Y de repente... la vida te da limones.
Los cambios son necesarios. Y los cambios no son ni buenos ni malos. Son cambios.
Tras tres meses de absoluto recogimiento en el convento de la orden de la Mirtazapina (la llamaré Mirta porque ya tenemos confianza) hoy por fin he visto la luz. Y no una luz cegadora, divina y celestial. Más bian ha sido un fogonazo, un flash molesto que ha roto mi burbuja aislante y dejado pasar el hedor del exterior. La primera imagen nítida del mundo nuevo que he descubierto no me ha gustado.
No me voy a perder en detalles, pues es la imagen que todo el mundo observa a diario y claro nueva no es.
He llamado a las puertas del Prior Psicólogo y tras las preguntas de rigor se ha confesado divorciado y harto necesitado de un cambio.
Cambio.
Y ahí lo he dejado, comprobando que estábamos en igualdad de condiciones y que la partida terminaríra en tablas.
Saliendo de mi retiro, pero de puntillas, me he paseado observando la calamidad del paisaje y dirigiéndome a los puntos estratégicos donde mi condición de pintamonas digital es conocida, he intentado recuperar el tiempo perdido tras el cambio.
Cambio.
Mi primer encuentro se ha producido en un balneario automovilístico. Los pacientes mostraban sus partes nobles sin pudor mientras los sanitarios de batas azules trataban de aliviar el paso del tiempo en sus rígidos cuerpos. El jefe de especialidades me ha recibido con una gran sonrisa y tras las preguntas de rigor me ha encomendado un trabajo de calado social. Me ha dado la mano cortés y me ha llenado de grasa.
"Las traigo frescas, señora", "Y de fácil aplicación." En estas frases se resume el briefing.
"- Es un negocio que tengo en paralelo a lo que aquí ves."
Yo lo veía, claro que lo veía.
Era necesaria la intervención de la fotografía, una maquetación resultona de un espacio reducido y un presupuesto ajustado.
"- Las compresas que vendo no tienen marca pero con una buena foto se venden solas." Esta explicación me hizo sonreir y empecé a recordar mi devoción por Santa Mirta, San Prozac y sus apóstoles.
"- En cuanto a los tampones no puedo llamarlos Tampax - que me encantaría- pero otra buena foto seguro que también vende."
Esto convirtió mi sonrisita en una mueca nerviosa y noté un sudor frio en la frente.
Quería un cambio. Pues toma cambio.
Cogí la bolsa con los modelos y me dirigí hacia la calle. Encendí un cigarrito, mire a la derecha, luego a la izquierda y viendo pista libre salí corriendo en dirección al convento. Tras sus muros esperaré el momento final de la metamorfosis y seguiré contemplando pero ahora con los ojos cerrados, no vaya a ser que otra luz me ciegue y me sienta con ganas de explorar los exteriores.
Cambio y corto.
Tras tres meses de absoluto recogimiento en el convento de la orden de la Mirtazapina (la llamaré Mirta porque ya tenemos confianza) hoy por fin he visto la luz. Y no una luz cegadora, divina y celestial. Más bian ha sido un fogonazo, un flash molesto que ha roto mi burbuja aislante y dejado pasar el hedor del exterior. La primera imagen nítida del mundo nuevo que he descubierto no me ha gustado.
No me voy a perder en detalles, pues es la imagen que todo el mundo observa a diario y claro nueva no es.
He llamado a las puertas del Prior Psicólogo y tras las preguntas de rigor se ha confesado divorciado y harto necesitado de un cambio.
Cambio.
Y ahí lo he dejado, comprobando que estábamos en igualdad de condiciones y que la partida terminaríra en tablas.
Saliendo de mi retiro, pero de puntillas, me he paseado observando la calamidad del paisaje y dirigiéndome a los puntos estratégicos donde mi condición de pintamonas digital es conocida, he intentado recuperar el tiempo perdido tras el cambio.
Cambio.
Mi primer encuentro se ha producido en un balneario automovilístico. Los pacientes mostraban sus partes nobles sin pudor mientras los sanitarios de batas azules trataban de aliviar el paso del tiempo en sus rígidos cuerpos. El jefe de especialidades me ha recibido con una gran sonrisa y tras las preguntas de rigor me ha encomendado un trabajo de calado social. Me ha dado la mano cortés y me ha llenado de grasa.
"Las traigo frescas, señora", "Y de fácil aplicación." En estas frases se resume el briefing.
"- Es un negocio que tengo en paralelo a lo que aquí ves."
Yo lo veía, claro que lo veía.
Era necesaria la intervención de la fotografía, una maquetación resultona de un espacio reducido y un presupuesto ajustado.
"- Las compresas que vendo no tienen marca pero con una buena foto se venden solas." Esta explicación me hizo sonreir y empecé a recordar mi devoción por Santa Mirta, San Prozac y sus apóstoles.
"- En cuanto a los tampones no puedo llamarlos Tampax - que me encantaría- pero otra buena foto seguro que también vende."
Esto convirtió mi sonrisita en una mueca nerviosa y noté un sudor frio en la frente.
Quería un cambio. Pues toma cambio.
Cogí la bolsa con los modelos y me dirigí hacia la calle. Encendí un cigarrito, mire a la derecha, luego a la izquierda y viendo pista libre salí corriendo en dirección al convento. Tras sus muros esperaré el momento final de la metamorfosis y seguiré contemplando pero ahora con los ojos cerrados, no vaya a ser que otra luz me ciegue y me sienta con ganas de explorar los exteriores.
Cambio y corto.





