contrario por las estrechas callejuelas del miserable lugar. Tomaba drogas delante de sus mayores y pequeños, y usaba perfume femenino muy caro a la hora de almorzar en el hogar del jubilado, donde encima nunca pagaba y fumaba como un carretero, tirando el humo a la cara del médico titular que sufría asma.
Como podeis imaginar, amiguitos mios, a todos le caía com un tiro en la garganta.
Pura envidia. Envidia cochina si señor. ¡Pero si lo peor estaba por verse!
Se casó. Vaya si se casó. Con cinco esposas a la vez. Bueno a intervalos de dos o tres meses, pero con todas. Se compró dos vacas y una vaca y se escapó a la montaña donde mantuvo relaciones íntimas además, con un caballo salvaje que le recordaba a la primera mujer. Pero solo porque se lo montaban en el establo.
Era riquísimo, algo que enojaba de sobremanera y de forma natural a todo aquel que le conocía, aunque solo fuese de oidas. Malgastaba su fortuna repartiéndola entre los otros ricos de los pueblos de alrededor. Subvencionaba un colectivo en contra de la inmigración y otro en contra del mismo colectivo, solo por mantener a la juventud ocupada de una manera razonable.
Pasaba de la política, pero en toda la comarca era conocido como "El Cacique", porque le divertía un montón crear cerdos corruptos para después eliminarlos del mapa, destrozando la reputación del ayuntamiento fuese quien fuese el partido dominante.
Eso sin hablar del juego. Amante del riesgo ajeno, montó un impresionante casino. Y un segundo y un tercero... quemando además el único que le hacía competencia y que servía de local de ensayo a la banda municipal.. Con esta creó una charanga que le acompañaba a todas partes, consiguiendo a su alrededor un ruido tan impresionante que optó por salir a la calle solo a partir de las dos de la madrugada, por joder claro.
Se confesaba una vez al mes, solo por ver la cara del cura cuando entraba al templo seguido de su charanga. Antes de empezar, le regalaba al padre cuarenta litros de vino de las mejores cosechas y después de una charla de quince minutos en plan monólogo, maldecía en voz alta al oir la penitencia, se refrescaba las manos en la pila bautismal y salía triunfante con la expresión en la cara del deber cumplido.
Ayer murió. Y todo el pueblo fue a su entierro, pues nadie creía que un tipo así pudiese abandonar esta vida como cualquiera de ellos.
Su charanga no tocó. No por respeto, si no por que habían sido despedidos desde el lecho de muerte por finalización de obra, sin ver un duro de liquidación.
Y una vez a metro y medio bajo tierra, que para muchos no era suficiente, la multitud se dispersó. Incluso escuché algún llanto apagado y comentarios que convertían a nuestro difunto en inmortal, pues estando este en su ataud aún caliente, ya parecían echarlo en falta. Se recordaban unos a otros que, más valía malo conocido que bueno por conocer... Por que debería haber otro ¿no? Necesitarían un sucesor que que los martirizará ¿verdad?
Y ahí estaba yo, un tipo que iba de paso, preguntando a cuanto estaba el metro cuadrado de terreno edificable y que el pueblo prometía vender a muy buen precio. Debeis saber que soy un poco oportunista. Para empezar ya he adoptado un perro peligrosísimo y si no pasa nada, hoy almorzaré gratis. Por algo se empieza.
Tenía otros vicios, como no, pero más normales en este caso; Paseaba un perro muy oeligroso sin atar, por los alrededores del colegio, a las horas de entrada y de salida de niños y profesores. También conducía en sentido contrario por las estrechas callejuelas del miserable lugar. Tomaba drogas delante de sus mayores y pequeños, y usaba perfume femenino muy caro a la hora de almorzar en el hogar del jubilado, donde encima nunca pagaba y fumaba como un carretero, tirando el humo a la cara del médico titular que sufría asma.
Como podeis imaginar, amiguitos mios, a todos le caía com un tiro en la garganta.
Pura envidia. Envidia cochina si señor. ¡Pero si lo peor estaba por verse!
Se casó. Vaya si se casó. Con cinco esposas a la vez. Bueno a intervalos de dos o tres meses, pero con todas. Se compró dos vacas y una vaca y se escapó a la montaña donde mantuvo relaciones íntimas además, con un caballo salvaje que le recordaba a la primera mujer. Pero solo porque se lo montaban en el establo.
Era riquísimo, algo que enojaba de sobremanera y de forma natural a todo aquel que le conocía, aunque solo fuese de oidas. Malgastaba su fortuna repartiéndola entre los otros ricos de los pueblos de alrededor. Subvencionaba un colectivo en contra de la inmigración y otro en contra del mismo colectivo, solo por mantener a la juventud ocupada de una manera razonable.
Pasaba de la política, pero en toda la comarca era conocido como "El Cacique", porque le divertía un montón crear cerdos corruptos para después eliminarlos del mapa, destrozando la reputación del ayuntamiento fuese quien fuese el partido dominante.
Eso sin hablar del juego. Amante del riesgo ajeno, montó un impresionante casino. Y un segundo y un tercero... quemando además el único que le hacía competencia y que servía de local de ensayo a la banda municipal.. Con esta creó una charanga que le acompañaba a todas partes, consiguiendo a su alrededor un ruido tan impresionante que optó por salir a la calle solo a partir de las dos de la madrugada, por joder claro.
Se confesaba una vez al mes, solo por ver la cara del cura cuando entraba al templo seguido de su charanga. Antes de empezar, le regalaba al padre cuarenta litros de vino de las mejores cosechas y después de una charla de quince minutos en plan monólogo, maldecía en voz alta al oir la penitencia, se refrescaba las manos en la pila bautismal y salía triunfante con la expresión en la cara del deber cumplido.
Ayer murió. Y todo el pueblo fue a su entierro, pues nadie creía que un tipo así pudiese abandonar esta vida como cualquiera de ellos.
Su charanga no tocó. No por respeto, si no por que habían sido despedidos desde el lecho de muerte por finalización de obra, sin ver un duro de liquidación.
Y una vez a metro y medio bajo tierra, que para muchos no era suficiente, la multitud se dispersó. Incluso escuché algún llanto apagado y comentarios que convertían a nuestro difunto en inmortal, pues estando este en su ataud aún caliente, ya parecían echarlo en falta. Se recordaban unos a otros que, más valía malo conocido que bueno por conocer... Por que debería haber otro ¿no? Necesitarían un sucesor que que los martirizará ¿verdad?
Y ahí estaba yo, un tipo que iba de paso, preguntando a cuanto estaba el metro cuadrado de terreno edificable y que el pueblo prometía vender a muy buen precio. Debeis saber que soy un poco oportunista. Para empezar ya he adoptado un perro peligrosísimo y si no pasa nada, hoy almorzaré gratis. Por algo se empieza.
Y de repente... una sorpresa
"Te lo diré con el corazón en la mano. Eres un cerdo", exclamó Manuel.
Salvador se quedó muerto. No esperaba esa reacción por parte de su entrañable amigo. Ese amigo al que puteaba durante veinticinco años. Desde la infancia. Al que le levantó seis novias y un novio cuando harto de ello, se hizo gay. Al que le debía seiscientos euros desde que eran cienmil pesetas y no le cobraba intereses por ser coleguita. Al que en mitad de una borrachera y por puro compadreo le destrozó el coche que le había prestado para salir con una chica. Al que gorreaba a todas horas pues no le alcanzaba para cervezas porque todo lo gastaba en drogas. Toda la vida le pasó por delante y en todas las escenas aparecía su gran amigo.
Manuel se dió la vuelta soltó el cuchillo y con una gran sonrisa en la cara dejó el corazón de Salvador en la estantería del comedor donde tantas veces sufrió sus burlas. Miró atentamente una pila de Cd's y descubrió que allí estaba su colección de música clásica que hacía seis años no encontraba en su casa.
Salvador se quedó muerto. No esperaba esa reacción por parte de su entrañable amigo. Ese amigo al que puteaba durante veinticinco años. Desde la infancia. Al que le levantó seis novias y un novio cuando harto de ello, se hizo gay. Al que le debía seiscientos euros desde que eran cienmil pesetas y no le cobraba intereses por ser coleguita. Al que en mitad de una borrachera y por puro compadreo le destrozó el coche que le había prestado para salir con una chica. Al que gorreaba a todas horas pues no le alcanzaba para cervezas porque todo lo gastaba en drogas. Toda la vida le pasó por delante y en todas las escenas aparecía su gran amigo.
Manuel se dió la vuelta soltó el cuchillo y con una gran sonrisa en la cara dejó el corazón de Salvador en la estantería del comedor donde tantas veces sufrió sus burlas. Miró atentamente una pila de Cd's y descubrió que allí estaba su colección de música clásica que hacía seis años no encontraba en su casa.
Y de repente... arte.
Fue increible. Dos mil personas dentro de la galería y casi el doble en la puerta intentando entrar en lo que para muchos era la mejor exposición de arte mega-moderno de la historia. Toda la gente guapa de la ciudad y un montón de los alrededores se congregaron allí para asistir al nacimiento de una nueva estrella de la vanguardia. La performance estaba prevista para las dos de la tarde pero ya se sabe que esto del arte no tiene horario. La artista era conocida como Asia, pero su madre le seguía llamando Serbasia, que para eso la bautizó con el nombre de su abuela. Convocó a los medios media hora antes de la representación. Mientras daba una escueta rueda de prensa en la que no desveló ningún dato sobre lo que allí veriamos, un ensamble de músicos arrítmicos, ya tocaba unas piezas de refinado ruido insoportable que deleitaba a los afortunados que habían conseguido entrar. Camisetas, llaveros, pegatinas, calcetines, gorras y todo tipo de objeto inservible se vendían a precio de oro, mientras un señor de pintas extraña vendía a precio ridículo, verdaderas joyas del noble metal. Nuestra creadora desapareció por unos instantes y tras algunos canapes de muy mal gusto compositivo y unas cuantas copas de líquidos inclasificables, la multitud empezó a impacientarse. Llegar a la tarima donde se realizaría el acto era imposible, pero la gente seguía empujando para alcanzar un buen sitio desde donde asistir a esta actuación rompedora.
Súbitamente y con una rapidez pasmosa, el pequeño escenario se llenó de extrañas gentes ataviadas de una manera muy peculiar. Y en medio de ellos y desnuda, apareció Asia. La encaramaron a un diván y empezó el espectáculo. Los gritos de los asistentes dieron paso a murmullos y en cuestión de segundos un silencio tenso se apoderó de la sala. Una gran lámpara bajo del techo y alumbró directamente el abdomen de la protagonista. Luego algunos atónitos y muchos excitados contemplamos como los acompañantes de escena empezaban a manosear las partes más íntimas de Serbasia mientras su madre en pleno ataque de ansiedad rompía a llorar.
La cara de Asia llenó por completo las dos pantallas gigantes que llenaban las paredes laterales de la galería. Un rictus de dolor en ese rostro evidenciaba la dura escena que contemplábamos. Una tercera pantalla nos mostró de repente el sexo totalmente dilatado de la chica y como unas manos enguantadas en látex separaban sus muslos tensos. El sudor cubría la cara cada vez más desencajada de la protagonista de la escena. Le introdujeron varios utensilios por su cavidad vaginal hasta que una explosión de sangre y un líquido amarillento salpicó a los compañeros de escenario y a los asistentes de las primeras filas. Algunos canapés fueron vomitados y algunos de los que empujaron para entrar, ahora trataban por todos los medios de salir y no ser testigos de la dantesca escena. Un grito de dolor rompio el silencio y el rostro salpicado de sudor y lagrimas se movió brutalmente saliendose de plano. Ya no mirábamos. Ahora solo oiamos los alaridos de Asia y las tensas respiraciones de sus ayudantes. Con un último esfuerzo dió por finalizada la obra.
Levantamos la vista mientras las luces se encendían y pudimos contemplar en brazos de Asia, su obra. Dos kilos setecientos gramos de hermosa niña que, como muchos comentaron, era igualita que su madre.
