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CACHITOS DE VIDA
Cosas que pasan, divertidas o no tanto, en mi vida y en la de los míos.
Acerca de
Se irá perfilando (imagino)... pero... de momento... esta soy yo...
Sindicación
 
Perro piloto
De nuevo en esta pantalla para relatar otra de las vivencias que he tenido con mis hijos, aunque esta vez se incluyen otros personajes.
De esto hará unos 12 ó 13 años más o menos, en verano, mes de agosto, en mi pueblo (Motril), donde se celebra por todo lo alto la fiesta de la Virgen, con feria llena de casetas, farolillos de esos de papel de colores en los que pone "tio pepe" y "fino laina", o "manzanilla laguita", mucho beber, muchos huevos fritos con ajos, mucha copa, mucho baile y mucho chiste... pero a este paseo de mujeres engalanadas luciendo su poderío por el ferial, se añaden los cacharros, coches de choque, norias, ponys que huelen que apestan... etc. Y una tómbola, una enorme, no una normal, sino una descomunal donde por quinientas pesetas te entregaban tres boletos para probar suerte.

Tal vez alguno de vosotros ese mismo año acudió a alguna feria de los cientos de ellas que hay en los pueblos de España en agosto, os daré más pistas, era el año en que el tío de la tómbola se desgañitaba con aquello de: ¡¡QUE ALEGRÍA, QUÉ ALBOROTO, HEMOS REGALADO OTRO PERRITO PILOTO.!!
Exacto, has acertado... era el año del perro piloto, volvíamos de la feria con los oídos plenos de acúfenos por los ecos mantenidos a todo volumen de los Chunguitos, (por cierto, que siempre me han gustado, y yo, que jamás aceptaré que calzo un 40, iba a aceptar en aquella época que me gustan los chunguitos... de eso nada, pero el tiempo me ha dado la razón.)

Volvíamos de recogida a casa, con mi hijo arrastrando los zapatos y lleno de manchurrones, de varios colores: de algodón rosa, de patatas fritas, de chorreones de morcilla y de coca cola de grifo, los pies llenos de polvo y apestando a pony que tiraba para atrás, con dos lagrimas secas porque se le había escapado el globo...
Derrotadas, mi hermana, una amiga, Mª José, y mi hija pequeña, dormida en el cochecito, cuando Mª José dijo: anda ya que está lo último de regreso, vamos a echar estas 500 pelas que me quedan a la tómbola... "que no Mª José!, que nos va a tocar y no quiero pasearme lo que queda de feria con el perro piloto en brazos... que una tiene su clase y su reputación en este pueblo... pues que no, que sí, que sí, que no; total, para lo que queda... pues nada, Mª José se acerca al mostrador y le dice al tío del micrófono: "deme 500 pelas..." abrimos los tres boletos especiales con emoción contenida, y hete aquí lo que yo me temía, que nos tocó el perro piloto, pero no os penséis que era un perro piloto cualquiera... de eso nada... EL GIGANTE, el perro piloto más grande de la feria... swuazeneguer perro piloto pero de color morado (entre morado y rosa fucsia), con las orejas blancas y un enorme hocico negro.

Dios mío... ¡qué vergüenzaaaaaaaaaaa!, que iba a tener que pasearme con eso por todo el pueblo (inmediatamente pensé... que lo lleve Mª José ella que es de Málaga, ha venido de visita y no la conoce nadie.)

Llegamos a casa unos 20 minutos después y tras darle un susto de muerte a mi madre con el dichoso perro piloto, nos fuimos a la cama.
Al día siguiente, todo eran alabanzas para el bendito perro piloto, las vecinas bajaron a verlo, casi había cola en casa de mis padres para admirar aquel peluche lleno de bolitas de corcho sintético, y así transcurrió el primer día del perro piloto, esa noche, mi hermana y yo salimos a la feria, esta vez sin niños, y juramos que sin tómbola, sin perro piloto ni muñecas chochonas, y regresando de la feria a eso de las 5 de la madrugada... los vapores del vino y las malditas sombras me jugaron una mala pasada, miré hacia el balcón del salón de mi casa, y en el sillón que siempre está mirando a la plaza, vi a mi padre... sentado esperándonos a mi hermana y a mí, tengo que decir que se me removió parte de ese miedo adolescente de: ¿qué horas son estas de llegar a casa?, ¿Se puede saber dónde has estado?, y le dije a mi hermana: ¡ostras, ahí está tu padre sentado esperándonos...! no era mi padre, al abrir la puerta de casa, vimos sentado en el sillón, a nuestro perro piloto... tratando de imitar las redondeces de mi padre, pero con las orejas más grandes...
El perro piloto pasó por más aventuras, a estas alturas del verano mi hija María se había enamorado de él, y quería llevárselo a casa, y para trasladarlo, tendríamos que habernos salido del coche y que condujese el perro piloto (que para eso tenía título) ... así que mi padre tuvo la deferencia de llevármelo a casa en la furgoneta unas semanas después, se negaba a hacerlo, pero un padre es un padre... menudo cachondeo el de la guardia civil cuando lo pararon...
Y así estuvo el perro piloto viviendo con nosotros unos dos años, hasta que yo harta de sacudirle el polvo que atraía con magnetismo... vi el cielo abierto cuando mi tata colombiana decidió llevárselo a Bogotá... le descosió un ladito, le sacó todas las bolitas, (estaba patético vacío), lo dobló... y se lo llevó a Colombia...
¿Recordáis aquella época en que el Cartel de Medellín se hizo todo poderoso? Estoy segura de que gran parte de la culpa la tuvo el perro piloto, no hay sensibilidad que resista semejante tortura.

¿Y a la niña? ¿En qué le afectó? La tengo en lista de espera para el psicoanalista del seguro desde entonces.

 
Comentario:

Más, más, queremos más...

Yo sé, y tú sabes, que hay unas doscientasmil anécdotas en la recámara: regálanoslas!

Mil besos, sureña.
 
Comentario:
Querida Soudthwind: ¡Qué daño hicieron el perrito piloto de marras y la muñeca chochona!. Toda una generación creció traumatizada bajo su contemplación. No quiero pensar en las lágrimas de emoción que soltaron los gerifaltes del cártel de Medellín al ver ese enorme perrito vacío, ja,ja,ja. Un beso.
 
Comentario:
Me ha encantado la anécdota. Menuda familia que tienes! Parece sacada de una película de Almodóvar. Y a tu hijita, que ahora estará en la flor de la vida, deberías pensar en recompensarla, que la del medio puede salir fierecilla. Cuidado con la pequeña, que igual acaba en el club de la comedia (barriendo)
 
Comentario:
Me ha encantado la anécdota. Menuda familia que tienes! Parece sacada de una película de Almodóvar. Y a tu hijita, que ahora estará en la flor de la vida, deberías pensar en recompensarla, que la del medio puede salir fierecilla. Cuidado con la pequeña, que igual acaba en el club de la comedia (barriendo)
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