y de repente... deportes extremos
Soñaba perversos saltos desde altos y esbeltos puentes. Saltos sin cuerdas, sin ataduras y sin red de contención.
Imaginaba caidas libres desde brillantes aviones más allá de las nubes. Caidas sin paracaidas, sin trastos molestos a la espalda y sobre duras rocas.
Anhelaba una recta a altísima velocidad en un potente bólido. Velocidad sin freno, con una única pausa, brusca y contra un muro.
Odiaba su tosca realidad tallada a cinceladas al azar por esa gran maestra que es la vida. Realidad con miedo, impotencia y enclaustrada entre dos piedras que formaban su mundo. Por un lado, su sabiduría y del otro, la simplicidad de los demás.
Imaginaba caidas libres desde brillantes aviones más allá de las nubes. Caidas sin paracaidas, sin trastos molestos a la espalda y sobre duras rocas.
Anhelaba una recta a altísima velocidad en un potente bólido. Velocidad sin freno, con una única pausa, brusca y contra un muro.
Odiaba su tosca realidad tallada a cinceladas al azar por esa gran maestra que es la vida. Realidad con miedo, impotencia y enclaustrada entre dos piedras que formaban su mundo. Por un lado, su sabiduría y del otro, la simplicidad de los demás.