Súbitamente y con una rapidez pasmosa, el pequeño escenario se llenó de extrañas gentes ataviadas de una manera muy peculiar. Y en medio de ellos y desnuda, apareció Asia. La encaramaron a un diván y empezó el espectáculo. Los gritos de los asistentes dieron paso a murmullos y en cuestión de segundos un silencio tenso se apoderó de la sala. Una gran lámpara bajo del techo y alumbró directamente el abdomen de la protagonista. Luego algunos atónitos y muchos excitados contemplamos como los acompañantes de escena empezaban a manosear las partes más íntimas de Serbasia mientras su madre en pleno ataque de ansiedad rompía a llorar.
La cara de Asia llenó por completo las dos pantallas gigantes que llenaban las paredes laterales de la galería. Un rictus de dolor en ese rostro evidenciaba la dura escena que contemplábamos. Una tercera pantalla nos mostró de repente el sexo totalmente dilatado de la chica y como unas manos enguantadas en látex separaban sus muslos tensos. El sudor cubría la cara cada vez más desencajada de la protagonista de la escena. Le introdujeron varios utensilios por su cavidad vaginal hasta que una explosión de sangre y un líquido amarillento salpicó a los compañeros de escenario y a los asistentes de las primeras filas. Algunos canapés fueron vomitados y algunos de los que empujaron para entrar, ahora trataban por todos los medios de salir y no ser testigos de la dantesca escena. Un grito de dolor rompio el silencio y el rostro salpicado de sudor y lagrimas se movió brutalmente saliendose de plano. Ya no mirábamos. Ahora solo oiamos los alaridos de Asia y las tensas respiraciones de sus ayudantes. Con un último esfuerzo dió por finalizada la obra.
Levantamos la vista mientras las luces se encendían y pudimos contemplar en brazos de Asia, su obra. Dos kilos setecientos gramos de hermosa niña que, como muchos comentaron, era igualita que su madre.
Y de repente... unas leyendas
RENATA DE NOCHE
El cáliz era una verdadera joya barroca. Esa noche se había levantado hambrienta. Abrió la nevera sacó una bolsa de RH positivo le clavó los colmillos y vertió un cuarto de su contenido en tan maravilloso recipiente. Recordó haber dejado unas morcillas frescas en el microondas y se preparó para dar buena cuenta de ellas. Cogió unos cubiertos de madera ya que la plata le daba dentera, y se sentó a la mesa. Engulló un gran bocado y se dispuso a beber del copón que un día fue modelado y trabajado para un verdadero vampiro con clase. Cual fue su sorpresa cuando vio allí flotando, atrapado en el espeso caldo a otro chupa sangre.
Un mosquito. Mal empezaba la noche.
SISTEMAS SOLARES EDUCATIVOS
Tras un largo viaje de millones de años luz, que aunque con su tecnología se lograba en un tiempo record, Evaristo llegó destrozado a nuestra atmósfera. Optó por aterrizar ya que tenía reuma y el agua le sentaba mal. Lo hizó en los Estados Unidos. Claro.
"Hale Evaristo, a investigar".
Se intentaba animar pensando en su cercana jubilación. Descanso, salidas al campo, los atascos domingueros, lo normal. Estaba separado pero tenía un nutrido grupo de amigos con los que compartía aficiones como por ejemplo una especia de juego parecido al tenis pero golpeando la pelota contra una pared. Lo llamaban frontón.
Ensimismado cogió una bolsita y unos guantes y empezó a recoger arenilla y rocas del desierto que le rodeaba. Vió una planta que le recordaba a un cáctus y con sumo cuidado le hizo una pequeña biopsia. A las doce del mediodía volvió a la nave y se preparó un brebaje a base de café y azucar. Como tenía calor, le añadió un hielo.
Cuando salió del vehiculo de nuevo, se vió rodeado por un montón de máquinas que nunca antes había visto y que tenían la apariencia de tractores o más bien de retroexcavadoras. Cientos de personas sujetaban unos palitos que le apuntaban directamente a la cabeza. Extrañado saco el móvil de su funda y justo cuando se disponía a llamar a su jefe de departamento para recibir instrucciones, sintió un dolor enorme en el hombro que le hizo soltar el teléfono dejandolo caer al suelo. Se llevó la mano a la parte dolorida y notó humedad. Era sangre. No aguantaba la sangre. Se desmayó.
Cuando recuperó el conocimiento se encontraba en una habitación totalmente blanca y un barbudo grandísimo le empezó a contar que se encontraba prisionero y que le tendrían que hacer no se cuantas pruebas. Escuchó un poco aturdido aun, algo sobre un tacto rectal. Asustado, preguntó donde se encontraba. Cuando el ser antipático le dijo que en un centro militar de nombre raro en el planeta Tierra, Evaristo se puso a temblar. Algo había oido. Su abuela, cuando no quería comerse las lentejas, le amenazaba con llevarlo a ese horrible lugar.
Que manía con quitar los temarios de Geografía e Historia del Universo en primaria. Que si no sirve para nada, que total, para recordar datos. Memorizar no es eficaz.
Le pilló una de las reformas educativas justo en séptimo de EGB.
" Me van a meter un dedo en el culo en un lugar llamado Rosevelt o Rusevel o quien sabe como, a cinco años de jubilarme y con solo un café en el cuerpo. Gracias Ministerio de Cultura."
MAMÁ QUIERO SER ARTISTA
Me encantaba lucir preciosos trajes y mirarme a los espejos. Luego actuaba delante de la gente. Todos reían. Yo era feliz. Mi mundo estaba en los escenarios. La farándula. Que palabra tan bonita. Hoy estaba esplendidamente hermosa tocada con una gran pamela que encontré en el desván. Me coloqué un carísimo abrigo de pieles y fuí a ver a mi madre.
Me llamó imbécil y de un manotazo me quitó la pamela y tirando fuertemente me arrancó el abrigo dejándome en camisón. Disgustadísima y llorando a moco tendido, me dió las cadenas y me dijo que trabajara de una vez. Que ya estaba bien de estupideces. Me llamó muchas cosas feas y resignada me dispuse a asustar a mis vecinos de casa. Ya estaba harta de fantasmadas yo quería ser artista. Como mi tío, ese de la opera.
CUENTOS
Estaba el hombre-lobo tranquilamente en su apartamento disfrutando de su dolorosa existencia cuando de repente tuvo la genial idea de entretenerse leyendo. Tantos destripamientos, saltos desmesurados y sustos a gogo le tenían un tanto harto. Había luna llena pero hoy más que lobo, se sentía perro. Entró en su magnífica biblioteca y se decantó por un clásico de lo que el denominaba literatura ligera de terror absurdo y casi demencial. Boris Vian estaba muy bien. Se tumbó al lado de la chimenea y tras maldecir por haber babeado la portada del libro, de un zarpazo abrío las primeras páginas saltándose el prólogo coñazo. Era increible lo que le asustaba el Lobo-hombre a nuestro amigo. Terminó la historia y volvió a la sala de estar encendiendo todas las luces con su hocico. Se rió de si mismo por cobardica, se estiró como solo un lobo sabe hacer y puso la tele. De nuevo tendría que aguantar el canal tele-tienda toda la noche pues acababa de destrozar el mando con sus garras.
SE MONTÓ EL BELÉN
"Mamá, mamá, que contenta estoy. Voy a hacer de pastorcilla en la representación de Navidad en el cole."
Y la pobre madre resignada no sabía que decirle. Sonrió a su pequeña y buscando en su memoria, intentó recordar algún hechizo que le librara de esta situación tan engorrosa. Al no encontrar ninguno optó por un lingotazo de ginebra. Nunca debió haber apuntado a su hija en un colegio de monjas. Todo por el "que dirán". Se le veía tan feliz.
Justo la tarde siguiente la pequeña llegó a su casa con su amiga Jennyfer. Traían los patrones de los disfraces y claro, necesitaban la ayuda de una madre. La mamá de Jenny estaba en el bingo así que no había salida.
Tres horas de intenso trabajo de costurera y por fin las dos niñas estaban vestiditas de pastoras.
Tan bien le habían quedado que a la mañana siguiente nuestra amiguita ya era la más popular de su colegio. David la invitó al cine y todas las demás niñas querían un traje hecho por su madre.
Angelito, reyes magos, ovejitas,camellos, vaca y buey, pajes, el niño Jesus, la Virgen y San José. Día y noche, durante seis jornadas hasta ver finalizada la tarea.
Quedaron fabulosos y además a dos semanas de la función. Habían llegado a tiempo. Las monjitas sabiendo del portento de esta mujer, mostraron su agradecimiento concediéndole el honor de representar a la Virgen María. Esto era el colmo. Pero como negarles esto a las hermanas que habían acogido a su hija siendo hija de madre soltera.
Además la hermana encargada de representar a la Virgen estaba embarazada y ya se le notaba, así que no tenía elección.
La noche de la representación el auditorio multiusos del Colegio Sagrado Corazón de la Muerte y Vida Eterna de Jesús y Allegados estaba a reventar. Todos los padres y alumnos reunidos pendientes de las meteduras de pata de los participantes para después del ágape, tener tema de conversación.
La encargada de las luces era la madre de Jenny que además de ludópata era alcohólica. Justo en el momento en que el foco que representaba la estrella debía hacer acto de aparición, una humareda plástica se hizo visible desde el flanco derecho del escenario. Viendo esto la Virgen María apartó a los niños, sacó una tiza que llevaba enganchada en el liguero y dibujó un círculo en el suelo. Metió a los pequeños dentro. Luego se encaró a las llamas que ya amenazaban al telón siendo claramente visibles y ante los atónitos ojos del respetable, las monjas y los niños, invocó a todas las fuerzas del mal habidas y por haber, gritando como una posesa con voz de ultratumba y enseñando las piernas y algo más al ascender levitando hasta lo más alto del recinto, dando tres vueltas por encima de las cabezas de los allí presentes.
Controló el fuego en un santiamén, dejándolo reducido a una fogata que movió hasta el centro del auditorio. Y allí lo dejó para, según sus palabras, asar unas patatas y celebrar que nada había ocurrido.
"Joder" , decían los padres.
"Ave María purísima", las hermanas.
"Bruja, zorrona, buscona. Bruja más que que bruja", exclamaron las madres.
Los niños estaban cagaditos de miedo y no decían nada.
Entre todas las madres atraparon a nuestra heroína que sorprendida y agotada por el esfuerzo, nada pudo hacer para evitar ser atada de pies y manos. A la hija, por simpatía también la lincharon.
Luego y aprovechando las brasas para las patatas, las quemaron.
Las monjas llamaron al obispo que bendijo el lugar. Las madres olvidarón lo ocurrido y los padres hechizados aún y como si malditos se encontraran, nunca más volvieron a ver unas piernas y algo más como aquellas.
Y colorín colorado, estas leyendas se han acabado.
El cáliz era una verdadera joya barroca. Esa noche se había levantado hambrienta. Abrió la nevera sacó una bolsa de RH positivo le clavó los colmillos y vertió un cuarto de su contenido en tan maravilloso recipiente. Recordó haber dejado unas morcillas frescas en el microondas y se preparó para dar buena cuenta de ellas. Cogió unos cubiertos de madera ya que la plata le daba dentera, y se sentó a la mesa. Engulló un gran bocado y se dispuso a beber del copón que un día fue modelado y trabajado para un verdadero vampiro con clase. Cual fue su sorpresa cuando vio allí flotando, atrapado en el espeso caldo a otro chupa sangre.
Un mosquito. Mal empezaba la noche.
SISTEMAS SOLARES EDUCATIVOS
Tras un largo viaje de millones de años luz, que aunque con su tecnología se lograba en un tiempo record, Evaristo llegó destrozado a nuestra atmósfera. Optó por aterrizar ya que tenía reuma y el agua le sentaba mal. Lo hizó en los Estados Unidos. Claro.
"Hale Evaristo, a investigar".
Se intentaba animar pensando en su cercana jubilación. Descanso, salidas al campo, los atascos domingueros, lo normal. Estaba separado pero tenía un nutrido grupo de amigos con los que compartía aficiones como por ejemplo una especia de juego parecido al tenis pero golpeando la pelota contra una pared. Lo llamaban frontón.
