La espera más larga...
Era un uno de los últimos días de verano. Aquellos en los que el cielo se vuelve gris y la brisa se llena de nostalgia. El sonido del mar es distinto, pues lleva consigo el eco de las voces de los niños jugando en sus aguas, de los amantes abrazados, tumbados en su orilla. Su olor, su visión, evoca sentimientos que sólo los poetas saben expresar, pero que todo ser humano siente. Nada de esto me reconforta, pues cada vez que lo miro siento el escalofrío del terror, del odio y de la impotencia.
Siempre, año tras año, cuando acaba el verano y la gente abandona esta playa, vuelvo aquí, a mirar al horizonte. No cuento el paso del tiempo, pues para mi carece de sentido desde el día que abandoné toda esperanza, pero es una costumbre que no puedo evitar, una espina en mi corazón que, de arrancármela, me mataría.
No, prefiero volver aquí, año tras año, sumiéndome en la tristeza, recordando su cara, su aliento cálido susurrándome al oído, su piel suave... y el día que se fue. A veces pienso que aún la veo, a través de mis ojos bañados en lágrimas, sumergiéndose despacio en el agua, mirándome con esa sonrisa pícara, como desafiándome a ir con ella. La veo, sí, como si aún estuviese conmigo. Y, maldita sea, lo estaría de haber ido, de no haberme quedado en la playa mirándola, enamorado, disfrutando de ella desde la distancia. No se hubiera hundido hasta desaparecer. Yo la hubiera cogido de la mano, con toda la fuerza que me permitieran los dioses. Incluso por encima de ellos! Jamás la hubiera dejado morir...
En mis delirios, ella vuelve. Como aquél día, se aleja, nada, se sumerge... pero esta vez vuelve a salir. Su pequeña cabecita asoma del agua y se echa hacia atrás el cabello. Se acerca otra vez hacia la orilla, hacia mi, despacio... hasta que se difumina entre mis lágrimas, y desaparece. Es entonces cuando la tristeza se vuelve más de lo que puedo soportar, y me voy de la playa.
Cojo mi vieja espada, me echo el petate al hombro, y vuelvo a la ciudad, a mi puesto de guardia. A mi vida.
Qué poco vale para mi, qué inútil me es. Pero necesito vivir. Es la única manera de mantenerla viva, en mis recuerdos y en mis delirios. En mi dolor y en mi tristeza.
Las murallas de la ciudad se alzan delante mía. El refugio de mi alma moribunda. La espera más larga...
zidair.-
Siempre, año tras año, cuando acaba el verano y la gente abandona esta playa, vuelvo aquí, a mirar al horizonte. No cuento el paso del tiempo, pues para mi carece de sentido desde el día que abandoné toda esperanza, pero es una costumbre que no puedo evitar, una espina en mi corazón que, de arrancármela, me mataría.
No, prefiero volver aquí, año tras año, sumiéndome en la tristeza, recordando su cara, su aliento cálido susurrándome al oído, su piel suave... y el día que se fue. A veces pienso que aún la veo, a través de mis ojos bañados en lágrimas, sumergiéndose despacio en el agua, mirándome con esa sonrisa pícara, como desafiándome a ir con ella. La veo, sí, como si aún estuviese conmigo. Y, maldita sea, lo estaría de haber ido, de no haberme quedado en la playa mirándola, enamorado, disfrutando de ella desde la distancia. No se hubiera hundido hasta desaparecer. Yo la hubiera cogido de la mano, con toda la fuerza que me permitieran los dioses. Incluso por encima de ellos! Jamás la hubiera dejado morir...
En mis delirios, ella vuelve. Como aquél día, se aleja, nada, se sumerge... pero esta vez vuelve a salir. Su pequeña cabecita asoma del agua y se echa hacia atrás el cabello. Se acerca otra vez hacia la orilla, hacia mi, despacio... hasta que se difumina entre mis lágrimas, y desaparece. Es entonces cuando la tristeza se vuelve más de lo que puedo soportar, y me voy de la playa.
Cojo mi vieja espada, me echo el petate al hombro, y vuelvo a la ciudad, a mi puesto de guardia. A mi vida.
Qué poco vale para mi, qué inútil me es. Pero necesito vivir. Es la única manera de mantenerla viva, en mis recuerdos y en mis delirios. En mi dolor y en mi tristeza.
Las murallas de la ciudad se alzan delante mía. El refugio de mi alma moribunda. La espera más larga...
zidair.-