Ensimismado cogió una bolsita y unos guantes y empezó a recoger arenilla y rocas del desierto que le rodeaba. Vió una planta que le recordaba a un cáctus y con sumo cuidado le hizo una pequeña biopsia. A las doce del mediodía volvió a la nave y se preparó un brebaje a base de café y azucar. Como tenía calor, le añadió un hielo.
Cuando salió del vehiculo de nuevo, se vió rodeado por un montón de máquinas que nunca antes había visto y que tenían la apariencia de tractores o más bien de retroexcavadoras. Cientos de personas sujetaban unos palitos que le apuntaban directamente a la cabeza. Extrañado saco el móvil de su funda y justo cuando se disponía a llamar a su jefe de departamento para recibir instrucciones, sintió un dolor enorme en el hombro que le hizo soltar el teléfono dejandolo caer al suelo. Se llevó la mano a la parte dolorida y notó humedad. Era sangre. No aguantaba la sangre. Se desmayó.
Cuando recuperó el conocimiento se encontraba en una habitación totalmente blanca y un barbudo grandísimo le empezó a contar que se encontraba prisionero y que le tendrían que hacer no se cuantas pruebas. Escuchó un poco aturdido aun, algo sobre un tacto rectal. Asustado, preguntó donde se encontraba. Cuando el ser antipático le dijo que en un centro militar de nombre raro en el planeta Tierra, Evaristo se puso a temblar. Algo había oido. Su abuela, cuando no quería comerse las lentejas, le amenazaba con llevarlo a ese horrible lugar.
Que manía con quitar los temarios de Geografía e Historia del Universo en primaria. Que si no sirve para nada, que total, para recordar datos. Memorizar no es eficaz.
Le pilló una de las reformas educativas justo en séptimo de EGB.
" Me van a meter un dedo en el culo en un lugar llamado Rosevelt o Rusevel o quien sabe como, a cinco años de jubilarme y con solo un café en el cuerpo. Gracias Ministerio de Cultura."
MAMÁ QUIERO SER ARTISTA
Me encantaba lucir preciosos trajes y mirarme a los espejos. Luego actuaba delante de la gente. Todos reían. Yo era feliz. Mi mundo estaba en los escenarios. La farándula. Que palabra tan bonita. Hoy estaba esplendidamente hermosa tocada con una gran pamela que encontré en el desván. Me coloqué un carísimo abrigo de pieles y fuí a ver a mi madre.
Me llamó imbécil y de un manotazo me quitó la pamela y tirando fuertemente me arrancó el abrigo dejándome en camisón. Disgustadísima y llorando a moco tendido, me dió las cadenas y me dijo que trabajara de una vez. Que ya estaba bien de estupideces. Me llamó muchas cosas feas y resignada me dispuse a asustar a mis vecinos de casa. Ya estaba harta de fantasmadas yo quería ser artista. Como mi tío, ese de la opera.
CUENTOS
Estaba el hombre-lobo tranquilamente en su apartamento disfrutando de su dolorosa existencia cuando de repente tuvo la genial idea de entretenerse leyendo. Tantos destripamientos, saltos desmesurados y sustos a gogo le tenían un tanto harto. Había luna llena pero hoy más que lobo, se sentía perro. Entró en su magnífica biblioteca y se decantó por un clásico de lo que el denominaba literatura ligera de terror absurdo y casi demencial. Boris Vian estaba muy bien. Se tumbó al lado de la chimenea y tras maldecir por haber babeado la portada del libro, de un zarpazo abrío las primeras páginas saltándose el prólogo coñazo. Era increible lo que le asustaba el Lobo-hombre a nuestro amigo. Terminó la historia y volvió a la sala de estar encendiendo todas las luces con su hocico. Se rió de si mismo por cobardica, se estiró como solo un lobo sabe hacer y puso la tele. De nuevo tendría que aguantar el canal tele-tienda toda la noche pues acababa de destrozar el mando con sus garras.
SE MONTÓ EL BELÉN
"Mamá, mamá, que contenta estoy. Voy a hacer de pastorcilla en la representación de Navidad en el cole."
Y la pobre madre resignada no sabía que decirle. Sonrió a su pequeña y buscando en su memoria, intentó recordar algún hechizo que le librara de esta situación tan engorrosa. Al no encontrar ninguno optó por un lingotazo de ginebra. Nunca debió haber apuntado a su hija en un colegio de monjas. Todo por el "que dirán". Se le veía tan feliz.
Justo la tarde siguiente la pequeña llegó a su casa con su amiga Jennyfer. Traían los patrones de los disfraces y claro, necesitaban la ayuda de una madre. La mamá de Jenny estaba en el bingo así que no había salida.
Tres horas de intenso trabajo de costurera y por fin las dos niñas estaban vestiditas de pastoras.
Tan bien le habían quedado que a la mañana siguiente nuestra amiguita ya era la más popular de su colegio. David la invitó al cine y todas las demás niñas querían un traje hecho por su madre.
Angelito, reyes magos, ovejitas,camellos, vaca y buey, pajes, el niño Jesus, la Virgen y San José. Día y noche, durante seis jornadas hasta ver finalizada la tarea.
Quedaron fabulosos y además a dos semanas de la función. Habían llegado a tiempo. Las monjitas sabiendo del portento de esta mujer, mostraron su agradecimiento concediéndole el honor de representar a la Virgen María. Esto era el colmo. Pero como negarles esto a las hermanas que habían acogido a su hija siendo hija de madre soltera.
Además la hermana encargada de representar a la Virgen estaba embarazada y ya se le notaba, así que no tenía elección.
La noche de la representación el auditorio multiusos del Colegio Sagrado Corazón de la Muerte y Vida Eterna de Jesús y Allegados estaba a reventar. Todos los padres y alumnos reunidos pendientes de las meteduras de pata de los participantes para después del ágape, tener tema de conversación.
La encargada de las luces era la madre de Jenny que además de ludópata era alcohólica. Justo en el momento en que el foco que representaba la estrella debía hacer acto de aparición, una humareda plástica se hizo visible desde el flanco derecho del escenario. Viendo esto la Virgen María apartó a los niños, sacó una tiza que llevaba enganchada en el liguero y dibujó un círculo en el suelo. Metió a los pequeños dentro. Luego se encaró a las llamas que ya amenazaban al telón siendo claramente visibles y ante los atónitos ojos del respetable, las monjas y los niños, invocó a todas las fuerzas del mal habidas y por haber, gritando como una posesa con voz de ultratumba y enseñando las piernas y algo más al ascender levitando hasta lo más alto del recinto, dando tres vueltas por encima de las cabezas de los allí presentes.
Controló el fuego en un santiamén, dejándolo reducido a una fogata que movió hasta el centro del auditorio. Y allí lo dejó para, según sus palabras, asar unas patatas y celebrar que nada había ocurrido.
"Joder" , decían los padres.
"Ave María purísima", las hermanas.
"Bruja, zorrona, buscona. Bruja más que que bruja", exclamaron las madres.
Los niños estaban cagaditos de miedo y no decían nada.
Entre todas las madres atraparon a nuestra heroína que sorprendida y agotada por el esfuerzo, nada pudo hacer para evitar ser atada de pies y manos. A la hija, por simpatía también la lincharon.
Luego y aprovechando las brasas para las patatas, las quemaron.
Las monjas llamaron al obispo que bendijo el lugar. Las madres olvidarón lo ocurrido y los padres hechizados aún y como si malditos se encontraran, nunca más volvieron a ver unas piernas y algo más como aquellas.
Y colorín colorado, estas leyendas se han acabado.
Y de repente... un acto reflejo
Salimos corriendo. No eran más de las seis de la tarde pero noviembre nos cubría en nuestra retirada con un frio manto de oscuridad. Josete sufría su obesidad y trataba por todo los medios de no quedarse rezagado.
Cinco minutos antes no teníamos ni un plan y ahora éramos unos fugitivos. Yo aferraba el botín con los dos brazos apretándolo, casi fundiéndolo a mi chaqueta de plástico que impedía la transpiración. El sudor debajo del jersey de lana y la tan odiada camiseta de felpa molestaba mientras el que cubría mi cara se enfriaba manteniendo mi cabeza fresca. Solo dos calles y la salvación. Josete tropezó. Me di la vuelta y a un ritmo algo menor seguí corriendo de espaldas mientras animaba a mi compañero a continuar.
Los estantes de las sala eran unos parapetos espléndidos que en nuestra imaginación se convirtieron en un fortín donde resistir el asedio de nuestros enemigos. Tan solo había que estirar la mano, cogerlo y huir. Los guardianes de las costumbres modernas sabiamente se reunian en el edificio para, una vez descubiertos nuestros malvados actos, marcarnos con la señal del "Extraño". Acechaban delante de las pantallas de sus ordenadores. Se comunicaban así. Sin sonidos. A través de un teclado y en código binario.
Grite sacando fuerzas de mi joven pecho. Josete reaccionó y de nuevo empezó a correr jadeante. Se llevaba la mano al costado y con una mueca tragicómica me suplicó ayuda. Me detuve y esperé a que alcanzara mi posición.
Fue fácil pero los nervios se apoderarón de nuestros músculos que agarrotados nos hicieron actuar como autómatas. Nos movíamos como "Extraños". Olíamos a extraños. Nos descubrieron.
Al llegar al portal nuestra ansiedad se calmó y descubrimos asombrados que lo habíamos conseguido. Entramos y nos refugiamos en el ascensor. Bajo la mortecina luz de la luminaria de la cabina despegué los brazos de mi pecho combatiendo esa extraña sensación magnética de los músculos largamente contraidos. Allí en mis manos estaba nuestro tesoro. Quinientas treinta páginas encuadernadas en rústica. Una segunda edición. Un libro.
Cinco minutos antes no teníamos ni un plan y ahora éramos unos fugitivos. Yo aferraba el botín con los dos brazos apretándolo, casi fundiéndolo a mi chaqueta de plástico que impedía la transpiración. El sudor debajo del jersey de lana y la tan odiada camiseta de felpa molestaba mientras el que cubría mi cara se enfriaba manteniendo mi cabeza fresca. Solo dos calles y la salvación. Josete tropezó. Me di la vuelta y a un ritmo algo menor seguí corriendo de espaldas mientras animaba a mi compañero a continuar.
Los estantes de las sala eran unos parapetos espléndidos que en nuestra imaginación se convirtieron en un fortín donde resistir el asedio de nuestros enemigos. Tan solo había que estirar la mano, cogerlo y huir. Los guardianes de las costumbres modernas sabiamente se reunian en el edificio para, una vez descubiertos nuestros malvados actos, marcarnos con la señal del "Extraño". Acechaban delante de las pantallas de sus ordenadores. Se comunicaban así. Sin sonidos. A través de un teclado y en código binario.
Grite sacando fuerzas de mi joven pecho. Josete reaccionó y de nuevo empezó a correr jadeante. Se llevaba la mano al costado y con una mueca tragicómica me suplicó ayuda. Me detuve y esperé a que alcanzara mi posición.
Fue fácil pero los nervios se apoderarón de nuestros músculos que agarrotados nos hicieron actuar como autómatas. Nos movíamos como "Extraños". Olíamos a extraños. Nos descubrieron.
Al llegar al portal nuestra ansiedad se calmó y descubrimos asombrados que lo habíamos conseguido. Entramos y nos refugiamos en el ascensor. Bajo la mortecina luz de la luminaria de la cabina despegué los brazos de mi pecho combatiendo esa extraña sensación magnética de los músculos largamente contraidos. Allí en mis manos estaba nuestro tesoro. Quinientas treinta páginas encuadernadas en rústica. Una segunda edición. Un libro.
Y de repente... deportes
Nos dieron unas banderitas de colores chillones con una gran G. Hoy animaríamos todos a una al gran Garrido. Era nuestro ídolo. Además veníamos predispuestos a ver sangre.
Nos pusimos cómodos en nuestros asientos y pedimos unos refrescos al vendedor de la bandeja. El espectáculo comenzaría en unos minutos. La emoción nos embargaba. Se podían escuchar los comentarios de la gente que nos rodeaba y que convertían a Garrido en una leyenda. El y su equipo demostraban trabajo tras trabajo que lo suyo era arte. Aparecieron los primeros ayudantes vistiendo de verde y con las caras tapadas. Aún así en sus petos podíamos leer sus nombres. Con el número seis apareció Bautista que rápidamente por la banda derecha ocupo su rincón justo al lado de sus herramientas. Con movimientos sincopados el resto del equipo se plantó en el escenario donde dentro de unos instantes ofrecerían una lección maestra. Por último se abrió la puerta y apareció el contrincante. En una pizarra leímos las características del sujeto. Noventa kilos, 1,75 de estatura, difícil pieza que ya había acabado con tres equipos anteriormente. Bautista y Ana Villanueva, su asistente de campo, tomaron a su rival, y con robóticos movimientos, le administraron un primer placaje que de seguro dolió. Y de repente y para delirio del público allí presente, apareció en el recinto con el dorsal número uno, Garrido. Por megafonía escuchamos al narrador enloquecido presentando a este gladiador de nuestros días. Entró a cara descubierta, como el campeón que era. Saludo a la afición, se puso la máscara protectora y le ayudaron a ponerse los guantes. Ahora sí, el equipo estaba al completo. Comprobaron que el hombre que tenían delante no se movía dándole unos golpecitos y viendo que no reaccionaba arrancaron la primera gran ovación de un público totalmente entregado. Bautista sin apartar la vista de sus monitores alzó la mano y agradeció el reconocimiento que le otorgábamos. Garrido, que ostentaba el título de Cirujano Jefe del área de enfermedades de imposible solución, casi de forma automática, pidió que le secaran el sudor de la frente aunque no había ni el menor indicio de humedad en su cara. Pidió el bisturí y de una manera fría y calculada, como solo el podía hacerlo asesto el primer corte a la altura del esternón. El presente enmudeció y atentamente seguimos la introducción de un fórceps que le llegó a las manos con precisión milimétrica. Los encargados de tubos y catéteres rodeaban el banco de operaciones sin molestar, trabajando para su jefe de filas. Un pitido puso en guardia al anestesista Bautista, que raudo aparto a la segunda enfermera que lucía el número cuatro en la ajustada pechera. Administró su dosis bajo la atenta mirada del cirujano y cuando hubo terminado se retiró a su rincón. El pitido cesó. Garrido asintió y esta vez sí, la asistente seco su frente de sudor molesto. Tras este receso, de nuevo empezamos a vitorear y agitar nuestras banderitas arrancando una pequeña sonrisa de la cara de nuestro ídolo. La Asistente de enfermería se acercó a la grada y lanzó la toallita empapada de sudor. Vimos asombrados como una chica de no más de veinte años se lanzaba felinamente y la alcanzaba, chillando y besando el papelito que seguro guardaría como una reliquia. Tras veinte minutos de intervención la presión en la cancha empezó a hacerse patente. Las incursiones de Garrido por el centro abierto del pecho, directamente al órgano dañado, parecían inútiles y entonces pidió de nuevo la intervención de su anestesista para que mantuviera las constantes. Pidió un tiempo muerto para cambiar de estrategia. El equipo se reunió en una melé mientras los encargados de limpieza retiraban el material usado hasta el momento. Disfrutamos viendo el baile de las ayudantes de quirófano y algunos presentes aprovecharon para visitar el baño o fumar un cigarrito. Desde el fondo norte, donde se alojaban los estudiantes integrantes de la peña “Garrido’s blood”, se empezó una ola. Salió perfecta y dio tres vueltas al pabellón.
No daba crédito a mis ojos. Con más confianza que antes y agigantado por el soporte del público, el equipo volvió a la tabla de operaciones. Las enfermeras sacaron unas bolsas de sangre y un nuevo juego de herramientas. Todos ocuparon sus puestos. Garrido pidió a un joven cirujano recién fichado que abriera un poco más ya que la nueva vía de acceso al pulmón debería darle facilidad de movimientos. El Doctor Sebastián Quiles era una joven promesa ascendida de la cantera. Su confianza le confería una imagen de profesionalidad que solo recordábamos en el Garrido de las primeras intervenciones. Practicó una limpia incisión a partir de la del maestro y con ayuda de la enfermera jefe dejó al descubierto por entero el pulmón. Era el momento de la verdad. Garrido se enfrentaba al tiempo. Mientras las transfusiones se repetían una tras otra, el cirujano seguía limpiando el tejido dañado. Los drenajes no daban abasto y la perdida de sangre empezaba a ser un problema. De nuevo un pitido puso en alerta al equipo que, profesionalmente y viendo lo que acontecía, esperaba este momento. Un paro cardíaco. El Doctor Garrido en un movimiento reflejo apartó a todos los asistentes y dio paso a un técnico especialista en desfibriladores.
Mientras este le aplicaba distintas descargas, el propio Garrido le administraba un masaje cardiaco a un paciente que se encontraba al límite. Se produjo una avalancha en las gradas. Nadie se quería perder ese momento. Se empezó a corear el nombre del cirujano y tras dos angustiosos minutos las constantes del paciente se reestablecieron provocando tal algarabía en la sala que se nos llamó la atención por megafonía. Volvimos a nuestros asientos y se reanudaron los trabajos en quirófano. Se continuaba con las transfusiones y se cambiaban las gasas y drenajes. En un minuto el cirujano ya había vuelto con guantes limpios a la faena.
Ya eran tres horas de intervención y pintaban bastos. Un sector del público bastante crítico, y que convertía este quirófano en una plaza difícil, se impacientaba y empezó a abuchear a Garrido.
Se había optado por un corte drástico de casi un tercio de pulmón. Era la solución fácil.
La Enfermera Jefe pidió un cambio en su equipo. Cuatro asistentes exhaustos abandonaron la sala entre débiles aplausos.
La entrada del nuevo grupo dio nuevas esperanzas al equipo. Serían el revulsivo necesario. Pero no. Garrido de una manera correcta cortó el pulmón y la reacción no se hizo esperar. De nuevo una caída de constantes. El nuevo equipo de apoyo corrió las bandas buscando el hueco donde esperar el final de la nueva intervención del desfibrilador por parte del Doctor Luis Lluna. Bautista no apartaba los ojos del monitor de constantes y continuaba administrando sus sustancias en un intento épico por salvar la vida al paciente. El público temía lo peor. Las caras de circunstancias ponían la nota amarga a la escena que justo debajo de nosotros de desarrollaba. Una señora justo a mi lado se tapaba la cara con las manos mientras rezaba. En un último momento las constantes se nivelaron y el equipo contraatacó sin tiempo ya para más errores. Salió el trozo de pulmón de la cavidad sanguinolenta que lo albergaba y de un lanzamiento preciso fue a parar a un recipiente metálico al otro extremo de la sala. Bautista gritó que se detuvieran pues otra parada cardiaca sería letal. El cirujano Jefe y su Anestesista cruzaron una mirada fría que mostraba la tensión del momento. El recién llegado equipo sufría un desgaste colosal. Una enfermera fue retirada por lesión ya que sufrió un corte en la mano, que necesitaría sutura, al recoger un bisturí que salió despedido de la mano del cirujano. En las gradas los ánimos y los abucheos se mezclaban haciendo más tensa la situación. Se drenaba con todo lo que se podía. La hemorragia era imparable. Era inútil pero se practicaron dos nuevas transfusiones. Bautista no lograba contener las constantes y aún con la ayuda de Sebastián “Pibe” Quiles no era posible la reanimación. El pulmón estaba limpio pero la agresiva intervención había mermado las fuerzas del paciente. Tercera parada cardiaca. Caída de constantes en picado y nueva intervención del Doctor Lluna en vano. Los ojos del Doctor Bautista se separaron de los monitores, Garrido se arrancó la mascarilla de la cara y lanzó los guantes al recipiente que contenía el dañado tercio de pulmón que le había arruinado la faena.
Nos levantamos entre comentarios de toda índole. Como buen profesional que era, Garrido y su extenuado equipo se acercaron a la grada y agradecieron nuestra presencia aguantando estoicamente la lluvia de almohadillas del sector más crítico mientras cerraban al paciente. Nos dispusimos a abandonar el recinto y aún ahora se me pone la carne de gallina al recordar a la peña de seguidores cantando “Nunca andarás solo”. Una mala tarde la tiene cualquiera.
Nos pusimos cómodos en nuestros asientos y pedimos unos refrescos al vendedor de la bandeja. El espectáculo comenzaría en unos minutos. La emoción nos embargaba. Se podían escuchar los comentarios de la gente que nos rodeaba y que convertían a Garrido en una leyenda. El y su equipo demostraban trabajo tras trabajo que lo suyo era arte. Aparecieron los primeros ayudantes vistiendo de verde y con las caras tapadas. Aún así en sus petos podíamos leer sus nombres. Con el número seis apareció Bautista que rápidamente por la banda derecha ocupo su rincón justo al lado de sus herramientas. Con movimientos sincopados el resto del equipo se plantó en el escenario donde dentro de unos instantes ofrecerían una lección maestra. Por último se abrió la puerta y apareció el contrincante. En una pizarra leímos las características del sujeto. Noventa kilos, 1,75 de estatura, difícil pieza que ya había acabado con tres equipos anteriormente. Bautista y Ana Villanueva, su asistente de campo, tomaron a su rival, y con robóticos movimientos, le administraron un primer placaje que de seguro dolió. Y de repente y para delirio del público allí presente, apareció en el recinto con el dorsal número uno, Garrido. Por megafonía escuchamos al narrador enloquecido presentando a este gladiador de nuestros días. Entró a cara descubierta, como el campeón que era. Saludo a la afición, se puso la máscara protectora y le ayudaron a ponerse los guantes. Ahora sí, el equipo estaba al completo. Comprobaron que el hombre que tenían delante no se movía dándole unos golpecitos y viendo que no reaccionaba arrancaron la primera gran ovación de un público totalmente entregado. Bautista sin apartar la vista de sus monitores alzó la mano y agradeció el reconocimiento que le otorgábamos. Garrido, que ostentaba el título de Cirujano Jefe del área de enfermedades de imposible solución, casi de forma automática, pidió que le secaran el sudor de la frente aunque no había ni el menor indicio de humedad en su cara. Pidió el bisturí y de una manera fría y calculada, como solo el podía hacerlo asesto el primer corte a la altura del esternón. El presente enmudeció y atentamente seguimos la introducción de un fórceps que le llegó a las manos con precisión milimétrica. Los encargados de tubos y catéteres rodeaban el banco de operaciones sin molestar, trabajando para su jefe de filas. Un pitido puso en guardia al anestesista Bautista, que raudo aparto a la segunda enfermera que lucía el número cuatro en la ajustada pechera. Administró su dosis bajo la atenta mirada del cirujano y cuando hubo terminado se retiró a su rincón. El pitido cesó. Garrido asintió y esta vez sí, la asistente seco su frente de sudor molesto. Tras este receso, de nuevo empezamos a vitorear y agitar nuestras banderitas arrancando una pequeña sonrisa de la cara de nuestro ídolo. La Asistente de enfermería se acercó a la grada y lanzó la toallita empapada de sudor. Vimos asombrados como una chica de no más de veinte años se lanzaba felinamente y la alcanzaba, chillando y besando el papelito que seguro guardaría como una reliquia. Tras veinte minutos de intervención la presión en la cancha empezó a hacerse patente. Las incursiones de Garrido por el centro abierto del pecho, directamente al órgano dañado, parecían inútiles y entonces pidió de nuevo la intervención de su anestesista para que mantuviera las constantes. Pidió un tiempo muerto para cambiar de estrategia. El equipo se reunió en una melé mientras los encargados de limpieza retiraban el material usado hasta el momento. Disfrutamos viendo el baile de las ayudantes de quirófano y algunos presentes aprovecharon para visitar el baño o fumar un cigarrito. Desde el fondo norte, donde se alojaban los estudiantes integrantes de la peña “Garrido’s blood”, se empezó una ola. Salió perfecta y dio tres vueltas al pabellón.
No daba crédito a mis ojos. Con más confianza que antes y agigantado por el soporte del público, el equipo volvió a la tabla de operaciones. Las enfermeras sacaron unas bolsas de sangre y un nuevo juego de herramientas. Todos ocuparon sus puestos. Garrido pidió a un joven cirujano recién fichado que abriera un poco más ya que la nueva vía de acceso al pulmón debería darle facilidad de movimientos. El Doctor Sebastián Quiles era una joven promesa ascendida de la cantera. Su confianza le confería una imagen de profesionalidad que solo recordábamos en el Garrido de las primeras intervenciones. Practicó una limpia incisión a partir de la del maestro y con ayuda de la enfermera jefe dejó al descubierto por entero el pulmón. Era el momento de la verdad. Garrido se enfrentaba al tiempo. Mientras las transfusiones se repetían una tras otra, el cirujano seguía limpiando el tejido dañado. Los drenajes no daban abasto y la perdida de sangre empezaba a ser un problema. De nuevo un pitido puso en alerta al equipo que, profesionalmente y viendo lo que acontecía, esperaba este momento. Un paro cardíaco. El Doctor Garrido en un movimiento reflejo apartó a todos los asistentes y dio paso a un técnico especialista en desfibriladores.
Mientras este le aplicaba distintas descargas, el propio Garrido le administraba un masaje cardiaco a un paciente que se encontraba al límite. Se produjo una avalancha en las gradas. Nadie se quería perder ese momento. Se empezó a corear el nombre del cirujano y tras dos angustiosos minutos las constantes del paciente se reestablecieron provocando tal algarabía en la sala que se nos llamó la atención por megafonía. Volvimos a nuestros asientos y se reanudaron los trabajos en quirófano. Se continuaba con las transfusiones y se cambiaban las gasas y drenajes. En un minuto el cirujano ya había vuelto con guantes limpios a la faena.
Ya eran tres horas de intervención y pintaban bastos. Un sector del público bastante crítico, y que convertía este quirófano en una plaza difícil, se impacientaba y empezó a abuchear a Garrido.
Se había optado por un corte drástico de casi un tercio de pulmón. Era la solución fácil.
La Enfermera Jefe pidió un cambio en su equipo. Cuatro asistentes exhaustos abandonaron la sala entre débiles aplausos.
La entrada del nuevo grupo dio nuevas esperanzas al equipo. Serían el revulsivo necesario. Pero no. Garrido de una manera correcta cortó el pulmón y la reacción no se hizo esperar. De nuevo una caída de constantes. El nuevo equipo de apoyo corrió las bandas buscando el hueco donde esperar el final de la nueva intervención del desfibrilador por parte del Doctor Luis Lluna. Bautista no apartaba los ojos del monitor de constantes y continuaba administrando sus sustancias en un intento épico por salvar la vida al paciente. El público temía lo peor. Las caras de circunstancias ponían la nota amarga a la escena que justo debajo de nosotros de desarrollaba. Una señora justo a mi lado se tapaba la cara con las manos mientras rezaba. En un último momento las constantes se nivelaron y el equipo contraatacó sin tiempo ya para más errores. Salió el trozo de pulmón de la cavidad sanguinolenta que lo albergaba y de un lanzamiento preciso fue a parar a un recipiente metálico al otro extremo de la sala. Bautista gritó que se detuvieran pues otra parada cardiaca sería letal. El cirujano Jefe y su Anestesista cruzaron una mirada fría que mostraba la tensión del momento. El recién llegado equipo sufría un desgaste colosal. Una enfermera fue retirada por lesión ya que sufrió un corte en la mano, que necesitaría sutura, al recoger un bisturí que salió despedido de la mano del cirujano. En las gradas los ánimos y los abucheos se mezclaban haciendo más tensa la situación. Se drenaba con todo lo que se podía. La hemorragia era imparable. Era inútil pero se practicaron dos nuevas transfusiones. Bautista no lograba contener las constantes y aún con la ayuda de Sebastián “Pibe” Quiles no era posible la reanimación. El pulmón estaba limpio pero la agresiva intervención había mermado las fuerzas del paciente. Tercera parada cardiaca. Caída de constantes en picado y nueva intervención del Doctor Lluna en vano. Los ojos del Doctor Bautista se separaron de los monitores, Garrido se arrancó la mascarilla de la cara y lanzó los guantes al recipiente que contenía el dañado tercio de pulmón que le había arruinado la faena.
Nos levantamos entre comentarios de toda índole. Como buen profesional que era, Garrido y su extenuado equipo se acercaron a la grada y agradecieron nuestra presencia aguantando estoicamente la lluvia de almohadillas del sector más crítico mientras cerraban al paciente. Nos dispusimos a abandonar el recinto y aún ahora se me pone la carne de gallina al recordar a la peña de seguidores cantando “Nunca andarás solo”. Una mala tarde la tiene cualquiera.
y de repente... nos equivocamos de esquina
Sumidos en las tinieblas del viejo Londres de finales del siglo XVIII y dejando tras nosotros las dársenas portuarias plagadas de fumaderos de opio, que escupían a sus inquilinos convertidos en volutas de humo sin atisbo de razón, nos dirigimos hacia la oscuridad del centro, buscando la luz del candil que nos despertaría de nuestro sopor mortecino de hastío hivernal que convertía nuestra ociosa existencia en un tránsito de cortos días que daban paso a interminables noches que como puntos de sutura en una sangría, cerraban el periodo entre nuestras pasadas vacaciones y las venideras en alguna perdida colonia de nuestro gran imperio mortecino.
Éramos pues unos extranjeros en nuestra propia ciudad, pues allí no vivíamos. Habitando y derrochando nuestras heredadas fortunas en vida, convertíamos nuestro paso por la tierra en un vulgar paseo.
El Soho se habría dándonos la bienvenida al igual que las prostitutas que servían de reclamo a los más tenebrosos tugurios y nosotros esquivábamos sus piernas al igual que los charcos que cubrían las maltrechas aceras. Sería una frugal cena en casa de Giusseppe, que con sus guisos y sus hijas calmarían el hambre que nos recordaba lo poco vivos que seguíamos.
Hablamos de teatro y de poesía, cambiando de tema a cada instante. Hablamos de moda y dimos una visión superficial sobre algunas tendencias horrorosas que marcaban una modernidad que odiábamos con el desprecio de la superioridad intelectual. Nada era nuevo y si lo era no nos apetecía. Tal apatía nos recordó que ya era demasiado tarde para seguir preocupándonos por temas mundanos. Teníamos un cometido, y a él nos debíamos. Sin probar la comida y sin apenas mojar los labios en el vino, nos despedimos una vez más de nuestro querido cocinero. Sus hijas, jóvenes y aún puras, nos sonrieron como cada noche y nosotros educadamente besamos sus manos sonrojando sus mejillas. Era tan grande nuestra labor que supimos desde un principio que lo más apropiado era quedarse esperando desde la retaguardia. Y vagar por la ciudad, intentando que nuestra presencia calmara las diversas fuerzas que contra nuestro reinado luchaban. Nuestra elección no fue equivocada, pero si nuestra misión. Desde el principio de los tiempos nuestra figura en este mundo no hizo más que realzar lo inútil de una guerra de antemano perdida. Hoy la vieja Inglaterra, mañana Estambul y quien sabe si en unos años la mismísima Jerusalén. ¿Qué nos ataba a nuestra labor? "La confianza en nuestra labor" opinaba Rafael. Siendo el más joven demostraba un ímpetu en sus pensamientos que muchas veces yo mismo tendía a enfriar, pues convertía su pensamiento en un arma peligrosa que lo transformaba en una preciosa criatura vulnerable. Y una y otra vez nos enzarzábamos en discusiones sobre nuestra propia existencia y el por qué de nuestro caminar por este mundo abocado al más terrible de los finales. Y no eran las plagas ni las guerras ni el hambre. Era el propio existir de unos humanos desmesuradamente inteligentes sobre una estructura tan simple como la vida.
Y de nuevo lo vi. En una esquina. A unos pocos pasos de nosotros. El único así bautizado. Arrojado como nosotros a un mundo inhumano plagado de fantasmas personales. Cruzamos una mirada que a fuerza de repetirse noche tras noche, se había convertido en un saludo cortés. Gabriel se cruzó en nuestras miradas y de nuevo como en cada encuentro, esperó la reacción que tendría en mí esa presencia.
"Que cada uno mate sus demonios, pues de nada sirve acabar con el general de un ejercito ya de por si descabezado".
Éramos pues unos extranjeros en nuestra propia ciudad, pues allí no vivíamos. Habitando y derrochando nuestras heredadas fortunas en vida, convertíamos nuestro paso por la tierra en un vulgar paseo.
El Soho se habría dándonos la bienvenida al igual que las prostitutas que servían de reclamo a los más tenebrosos tugurios y nosotros esquivábamos sus piernas al igual que los charcos que cubrían las maltrechas aceras. Sería una frugal cena en casa de Giusseppe, que con sus guisos y sus hijas calmarían el hambre que nos recordaba lo poco vivos que seguíamos.
Hablamos de teatro y de poesía, cambiando de tema a cada instante. Hablamos de moda y dimos una visión superficial sobre algunas tendencias horrorosas que marcaban una modernidad que odiábamos con el desprecio de la superioridad intelectual. Nada era nuevo y si lo era no nos apetecía. Tal apatía nos recordó que ya era demasiado tarde para seguir preocupándonos por temas mundanos. Teníamos un cometido, y a él nos debíamos. Sin probar la comida y sin apenas mojar los labios en el vino, nos despedimos una vez más de nuestro querido cocinero. Sus hijas, jóvenes y aún puras, nos sonrieron como cada noche y nosotros educadamente besamos sus manos sonrojando sus mejillas. Era tan grande nuestra labor que supimos desde un principio que lo más apropiado era quedarse esperando desde la retaguardia. Y vagar por la ciudad, intentando que nuestra presencia calmara las diversas fuerzas que contra nuestro reinado luchaban. Nuestra elección no fue equivocada, pero si nuestra misión. Desde el principio de los tiempos nuestra figura en este mundo no hizo más que realzar lo inútil de una guerra de antemano perdida. Hoy la vieja Inglaterra, mañana Estambul y quien sabe si en unos años la mismísima Jerusalén. ¿Qué nos ataba a nuestra labor? "La confianza en nuestra labor" opinaba Rafael. Siendo el más joven demostraba un ímpetu en sus pensamientos que muchas veces yo mismo tendía a enfriar, pues convertía su pensamiento en un arma peligrosa que lo transformaba en una preciosa criatura vulnerable. Y una y otra vez nos enzarzábamos en discusiones sobre nuestra propia existencia y el por qué de nuestro caminar por este mundo abocado al más terrible de los finales. Y no eran las plagas ni las guerras ni el hambre. Era el propio existir de unos humanos desmesuradamente inteligentes sobre una estructura tan simple como la vida.
Y de nuevo lo vi. En una esquina. A unos pocos pasos de nosotros. El único así bautizado. Arrojado como nosotros a un mundo inhumano plagado de fantasmas personales. Cruzamos una mirada que a fuerza de repetirse noche tras noche, se había convertido en un saludo cortés. Gabriel se cruzó en nuestras miradas y de nuevo como en cada encuentro, esperó la reacción que tendría en mí esa presencia.
"Que cada uno mate sus demonios, pues de nada sirve acabar con el general de un ejercito ya de por si descabezado".
Y de repente... nos vamos al campo
La bruja Dissenta nos habló de un rinconcito apartado en la campiña de Sermanda.
Ese lugar, tal y como nos lo habían relatado, prometía tranquilidad. Así que tras asistir al aquelarre mensual de la Confederación de Brujas, Hadas y Ministros de Economía del Mundo Moderno y después de dejarnos hechizar soltando cinco mil dolares por cabeza, cogimos nuestros bártulos y con un dolor de cabeza espantoso, tomamos la carretera principal del condado de Sinem para alcanzar antes del mediodía nuestro destino vacacional.
Sara seguía empeñada en su idea de vacaciones playeras, así que de mutuo acuerdo, decidimos parar el automóvil y abandonarla en la típica gasolinera perdida en la inmensidad.
Nos esperaban seis horas de camino bajo un sol ardiente, así que sintonizamos el programa de simulación de ambientes agradables en el reproductor de sensaciones y sin más, enfilamos hacía nuestro destino.
A Pedro tanto placer virtual le dió por mear. Siete veces. Seguidas. Parón y retraso. Aprovechamos para estirar un poco las piernas y tras crecer unos siete centímetros nos volvimos a meter en el coche. Nadie se mareaba y tras dos horas de carretera con los sentidos embutidos por el virtuosismo de una maravillosa representación operística con orquesta en el habitáculo y todo, el aburrimiento se apoderó de nosotros.
Charles Retowsky contó un chiste, pero nadie entendía su idioma y nos quedamos igual. Retowsky estuvo riendo durante un cuarto de hora, y hartos de sus burlas le amordazamos en el maletero. Se rompió la monotonía, cosa que agradecimos, y pedimos más chistes aunque nadie se atrevió viendo los resultados.
Marta estaba sudadita. Con todo el "glamour que le caracterizaba se quitó la camiseta y se recogió el largo pelo en una coleta alta. Sonia, que me acompañaba en el asiento del copiloto sufrió un ataque de celos y aunque no tenía ni pizca de calor se quitó la camiseta y los pantalones. Pedro quería mear otra vez o por lo menos parar a tomar el aire. Sus problemas sentimentales le habían dejado tocada la próstata y tras un año de sequía sentimental situaciones como la presente le ponían muy nerviso.
Sacamos a Charles del maletero y me dio una paliza. Me respetó los brazos y las piernas así como un ojo. Solo yo conocía el camino pues la bruja Dissenta me había concedido el don del Gps. Dolorido continué conduciendo. A los siete kilómetros me arrepenti y di la vuelta para regoger a mis compañeros que impávidos no me ayudaron en la reyerta con el animal de Retowsky.
Ibamos retrasados y no llegariamos a comer.
Dejamos la carretera principal y nos adentramos en un camino secundario flanqueado de altos arboles puestos a propósito para dar sensación de miedo. La claridad se convirtió en tinieblas y la temperatura se hizo soportable. Solté un poco el acelerador pues las curvas eran diabólicas. De repente y por el flanco derecho, sin mirar, saltó el Gran Lobo Féroz.
Cinco minutos después tuvimos que volver a detenernos ya que la rueda delantera derecha no soportó el impacto y amenazaba con abandonarnos. La suspensión también estaba tocada pero aguantaría hasta el final.
Sonia demostró una maestría suprema a la hora de cambiar el neumático. Volvimos a estirar las piernas sin pasarnos pues el coche no era muy grande y al final no podriamos entrar.
Las situaciones tensas siempre unen y tanto Pedro como Charles estaban muy tensos. Marta observaba desde su posición previlegiada como los dos compañeros de asiento se demostraban su cariño y Sonia, en otro arrebato de celos, empezó a manosearla desde el asiento delantero. De nuevo una parada para maniatar a Sonia en el maletero y tranquilizar a Marta, estirar las piernas y dejar un poquito de intimidad a los recien enamorados.
Cogimos unas bayas nos las comimos con una botella de cava y con una modorra de tamaño "plus", nos dispusimos a terminar el viaje de tirón. Salimos de nuevo a una carretera en buen estado y pudimos apreciar la campiña que allí empezaba y que nos daría paz y tranquilidad en este mes de recogimiento.
En media hora llegamos a un hermoso parador. La Sivilina Montielín.
El rinconcito tranquilo era una pequeña pedanía de treinta habitantes llamada Canastera del Vinierdo en el mismo corazón de Sermanda.
Detuvimos el auto en la puerta y sacamos a Sonia junto al equipaje. Recibí otra paliza que acabó con mi ojo sano y ahora sí, con uno de mis brazos.
Ya estábamos en el campo.
Igual Sara tenía razón. La playa hubiese sido más divertida. Seguro nos aburririamos.
Tomamos posesión de nuestras habitaciones y bajamos al comedor. Pedimos una mesa en el reservado y empezamos a planear metódicamente el fin del mundo, saboreando un guiso de ternera con setas la mar de sabroso.
Ese lugar, tal y como nos lo habían relatado, prometía tranquilidad. Así que tras asistir al aquelarre mensual de la Confederación de Brujas, Hadas y Ministros de Economía del Mundo Moderno y después de dejarnos hechizar soltando cinco mil dolares por cabeza, cogimos nuestros bártulos y con un dolor de cabeza espantoso, tomamos la carretera principal del condado de Sinem para alcanzar antes del mediodía nuestro destino vacacional.
Sara seguía empeñada en su idea de vacaciones playeras, así que de mutuo acuerdo, decidimos parar el automóvil y abandonarla en la típica gasolinera perdida en la inmensidad.
Nos esperaban seis horas de camino bajo un sol ardiente, así que sintonizamos el programa de simulación de ambientes agradables en el reproductor de sensaciones y sin más, enfilamos hacía nuestro destino.
A Pedro tanto placer virtual le dió por mear. Siete veces. Seguidas. Parón y retraso. Aprovechamos para estirar un poco las piernas y tras crecer unos siete centímetros nos volvimos a meter en el coche. Nadie se mareaba y tras dos horas de carretera con los sentidos embutidos por el virtuosismo de una maravillosa representación operística con orquesta en el habitáculo y todo, el aburrimiento se apoderó de nosotros.
Charles Retowsky contó un chiste, pero nadie entendía su idioma y nos quedamos igual. Retowsky estuvo riendo durante un cuarto de hora, y hartos de sus burlas le amordazamos en el maletero. Se rompió la monotonía, cosa que agradecimos, y pedimos más chistes aunque nadie se atrevió viendo los resultados.
Marta estaba sudadita. Con todo el "glamour que le caracterizaba se quitó la camiseta y se recogió el largo pelo en una coleta alta. Sonia, que me acompañaba en el asiento del copiloto sufrió un ataque de celos y aunque no tenía ni pizca de calor se quitó la camiseta y los pantalones. Pedro quería mear otra vez o por lo menos parar a tomar el aire. Sus problemas sentimentales le habían dejado tocada la próstata y tras un año de sequía sentimental situaciones como la presente le ponían muy nerviso.
Sacamos a Charles del maletero y me dio una paliza. Me respetó los brazos y las piernas así como un ojo. Solo yo conocía el camino pues la bruja Dissenta me había concedido el don del Gps. Dolorido continué conduciendo. A los siete kilómetros me arrepenti y di la vuelta para regoger a mis compañeros que impávidos no me ayudaron en la reyerta con el animal de Retowsky.
Ibamos retrasados y no llegariamos a comer.
Dejamos la carretera principal y nos adentramos en un camino secundario flanqueado de altos arboles puestos a propósito para dar sensación de miedo. La claridad se convirtió en tinieblas y la temperatura se hizo soportable. Solté un poco el acelerador pues las curvas eran diabólicas. De repente y por el flanco derecho, sin mirar, saltó el Gran Lobo Féroz.
Cinco minutos después tuvimos que volver a detenernos ya que la rueda delantera derecha no soportó el impacto y amenazaba con abandonarnos. La suspensión también estaba tocada pero aguantaría hasta el final.
Sonia demostró una maestría suprema a la hora de cambiar el neumático. Volvimos a estirar las piernas sin pasarnos pues el coche no era muy grande y al final no podriamos entrar.
Las situaciones tensas siempre unen y tanto Pedro como Charles estaban muy tensos. Marta observaba desde su posición previlegiada como los dos compañeros de asiento se demostraban su cariño y Sonia, en otro arrebato de celos, empezó a manosearla desde el asiento delantero. De nuevo una parada para maniatar a Sonia en el maletero y tranquilizar a Marta, estirar las piernas y dejar un poquito de intimidad a los recien enamorados.
Cogimos unas bayas nos las comimos con una botella de cava y con una modorra de tamaño "plus", nos dispusimos a terminar el viaje de tirón. Salimos de nuevo a una carretera en buen estado y pudimos apreciar la campiña que allí empezaba y que nos daría paz y tranquilidad en este mes de recogimiento.
En media hora llegamos a un hermoso parador. La Sivilina Montielín.
El rinconcito tranquilo era una pequeña pedanía de treinta habitantes llamada Canastera del Vinierdo en el mismo corazón de Sermanda.
Detuvimos el auto en la puerta y sacamos a Sonia junto al equipaje. Recibí otra paliza que acabó con mi ojo sano y ahora sí, con uno de mis brazos.
Ya estábamos en el campo.
Igual Sara tenía razón. La playa hubiese sido más divertida. Seguro nos aburririamos.
Tomamos posesión de nuestras habitaciones y bajamos al comedor. Pedimos una mesa en el reservado y empezamos a planear metódicamente el fin del mundo, saboreando un guiso de ternera con setas la mar de sabroso.
y de repente... desmantelamos una red y no de pesca (parte 1)
La misión estaba clara. Localizar la "cabeza pensante" de una banda terrorista organizada y a ser posible el cuerpo, que una cabeza igual daba repelús a la hora de ser juzgada.
El primer paso consistía en una recopilación minuciosa de pruebas que demostraran la mala uva que tenían estas gentes. Asi que un pelotón de agentes informaticos especializados se dispuso a buscar en la red, en los confidenciales ficheros del departamento de inteligencia y en los cubos de basura cualquier rastro de actuación de los malvados y retorcidos terroristas.
Mientras estos intrépidos hombres trabajaban en las pesquisas, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas en familia y preocupado como estaba dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta era opcional.
En paralelo, un grupo de investigación de campo recolectaba espárragos y hierbas arómáticas esperando la orden de actuación en la ciudad, que verdaderamente era el nido de esta gente tan perversa.
La parte más difícil de esta misión era llevada a cabo por un comando de infiltración de paisano que solo actuaba de noche. Eran conocidos en el mundo entero por su manera peculiar de cumplir con sus deberes. Era tal su afán por pasar desapercibidos que de vez en cuando, alguno era detenido por sus propios compañeros confundidos por la gran actuación realizada por el agente en cuestión. Especilistas en narcotráfico y en la lucha contra él, grandes conocedores de las más peligrosas redes de prostitución se sentían arropados por la oscura noche y en ella se movían como Pedro por su casa.
Mientras estos intrépidos hombres se dejaban la salud, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas y en familia y preocupado como estaba dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta seguía siendo opcional.
Como en toda buena investigación que se precie no podían faltar las palizas y sobornos y entre estas calamidades el Soplón o Chivato que aqui llamaremos "Señor Y".
Tras la primera semana de trabajo se produjo la primera exposición y puesta en claro de los resultados. En los bajos de un gris edificio todos los hombres del jefe de la investigación mostraron sus cartas. Al terminar la timba, se llegó a la conclusión de que estaban como al principio pero con el problema añadido de las bajas en el comando de infiltración. Una inflamación hepática y sendas detenciones por error en el seno del grupo de infiltración mermaron las fuerzas del equipo. También se pulieron responsabilidades y se despidieron a tres agentes por no haber avisado al grupo de investigación de campo, que ajeno a lo que ocurria, ya cotizaban en Regimen de Agrónomos y se sacaban un sobresueldo.
Se volvieron a sentar las bases de la misión y todos retomaron sus respectivos trabajos.
Mientras las aguas regresaban a su cauce, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas y en familia y más preocupado si cabe dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta cambió por Tai-Chi que seguro sería mejor visto por los superiores inmediatos a la hora de ascender.
La organización de malvados terroristas sabiéndose acosada empezó a actuar de una manera más discreta y ya no montaba recolectas callejeras ni maratones televisivos por la causa.
La cúpula terrorista dejo de un lado las grandes limusinas y optó por coches oficiales que siempre fueron más discretos.
A la tercera semana del inicio nuestros agentes sufrieron un grave revés que casí acaba con la investigación.
Una serie de coincidencias fatídicas quisieron que una noche y con el equipo de infiltración nocturna a pleno rendimiento se topará con el grupo de investigación de campo en un local de moda. Estos acababan de participar en una convención sobre técnicas agrícolas alternativas y ya se encontraban intercambiando impresiones y productos. A la vez y como si de una película cómica de serie B se tratara, el jefe de la investigación entraba junto al "Señor Y" para pasarse informes y claro viéndose todos allí, la alegría y el jolgorio fueron las tónicas con gin dominantes. En mitad de esta reunión inesperada, ocurrió lo que nadie esperaba.
Todos los terroristas que se encontraban en la sala, claro está, se marcharon pues veían peligrar su futuro. y mientras estos salían otro grupo mucho más peligroso cruzaba el cordón rojo bajo la atenta mirada de los porteros. Una horda de mujeres despendoladas entraba a gritos y con risas etílicas llamando la atención de todos los presentes. La comitiva estaba encabezada por la señora del señor jefe de la investigación y tras ella, las sufridoras mujeres y novias de los agentes allí reunidos. El señor jefe de la investigación levantó la cabeza hacia el piso superior y mientras gritaba un "Oh , Dios mio" pudo observar una grandísima pancarta de bienvenida e información que rezaba "Esta Noche especial strip-tease masculino" Noche Guerrera: Bienvenidas las Esposas de Nuestros Agentes de Seguridad Nacional, local oficial y fin de fiesta a la cena anual de esposas de agentes para la recolección de fondos destinados a las viudas del grupo de infiltración nocturna.
Con resaca y mal humor, la mañana siguiente fue una suerte de cántico a la desolación. Con las fuerzas y ánimos en niveles muy bajos, todos volvieron a la brecha entre miradas de complicidad y riguroso silencio. No había nada que decir y además cualquier ruido molestaba. Los hombres de infiltración nocturna dormian en sus camastros del cuerpo de guardia. Los investigadores de campo, abonaban sus tierras bajo un sol abrasador que acentuaba el dolor de cabeza y los informáticos seguian buscando el problema por el cual las pantallas de sus máquinas mostraban los caracteres borrosos y en continuo movimiento.
Mientras la investigación se iba al garete, el jefe de la investigación tomaba café, mucho café, comía solo y horrendamente abatido trataba de no dormirse. El Tai-Chi esa tarde dio paso a una reunión con abogados para la firma de los papeles de divorcio. Esta misión estaba acabando con su vida.
Esto ya era algo personal.
(continuará...)
El primer paso consistía en una recopilación minuciosa de pruebas que demostraran la mala uva que tenían estas gentes. Asi que un pelotón de agentes informaticos especializados se dispuso a buscar en la red, en los confidenciales ficheros del departamento de inteligencia y en los cubos de basura cualquier rastro de actuación de los malvados y retorcidos terroristas.
Mientras estos intrépidos hombres trabajaban en las pesquisas, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas en familia y preocupado como estaba dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta era opcional.
En paralelo, un grupo de investigación de campo recolectaba espárragos y hierbas arómáticas esperando la orden de actuación en la ciudad, que verdaderamente era el nido de esta gente tan perversa.
La parte más difícil de esta misión era llevada a cabo por un comando de infiltración de paisano que solo actuaba de noche. Eran conocidos en el mundo entero por su manera peculiar de cumplir con sus deberes. Era tal su afán por pasar desapercibidos que de vez en cuando, alguno era detenido por sus propios compañeros confundidos por la gran actuación realizada por el agente en cuestión. Especilistas en narcotráfico y en la lucha contra él, grandes conocedores de las más peligrosas redes de prostitución se sentían arropados por la oscura noche y en ella se movían como Pedro por su casa.
Mientras estos intrépidos hombres se dejaban la salud, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas y en familia y preocupado como estaba dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta seguía siendo opcional.
Como en toda buena investigación que se precie no podían faltar las palizas y sobornos y entre estas calamidades el Soplón o Chivato que aqui llamaremos "Señor Y".
Tras la primera semana de trabajo se produjo la primera exposición y puesta en claro de los resultados. En los bajos de un gris edificio todos los hombres del jefe de la investigación mostraron sus cartas. Al terminar la timba, se llegó a la conclusión de que estaban como al principio pero con el problema añadido de las bajas en el comando de infiltración. Una inflamación hepática y sendas detenciones por error en el seno del grupo de infiltración mermaron las fuerzas del equipo. También se pulieron responsabilidades y se despidieron a tres agentes por no haber avisado al grupo de investigación de campo, que ajeno a lo que ocurria, ya cotizaban en Regimen de Agrónomos y se sacaban un sobresueldo.
Se volvieron a sentar las bases de la misión y todos retomaron sus respectivos trabajos.
Mientras las aguas regresaban a su cauce, el jefe de la investigación tomaba café, comía a sus horas y en familia y más preocupado si cabe dormía casi sin remedio sus nueve horas diarias. La siesta cambió por Tai-Chi que seguro sería mejor visto por los superiores inmediatos a la hora de ascender.
La organización de malvados terroristas sabiéndose acosada empezó a actuar de una manera más discreta y ya no montaba recolectas callejeras ni maratones televisivos por la causa.
La cúpula terrorista dejo de un lado las grandes limusinas y optó por coches oficiales que siempre fueron más discretos.
A la tercera semana del inicio nuestros agentes sufrieron un grave revés que casí acaba con la investigación.
Una serie de coincidencias fatídicas quisieron que una noche y con el equipo de infiltración nocturna a pleno rendimiento se topará con el grupo de investigación de campo en un local de moda. Estos acababan de participar en una convención sobre técnicas agrícolas alternativas y ya se encontraban intercambiando impresiones y productos. A la vez y como si de una película cómica de serie B se tratara, el jefe de la investigación entraba junto al "Señor Y" para pasarse informes y claro viéndose todos allí, la alegría y el jolgorio fueron las tónicas con gin dominantes. En mitad de esta reunión inesperada, ocurrió lo que nadie esperaba.
Todos los terroristas que se encontraban en la sala, claro está, se marcharon pues veían peligrar su futuro. y mientras estos salían otro grupo mucho más peligroso cruzaba el cordón rojo bajo la atenta mirada de los porteros. Una horda de mujeres despendoladas entraba a gritos y con risas etílicas llamando la atención de todos los presentes. La comitiva estaba encabezada por la señora del señor jefe de la investigación y tras ella, las sufridoras mujeres y novias de los agentes allí reunidos. El señor jefe de la investigación levantó la cabeza hacia el piso superior y mientras gritaba un "Oh , Dios mio" pudo observar una grandísima pancarta de bienvenida e información que rezaba "Esta Noche especial strip-tease masculino" Noche Guerrera: Bienvenidas las Esposas de Nuestros Agentes de Seguridad Nacional, local oficial y fin de fiesta a la cena anual de esposas de agentes para la recolección de fondos destinados a las viudas del grupo de infiltración nocturna.
Con resaca y mal humor, la mañana siguiente fue una suerte de cántico a la desolación. Con las fuerzas y ánimos en niveles muy bajos, todos volvieron a la brecha entre miradas de complicidad y riguroso silencio. No había nada que decir y además cualquier ruido molestaba. Los hombres de infiltración nocturna dormian en sus camastros del cuerpo de guardia. Los investigadores de campo, abonaban sus tierras bajo un sol abrasador que acentuaba el dolor de cabeza y los informáticos seguian buscando el problema por el cual las pantallas de sus máquinas mostraban los caracteres borrosos y en continuo movimiento.
Mientras la investigación se iba al garete, el jefe de la investigación tomaba café, mucho café, comía solo y horrendamente abatido trataba de no dormirse. El Tai-Chi esa tarde dio paso a una reunión con abogados para la firma de los papeles de divorcio. Esta misión estaba acabando con su vida.
Esto ya era algo personal.
(continuará...)
Y de repente... el estrellato
Siguiendo con la tónica de la brevedad, aquí muestro la magnificiencia de un ser de rabiosa actualidad. La Estrella porque sí.
No sebemos que ha hecho, ni como lo ha hecho, ni tan siquiera si lo ha hecho, pero es una Estrella.
Y una estrella, bueno vale. Dos estrellas también están bien. Pero ya cuando lo que se ven son grupitos ... eso son constelaciones o mejor aún, más que estrellas, famosetes.
El textito es muy breve, pero tiene una gran carga emotiva. Es de (casi) llorar. Como todo lo referente a la rabiosa actualidad.
Raúl era peluquero. Pero no un peluquero cualquiera. Raúl era un peluquero de élite. Inalcanzable. Dominaba el tijeretazo y el cepillado standart así como el corte de precisión. Dominaba la técnica del tinte, aplicándolo con la maestría de un genio renacentista. Un peluquero de las altas esferas.
Nunca peinó a nadie pues nadie consiguió trepar a aquel lugar y menos aún mantenerse en pie en su esfera.
No sebemos que ha hecho, ni como lo ha hecho, ni tan siquiera si lo ha hecho, pero es una Estrella.
Y una estrella, bueno vale. Dos estrellas también están bien. Pero ya cuando lo que se ven son grupitos ... eso son constelaciones o mejor aún, más que estrellas, famosetes.
El textito es muy breve, pero tiene una gran carga emotiva. Es de (casi) llorar. Como todo lo referente a la rabiosa actualidad.
Raúl era peluquero. Pero no un peluquero cualquiera. Raúl era un peluquero de élite. Inalcanzable. Dominaba el tijeretazo y el cepillado standart así como el corte de precisión. Dominaba la técnica del tinte, aplicándolo con la maestría de un genio renacentista. Un peluquero de las altas esferas.
Nunca peinó a nadie pues nadie consiguió trepar a aquel lugar y menos aún mantenerse en pie en su esfera.
Y de repente... elefantes rosas y coches tuneados (o José se desmelena)
José es bebedor compulsivo de fin de semana, pero eso no es lo peor. Además es amante del "Tuning". Ya se sabe que el binomio alcohol-coche es peligrosísimo y si no solo hay que ver como lleva el coche. "Maqueao"
En un principio y antes de caer en las garras del suplicio etílico su utilitario marca ACME pasaba sin pena ni gloria por las calles de su pequeña ciudad. Rojo, cuatro puertas, tapacubos Pryca de "te quito y pon", y una bonita pegatina, eso sí, de "Yo sobreviví al Euro, casi ná".
Asegurado a todo riesgo el primer año, casi tuvo que vender el coche para poder reasegurarlo. Lo limpiaba una vez a la semana con la misma meticulosidad con la que el se bañaba cuando se enamoraba, sin dejar ni un solo rincón por escondido que estuviese.. Ni un cigarro en el coche. Ni un refresco. Ni comidas. Ni pasteles. Ni bocadillos. Lo normal.
"Jose, tio, hay un festival de que te cagas en la discoteca "Metralla". En el parking hay concentración "Tuning", pincha Dj Rulling, y llevamos material, ¿te hace?"
"Sí".
Lo que jamas entenderé, entre otras cosas, es para qué el cargador de cincuenta Cd's en la guantera. Solo escuchamos tres. Los vecinos de su calle hemos hecho recolecta para comprarle unos cuantos más para que nos deleite con músicas eclécticas ya que sufrimos sus sesiones de manera continua. Se instaló un aparato de aire acondicionado más caro que el propio coche. Lo sabemos porque en el cristal de las puertas traseras, las cuales hizo soldar para convertir el utilitario en "coupe", y bajo el grupo sanguineo de su "churri" y el "del Jose", a modo de autobús, lleva la pegatina "Air conditionig". Los elevalunas deben de estar atascados al igual que los mandos de control del susodicho aire acondicionado y los mandos del volumen del cochino equipo de música, pues sea invierno de nieves o verano de bienes ahi lo teneis, con la música a volumen aberrante y las ventanillas bajadas.
Tambien recordamos los vecinos la primera bajada de suspensiones, pues estabamos en periodo preelectoral y todas las calles estaban en obras. Como lo envidiabamos. Y su primer alerón tamaño familiar. La carga aerodinámica no la conociamos pero cuentan que la carga de recipientes varios en los botellones era admirada en toda la provincia.
Y todos sufrimos al ver un extraño bulto con agujero incluido que destrozaba por completo la tapa del motor. Unos decían que si un árbol en un vendabal, otros que si la barrera del paso a nivel. Descansamos cuando nos enteramos de que era una toma de aire de competición.
Para gustos colores. Del rojo paso al negro. Del negro paso al amarillo escandaloso y por fin el gran salto. Verde irisado con matices morados y neones en los faldones laterales que otorgaban en su conjunto una sensación de velocidad tremendamente falsa.
Las ruedas merecen una mención aparte. No entiendo de pulgadas y tampoco voy a investigar. Tan solo puedo explicar que las de delante eran más estrechas que las de detrás. Y que estas eran dos veces superiores a lo que la normativa entiende por ruedas aptas en relación al coche marca ACME del Jose.
Luces de xenon. "Ya viene el Jose" y su resplandeciente haz luminoso reforzado por los antiniebla se avistan en la despejada tarde, mientras una comparsa de organillos y quejidos desgarran la tranquila Calle Mayor dando paso al emperador del "Tuning" que saluda a sus huestes con una mano a través del hueco de la ventanilla mientras atiende, a la vez, a un afortunado interlocutor via móvil con la otra, mostrando su destreza conduciendo con las rodillas mientras sostiene entre las piernas su botellin de batido de chocolate, siendo aderezados todos estos majestuosos movimientos por las caricias y mimosos besos de su "churri" desde el asiento del copiloto, girándose de vez en cuando a pedir una calada de cigarro aromático a los tres pajes, que sentados como pueden entre altavoces de calibre extra y peluches obscenos en la parte trasera de ese templo de la modernidad, tararean a todo pulmón la fanfarria que anuncia la llegada a casa del caballero después de su árdua batalla en pos de la identidad propia.
Y deteniendose ante la puerta y ante la mirada atónita de los presentes, sin apagar el motor, acelera cuatro o cinco veces haciendo rugir los escasos setenta y cinco caballos de su mortífera máquina que hoy y tras una laboriosa tarea, luce en sus bajos traseros dos tubos de escape del tamaño de los cañones de Navarone, aunque el nunca sabrá que leches era Navarone, asoma la cabeza por la ventanilla, grita a su "mama" que le deje diez euros para gasolina, mientras la "mama" piensa que guapo esta su José sin camiseta, le da tres puntitos más de voz a su estupendo "cassete" da unas palmas para hacer tiempo, perdona unas cuantas vidas con su mirada, consigue el dinero y de un acelerón se deja cinco euros en goma para salir literalmente pitando a cuarenta kilometros por hora dejando tras de si una estela de diversos humos, olores y ruidos, mientras leemos "Turbo" en el cristal totalmente negro del portón trasero.
Allá va José, si te cruzas con él, hazle las largas.
En un principio y antes de caer en las garras del suplicio etílico su utilitario marca ACME pasaba sin pena ni gloria por las calles de su pequeña ciudad. Rojo, cuatro puertas, tapacubos Pryca de "te quito y pon", y una bonita pegatina, eso sí, de "Yo sobreviví al Euro, casi ná".
Asegurado a todo riesgo el primer año, casi tuvo que vender el coche para poder reasegurarlo. Lo limpiaba una vez a la semana con la misma meticulosidad con la que el se bañaba cuando se enamoraba, sin dejar ni un solo rincón por escondido que estuviese.. Ni un cigarro en el coche. Ni un refresco. Ni comidas. Ni pasteles. Ni bocadillos. Lo normal.
"Jose, tio, hay un festival de que te cagas en la discoteca "Metralla". En el parking hay concentración "Tuning", pincha Dj Rulling, y llevamos material, ¿te hace?"
"Sí".
Lo que jamas entenderé, entre otras cosas, es para qué el cargador de cincuenta Cd's en la guantera. Solo escuchamos tres. Los vecinos de su calle hemos hecho recolecta para comprarle unos cuantos más para que nos deleite con músicas eclécticas ya que sufrimos sus sesiones de manera continua. Se instaló un aparato de aire acondicionado más caro que el propio coche. Lo sabemos porque en el cristal de las puertas traseras, las cuales hizo soldar para convertir el utilitario en "coupe", y bajo el grupo sanguineo de su "churri" y el "del Jose", a modo de autobús, lleva la pegatina "Air conditionig". Los elevalunas deben de estar atascados al igual que los mandos de control del susodicho aire acondicionado y los mandos del volumen del cochino equipo de música, pues sea invierno de nieves o verano de bienes ahi lo teneis, con la música a volumen aberrante y las ventanillas bajadas.
Tambien recordamos los vecinos la primera bajada de suspensiones, pues estabamos en periodo preelectoral y todas las calles estaban en obras. Como lo envidiabamos. Y su primer alerón tamaño familiar. La carga aerodinámica no la conociamos pero cuentan que la carga de recipientes varios en los botellones era admirada en toda la provincia.
Y todos sufrimos al ver un extraño bulto con agujero incluido que destrozaba por completo la tapa del motor. Unos decían que si un árbol en un vendabal, otros que si la barrera del paso a nivel. Descansamos cuando nos enteramos de que era una toma de aire de competición.
Para gustos colores. Del rojo paso al negro. Del negro paso al amarillo escandaloso y por fin el gran salto. Verde irisado con matices morados y neones en los faldones laterales que otorgaban en su conjunto una sensación de velocidad tremendamente falsa.
Las ruedas merecen una mención aparte. No entiendo de pulgadas y tampoco voy a investigar. Tan solo puedo explicar que las de delante eran más estrechas que las de detrás. Y que estas eran dos veces superiores a lo que la normativa entiende por ruedas aptas en relación al coche marca ACME del Jose.
Luces de xenon. "Ya viene el Jose" y su resplandeciente haz luminoso reforzado por los antiniebla se avistan en la despejada tarde, mientras una comparsa de organillos y quejidos desgarran la tranquila Calle Mayor dando paso al emperador del "Tuning" que saluda a sus huestes con una mano a través del hueco de la ventanilla mientras atiende, a la vez, a un afortunado interlocutor via móvil con la otra, mostrando su destreza conduciendo con las rodillas mientras sostiene entre las piernas su botellin de batido de chocolate, siendo aderezados todos estos majestuosos movimientos por las caricias y mimosos besos de su "churri" desde el asiento del copiloto, girándose de vez en cuando a pedir una calada de cigarro aromático a los tres pajes, que sentados como pueden entre altavoces de calibre extra y peluches obscenos en la parte trasera de ese templo de la modernidad, tararean a todo pulmón la fanfarria que anuncia la llegada a casa del caballero después de su árdua batalla en pos de la identidad propia.
Y deteniendose ante la puerta y ante la mirada atónita de los presentes, sin apagar el motor, acelera cuatro o cinco veces haciendo rugir los escasos setenta y cinco caballos de su mortífera máquina que hoy y tras una laboriosa tarea, luce en sus bajos traseros dos tubos de escape del tamaño de los cañones de Navarone, aunque el nunca sabrá que leches era Navarone, asoma la cabeza por la ventanilla, grita a su "mama" que le deje diez euros para gasolina, mientras la "mama" piensa que guapo esta su José sin camiseta, le da tres puntitos más de voz a su estupendo "cassete" da unas palmas para hacer tiempo, perdona unas cuantas vidas con su mirada, consigue el dinero y de un acelerón se deja cinco euros en goma para salir literalmente pitando a cuarenta kilometros por hora dejando tras de si una estela de diversos humos, olores y ruidos, mientras leemos "Turbo" en el cristal totalmente negro del portón trasero.
Allá va José, si te cruzas con él, hazle las largas.
Y de repente... un año
Claro está que morir no tiene ninguna gracia y aún diría más, es desagradable en grado sumo. Pero a día de hoy, vivir para muchas personas tampoco es motivo de algarabía. Encima si te caes en vida y te rompes la nariz, duele. No quiero decir que la vida sea un infierno, ni mucho menos, pero sí estoy convencido de que, si hay otra vida, seguro que es mejor que esta. Tampoco sería pedir mucho. Por ejemplo, si tuvieramos que trabajar en el más allá, una simple jornada de siete horas de lunes a viernes con salarios equiparados a los de otros vecinos, que ni son más guapos ni cantan mejor el "Soy Minero", ya convertiría aquello en el paraiso.
¿Se puede encontrar el paraiso en vida?
Seguro. Pero si alguien lo logra, de repente, un ser superior superinteligente y conservador (de los que nos rodean , no de otro planeta) vendría a decirnos que es inmoral, poco ético y/o perjudicial para la salud. O simplemente lo tacharían de loco.
Siendo un día tan señalado era de esperar muestras de cariño por parte de sus congéneres. Pero se equivocó. Era el primer aniversario de su muerte y parecía que nadie se acordadá.
Para eso tanta aparición ectoplasmática. Tanto arrastrar cadenas. Tanto cerrar puertas sin engrasar. Esos andares amanerados por el pasillo de su antiguo pisito a lo Bella Lugosi con aspavientos y retorcimientos que casi rozaban el ridículo.
Que derroche de energia por Dios. Y mira que se lo tenía dicho. Que no era cuestión de molestar una vez muerto. Tenía que haber incordiado en vida. A sus jefes, a sus amigos, a su esposa e hijos y familia en general... sí,sí a todos los que le regalaron coronas convirtiendo el coche fúnebre en un jardín botánico. Y a los que le regalaron la lápida de granito. ¡Qué lápida Cristo bendito! No sabía si tomárselo a buenas o a malas. Era como intentar cerrar su nicho con una piedra enorme para que no pudiera salir en caso de emergencia. Lo de las lápidas tendría que estar regulado por los ayuntamientos. Por los mismos que obligan a tener luces de emergencia, salida de emergencia, vateres de emergencia y cuñados bien colocados o con cargo público de emergencia, en caso de montar un negocio.
Sí, descansó en paz.
"Lo recordaremos tal como era en vida" prometieron.
Y cumplieron. Una vez muerto, ni por ahí te pudras (permítanme la frase) Muchos no se acuerdan ni de llegar a su sepulcro.
Y venga molestarles. Que si un día rompe un jarrón, que si al otro escribe con carmín en el espejo REDRUM (harto inutil pues en su casa nadie sabe inglés y menos leerlo del revés).
Hoy, un año después de su fatal final, me contaba lo muerto que se sentía. Que si no se suicidaría, me comentaba entre risas sarcásticas. Y yo le dije:
"Ramón, sientate aquí en lo alto, en esta mullida nube, ¿los ves felices?
"No", me respondió sofocando el llanto.
Pues entonces ¡que se jodan! le respondí.
¿Se puede encontrar el paraiso en vida?
Seguro. Pero si alguien lo logra, de repente, un ser superior superinteligente y conservador (de los que nos rodean , no de otro planeta) vendría a decirnos que es inmoral, poco ético y/o perjudicial para la salud. O simplemente lo tacharían de loco.
Siendo un día tan señalado era de esperar muestras de cariño por parte de sus congéneres. Pero se equivocó. Era el primer aniversario de su muerte y parecía que nadie se acordadá.
Para eso tanta aparición ectoplasmática. Tanto arrastrar cadenas. Tanto cerrar puertas sin engrasar. Esos andares amanerados por el pasillo de su antiguo pisito a lo Bella Lugosi con aspavientos y retorcimientos que casi rozaban el ridículo.
Que derroche de energia por Dios. Y mira que se lo tenía dicho. Que no era cuestión de molestar una vez muerto. Tenía que haber incordiado en vida. A sus jefes, a sus amigos, a su esposa e hijos y familia en general... sí,sí a todos los que le regalaron coronas convirtiendo el coche fúnebre en un jardín botánico. Y a los que le regalaron la lápida de granito. ¡Qué lápida Cristo bendito! No sabía si tomárselo a buenas o a malas. Era como intentar cerrar su nicho con una piedra enorme para que no pudiera salir en caso de emergencia. Lo de las lápidas tendría que estar regulado por los ayuntamientos. Por los mismos que obligan a tener luces de emergencia, salida de emergencia, vateres de emergencia y cuñados bien colocados o con cargo público de emergencia, en caso de montar un negocio.
Sí, descansó en paz.
"Lo recordaremos tal como era en vida" prometieron.
Y cumplieron. Una vez muerto, ni por ahí te pudras (permítanme la frase) Muchos no se acuerdan ni de llegar a su sepulcro.
Y venga molestarles. Que si un día rompe un jarrón, que si al otro escribe con carmín en el espejo REDRUM (harto inutil pues en su casa nadie sabe inglés y menos leerlo del revés).
Hoy, un año después de su fatal final, me contaba lo muerto que se sentía. Que si no se suicidaría, me comentaba entre risas sarcásticas. Y yo le dije:
"Ramón, sientate aquí en lo alto, en esta mullida nube, ¿los ves felices?
"No", me respondió sofocando el llanto.
Pues entonces ¡que se jodan! le respondí.





